lunes, 25 de julio de 2016

31-07-2016 - 18º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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18º domingo Tiempo ordinario (C)


La larga «subida de Jesús a Jerusalén» se presenta en el evangelio según san Lucas como una especie de itinerario catequético. Sería vano tratar de dividir esta «exposición continua» de las enseñanzas del Señor en secciones netamente separadas, dedicadas cada una de ellas a temas bien determinados. No obstante, hay un orden en la sucesión. La redacción se desarrolla siguiendo una lógica interna muy sutil que responde a la intención pedagógica del evangelista. Las cuatro etapas recorridas hoy y los domingos siguientes podrían titularse «En todas las cosas, hay que tener en cuenta el fin», entendiendo por esta última palabra el término de la vida.
Cuando llega la hora, ¿qué queda de lo que tanto trabajo y esfuerzo nos ha costado? Al más allá al que todos inexorablemente nos dirigimos no pueden llevarse las riquezas, los bienes que con tantas fatigas e han acumulado. ¿Hay que decir entonces que la vida es puro viento, y que no vale la pena vivir? Sí, si eso significa que las realidades de aquí abajo no tienen consistencia en sí mismas, sino sólo en virtud de su peso de eternidad. En este sentido, las reflexiones aparentemente desengañadas del libro del «Eclesiastés», o de Qohelet, se muestran como palabras realmente sabias.
Jesús se hace eco de esta forma de ver de una manera más concreta y más positiva. Ante la petición de que dirima una disputa sobre una herencia, dice a la gente que se agolpa a su alrededor: «Guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». Para ilustrar esta afirmación, pone el ejemplo de un rico propietario agrícola cuya única preocupación es la de almacenar en graneros sus abundantes cosechas. ¡Necio! Morirá sin haber podido disfrutar de sus riquezas, y sin saber quién se va a beneficiar de ellas.
Pero Jesús no se queda ahí. Lo que cuenta —añade él— es hacerse «rico ante Dios», aunque sin precisar cómo. El evangelista no deja lugar a dudas al respecto, y el libro de los Hechos de los apóstoles ofrece ejemplos de cómo hay que actuar. Uno se hace «rico ante Dios» en la medida en que no guarda celosamente para sí las riquezas que ha adquirido. El mejor uso consiste en desprenderse de ellas distribuyéndolas a los pobres. Y esto se entiende de todos los bienes, no sólo de las posesiones materiales. «Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra», dice san Pablo.

PRIMERA LECTURA

«Aquí abajo todo es vanidad y humo de pajas». Esta manera de hablar puede ser expresión de un pesimismo desilusionado y desalentador, pero también puede ser el juicio de un espíritu ávido de absoluto, que no encuentra complacencia en nada que sea efímero.

¿Qué saca el hombre de todo su trabajo?

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador,
vaciedad sin sentido; todo es vaciedad.
Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no la ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.
¿Qué saca el hombre de todo su trabajo
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?
De día dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.

Palabra de Dios.

SALMO

¿Es el hombre una mota de polvo, un sueño, una hierba fugaz del campo? No, si pone en Dios su esperanza y su fuerza.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

Aunque ya ha «resucitado con Cristo», el cristiano no acaba nunca de «dar muerte a todo lo terreno que hay en él». «Que vuestra vida sea conforme a aquello en lo que os habéis convertido», dice san Pablo. La fuerza simbólica del vestido es tal que, de algún modo, siempre expresa la personalidad del que lo lleva.

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3,1-5. 9-11

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría.
No sigáis engañándoos unos a otros.
Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5,3

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que no amasa riquezas para sí,
sino que se hace rico ante Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

El hombre que se dirige a Jesús tiene, sin duda, en alta estima su justicia y rectitud. Pero se equivoca acerca de la naturaleza de su misión. Jesús aprovecha este litigio a propósito de una herencia para poner a la gente en guardia contra «toda clase de codicia». Lo que cuenta a los ojos de Dios no son la riquezas materiales, aunque hayan sido acumuladas honradamente, sino lo que se hace con ellas.

Lo que has acumulado, ¿de quién será?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
- Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
- Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
- Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
- Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿qué haré? No tengo dónde almacenar la cosecha.
Y se dijo: haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida».
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?».
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Palabra de Dios.



