lunes, 27 de abril de 2015

03/05/2015 - 5º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo de Pascua (B)


«Yo soy» En el evangelio según san Juan estas palabras introducen una revelación solemne sobre la identidad del Hijo de Dios, que ha venido al mundo para salvar a los hombres. Resuenan también como una apremiante exhortación a creer en Jesús para llegar a ser hijos de Dios. Así pues, Jesús dice: «Yo soy» (Jn 8,58) el pan de la vida (Jn 6,35), el pan vivo (Jn 6,51), la puerta (Jn 10,9), el buen pastor (evangelio del pasado domingo), el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14,6).
Algunas de estas metáforas se encuentran ya en el Antiguo Testamento, especialmente la de la vid: numerosos textos, de géneros literarios distintos, la utilizan para hablar del pueblo elegido por Dios, rodeado de las delicadas y constantes atenciones de su amor fiel, y que a menudo se muestra desleal, no dando los frutos de justicia y santidad esperados.
Pero en el evangelio según san Juan, Jesús se llama a sí mismo «vid», la «verdadera vid», de la que su Padre es el viñador. La imagen remite a lo que ha proclamado en otro lugar (Jn 14,6): él es la vida, la vida que viene de Dios, su Padre, en quien él «permanece», fuente de toda vida desde el principio (Jn 1,4). Tiene poder para darla a todos los que creen en él. Como sarmientos vigorosos llenos de savia, los que «permanecen» unidos a él dan fruto abundante para la vida eterna. Todos los hombres sin distinción pueden injertarse, por la fe, en la cepa viva y vivificadora. Juntos forman la Iglesia que el Padre no cesa de purificar para incrementar su fecundidad hasta el infinito.
La pertenencia a esta vid se conoce por la verdad del amor fraterno, nacido del amor del Padre, manifestado en Jesús, su Hijo, difundido por el Espíritu Santo, y del que todos, cada uno según su propia vocación, estamos llamados a dar valiente testimonio.
La existencia cristiana y la vida de la Iglesia se encuentran así integradas en la dinámica de relaciones que unen al Padre, al Hijo y al Espíritu, a pesar de las pruebas, las infidelidades y los lamentables fracasos, ya que «Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo». La eucaristía es el sacramento —signo y prenda— de este admirable trueque.

PRIMERA LECTURA

Una comunidad que no cree que el encarnizado perseguidor de ayer haya podido convertirse, y no lo admite en su seno más que por la garantía de un hombre de confianza y buen juicio, amigos para los que este cambio es una traición inaceptable: nada realmente original en rodo esto. Pero lo que le ocurrió a Pablo encierra una enseñanza que conviene tener en cuenta: en la Iglesia, los carismas, las revelaciones y otras manifestaciones divinas privadas sólo son reconocidos como auténticos después de un serio examen.

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO

No existe prueba que no pueda conducir a una resurrección; no hay perseguidor que no pueda convertirse en discípulo. Así es la obra de Dios, de la que conviene no olvidarse.

Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32 (J_26a)

R
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
Aleluya.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Tercer tema de la primera carta de san Juan: el amor fraterno, «no de palabra, sino con obras», como criterio último de la pertenencia a Dios, de la comunión con él, fundada en el don del Espíritu; la fidelidad a los mandamientos y la fe en Jesús son garantía de la eficacia de la oración y la paz de la conciencia.

Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 15,4.5b

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los sarmientos
injertados en la verdadera vid;
discípulos de Jesús,
son la gloria del Padre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO

Condición para dar fruto que «permanezca» y «dé gloria al Padre» es estar firmemente unido a Jesús, la «verdadera vid». La palabra «permanecer» se repite ocho veces en estos ocho versículos, para expresar la unión entre el Padre y el Hijo, entre el Señor y los discípulos, llamados a entrar en la intimidad del Padre, del Hijo y del Espíritu.

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 20 de abril de 2015

26/04/2015 - 4º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Pascua (B)


Todo pastor experimentado conoce a sus ovejas y es capaz de distinguir las suyas de las demás. Las ovejas, por su parte, reconocen la voz de su dueño o el sonido de su silbido, y obedecen a su llamada. Un buen pastor vela diligentemente por su rebaño, lo protege de los peligros que lo amenazan, se da cuenta de las ovejas que están enfermas y las cura, y dedica cuidados especiales a las más débiles y a los corderos. Es normal, por tanto, que la imagen del buen Pastor ocupe un lugar importante en la Biblia, lo mismo que en la literatura de todos los pueblos de tradición pastoril, y que Jesús haya retomado esta imagen bíblica. Pero Jesús no dice: «Yo me comporto como un buen pastor», sino que proclama: «Yo soy el buen Pastor», aquel del que los demás no son más que fi- guras, el único que conduce a los suyos a la verdad y a la vida, con una autoridad que ningún otro posee, porque ha sido el Padre quien lo ha enviado y le ha confiado las ovejas. La alegoría del buen pastor es, junto con la de la viña, uno de los grandes textos revelados transmitidos por san Juan.
Jesús, como buen Pastor, ha llegado al extremo de dar la vida por sus ovejas. «Ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos», dice san Pedro delante del gran consejo. El reúne en un solo rebaño a los que el Padre le ha entregado; él es, con otra imagen, la piedra angular sobre la que se edifica la comunidad de los hijos de Dios, de la que todos los hombres están llamados a formar parte.
Por consiguiente, «rebaño» y «ovejas» no evocan en absoluto una masa de discípulos sin personalidad que siguen al pastor y lo obedecen balando. «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! Sabemos que, cuando el Hijo de Dios se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es», escribe san Juan.
Es lo que realiza y prefigura la asamblea litúrgica convocada y reunida por el buen Pastor, que la encabeza. El nutre con su cuerpo y con su sangre a los que han escuchado su voz; los conduce paso a paso hacia el Padre; los envía a las ovejas que todavía no son de su redil. «Anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz». «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

