lunes, 25 de agosto de 2014

31/08/2014 - 22º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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22º domingo Tiempo ordinario (A)


El profeta, como portavoz de Dios, transmite sus oráculos, sus juicios sobre la conducta de los hombres y sus llamadas a la conversión. Su visión de las cosas hace percibir su significado y su alcance. Presiente el futuro que Dios tiene proyectado, y lo prepara. Por eso se encuentra a menudo en la obligación de oponerse al orden establecido, cuyos fallos y deficiencias señala sin ambages. Se podría tolerar que dijera: «¡Lo que hacéis está mal!». Pero es que cuestiona continuamente la situación: «¡No penséis que podéis seguir así, que no hay nada mejor que hacer!». Unos no soportan que denuncie públicamente su mal comportamiento, y menos aún sus intenciones ocultas, más o menos perversas. Otros querrían que los dejara en paz, que se conformara, como todo el mundo, con su buena voluntad. El profeta molesta, pero él mismo se encuentra en una situación desgarradora, por encima de sus fuerzas, como testimonia Jeremías de forma patética. No imaginaba que su misión sería tan dolorosa. La tentación de eludirla es grande. Pero resulta imposible sustraerse a la «seducción» de Dios, al fuego animador del Espíritu.
Jesús, como profeta, también fue objeto de burlas y malévolas hostilidades. Se pusieron en duda su rectitud de intención y la autenticidad de su misión. Llegaron a acusarlo de ser un agente de Satanás (Mt 9,34) y lo mataron. Como Jeremías, pidió que, si era posible, se apartara de él el cáliz de sus sufrimientos (Mt 26,38), y en la cruz brotó de sus labios el grito del justo al borde de la desesperación: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; Sal 21,2). Sin embargo, nada pudo lograr que se desviara de su misión, porque estaba indefectiblemente unido a la voluntad de Dios, su Padre (Mc 14,36), y tomó decididamente el camino hacia Jerusalén, sabiendo lo que allí le esperaba. Por eso, cuando Pedro, de buena fe pero comportándose como verdadero tentador, quiso disuadirlo, Jesús rechazó enérgicamente al apóstol, que no comprendía que lo que estaba en juego era nada menos que la salvación del mundo. Por consiguiente, también para los discípulos perder la vida es el único modo de salvarla.
Los discípulos celebran verdadera y auténticamente la eucaristía, memorial de la Pascua de Cristo, muerto y resucitado, en la medida en que hacen de su persona y de toda su existencia un «sacrificio santo» agradable a Dios.

PRIMERA LECTURA

Nombrado portavoz de Dios sin que él se lo buscara, deseando verse libre de un ministerio que lo expone sin cesar a hostilidades y persecuciones, y, a pesar de todo, fiel a los difíciles compromisos de su misión: así fue el profeta Jeremías, que, por su obediencia a la voluntad divina, es una figura conmovedora de Cristo, el Siervo de Dios que «se sometió incluso a la muerte» (Flp 2,6-13).

La palabra del Señor se volvió oprobio para mí.

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste.
Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí.
Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.»
La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día.
Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios se manifiesta a quien lo busca. Sale al encuentro de quien clama a él, lo reconforta e. incluso en la prueba, pone la alegría en el fondo de su corazón.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)

R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
R.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
R.

SEGUNDA LECTURA

Si se da algún tipo de disonancia entre el culto y las formas concretas de comportamiento en la vida ordinaria, la práctica religiosa tenderá al formalismo Y la moral degenerará en moralismo. Dios no puede aceptar esto, que, además, escandaliza a la gente.

Presentad vuestros cuerpos como hostia viva.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios.

Aleluya. Cf. Ef 1, 17-18

Aleluya. Aleluya.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá;
Pero el que la pierda por Cristo
la encontrará. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. Aleluya.

EVANGELIO

Pedro, «roca» sobre la que Jesús ha edificado su Iglesia, se hace «piedra de tropiezo» en su camino. Incluso para la fe más decidida, la cruz de Cristo y la renuncia que se exige a sus discípulos siguen siendo difíciles de admitir Pero ¿Cómo participar de la gloria del Padre, sino siguiendo a Jesús por el camino de la Pascua de muerte y resurrección?

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
-«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
-«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
-«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Palabra de Dios.