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domingo, 24 de julio de 2016

31-07-2016 - San Ignacio de Loyola (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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San Ignacio de Loyola (C)


San Ignacio nació en 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, norte de España, cerca de los montes Pirineos que están en el límite con Francia.
Su padre Bertrán De Loyola y su madre Marina Sáenz, de familias muy distinguidas, tuvieron once hijos: ocho varones y tres mujeres. El más joven de todos fue Ignacio.
El nombre que le pusieron en el bautismo fue Iñigo.
Entró a la carrera militar, pero en 1521, a la edad de 30 años, siendo ya capitán, fue gravemente herido mientras defendía el Castillo de Pamplona. Al ser herido su jefe, la guarnición del castillo capituló ante el ejército francés.
Los vencedores lo enviaron a su Castillo de Loyola a que fuera tratado de su herida. Le hicieron tres operaciones en la rodilla, dolorosísimas, y sin anestesia; pero no permitió que lo atasen ni que nadie lo sostuviera. Durante las operaciones no prorrumpió ni una queja. Los médicos se admiraban. Para que la pierna operada no le quedara más corta le amarraron unas pesas al pie y así estuvo por semanas con el pie en alto, soportando semejante peso. Sin embargo quedó cojo para toda la vida.
A pesar de esto Ignacio tuvo durante toda su vida un modo muy elegante y fino para tratar a toda clase de personas. Lo había aprendido en la Corte en su niñez.
Mientras estaba en convalecencia pidió que le llevaran novelas de caballería, llenas de narraciones inventadas e imaginarias. Pero su hermana le dijo que no tenía más libros que "La vida de Cristo" y el "Año Cristiano", o sea la historia del santo de cada día.
Y le sucedió un caso muy especial. Antes, mientras leía novelas y narraciones inventadas, en el momento sentía satisfacción pero después quedaba con un sentimiento horrible de tristeza y frustración . En cambio ahora al leer la vida de Cristo y las Vidas de los santos sentía una alegría inmensa que le duraba por días y días. Esto lo fue impresionando profundamente.
Y mientras leía las historias de los grandes santos pensaba: "¿Y por qué no tratar de imitarlos? Si ellos pudieron llegar a ese grado de espiritualidad, ¿por qué no lo voy a lograr yo? ¿Por qué no tratar de ser como San Francisco, Santo Domingo, etc.? Estos hombres estaban hechos del mismo barro que yo. ¿Por qué no esforzarme por llegar al grado que ellos alcanzaron?". Y después se iba a cumplir en él aquello que decía Jesús: "Dichosos los que tienen un gran deseo de ser santos, porque su deseo se cumplirá" (Mt. 5,6), y aquella sentencia de los psicólogos: "Cuidado con lo que deseas, porque lo conseguirás".
Mientras se proponía seriamente convertirse, una noche se le apareció Nuestra Señora con su Hijo Santísimo. La visión lo consoló inmensamente. Desde entonces se propuso no dedicarse a servir a gobernantes de la tierra sino al Rey del cielo.
Apenas terminó su convalecencia se fue en peregrinación al famoso Santuario de la Virgen de Monserrat. Allí tomó el serio propósito de dedicarse a hacer penitencia por sus pecados. Cambió sus lujosos vestidos por los de un pordiosero, se consagró a la Virgen Santísima e hizo confesión general de toda su vida.
Y se fue a un pueblecito llamado Manresa, a 15 kilómetros de Monserrat a orar y hacer penitencia, allí estuvo un año. Cerca de Manresa había una cueva y en ella se encerraba a dedicarse a la oración y a la meditación. Allá se le ocurrió la idea de los Ejercicios Espirituales, que tanto bien iban a hacer a la humanidad.
Después de unos días en los cuales sentía mucho gozo y consuelo en la oración, empezó a sentir aburrimiento y cansancio por todo lo que fuera espiritual. A esta crisis de desgano la llaman los sabios "la noche oscura del alma". Es un estado dificultoso que cada uno tiene que pasar para que se convenza de que los consuelos que siente en la oración no se los merece, sino que son un regalo gratuito de Dios.
Luego le llegó otra enfermedad espiritual muy fastidiosa: los escrúpulos. O sea el imaginarse que todo es pecado. Esto casi lo lleva a la desesperación.
Pero iba anotando lo que le sucedía y lo que sentía y estos datos le proporcionaron después mucha habilidad para poder dirigir espiritualmente a otros convertidos y según sus propias experiencias poderles enseñar el camino de la santidad. Allí orando en Manresa adquirió lo que se llama "Discreción de espíritus", que consiste en saber determinar qué es lo que le sucede a cada alma y cuáles son los consejos que más necesita, y saber distinguir lo bueno de lo malo. A un amigo suyo le decía después: "En una hora de oración en Manresa aprendí más a dirigir almas, que todo lo que hubiera podido aprender asistiendo a universidades".