PRIMERA LECTURA

Lo mismo que Jesús, los apóstoles tienen que dar explicaciones por el favor que le han hecho a un enfermo. Pedro responde proclamando que el milagro es signo de la salvación que sólo el Señor resucitado puede dar.

Ningún otro puede salvar.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4,8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
-«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios ha fundado su obra en la piedra desechada por lo arquitectos. Ha resucitado a aquel a quien los hombres habían despreciado.

Salmo 117 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29

R
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
O bien:
Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Segundo tema de la primera carta de san Juan: aunque aún no se manifieste con total claridad, ya desde ahora somos hijos de Dios.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,14

Aleluya. Aleluya.
Tiene, además, otras ovejas que no son de este redil.
Ellas escucharán su voz,
y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—,
conozco a mis ovejas,
y las mías me conocen. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no sólo se compara con un buen pastor (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), sino que es «el buen Pastor». Mantiene con las ovejas una relación de conocimiento mutuo, fundada en el amor que el Padre les tiene, lo mismo que a él. Se ocupa de ellas y las defiende valientemente de todo peligro, porque son suyas. Ha entregado su vida por ellas para que haya «un solo rebaño, un solo Pastor». Ha recibido del Padre su poder y su mandato. Todo este conjunto de rasgos remite al misterio pascual, que manifiesta su pleno significado.

El buen pastor da la vida por las ovejas.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
- «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra de Dios.



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lunes, 13 de abril de 2015

19/04/2015 - 3º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Pascua (B)


Sería vano el intento de determinar el número exacto de apariciones del Resucitado. Por otro lado, no se pueden ignorar las diferencias entre los diversos relatos, precisos y detallados, de los evangelios, del libro de los Hechos de los apóstoles y de las cartas de san Pablo. En función de su propósito y de su experiencia personal, cada autor hace su propia elección entre los testimonios transmitidos por tradición oral. Se recoge un detalle en vez de otro, se pone el acento en determinados puntos, en ciertos aspectos que han llamado más la atención., o que el evangelista considera en cada caso más importantes o significativos para su anuncio de la Pascua de Cristo. A veces, concentra en un solo relato y de manera original elementos procedentes de diversas fuentes, porque le parece que así puede dar cuenta de manera más convincente del acontecimiento pascual. Es el caso concreto de san Lucas, que escribe para que el lector «conozca la solidez de las enseñanzas que ha recibido» (Lc 1,3).
Es ejemplar el modo como cuenta lo ocurrido a los discípulos de Emaús, después de la muerte de Jesús, en la tarde de «aquel mismo día, el primero de la semana». Está claro que san Lucas vio en esta experiencia singular una especie de parábola del itinerario progresivo de la fe pascual, que poco a poco va tomando conciencia de la nueva y misteriosa presencia del Resucitado entre los suyos (Lc 24,13- 35). Pero el relato no acaba ahí. Los dos discípulos vuelven a Jerusalén, para compartir con los apóstoles y los demás discípulos lo que les ha sucedido. Y de pronto, el mismo Jesús se presenta en medio de ellos. Esta única aparición, por así decir, «oficial» que ha recogido san Lucas recapitula el sentido y el alcance de todas las manifestaciones pascuales de Cristo. Se aparece a los que ha escogido para hacerles ver, y hasta tocar, la realidad de su cuerpo resucitado. Descubre a sus discípulos el sentido de las Escrituras para que puedan anunciar que tienen su cumplimiento en la Pascua de Cristo. E instituye, finalmente, a los apóstoles como testigos de su resurrección.. Esto es, de hecho, lo que Pedro ha proclamado con fuerza desde el día de Pentecostés. En Jesucristo, el Justo, «tenemos a uno que abogue ante el Padre», escribe por su parte san Juan, exhortando a los discípulos a guardar fielmente la palabra y los mandamientos del Señor, porque de ese modo «ciertamente el amor de Dios llega en ellos a su plenitud».

PRIMERA LECTURA

Primer milagro realizado por un apóstol tras la partida del Señor: Pedro, «en nombre de Jesucristo», cura a un enfermo que pedía sólo una limosna. «El que fue crucificado ahora está vivo», proclama entonces el apóstol ante la muchedumbre atónita. La fuerza contundente del discurso de Pedro no supone que se haga recaer la responsabilidad directa de la muerte de Jesús sobre todo el pueblo, que se condene a Israel como deicida. Pero nos exhorta a todos, hoy como ayer a interrogarnos sobre el modo como nos situamos ante el Mesías muerto y resucitado «según las Escrituras», a convertirnos y a volver a Dios para obtener, por medio de Cristo, el perdón de los pecados.

Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente:
- «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos.
Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Liberado de la angustia de la muerte y ensalzado en la luz de la Pascua, Cristo nos ofrece la posibilidad de vivir en la dicha y en la paz de Dios.

Salmo 4, 2. 7. 9 (R.: cf. 7)

R
Haz brillar sobre nosotros
la luz de tu rostro, Señor.
O bien:
Aleluya.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración. R

Hay muchos que dicen: «,Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?». R

En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo. R. R

SEGUNDA LECTURA

Tres temas capitales se entrelazan en la primera carta de san Juan: el rechazo del pecado,’ la adhesión a la certeza que ofrece la fe, y el amor a Dios que nos hace semejantes a él. El primero de ellos es el que sirve aquí de punto de partida para la reflexión. Dado que el pecado nos hace perder la semejanza con Dios, hay que evitarlo a cualquier precio, pero sin desesperar en caso de caída: Jesucristo, el Justo ofrecido como víctima de propiciación por los pecados del mundo entero, es nuestro abogado ante Dios.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados
y también por los del mundo entero

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.
Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.
Él es victima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.
Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.

Palabra de Dios.

ALELUYA cf. Lc 24, 32

Aleluya. Aleluya.
El ha hecho a sus apóstoles
testigos del perdón de los pecados
ofrecido a todos los hombres. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón
mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO

El epilogo del relato de los peregrinos de Emaús recapitula lo que san Lucas considera que hay que retener en relación con las apariciones del Resucitado. Los apóstoles, testigos «oficiales» de la resurrección del Señor, no han inventado nada ni han sido víctimas de ninguna alucinación: sus mismas dificultades para admitir la realidad de las apariciones constituyen una garantía. Ellos han podido constatar que se trata del crucificado en persona, y no de un fantasma. La resurrección del Señor tiene a su favor el testimonio de todas las Escrituras. Esto es lo que la Iglesia y los cristianos deben anunciar al mundo entero, siguiendo el ejemplo de los apóstoles.

Así estaba escrito: el Mesías padecerá
y resucitará de entre los muertos al tercer día

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
- «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:
- «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
-«¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
- «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
-«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra de Dios.



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lunes, 6 de abril de 2015

12/04/2015 - 2º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Pascua (B)


El capítulo 20 del evangelio según san Juan acaba con el relato de dos apariciones del Resucitado. Son como las dos hojas de un díptico. En ambas el Señor ocupa el centro. Pero en una se dirige al conjunto de los discípulos que lo rodean, y en la otra, que evoca una nueva aparición «a los ocho días», destaca la figura de Tomás, ausente en la anterior manifestación del Señor. El paralelismo de las dos composiciones y los detalles que caracterizan a cada una de ellas ponen de relieve la complementariedad de sus enseñanzas.
«Al anochecer de aquel día, el primero de la semana», es el Señor mismo en persona quien anuncia el mensaje pascual a los discípulos, que «se llenaron de alegría»: él está vivo; a partir de ahora nada podrá impedir que se encuentre con ellos; les trae la paz, les otorga el Espíritu Santo, los envía a dar testimonio de su resurrección y a liberar a todos los hombres de las ataduras del pecado. «A los ocho días» se trata más directamente de los que «crean sin haber visto», aceptando el testimonio de los apóstoles y de los discípulos de las generaciones sucesivas. La proclamación de este evangelio se ha introducido todos los años el segundo domingo de Pascua, ya que relata una aparición del Resucitado que el mismo evangelista sitúa a los ocho días de la resurrección del Señor.
Los otras lecturas, por el contrario, varían según el ciclo. En primer lugar se encuentran tres cuadros, tomados del libro de los Hechos de los apóstoles, que describen en pocas pinceladas la Iglesia apostólica inmediatamente posterior a la resurrección. Las comunidades cristianas de todos los tiempos han visto en ellos el ideal que debían esforzarse en imitar.
Viene a continuación el anuncio, en forma de acción de gracias, de la Buena Noticia de la Pascua tal como la proclama la primera carta de san Pedro (ciclo A); el recuerdo de las consecuencias y las exigencias de la fe en Cristo (primera carta de san Juan: ciclo B), y, finalmente, un icono de Cristo en la gloria pintado a grandes rasgos por el autor del Apocalipsis (ciclo C).
El segundo domingo de Pascua sitúa así el Tiempo pascual en continuidad y en unidad con la celebración del misterio central de la fe cristiana, que ha de iluminar y guiar la vida de los creyentes.

PRIMERA LECTURA

Compartir, redistribuir los bienes para eliminar la pobreza, es un deber del que los cristianos han de dar ejemplo. Pero hoy es necesario, además, trabajar para cambiar las estructuras y los mecanismos económicos que permiten que unos se enriquezcan cada vez más mientras otros, la mayoría, son cada vez más pobres.