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lunes, 18 de agosto de 2014

24/08/2014 - 21º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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21º domingo Tiempo ordinario (A)


La destitución de un oscuro mayordomo del palacio de Ezequías, rey de Judá en el siglo VIII antes de Cristo, se habría olvidado, sin duda, sin el oráculo de Isaías. Dios espera de los ministros propuestos para el gobierno de su pueblo que ejerzan su autoridad según sus instrucciones. Aparta a los que no actúan de acuerdo con su voluntad. Pero no renuncia a su plan de salvación ni se arrepiente de sus promesas. La destitución del gobernador Sobná es, incluso, ocasión para el anuncio de una nueva iniciativa divina que será decisiva. Como siempre, esta profecía se recuerda en la liturgia para mostrar cómo ese acontecimiento se sitúa dentro de la continuidad de la historia de la salvación. En concreto, especialmente durante el tiempo ordinario, la primera lectura y el evangelio constituyen como dos hojas de un díptico. La venida de Jesús da plenitud, más allá de toda esperanza, a las promesas hechas en otro tiempo a David (Sal 109). Dios ha suscitado en medio de su pueblo un siervo perfecta- mente fiel a su voluntad, «como un clavo en sitio firme».
Cuando aparece «Jesucristo, hijo de David» (Mt 1,1), muchos, viendo sus obras, presienten que él es el enviado prometido en otro tiempo por Dios; pero se preguntan por su verdadera identidad: ¿Juan Bautista?, ¿Elías?, ¿Jeremías?, ¿uno de los profetas? Jesús pide a sus discípulos que se pronuncien: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro, en nombre de todos, declara sin vacilar: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Tal profesión de fe no puede venir sino de una revelación del Padre: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!». Sabiendo que debe volver a su Padre, Jesús lo nombra entonces intendente suyo para guiar a la Iglesia, a la que «el poder del infierno» no derrotará. Le da «las llaves del reino de los cielos». Pedro las usa por primera vez para abrir las puertas a los paganos. Comprendiendo que «Dios no hace distinciones» entre los hombres, anuncia el Evangelio en casa de Cornelio. El Espíritu interviene entonces para confirmar su iniciativa, y Pedro manda bautizar a estos creyentes inesperados (Hch 10). Más tarde, por impulso suyo, los paganos conversos quedarán exentos de ciertas obligaciones de la Ley (Hch 15,5-25).
Dios confía en seres débiles para llevar a cabo sus insondables decisiones. «A él la gloria por los siglos», por medio de su Hijo, piedra angular de la Iglesia.

PRIMERA LECTURA

Para guiar a su pueblo, Dios recurre a «intendentes»: las llaves son el signo de la autoridad que delega en ellos. A Cristo le corresponden por ser Hijo (Ap 3,7), como canta una antífona del tiempo de Adviento (20 de diciembre): «Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel». Y se las ha confiado a Pedro.

Colgaré de su hombro la llave del palacio de David.

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo.
Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacin, hijo de Elías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá.
Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá.
Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna.»

Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios no detenga la obra de sus manos. Los humildes, de los que él es la fuerza, le darán gracias.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc (R.: 8bc)

R.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre.
R.

Por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R.

SEGUNDA LECTURA

¿ Qué decir ante la sabiduría y la ciencia insondables de Dios sino palabras de adoración y alabanza?

Él es el origen, guía y meta del universo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?
Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Aleluya. Mt 16, 18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el apóstol Pedro,
que reconoció en Jesús al Hijo de Dios vivo,
y recibió del Señor las llaves del reino. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Antes de investirlo para ser sólido fundamento de la Iglesia, el Señor le pide a Pedro que confiese públicamente su fe (es lo que se sigue haciendo antes de administrar un sacramento). Como la de «la gente sencilla», la fe del apóstol suscita la admiración y la acción de gracias de Jesús (Mt 11,25-26). En cuanto al «poder de las llaves», se le otorga a Simón para el servicio de la Iglesia, salvaguardada por el mismo Señor del «poder del infierno».

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
-«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó:
-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
-«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de agosto de 2014

17/08/2014 - 20º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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20º domingo Tiempo ordinario (A)