En 1523 se fue en peregrinación a Jerusalén, pidiendo limosna por el camino. Todavía era muy impulsivo y un día casi ataca a espada a uno que hablaba mal de la religión. Por eso le aconsejaron que no se quedara en Tierra Santa donde había muchos enemigos del catolicismo. Después fue adquiriendo gran bondad y paciencia.
A los 33 años empezó como estudiante de colegio en Barcelona, España. Sus compañeros de estudio eran mucho más jóvenes que él y se burlaban mucho. El toleraba todo con admirable paciencia. De todo lo que estudiaba tomaba pretexto para elevar su alma a Dios y adorarlo.
Después pasó a la Universidad de Alcalá. Vestía muy pobremente y vivía de limosna. Reunía niños para enseñarles religión; hacía reuniones de gente sencilla para tratar temas de espiritualidad, y convertía pecadores hablándoles amablemente de lo importante que es salvar el alma.
 Lo acusaron injustamente ante la autoridad religiosa y estuvo dos meses en la cárcel. Después lo declararon inocente, pero había gente que lo perseguía. El consideraba todos estos sufrimientos como un medio que Dios le proporcionaba para que fuera pagando sus pecados. Y exclamaba: "No hay en la ciudad tantas cárceles ni tantos tormentos como los que yo deseo sufrir por amor a Jesucristo".
Se fue a Paris a estudiar en su famosa Universidad de La Sorbona. Allá formó un grupo con seis compañeros que se han hecho famosos porque con ellos fundó la Compañía de Jesús. Ellos son: Pedro Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salnerón, Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla. Recibieron doctorado en aquella universidad y daban muy buen ejemplo a todos.
Los siete hicieron votos o juramentos de ser puros, obedientes y pobres, el día 15 de Agosto de 1534, fiesta de la Asunción de María. Se comprometieron a estar siempre a las órdenes del Sumo Pontífice para que él los emplease en lo que mejor le pareciera para la gloria de Dios.
Se fueron a Roma y el Papa Pablo III les recibió muy bien y les dio permiso de ser ordenados sacerdotes. Ignacio, que se había cambiado por ese nombre su nombre antiguo de Íñigo, esperó un año desde el día de su ordenación hasta el día de la celebración de su primera misa, para prepararse lo mejor posible a celebrarla con todo fervor.
San Ignacio se dedicó en Roma a predicar Ejercicios Espirituales y a catequizar al pueblo. Sus compañeros se dedicaron a dictar clases en universidades y colegios y a dar conferencias espirituales a toda clase de personas.
Se propusieron como principal oficio enseñar la religión a la gente.
En 1540 el Papa Pablo III aprobó su comunidad llamada "Compañía de Jesús" o "Jesuitas". El Superior General de la nueva comunidad fue San Ignacio hasta su muerte.
En Roma pasó todo el resto de su vida.
Era tanto el deseo que tenía de salvar almas que exclamaba: "Estaría dispuesto a perder todo lo que tengo, y hasta que se acabara mi comunidad, con tal de salvar el alma de un pecador".
Fundó casas de su congregación en España y Portugal. Envió a San Francisco Javier a evangelizar el Asia. De los jesuitas que envió a Inglaterra, 22 murieron martirizados por los protestantes. Sus dos grandes amigos Laínez y Salmerón fueron famosos sabios que dirigieron el Concilio de Trento. A San Pedro Canisio lo envió a Alemania y este santo llegó a ser el más célebre catequista de aquél país. Recibió como religioso jesuita a San Francisco de Borja que era rico político, gobernador, en España. San Ignacio escribió más de 6 mil cartas dando consejos espirituales.
El Colegio que San Ignacio fundó en Roma llegó a ser modelo en el cual se inspiraron muchísimos colegios más y ahora se ha convertido en la célebre Universidad Gregoriana.
Los jesuitas fundados por San Ignacio llegaron a ser los más sabios adversarios de los protestantes y combatieron y detuvieron en todas partes al protestantismo. Les recomendaba que tuvieran mansedumbre y gran respeto hacia el adversario pero que se presentaran muy instruidos para combatirlos. El deseaba que el apóstol católico fuera muy instruido.
El libro más famoso de San Ignacio se titula: "Ejercicios Espirituales" y es lo mejor que se ha escrito acerca de cómo hacer bien los santos ejercicios. En todo el mundo es leído y practicado este maravilloso libro. Duró 15 años escribiéndolo.
Su lema era: "Todo para mayor gloria de Dios". Y a ello dirigía todas sus acciones, palabras y pensamientos: A que Dios fuera más conocido, más amado y mejor obedecido.
En los 15 años que San Ignacio dirigió a la Compañía de Jesús, esta pasó de siete socios a más de mil. A todos y cada uno trataba de formarlos muy bien espiritualmente.
Como casi cada año se enfermaba y después volvía a obtener la curación, cuando le vino la última enfermedad nadie se imaginó que se iba a morir, y murió súbitamente el 31 de julio de 1556 a la edad de 65 años.
En 1622 el Papa lo declaró Santo y después Pío XI lo declaró Patrono de los Ejercicios Espirituales en todo el mundo. Su comunidad de Jesuitas es la más numerosa en la Iglesia Católica.