Todos pensaban y sentían lo mismo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios.

SALMO

La diestra del Señor es poderosa. Que los pobres se alegren.

Salmo 117, 2-4. 16ab-18. 22-24 (R.: 1)

R
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
O bien:
Aleluya.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí una breve pero rica variación, a modo de contrapunto, en torno a algunos temas por los que san Juan siente particular predilección: la fe, el amor de Dios, la filiación divina de los creyentes; la obediencia a los mandamientos; la victoria de Cristo y de los creyentes sobre el mundo; el don y el testimonio del Espíritu. Hay que leer y releer cada una de las afirmaciones y, a medida que van calando en nuestro interior volver a las anteriores, evitando sobre todo esquematizarlas, lo que sería un grave y peligroso reduccionismo.

Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 1-6

Queridos hermanos:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 20, 29

Aleluya. Aleluya.
Jesús se puso en medio de ellos y les dijo.
Paz a vosotros. Aleluya.
No seáis incrédulos, sino creyentes.
Yo soy vuestro Señor y vuestro Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído
—dice el Señor—.
Dichosos los que crean sin haber visto. Aleluya.

EVANGELIO

Dos apariciones del Resucitado que tienen lugar en domingo, como la visión del libro del Apocalipsis. El Viviente que se presenta en medio de los suyos es el mismo que ha sido crucificado y sepultado. Los apóstoles constatan esta identidad, que pertenece al núcleo de la fe en la resurrección del Señor. La fe de la Iglesia se apoya en su testimonio unánime, reforzado por la experiencia singular de Tomás, situado en cierto modo entre dos generaciones de creyentes. Siendo solidario de los primeros testigos de la resurrección, tiene que hacer suyo el testimonio de los Otros. Su comportamiento no lo convierte en prototipo de los que esperan a ver para creer. Como no cesa de repetir san Juan, lo que nos recuerda es que la fe está más allá de los testimonios que la acreditan. implica y exige un reconocimiento personal de aquel a quien se dice: «¡Señor mío y Dios mío!». La respuesta del Señor: «No seas incrédulo, sino creyente», exhortación apremiante más que reproche, va dirigida desde entonces a cada uno de nosotros. «Dichosos los que crean sin haber visto»: estas son las últimas palabras que el evangelio dirige a todos los que creen que Jesús es el «Mesías, el Hijo de Dios» y, creyendo, reciben de él el perdón de los pecados y la efusión del Espíritu, con la misión de llevar al mundo la Buena Noticia de su resurrección.

A los ocho días, llegó Jesús.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.



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lunes, 30 de marzo de 2015

05/04/2015 - Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (B)


Después de la larga y densa liturgia de la Noche pascual, la eucaristía del día de Pascua se desarrolla en un clima de paz, serenidad y alegría interior. Es momento de meditar la Buena Noticia que ha resonado intensamente durante la noche. Es momento también de releer, a la luz del acontecimiento pascual, el conjunto de la obra llevada a cabo por Jesús de Nazaret, que, «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo», ofrece el perdón de los pecados a los que creen en él. «El testimonio de los profetas es unánime».
Ya que por el bautismo habéis pasado de la muerte a la vida, «buscad los bienes de allá arriba», dice san Pablo, «donde está Cristo sentado a la derecha de Dios». Cuando aparezca, «apareceréis, juntamente con él, en gloria» (Col 3,1-4). Por eso, «celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad» (1Co 55,8).
Por su parte, san Juan narra cómo «el primer día de la semana» María Magdalena, «Simón Pedro y el otro discípulo, a quilen tanto quería Jesús» descubren vacío el sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús. María Magdalena piensa que se han llevado el cuerpo del Señor. Simón Pedro se queda perplejo al constatar que, aunque el cuerpo no está en el sepulcro, las vendas y el sudario se han quedado allí, cuidadosamente doblados. «El otro discípulo» creyó inmediatamente.
A través de un relato lleno de contenido, san Juan propone una reflexión sobre la fe. Esta no se impone como una evidencia: nace a partir de «signos» que es necesario descifrar. Algunos captan enseguida su significación. La mayoría, en cambio, requiere más tiempo para hacer esta lectura. Para otros no se trata de «signos», sino de enigmas. En cualquier caso, la fe no es una cumbre en la que uno se instala tranquila y definitivamente al término de un itinerario más o menos rápido y laborioso. Es respuesta de toda una vida, certeza que puede pasar por periodos de vacilación y duda. Es necesario renovarla, vivificarla, profundizar en ella sin cesar, por medio de una relectura ininterrumpida y atenta de las Escrituras, con la ayuda de los otros creyentes.
Que las demoras y vacilaciones de nuestra fe no nos impidan proclamar con fuerza y humildad: «Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!».