Los profetas habían anunciado que Dios acogería a los extranjeros que subieran a su monte santo para adorarlo. Su casa sería «casa de oración para todos los pueblos». Un día fue su Hijo quien vino al mundo. Jesús sembró a manos llenas la buena semilla de la Palabra. Curó a todos los enfermos que le presentaban, incluso al hijo de un funcionario real. Llamó al publicano Mateo, comió con los pecadores y multiplicó los panes para la multitud. Pero no salió de los estrechos límites de su país. No obstante, en algunas ocasiones estuvo en los límites del mundo pagano.
En una ocasión una mujer acudió de estas regiones para suplicarle que curara a su hija. «Hay que hacerle caso para que deje de gritar», decían los discípulos. «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», fue la respuesta de Jesús. Como si no hubiera oído, la cananea «se postra» y dice: «Señor, socórreme». Es la actitud y la manera de orar que, según san Mateo, conviene a los discípulos. Sin embargo, Jesús empieza declarando que no puede atender una petición procedente de una pagana, y lo hace en términos bastante despectivos. Pero, sin duda, el tono de su voz suavizaba su dureza. En cualquier caso, esta respuesta de Jesús hace pensar en la que dio a su madre cuando, en las bodas de Caná, le pedía que interviniera porque el vino empezaba a faltar: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). En este caso es el tiempo de la misión entre los paganos lo que todavía no ha llegado. Adelantarlo sería como quitarles a los hijos el pan antes de que se hubieran saciado. Es algo que la cananea entiende. Ella no reclama ningún privilegio. Al igual que María, se pone en manos del Señor. Que Jesús le dé sólo las migajas que caen de la mesa de los amos. Y, como María, obtiene lo que pide.
Ahora ya no hay fronteras. El evangelio se predica en todas partes. Todos tienen libre acceso a la mesa de los hijos. Es una gracia, y no un derecho que pueda reclamarse o conservarse como privilegio. Pero no basta saberlo, o proclamarlo con palabras o en la oración universal de los fieles. Hay que traducir esta certeza en los comportamientos de la vida diaria y en la celebración litúrgica. La acogida del extranjero, el lugar que se le otorga en las relaciones ordinarias y en las asambleas litúrgicas, ponen a prueba la autenticidad de una fe, de un espíritu y de un corazón verdaderamente católicos.

PRIMERA LECTURA

Dios acogerá en su «casa» a todos los que acepten su alianza y sus leyes. Este ecumenismo, querido por Dios, es fruto de una comunidad fuertemente arraigada en su fe y que vive decididamente en conformidad con la voluntad del Señor.

A los extranjeros los traeré a mi monte santo.

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:
«Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria.
A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Una oración de dimensiones universales: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero, que lo bendigan y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)

R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
R.

SEGUNDA LECTURA

Como obsesionado por el rechazo y la oposición de «los de su raza» al evangelio, san Pablo quiere que los paganos, de los que él es el apóstol, compartan su esperanza. Nadie sabe cuándo ni cómo acogerán las promesas los primeros destinatarios de ellas. Pero hay que tener por cierto que «los dones y la llamada de Dios son irrevocables», y que la misericordia divina sigue ofreciéndose, y seguirá ofreciéndose siempre, a todos.

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11 13-15. 29-32

Hermanos:
Os digo a vosotros, los gentiles:
Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.
Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia.
Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 4, 23

Aleluya. Aleluya
Cristo ha venido a curar y a salvar
a todos los que acuden a él gritando,
Dichoso quien pone en él su fe. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo.
Aleluya.

EVANGELIO

«Tiro y Sidón» es una expresión con la que se designa a las naciones paganos. La misión de Jesús no abarca estos territorios. Pero no puede dejar de escuchar la plegaria insistente hecha con una fe ejemplar por una mujer venida de estos territorios. La cananea del evangelio aparece como un prototipo de los creyentes que vendrán del paganismo. Como auténtica discípula, se postra ante de Jesús y le suplica diciendo: «Señor, socórreme», «Kyrie, eleison».

Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó:
-«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
-«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
-«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
-«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
-«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra de Dios



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domingo, 10 de agosto de 2014

15/08/2014 - La Asunción de la Virgen María (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Asunción de la Virgen María (A)