PRIMERA LECTURA

Hoy te pongo delante bendición y maldición.

Lectura del libro del Deuteronomio 30,15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal.
Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla.
Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a el, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.

Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R
Su gozo es la ley del Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón,
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R

No así los impíos, no así:
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R

SEGUNDA LECTURA

Seguid mi ejemplo como yo el de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,31_11,1

Hermanos:
Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios.
Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven.
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

¿Quién dice la gente que soy yo?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,18-26

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
- ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron:
- Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Él les preguntó:
- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Pedro tomó la palabra y dijo:
- El Mesías de Dios.
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y añadió:
- El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Y, dirigiéndose a todos, dijo:
- El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿ De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, se ése se avergonzará el Hijo del Hombre, cuando venga en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles.

Palabra de Dios.



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sábado, 23 de julio de 2016

25-07-2016 - Santiago, apóstol (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Santiago, apóstol (C)

Santiago, apóstol (C)

Según la tradición, Santiago fue el primer apóstol que predicó en España, animado por la Virgen María junto al río Ebro. Más tarde habría ayudado a las tropas cristianas en la reconquista de las tierras de España ocupadas por los moros... Son datos sin una base histórica consistente y, sobre todo, poco importantes para nosotros.
No sucede así con los datos de la liturgia. Según ellos, Santiago había sido pescador en el lago de Galilea; allí lo llamó Jesús para que fuera su discípulo y apóstol, con Pedro y Juan uno de sus preferidos, que lo acompañarían en momentos centrales de su vida terrena. Fue el primer apóstol en dar la vida por el Maestro, como afirma el libro de los Hechos de los apóstoles, después de constatar el valor de los apóstoles dando «testimonio de la resurrección del Señor», convencidos de que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».
Pero para llegar hasta ahí, Santiago tuvo que seguir un proceso de conversión y discipulado no siempre fácil, pues el «tesoro» de la fe y el ministerio —como reconoce san Pablo, tan experimentado en «llevar en el cuerpo la muerte de Jesús»— «lo llevamos en vasijas de barro». El evangelio muestra a Santiago, con su hermano Juan, con un carácter impetuoso, que les llevó a querer que bajara fuego del cielo sobre quienes rechazaban al Señor, y llenos de ambición de grandeza y poder (como los demás discípulos, que «se indignaron contra los dos hermanos»). El Maestro, con su infinita paciencia y amor, se encargaría de llevarlos por el camino de la madurez, enseñándoles que sus discípulos deben huir de toda tentación de poder; que «el que quiera ser grande» debe ser «servidor» de los demás; y «el que quiera ser primero» debe saber hacerse «esclavo», «igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida» por todos. La experiencia de la Pascua de Cristo —que actualizamos en la eucaristía— y la fuerza del Espíritu los llevaría a esa madurez. Debemos alegrarnos del patrocinio de Santiago; pero sobre todo, aprender las grandes lecciones que nos da: dejamos conquistar por Cristo y ser sus testigos, sabiendo pasar de la búsqueda de prestigio y poder a una actitud de servicio y testimonio, siendo coherentes en toda situación con la fe que profesamos.

