lunes, 21 de julio de 2014

27/07/2014 - 17º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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17º domingo Tiempo ordinario (A)


El nombre de Salomón evoca el recuerdo de un hombre dotado de sabiduría proverbial. Un día, como está escrito en primer libro de los Reyes, Dios le dijo: «Pídeme lo que quieras». A esta propuesta Salomón contesta sin dudar: «Concédeme discernir el mal del bien». Sabiendo que este discernimiento pertenece sólo a Dios, a quien nadie puede arrebatárselo, el rey pide humildemente la gracia de participar de él. Es escuchado. Y así estará en condiciones de asumir la misión que Dios le ha confiado en medio de su pueblo.
Jesús, descendiente lejano de Salomón (Mt 1,1.6), proclama la Buena Noticia de la venida inminente del reino de los cielos (Mt 4,17). Revela, con el lenguaje sencillo y familiar de las parábolas, el misterio de su crecimiento lento y laborioso, hasta el día de su plena manifestación al final de los tiempos. Es como un tesoro de gran valor, todavía escondido. Para adquirirlo, hay que renunciar con alegría a todos los demás bienes, vender todo lo que se tiene. Los humildes, la gente sencilla, los que entienden las cosas del corazón, que es a quienes Jesús se dirige, son capaces de entenderlo. Con su sabiduría, que procede de Dios y de la que el mismo Jesús se sorprende (Mt 11,25), no dudan en sacar las consecuencias prácticas de esta enseñanza del Maestro, que es verdaderamente «más que Salomón» (Mt 12,42).
No se muestran escandalizados por la paciencia de Dios, que no tiene prisa en separar el trigo de la cizaña, los buenos de los malos. Comprenden que Dios actúa así por misericordia, por dejar a todos tiempo suficiente para que se conviertan. Esperan con el Señor que muchos, maravillados de tanta magnanimidad, acaben abriéndose al amor del Padre, el único que puede justificarnos y nos llama a compartir un día la gloria de su Hijo.
El «discurso en parábolas», que leemos en el evangelio según san Mateo a partir del decimoquinto domingo, posee una riqueza inagotable. Los «escribas que entienden del reino de los cielos» pueden sacar de él incesantemente, en la oración y en la meditación, nuevas enseñanzas adaptadas a las diversas circunstancias, a menudo inéditas, de su vida. Pueden contar, además, con la sabiduría de Dios, que sabrá hacer que «a los que lo aman todo les sirva para el bien».

PRIMERA LECTURA

A los que se lo piden, Dios les concede, junto a «un corazón sabio e inteligente», el espíritu de discernimiento necesario para llevar a cabo su propia vocación. Estos dones, más que cualquier otro, permiten participar de la sabiduría divina que gobierna el universo y orienta hacia el Reino.

Pediste discernimiento.

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: -«Pídeme lo que quieras.»
Respondió Salomón:
-«Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
-«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

Palabra de Dios.

SALMO

Conocer y acoger con gratitud la palabra de Dios, bien por excelencia, y conformarse a ella con amor: en eso consiste la sabiduría suprema, la prenda de la felicidad.

Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a)

R.
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión,
viviré, y mis delicias serán tu voluntad. R.

Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira. R.

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R.

SEGUNDA LECTURA

Una cosa es cierta. Cuando respondemos al amor de Dios, se nos da todo: la adopción filial en su Hijo, la justificación, las arras de la gloria.

Nos predestinó a ser imagen de su Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Bendito seas, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tú das el tesoro del reino
a los que lo venden todo para comprarlo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

El tiempo presente ofrece la posibilidad de adquirir el tesoro inestimable del reino de los cielos. El momento de «separar a los malos de los buenos», comparados en Otro lugar a la cizaño y el trigo, llegará «al final del tiempo».

Vende todo lo que tiene y compra el campo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
-«Sí.»
Él les dijo:
-«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Palabra de Dios.



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domingo, 20 de julio de 2014

25/07/2014 - Santiago, apóstol (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Santiago, apóstol (A)


Según la tradición, Santiago fue el primer apóstol que predicó en España, animado por la Virgen María junto al río Ebro. Más tarde habría ayudado a las tropas cristianas en la reconquista de las tierras de España ocupadas por los moros... Son datos sin una base histórica consistente y, sobre todo, poco importantes para nosotros.
No sucede así con los datos de la liturgia. Según ellos, Santiago había sido pescador en el lago de Galilea; allí lo llamó Jesús para que fuera su discípulo y apóstol, con Pedro y Juan uno de sus preferidos, que lo acompañarían en momentos centrales de su vida terrena. Fue el primer apóstol en dar la vida por el Maestro, como afirma el libro de los Hechos de los apóstoles, después de constatar el valor de los apóstoles dando «testimonio de la resurrección del Señor», convencidos de que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».
Pero para llegar hasta ahí, Santiago tuvo que seguir un proceso de conversión y discipulado no siempre fácil, pues el «tesoro» de la fe y el ministerio —como reconoce san Pablo, tan experimentado en «llevar en el cuerpo la muerte de Jesús»— «lo llevamos en vasijas de barro». El evangelio muestra a Santiago, con su hermano Juan, con un carácter impetuoso, que les llevó a querer que bajara fuego del cielo sobre quienes rechazaban al Señor, y llenos de ambición de grandeza y poder (como los demás discípulos, que «se indignaron contra los dos hermanos»). El Maestro, con su infinita paciencia y amor, se encargaría de llevarlos por el camino de la madurez, enseñándoles que sus discípulos deben huir de toda tentación de poder; que «el que quiera ser grande» debe ser «servidor» de los demás; y «el que quiera ser primero» debe saber hacerse «esclavo», «igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida» por todos. La experiencia de la Pascua de Cristo —que actualizamos en la eucaristía— y la fuerza del Espíritu los llevaría a esa madurez.
Debemos alegrarnos del patrocinio de Santiago; pero sobre todo, aprender las grandes lecciones que nos da: dejarnos conquistar por Cristo y ser sus testigos, sabiendo pasar de la búsqueda de prestigio y poder a una actitud de servicio y testimonio, siendo coherentes en toda situación con la fe que profesamos.