El culto a los mártires y a los confesores de la fe se introdujo muy pronto en las ancestrales costumbres de veneración a los antepasados y a su memoria. El culto a la Virgen María nació más tarde, debido a la discreción de los evangelios sobre ella. Su papel parece haber terminado una vez que trajo al mundo a su hijo y completó su primera educación, Efectivamente, después de Pentecostés las Escrituras no dicen nada de ella. Sin embargo, no está ausente de la piedad cristiana antigua. La oración Sub tuum praesidium, «Bajo tu protección nos acogemos», se remonta al siglo III. Pero fue el concilio de Efeso (431) el que dio impulso a la devoción mariana, al decretar que María es verdaderamente «madre de Dios», Theotokos en griego. Desde entonces se le dedicaron numerosas iglesias, empezando por Santa María la Mayor, construida en Roma por el papa Sixto III (43 2-440).
El origen de la fiesta de la Asunción es más oscuro. No lejos de Jerusalén, la leyenda señalaba un lugar llamado Koinesis («acto de recostarse para descansar» o «muerte»). Hacia finales del siglo V, el 15 de agosto se celebraba ya una fiesta en la basílica edificada en Getsemaní, donde se suponía que se encontraba la tumba de la Virgen. Se trataba, pues, de la «Dormición» de la Madre de Dios, y no de su entrada en la gloria. El emperador Mauricio (539-602) la impuso a todo el Imperio de Oriente. En Roma, a partir del siglo VI, se encuentra una fiesta mariana el 1 de enero. Hacia el año 660 se introdujo la fecha del 15 de agosto, que, bajo el pontificado de Sergio, de origen sirio (687-702), se llama «la Dormición». El término «Asunción» aparece hacia el 770. Con espíritu abierto, la Santa Sede se ha conformado con tutelar la expresión litúrgica de la piedad mariana: el «calendario romano» en uso hasta el 1 de enero de 1970, contaba al menos con diecinueve fiestas de la Virgen. Con la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción por Pío IX (8 de diciembre de 1854), y de la Asunción por Pío XII (1 de noviembre de 1950), el magisterio romano se comprometió de forma más decisiva. El misal de Pablo VI (1969) ha integrado claramente las fiestas de la Virgen, y en particular la de la Asunción, en la dinámica del misterio de la salvación, objeto primordial de la fe cristiana y de la liturgia. María, sierva perfecta del Señor y madre de Dios, la primera salvada, ha sido también la primera asociada a la gloria de su Hijo.

Misa vespertina de la vigilia.

PRIMERA LECTURA

En el marco de la fiesta de este día, el traslado solemne del arco de la alianza al santuario de Jerusalén evoca la entronización en el cielo de la Virgen María, el «arca» que llevó en su seno a la Palabra de Dios. Quien preside esta liturgia y bendice al pueblo es el Señor mismo, representado por David.

Bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Lectura del primer libro de las Crónicas 15.3-4.15-16:16.1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor.
David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos.
Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor introduce en su descanso a la que ha sido su morada.

Salmo 131, 6-7. 9-10. 13-14 (R. 8)

R
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder.

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar.:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies. R

Que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido. R

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo». R

SEGUNDA LECTURA

Este himno a Dios, vencedor de la muerte por Jesucristo, es hoy el canto de acción de gracias de la Iglesia que celebra la entrada de la Virgen en el cielo.

Demos gracias a Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,54-57

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 11,28

Aleluya. Aleluya.
Dichosa la Virgen María, la Madre de Dios,
que escuchó la palabra
y la conservó en su corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen. Aleluya.

EVANGELIO

Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen participan de la bienaventuranza de la Madre de Jesús.

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra de Dios.

Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Dos imágenes se superponen en esta visión. Por una parte, la de la mujer que da a luz, con miedo y con dolor a un niño amenazado por el poder extraordinario de un terrible dragón. Se refiere a la Iglesia, cuyos hijos han de temer siempre los asaltos del Enemigo, que busca su perdición. Por otra parte, la de la mujer madre del pastor que preserva a los suyos de todo peligro. Se refiere entonces a María, sobre quien el mal no hizo mella alguna y que trajo al mundo al Salvado, Pero las dos visiones misteriosas se funden y difuminan para dejar paso a la gloria de Dios y de su Cristo, hacia quien se eleva una vibrante acción de gracias.

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal.

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12,1 -6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: "Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo."

Palabra de Dios.

SALMO

Poema para la entrada de María en el palacio de su Señor.

Salmo 44, 9. 10-11. 15 (R: 9b)

R
De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R

SEGUNDA LECTURA

Cada uno en el lugar que le corresponda, todos resucitarán, porque Cristo cabeza de la humanidad nueva, y resucitado de entre los muertos, abrió el camino de la vida que no acaba. Lo que hoy es objeto de fe y esperanza aparecerá un día a plena luz.

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya
Hoy el Señor se ha acordado de su misericordia.
Ha mirado la humillación de su esclava.
Todas las generaciones la felicitan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
María ha sido llevada al cielo,
se alegra el ejercito de los ángeles. Aleluya.