PRIMERA LECTURA

Las obras de Jesús son hechos comprobados. Pero para ver en ellas signos reveladores de su verdadera identidad, es necesaria una luz de lo alto transmitida por la Escritura, la predicción de un apóstol, el testimonio de un creyente. No es nadie de carne y hueso quien las revela, sino el Padre que está en el cielo (cf Mt 16,17). Es entonces cuando los hechos se convierten en artículos del credo. La resurrección de Cristo, cumbre del misterio de la fe, inaugura el tiempo de la salvación ofrecido a todos los hombres. Todo el que cree en Cristo recibe ya ahora el perdón de los pecados; pronto, el Señor, vencedor de la muerte, se manifestará como «juez de vivos y muertos». Este es, en toda su amplitud, el objeto de la fe apostólica y de la celebración pascual.

Hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
- «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23(R.: 24)

R
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo Ya hecho,
ha sido un milagro patente. R

SEGUNDA LECTURA

Muertos y resucitados con Cristo: esta es la condición de los creyentes tras el bautismo. Este cambio radical, aunque invisible, debe dar una orientación y una dinámica nuevas a su vida en todos los campos, no sólo es el normal.

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Palabra de Dios.

O bien

El bautismo hace del creyente un «ser pascual», y la eucaristía lo transforma en «pan de la Pascua». «Conviértete en lo que recibes: el cuerpo de Cristo», decía san Agustín al dar la comunión.

Quitad la levadura vieja  para ser una masa nueva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6b-8

Hermanos:
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles
parte en tu victoria santa.

ALELUYA 1 Co 5, 7b-8a

Aleluya, aleluya.
Ha sido inmolada
nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues,
celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Aquí tenemos un testimonio concreto del descubrimiento del sepulcro vacío: la colocación de las vendas y el sudario indica que no se han llevado furtivamente el cuerpo de Jesús. La reacción de Pedro y del «otro discípulo», alertados por María Magdalena, es muy significativa. Ambos acuden precipitadamente. Como era natural, el más joven llega antes, pero no quiere entrar en el sepulcro antes que Pedro, que es quien tiene la preeminencia en el grupo de los apóstoles. No obstante, esta condición no le confiere una perspicacia especia para comprender los signos. El otro «vio y creyó» inmediatamente. ¿Se trata de una perspicacia superior del corazón? Sin duda, pero más aún de una mejor y más rápida inteligencia de las Escrituras. Porque es siempre a la luz de estas como se revela el sentido de los signos, rotundos o sutiles, y como la mirada puede abrirse a las cosas de la fe.

Él había de resucitar de entre los muertos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
-«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra de Dios.



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domingo, 29 de marzo de 2015

04/04/2015 - Sábado Santo – Vigilia Pascual (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Sábado Santo – Vigilia Pascual (B)


En la tradición judía se cuentan los días de una puesta de sol a otra, y no a partir de la medianoche. Esta manera de dividir el tiempo se ha mantenido en la liturgia de la Iglesia: las solemnidades comienzan al atardecer, con las primeras vísperas, y acaban con las vísperas del día siguiente. Dado que, según el testimonio de los evangelios, la resurrección del Señor tuvo lugar al amanecer «del primer día de la semana», que hoy llamamos domingo, los cristianos, desde los comienzos, han celebrado el memorial semanal desde la noche anterior.
Desde el siglo II se impuso una celebración anual, preparada por un ayuno riguroso que duraba uno o varios días. Desde el siglo IV, la Noche pascual se ha caracterizado por la gran celebración anual de los bautismos, desarrollándose su liturgia, bajo la influencia de diversas tradiciones, hasta el siglo XIII.
En Roma, todavía en el siglo V, no hay más que una celebración pascual, la de la noche, corno testimonian las homilías del papa san León (440-461). Pero en Africa. en tiempos de san Agustín (354- 430), se celebraba ya una segunda misa el domingo por la mañana. El obispo de Hipona no dejaba de predicar en ella, a pesar —decía— del cansancio de la larga vigilia nocturna. Esta costumbre se difundió posteriormente: se conservan libros litúrgicos del siglo VII que contienen textos de la misa del Domingo de Pascua.
Muy pronto, sin embargo, empezó a anticiparse la Vigilia pascual. Y cuando el concilio de Trento (1545-1563) prohibió la celebración de la misa después del mediodía, la celebración se pasó a la mañana del Sábado santo. Así fue hasta 1951, cuando volvió a su lugar original, primero «como experimento» y a juicio de los obispos, y desde 1956 de manera definitiva.
En su forma actual la Vigilia pascual consta de cuatro partes claramente diferenciadas. Empieza con un amplio lucernario, o rito de la luz: bendición del fuego nuevo en el que se enciende el cirio pascual, cuya llama pasa luego a las velas que los miembros de la asamblea llevan en la mano. Viene luego el anuncio solemne de la Pascua, saludada con un canto de aclamación.
Se celebra luego una liturgia de la palabra excepcionalmente larga. Se trata de una recapitulación de la catequesis que se ha hecho a los catecúmenos y recuerda las grandes etapas de la historia de la salvación que ha precedido y preparado el advenimiento de «la luz verdadera que alumbra a todo hombre» (Jn 1,9). Tras siete grandes textos del Antiguo Testamento, se lee un breve pasaje de la carta de san Pablo a los Romanos, a la que sigue la proclamación del evangelio de la resurrección según san Mateo (ciclo A), san Marcos (ciclo B) o san Lucas (ciclo C).
La tercera parte está constituida por la liturgia bautismal: bendición del agua, profesión de fe, bautismos y confirmaciones si es el caso, o aspersión de la asamblea con el agua lustral.
Finalmente viene la cuarta parte, la liturgia de la eucaristía, que se desarrolla como de costumbre.
Está prescrito que la Vigilia pascual no comience antes de entrada la noche. Se trata evidentemente de una exigencia de autenticidad de los ritos y símbolos, que caracterizan a esta gran liturgia y que le confieren su extraordinaria fuerza expresiva y su incomparable valor espiritual.
Que todo hombre piadoso y amante de Dios goce de esta bella y luminosa solemnidad. Que todo siervo fiel participe de la alegría de su señor. Que el que se ha esforzado en ayunar reciba ahora el salario que le corresponde. Que el que ha trabajado desde la primera hora reciba en este momento su justo salario. Si alguno ha llegado después de la hora tercia, que celebre esta fiesta con gratitud. Si alguien no ha llegado hasta la hora sexta, que no lo dude, pues no se perderá nada. Y si hay alguno que se ha retrasado hasta la hora nona, que no sienta vergüenza por su tibieza, porque el Señor es generoso y recibe al último lo mismo que al primero...
Gustad todos del banquete de la fe. Gustad todos las riquezas de la misericordia. Que nadie se queje por su pobreza, pues ha aparecido nuestro reino común. Que nadie se lamente por sus pecados, pues de la tumba ha brotado el perdón. Que nadie tema la muerte, ya que la muerte del Salvador nos ha liberado...
Cristo resucitado de entre los muertos se ha convertido en primicia de los que han muerto. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
(SAN JUAN CRisósToMo, Sermón para la vigilia de pascua. En la liturgia bizantina se lee este texto al principio de la celebración)