PRIMERA LECTURA

Ya desde los comienzos de la vida de la Iglesia, los anunciadores de la Buena Noticia se encontraron con la oposición y hasta con la persecución por parte de quienes detentaban el poder Santiago es una de las primeras víctimas. Pero, a pesar de todo, los apóstoles de entonces, como los verdaderos apóstoles de todos los tiempos, supieron ser fieles a la misión que habían recibido.

El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,33; 5,12. 27-33; 12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó.
- ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y los apóstoles replicaron:
- Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.
Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios.

SALMO

El anhelo de todos los enviados: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 7-8

R
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia;
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R

SEGUNDA LECTURA

Los apóstoles, como todos los encargados de comunicar el tesoro de la Buena Noticia, no son superhombres, sino hombres débiles y limitados. Pero esa condición sirve para realzar aún más la fuerza de Dios, que actúa sobre todo en la debilidad humana, y sirve también para el crecimiento en la fe de los evangelizadores.

Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Hermanos:
El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya, aleluya.
Dichoso apóstol Santiago,
que supo beber el cáliz del Hijo del hombre
y llegó a ser grande,
dando su vida por el Evangelio. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Astro brillante de España, apóstol Santiago,
tu cuerpo descansa en la paz,
tu gloria pervive entre nosotros. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús acaba de anunciar a sus discípulos lo que le espera en Jerusalén. Ellos no entienden, o no quieren entender Lo prueba el hecho de que, a continuación, Santiago y Juan le presentan, a través de su madre, la descabellada petición de estar «uno a la derecha y el otro a la izquierda» del Maestro en su reino. El aprovecha la ocasión para aclarar a los discípulos que la verdadera grandeza está en el servicio, en la entrega de la propia vida por los demás. Santiago aprenderá la lección y terminará «bebiendo el cáliz» del Señor.

Mi cáliz lo beberéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
- ¿Qué deseas?
Ella contestó:
- Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron:
- Lo somos.
Él les dijo:
- Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquéllos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:
- Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

Palabra de Dios.



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lunes, 18 de julio de 2016

24-07-2016 - 17º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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17º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús —repite san Lucas con especial insistencia— pasaba noches enteras orando en soledad. ¿Cuál era el contenido y la forma de estos largos diálogos con Dios? Los discípulos debieron de hacerse a me nudo esta pregunta. Por eso, «una vez», después de haberlo visto haciendo oración, uno de ellos le pidió: «Señor, enséñanos a orar»; y añadió: «como Juan enseñó a sus discípulos». Como los de los fariseos, los discípulos del Bautista tenían la costumbre de hacer oraciones particulares (Lc 6,33). Esta petición da a Jesús la oportunidad de enseñar a sus discípulos lo que se conoce como «la oración del Señor» u «oración dominical». También san Mateo la recoge, situándola en otro contexto y con algunas variantes respecto de la de san Lucas (Mt 6,9-13). También las Biblias ofrecen versiones sensiblemente diferentes. Desde hace algunos años se cuenta en la liturgia una nueva versión oficial del padrenuestro unificada para todos los países hispanohablantes. La tradición nunca ha considerado «la oración que nos enseñó el Señor» como una fórmula que haya que recitar tal cual, siempre y en todas partes. Es más bien el modelo venerable de toda oración cristiana, evangélica. Hay que remitirse siempre a ella y meditarla para aprender a orar «siguiendo su divina enseñanza». A este respecto, san Lucas recoge una especie de parábola que insiste en las características generales de la oración cristiana (Lc 11,5-13). Mejor que cualquier padre de la tierra, Dios da siempre a sus hijos las «cosas buenas» que le piden, especialmente y sobre todo el Espíritu Santo, fuente de todo bien y guía en toda circunstancia, para decidir y actuar de acuerdo con la voluntad divina.
El primer objetivo, tanto de la oración como de la actividad de la Iglesia, es la extensión del reino de Dios y el reconocimiento de su soberanía, de su nombre «en la tierra como en el cielo». Como hizo Abrahán al interceder por Sodoma y Gomorra, hay que atreverse a pedirle a Dios con osadía, a llamar a su puerta con insistencia, hasta parecer un poco importunos. El no dejará de levantarse para darnos «nuestro pan de cada día». La verdadera oración exige ponerse en camino a la búsqueda de Dios, siempre cercano pero que, a veces, parece lejano. Es el camino propio de hombres que ya han recibido el perdón de sus pecados por la cruz de Cristo, que por el bautismo fueron sepultados con él, y con él han resucitado por haber «creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos».