EVANGELIO

No hay nada de anecdótico en el relato del encuentro de María con su prima, de quienes, no obstante, se dice que permanecieron juntas «unos tres meses». Tampoco el evangelista hace ningún comentario. Basta el saludo que Isabel dirige a la Madre de Dios y el cántico que se eleva del corazón de la humilde esclava del Señor Todas las generaciones felicitan a María, la proclaman ben- dita entre las mujeres, y nunca se cansan de dirigirse a ella pidiéndole que permanezca cerca de ellos y que interceda ante su Hijo por las pecadores, acordándose de su misericordia. La Iglesia puede entonar también su «magníficat», dando gracias por las «obras grandes» que el Espíritu Santo no cesa de realizar en favor de los creyentes.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo:

“Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.”

María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

Palabra de Dios.


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lunes, 4 de agosto de 2014

10/08/2014 - 19º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
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19º domingo Tiempo ordinario (A)


En los evangelios, el relato de la multiplicación de los panes y el de la tempestad calmada constituyen una especie de díptico. En ambas hojas Jesús aparece en primer plano. En una de ellas entrega a los discípulos el pan multiplicado para que lo distribuyan a la gente.
En la otra va hacia ellos caminando sobre las aguas, en medio de una tempestad que pone en peligro la barca a la que él les ha «apremiado» a subir para ir «a la otra orilla» del lago. La tradición ha visto en esta barca sacudida por las olas, pero salvada por el Señor del naufragio, una imagen de la Iglesia que boga, contra viento y marea, hacia la orilla a la que el Resucitado se le ha adelantado. La multitud de los que siguen al Señor hasta el despoblado recibe de su mano el pan que sacia toda hambre. Los discípulos, que se es- fuerzan por acudir a la cita con el Señor, tienen la impresión de que la barca va a zozobrar. «Tened confianza! Las tempestades pueden sacudir la barca, pero no la hundirán», les dice el Señor.
El relato de san Mateo incluye otros elementos que amplían y precisan esta interpretación. La reacción de los discípulos y la de Pedro hacen pensar en las primeras apariciones pascuales. Cuando el Resucitado se presenta ante ellos, los discípulos también creen ver un fantasma. Entonces, corno en esta ocasión, el Señor se dirige a ellos tranquilizándolos: «Animo, soy yo, no tengáis miedo!». Igual- mente les reprocha su falta de fe y sus dudas. Finalmente, en las apariciones pascuales, lo mismo que en el lago, la escena acaba con una especie de liturgia. Los discípulos «se postran» ante el Señor y confiesan su fe: «Realmente eres Hijo de Dios!».
Sea cual sea su grado de vinculación al Señor, la experiencia de su presencia y de su proximidad a él, todo discípulo, del que Pedro aparece aquí como prototipo, pasa por momentos de duda y vacilación. Que en el momento en que empiece a perder pie, grite: «Señor, sálvame!». El Señor le tenderá la mano para que no se hunda. Que los titubeos de la fe no impidan participar en la liturgia, postrarse con los demás, con la Iglesia, para proclamar: «Realmente eres Hijo de Dios, el Señor!». «Tengo fe, pero dudo, ayúdame!» (Mc 9,24).
Y que, cuando el silencio de Dios nos desanime, escuchemos con atención: él sigue ahí, en el murmullo de una «brisa tenue».

PRIMERA LECTURA

Dios está presente en el silencio y la soledad. Esta experiencia de Elías en el Horeb (otro nombre del monte Sinaí donde el Señor se había revelado en medio del estruendo de los elementos desencadenados) reaviva el celo del profeta. Sale de la cueva donde se había refugiado, abatido por el desánimo, y va de nuevo a continuar su misión en medio del pueblo al que Dios lo ha enviado.

Ponte de pie en el monte ante el Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo:
-«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!»
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacia trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Palabra de Dios.

SALMO

Si escucho con atención, oiré a Dios murmurar en mi corazón: misericordia, fidelidad, justicia, paz.

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R.

SEGUNDA LECTURA

El evangelio es rechazado por los que debieran haber sido los primeros en acogerlo. Esta idea atormenta a san Pablo. Pero él no pierde la confianza. Un día, los innumerables dones de Dios darán su fruto.

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:
Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Aleluya Cf Sal 129,5

Aleluya. Aleluya.
Cuando estamos a punto de hundirnos,
tú nos salvas, Señor,
tú, que eres el Hijo de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Espero en el Señor,
espero en su palabra. Aleluya.

EVANGELIO

Con ocasión de la multiplicación de los panes los discípulos aprenden que pueden saciar el hambre de las masas si acuden al Señor con confianza. ¡Que las tempestades y los vientos contrarios que han de afrontar no los atemoricen ni los hagan vacilar en su fe! Al final de una travesía tal vez dura, arribarán, en la Iglesia, a la otra orilla, donde el Señor les había dado cita.

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo:
-«Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.



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