PREGÓN PASCUAL

El texto de este canto se remonta por lo menos al siglo IV Se le denomina también con la primera palabra del texto latino: «Exsultet».

Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
[Por eso, queridos hermanos, que asistís a la admirable claridad de esta luz santa, invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al número de sus diáconos, infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio].

El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias a Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado. son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?
¡ Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡ Qué incomparable ternura y caridad! ¡ Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Esta es la noche de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo». Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Liturgia de la Palabra.

«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,2]); «Comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura» (Lc 24,27). A lo largo de la Noche pascual, más que en cualquier Otra circunstancia, la liturgia cristiana relee las antiguas Escrituras partiendo de su cumplimiento en Jesucristo resucitado de entre los muertos. El leccionario propone siete lecturas del Antiguo Testamento antes de la epístola y el evangelio. De ellas deben leerse por lo menos tres, que, en caso de necesidad, pueden reducirse a dos. pero sin Omitir nunca el relato del paso del mar Rojo (tercera lectura: Ex 14,15—15, la).

PRIMERA LECTURA

La cuestión del origen del mundo y de todas las cosas, del hombre y de los seres vivos, se les planteó de manera acuciante a los sabios de Israel, al encontrarse frente a las tradiciones y mitos de los pueblos paganos. La experiencia del Dios que se había revelado en la historia les hizo comprender que no había más que un Dios, que lo había creado todo: el universo y los hombres. Uno no se cansa nunca de leer estas páginas de la Biblia, que transmiten una enseñanza muy profunda en un lenguaje poético lleno de imágenes, accesible a todos. Al oírlas, los cristianos piensan en lo que dice el autor del cuarto evangelio: «En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió» (Jn 1,1-5). Cristo, primogénito de toda criatura, es, como decían los Padres de la Iglesia, la imagen de Dios según la cual fueron creados el hombre y la mujer. Por el baño del bautismo es restaurada esta imagen en los que creen en su nombre. El universo mismo, que Dios creó bello y bueno, se encuentra reorientado: se le promete que será transformado en una creación nueva que se inaugurará con el retorno de Cristo.

Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Lectura del libro del Génesis 1,1-2,2

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.
La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: "Que exista la luz." Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz "Día"; a la tiniebla, "Noche". Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: "Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas." E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda "Cielo". Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: "Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes." Y así fue. Y llamó Dios a los continentes "Tierra", y a la masa de las aguas la llamó "Mar". Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: "Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra." Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: "Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra." Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios: "Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo." Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: "Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra." Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies." Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra." Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra."
Y dijo Dios: "Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento." Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

Palabra de Dios.

SALMO

El Espíritu de Dios se cernía sobre la primera creación. Es el mismo Espíritu que ha levantado de entre los muertos a Cristo, el hombre nuevo. Que renueve hoy la faz de la tierra.

Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c

R
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R

O bien:

Por su palabra, Dios creó al principio el cielo y la tierra. La Palabra hecha carne es el primogénito de un mundo nuevo. ¡Dichoso el pueblo elegido para mantener viva esta esperanza!