PRIMERA LECTURA

Abrahán se dirige a Dios con la confianza que le ha dado la «bendición» pronunciada sobre él por los tres visitantes y que ha de extenderse a todas las naciones (lectura del domingo pasado). «Se atreve» a interceder con insistencia por Sodoma, cuyo pecado «es grave». Cree en la justicia y en la infinita misericordia de Dios, dispuesto a perdonar una multitud de pecados. Sabe también que los justos tienen para el Señor un valor tan alto que «protegen» a los pecadores de la cólera divina y les obtienen un plazo para convertirse.

No se enfade mi Señor, si sigo hablando.

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días, el Señor dijo: "La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré."
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: "¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?"
El Señor contestó: "Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos."
Abrahán respondió: "Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?"
Respondió el Señor: "No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco."
Abrahán insistió: "Quizá no se encuentren más que cuarenta."
Le respondió: "En atención a los cuarenta, no lo haré."
Abrahán siguió: "Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?"
Él respondió: "No lo haré, si encuentro allí treinta."
Insistió Abrahán: "Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?"
Respondió el Señor: "En atención a los veinte, no la destruiré."
Abrahán continuo: "Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?"
Contestó el Señor: "En atención a los diez, no la destruiré."

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es fiel. «No abandona la obra de sus manos». Sólo escucha la voz de su corazón misericordioso.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8

R
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

En el bautismo, sacramento de la fe, los creyentes pasan con Cristo de la muerte a la vida. No es sólo que se aplace «el protocolo que los condenaba», sino que «se quita de en medio», porque el perdón de Dios engendra hombres nuevos, libres con la libertad del Resucitado.

Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2,12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.
Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Palabra de Dios.

ALELUYA Rm 8, 15bc

Aleluya. Aleluya.
El Padre celestial da el Espíritu Santo,
a los que se lo piden. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos,
que nos hace gritar: «Abba!, Padre». Aleluya.

EVANGELIO

La oración cristiana se funda en la certeza de que Dios es un padre que, en su bondad, se apresura a responder a las peticiones apremiantes y a las necesidades vitales de sus hijos. El más necesario de todos los bienes necesarios es el don del Espíritu, gracias al cual podemos conocer y cumplir la voluntad del Padre, contribuir activamente a la venida de su Reino y superar las tentaciones. Pedir es también buscar sabiendo que se encontrará y llamar a la puerta con la convicción de que se abrirá.

Pedid y se os dará.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos."
Él les dijo: "Cuando oréis decid:

"Padre,
santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

danos cada día nuestro pan del mañana,

perdónanos nuestros pecados,

porque también nosotros perdonamos

a todo el que nos debe algo,

y no nos dejes caer en la tentación.""

Y les dijo: "Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle."
Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos."
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros:
Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de julio de 2016

17-07-2016 - 16º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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16º domingo Tiempo ordinario (C)