Salmo 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22

R
La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

Por más que sepamos que todo acaba bien, este relato bíblico no deja de resultar chocante, sobre todo hoy. ¿ Quién es este Dios que le pide a un padre que ofrezca a su hijo en sacrificio? ¿Qué pensar de este padre que va sin dudarlo a inmolar a su hijo? Sin embargo, tanto en la tradición judía como en la cristiana, como demuestran entre otras cosas los frescos de las catacumbas, el sacrificio de Isaac ocupa un lugar muy importante. El Dios que revela la Biblia no quiere sacrificios humanos: son la obediencia y la confianza absolutas en él las que le rinden homenaje. Precisamente por haber dado prueba de ellas hasta tal extremo, es por lo que Abrahán se ha convertido en padre de una multitud innumerable de creyentes de todas las épocas. Fue a su propio Hijo, a su Unigénito, a quien el Padre entregó para salvar al mundo. No le ahorró la muerte a este Cordero sin mancha que cargó con el pecado del mundo (Jn 1,36; 3,16). Pero al tercer día lo liberó de las ataduras de la muerte para que, con él y por él, nosotros tengamos vida.

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: "¡Abrahán!" Él respondió: "Aquí me tienes." Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré." Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros." Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre: "Padre." Él respondió: "Aquí estoy, hijo mío." El muchacho dijo: "Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abrahán contestó: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío." Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: "¡Abrahán, Abrahán!" Él contestó: "Aquí me tienes." El ángel le ordenó: "No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo." Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio "El Señor ve", por lo que se dice aún hoy "El monte del Señor ve". El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: "Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido."

Palabra de Dios.

SALMO

La oración de Abrahán: «El Señor está a mi derecha, no vacilaré»; la de Isaac: «Señor, mi suerte está en tu mano»; la de Cristo. «No me entregarás a la muerte»; la del cristiano: «Me enseñarás el sendero de la vida».

Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)

R
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R

TERCERA LECTURA

¡Noche memorable donde las haya aquella en que Dios pasó y liberó a su pueblo de la esclavitud! De generación en generación, los autores bíblicos meditaron y recordaron este acontecimiento para reavivar la fe y la fidelidad del pueblo congregado por el Señor, que dijo: «Vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos..., seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19,5-6). Los cristianos a su vez han releído este gesto divino a la luz de la Pascua de Cristo, en la que se participa por medio del paso de las aguas del bautismo: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Antes erais “no pueblo “, ahora sois “Pueblo de Dios “; antes erais “no compadecidos”, ahora sois “compadecidos”» (IP 2,9-10).

Los israelitas en medio del mar a pie enjuto.

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros."
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas.
La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas.
Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: "Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto."
Dijo el Señor a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes." Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:

Palabra de Dios.

SALMO

Como un «valiente guerrero», Dios, desde el principio, combate con las potencias del mal. Cristo las ha vencido y ahora conduce a su pueblo hacia la tierra prometida.

Salmo Éxodo 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1a)

R
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R

El Señor es un guerrero,
su nombre es "Yahvé".
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R

Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R

CUARTA LECTURA

La Alianza es una historia de amor que ha pasado por tiempos de crisis como consecuencia de las repetidas infidelidades del pueblo al que Dios se había unido. Las cosas llegan a tal punto que el Señor a veces «esconde su rostro», pero sin renegar de su compromiso ni romper con aquellos a quienes ha elegido. «En los días de Noé» juró solemnemente que nunca volvería a dejarse arrastrar por su cólera, que nada podría romper su «alianza de paz». La ternura de Dios es, pues, inalterable. Donde el pecado se multiplica, sobreabunda la gracia (Rm 5,20). El «Dios de toda la tierra» no se conforma con despejar el terreno de ruinas y escombros: pone, sobre piedras firmes, los cimientos de una nueva Jerusalén cuyos hijos «tendrán gran paz». Cristo resucitado es la piedra angular; el bautismo, la puerta de entrada.

Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14

El que te hizo te tomará por esposa; su nombre es Señor de los ejércitos. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada -dice tu Dios-.
Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero -dice el Señor, tu redentor-.
Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará -dice el Señor, que te quiere-.
¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer; y lejos del terror, que no se te acercará.

Palabra de Dios.

SALMO

El amor indefectible de Dios saca del abismo a los pecadores que se vuelven a él, los hace revivir. Nace un nuevo día.

Salmo 29, 1-3. 4-5. 10-12. (R. 1a)

R
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R

QUINTA LECTURA

Entre decir y hacer suele haber para nosotros un trecho enorme. Pasar de lo uno a lo Otro exige, sobre todo cuando se trata de cosas importantes, mucha decisión, valor y esfuerzo, no siempre coronado por el éxito; con frecuencia es necesario intentarlo Varias veces. Con Dios no ocurre lo mismo. Su palabra, expresión perfecta de su voluntad, nunca cae en el vacío: «Nunca vuelve a él vacía, sino que hace su voluntad y cumple su encargo». Todo se ha cumplido en Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, que ha sellado con su sangre la alianza nueva y eterna.

Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua.

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Así dice el Señor: "Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te honra.
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que de semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo."

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de alegría y de acción de gracias de los bautizados a los que Dios, cumpliendo su promesa, ha conducido a las fuentes vivas de la salvación.