La Biblia proclama de mil maneras diferentes el valor religioso de la hospitalidad. En cierto modo, en el huésped al que se acoge se acoge siempre a Dios. Sin que lo sepa, puede ser portavoz de un mensaje del Señor. Así le ocurrió a Abrahán. Los evangelistas testimonian que en diversas ocasiones Jesús declaró explícita y solemnemente que, al recibir a un pequeño, a un pobre o a uno de sus enviados, se le está recibiendo a él. A los setenta y dos les manda confiar en la buena voluntad de las personas que encuentran en su camino de predicadores del reino de Dios. Su hospitalidad les valdrá a los habitantes de la casa el don de la paz mesiánica, un don más precioso que el oro y la plata. El mismo Jesús es beneficiario de esta hospitalidad. El libro de los Hechos de los apóstoles y las cartas de san Pablo refieren también con gratitud la hospitalidad otorgada a los misioneros de la Buena Noticia.
Habiendo sido recibido en casa de las dos hermanas, Jesús deja que Marta se encargue sola del servicio y hasta declara que María, que está escuchándolo, sentada a sus pies, «ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán». Esta actitud del Señor y sus palabras sorprenden. ¿No se muestra injusto, y hasta ingrato, con Marta, que se desvive por recibirlo bien? Pero no se trata de eso. Las palabras de Jesús no deben entenderse como un menosprecio al celo de Marta. Tampoco —aunque esto se haya dicho con frecuencia— como el enunciado de un principio que establecería una jerarquía entre lo que se llama «acción» y «contemplación», entre las vocaciones y estados de vida religiosa conocidos como «activos» y «contemplativos». Se trata aquí de una enseñanza válida para todos y en todos los casos.
La escucha de la palabra en la fe tiene y debe mantener siempre la prioridad absoluta. Esto, evidentemente, supone elección y renuncias. Pero no es cuesti6n de reparto de tiempo ni de conflicto de deberes. Sin descuidar ni despreciar ninguno de ellos, es absolutamente necesario sentarse regularmente a los pies del Señor en actitud de discípulo atento de su palabra, que hay que poner luego en práctica en medio de las múltiples ocupaciones de la vida y del servicio a los otros. Nada, ni siquiera los sufrimientos y la inacción impuesta por la prisión, como le ocurre a san Pablo, ni los contratiempos ni las enfermedades, pueden apartarnos de esta acogida primordial del Señor, que ha de ser siempre el primero en ser servido.

PRIMERA LECTURA

En este relato, curiosamente, se habla primero de tres viajeros y luego sólo de uno, como si, a partir del momento en que este le anuncia, con la próxima maternidad de la estéril Sara, la realización, largamente esperada, de la promesa de la descendencia (Gn 15,1-6), Abrahán no lo viera más que a él.

Señor, no pases de largo junto a tu siervo.

Lectura del libro del Génesis 18,1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se posternó en tierra, diciendo:
- Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
- Bien, haz lo que dices.
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
- Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase enseguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió.
Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le dijeron:
- ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Contestó:
- Aquí, en la tienda.
Añadió uno:
- Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

Palabra de Dios.

SALMO

«No olvidéis la hospitalidad: por ella, algunos recibieron sin saberlo la visitade unos ángeles» (Hb 13,2).

Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5

R
¿Quién puede habitar en tu monte santo, Señor?

El que procede honradamente,
y practica la justicia;
el que tiene intenciones leales,
y no calumnia con su lengua. R

El que no hace mal a su prójimo,
ni difama al vecino;
el que considera despreciable al impío,
y honra a los que temen al Señor. R

El que no presta dinero a usura,
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R

SEGUNDA LECTURA

Aun estando prisionero, san Pablo no se considera dispensado del ministerio apostólico, sino que se siente llamado a ejercerlo de Otra manera: participando en la Pasión redentora de Cristo. De ahí su alegría: sufre, sin duda, pero es por la Iglesia, por el cuerpo de Cristo y con él.

El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,24-28

Hermanos:
Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos.
A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf Lc 8,15

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los discípulos
que se sientan a los pies de Jesús
para escuchar su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que con un corazón noble y generoso
guardan la palabra de Dios
y dan fruto perseverando. Aleluya.

EVANGELIO

Este relato, que es tan bien conocido, tiene la «función» de una parábola. Uno se siente espontáneamente inclinado a ponerse del lado de Marta, juzgando egoísta la actitud de su hermana, que la deja «sola con el servicio». Esto supondría entender mal la sentencia final, que es la que ofrece la clave de interpretación del episodio. Una vez más, Jesús pone en guardia frente al exceso de preocupaciones y de inquietudes que impiden escuchar la palabra y no le permiten dar el fruto esperado (Lc 8,14).

Marta lo recibió en casa. María escogió la parte mejor.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
- Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.
Pero el Señor le contestó:
- Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Palabra de Dios.



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