Salmo Isaías: 12, 2-3. 4. 5-6 (R. 3)

R
Sacaréis aguas con gozo.
de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel." R

SEXTA LECTURA

La Ley es la expresión de la sabiduría de Dios. Da a conocer lo que le agrada, el camino que conduce a la vida, a la paz, a la felicidad sin fin. ¡Dichoso el pueblo que sabe dónde reside la sabiduría y sigue sus preceptos. En Jesús, Palabra de Dios hecha carne, la sabiduría divina se ha revelado a todos los hombres (1Co 1,24). El es el camino, la verdad y la vida. Los que lo conocen conocen también a su Padre. Cuando el Señor resucitado vuelva, tomará consigo a los que lo han acogido, para llevarlos a donde él está (cf Jn 14,1-7).

Caminad a la claridad del resplandor del Señor.

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, mandatos de vida; presta oído para aprender prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que estés contaminado entre los muertos, y te cuenten con los habitantes del abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia; así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz. ¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, la llama, y le obedece temblando; a los astros que velan gozosos en sus puestos de guardia, los llama, y responden: Presentes", y brillan gozosos para su Creador. Él es nuestro Dios, y no hay otro frente a él; investigó el camino de la inteligencia y se lo enseñó a su hijo, Jacob, a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!

Palabra de Dios.

SALMO

Palabra de Dios, camino, verdad y vida, sabiduría más deseable que todos los bienes de la tierra, gozo de los corazones puros.

Salmo 18, 7. 8. 9. 10 (R. Jn 6,68)

R
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R

SEPTIMA LECTURA

Purificación con un agua que lava todas las manchas del pecado, sustitución del corazón de piedra por un corazón de carne, don del Espíritu que mantiene en la senda de los mandamientos, congregación de un pueblo fiel: tal es la obra que Dios pretende llevar a cabo en favor de su pueblo disperso en medio de las naciones. Actúa así por el honor de su nombre, pues de lo contrario podría dudarse de su poder y su bondad divinos. Aquellos a los que libera reciben al mismo tiempo el encargo de una misión: testimoniar con su vida la santidad de su Dios. Este mensaje nos concierne directamente a nosotros, que hemos sido lavados de nuestras faltas por las aguas del bautismo y marcados con el sello del Espíritu, y que recibimos como alimento el cuerpo y la sangre de Cristo. Decir «Padre nuestro, santificado sea tu nombre» es renovar nuestro compromiso de anunciar al mundo la santidad de Dios, no sólo con palabras sino también con obras.

Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo.

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28

Me vino esta palabra del Señor: "Hijo de Adán, cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones; como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder, según sus acciones los sentencié.
Cuando llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos: "Éstos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido." Sentí lástima de mi santo nombre, profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: "No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor -oráculo del Señor-, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios."

Palabra de Dios.

SALMO

Buscar a Dios, acoger a Cristo como luz y como verdad, dejarse guiar por él hasta el Padre, participar de su santidad, experimentar la alegría perfecta: esta es la vocación de los que han sido regenerados por el bautismo.

Salmo 41, 2. 4 b-c y 42, 3. 4 (R. 41, 1)

R
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios? R

Cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de jubilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R

Envía tu luz y tu verdad;
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R

O bien:

Que Dios conceda el Espíritu Santo a aquellos a los que llama a una santidad semejante a la suya.

Salmo 50, 10-11. 12-13. 16-17 (R. 50,10a)

R
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R

epístola

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre «ha muerto al pecado» en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y «vive para Dios» desde el día en que el Señor; primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, sacramento pascual, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día. De este modo, toda la existencia cristiana está bajo el signo de la muerte y la resurrección, unidas de forma bien concreta en la Pascua de Cristo.

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO

«‘Aleluya” significa “alabad al Señor”. ¡Dichoso “aleluya” el del cielo! El de aquí es el “aleluya” del camino; el de allí el de la patria» (SAN AGUSTÍN, Sermón 256).

Salmo 117, 1-2. 16-17. 22-23

R
Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

EVANGELIO

Tres mujeres que llegan con aromas para terminar de embalsamar a un muerto; el sepulcro vacío, cuya piedra, que era «muy grande», estaba corrida; un joven «vestido de blanco», sentado en el sepulcro, «a la derecha»; el susto provocado por el anuncio de la resurrección del crucificado; una importante noticia que dar a «sus discípulos y a Pedro», y que el miedo les impide transmitir El evangelio según san Marcos acaba así dejando al lector la tarea de descifrar personalmente los signos de la resurrección del Señor anunciada y celebrada por la Iglesia. El evangelista Marcos no cesa de repetirlo: creer sobre todo en un Salvador muerto y resucitado, requiere su tiempo. Hay que ir superando progresivamente un buen número de dudas, de vacilaciones, de temores, antes de acoger sin reticencias el misterio revelado. Hay que guardar- se, además, de anunciarlo prematuramente. La fe es un itinerario pascual de muerte de uno mismo, de las propias seguridades, de las propias «evidencias», para nacer a la verdad de Dios y su mensaje.

Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro.
Y se decían unas a otras: «Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron.
Elles dijo: «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde 1 pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo».

Palabra de Dios.



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