PRIMERA LECTURA

Ya desde los comienzos de la vida de la Iglesia, los anunciadores de la Buena Noticia se encontraron con la oposición y hasta con la persecución por parte de los que detentaban el poder. Santiago es una de las primeras víctimas. Pero, a pesar de todo, los apóstoles de entonces, como los verdaderos apóstoles de todos los tiempos, supieron ser fieles a la misión que habían recibido.

El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,33; 5,12. 27-33; 12,2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó.
- ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y los apóstoles replicaron:
- Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.
Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios.

SALMO

El anhelo de todos los enviados: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 7-8

R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia;
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA

Los apóstoles, como todos los encargados de comunicar el tesoro de la Buena Noticia, no son superhombres, sino hombres débiles y limitados. Pero esa condición sirve para realizar aún más la fuerza de Dios, que actúa sobre todo en la debilidad humana, y sirve también para el crecimiento en la fe de los evangelizadores.

Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Hermanos:
El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Jesús acaba de anunciar a sus discípulos lo que le espera en Jerusalén. Ellos no entienden, o no quieren entender. Lo prueba el hecho de que, a continuación, Santiago y Juan le presentan, a través de su madre, la descabellada petición de estar “uno a la derecha y otro a la izquierda” del Maestro en su reino. Él aprovecha la ocasión para aclarar a los discípulos que la verdadera grandeza está en el servicio, en la entrega de la propia vida por los demás, Santiago aprenderá la lección y terminará “bebiendo el cáliz” del Señor.

Mi cáliz lo beberéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó:
- ¿Qué deseas?
Ella contestó:
- Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron:
- Lo somos.
Él les dijo:
- Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquéllos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:
- Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

Palabra de Dios.



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lunes, 14 de julio de 2014

20/07/2014 - 16º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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16º domingo Tiempo ordinario (A)


En el credo y en la oración, el creyente reconoce y proclama sin cesar la omnipotencia de Dios, a la que nada ni nadie puede oponerse. Pero, a la vista de lo que ocurre en el mundo, es imposible no interrogarse. ¿Cómo puede Dios soportar tantos clamorosos desórdenes, tantas injusticias intolerables, tantos crímenes que quedan escandalosamente sin castigo? ¿Por qué interviene tan poco, como si no tuviera medios para castigar el mal e impedir su propagación? El grito angustiado de unos, las burlas de otros, llegan dolorosamente a los oídos del creyente (Sal 42,11).
Hay que afrontar estos interrogantes, no para pedirle cuentas a Dios, sino para tratar de comprender su comportamiento, que debe determinar el nuestro. Es lo que hace el autor del libro de la Sabiduría. La conducta de Dios no es prueba de debilidad ni de inhibición. No interviene y da muestras de paciencia porque es el Todopoderoso. No tiene necesidad de imponerse por la fuerza; deja a todos el tiempo suficiente para que cambien de conducta y se conviertan.
Jesús expone esta enseñanza por medio de tres parábolas. A pesar de las apariencias, la palabra de Dios es de una fecundidad extraordinaria: como un grano de mostaza, del que nace un gran arbusto; como un poco de levadura, que hace fermentar tres grandes medidas de harina; como la buena semilla, de la que brotan numerosas espigas de trigo.
Cuando los brotes jóvenes surgen de la tierra, se observa que están mezclados con cizaña, hierba particularmente dañina para los cereales. El amo prohíbe arrancarla, porque con ella se corre el riesgo de arrancar también los brotes de trigo, que sin duda hunden sus raíces en los mismos terrones. Es, pues, más prudente esperar hasta siega para separarlos. Así actúa también el cosechador divino, no por debilidad o indiferencia, sino por misericordia.
Que el Espíritu, el único que conoce los pensamientos de Dios y sus intenciones, «abra nuestros oídos». El es el único que puede hacemos, «oír», comprender, la enseñanza expuesta por Jesús en parábolas. Que la oración que él inspira nos haga ver con los ojos del Señor; de este modo aprenderemos a juzgar y a actuar como él, a querer lo que él quiere.

PRIMERA LECTURA

Aunque no lo parezca, el recurso a la fuerza es, en el hombre, signo de debilidad y miedo inconfesados, de autoridad mal afirmada, que necesita usar la coacción. De ahí que el poder adquirido de este modo esté incesantemente amenazado y sea siempre efímero. Al contrario, Dios, que es el Todopoderoso, es capaz de actuar con moderación, y mostrarse infinitamente paciente, indulgente y misericordioso.

En el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro d ¡os al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos.
Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen.
Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres.
Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Palabra de Dios.

SALMO

La bondad y la misericordia de Dios son proporcionales a su grandeza y poder Que nadie dude de acercarse a él.

Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

R.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.». R.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R.

SEGUNDA LECTURA

La oración del hombre no es un impulso casual hacia Dios, el Inaccesible: es el Espíritu quien la suscita y traduce en ella las palabras poco adecuadas.

El Espíritu intercede con gemidos inefables.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Bendito seas, Dios Padre nuestro,
por tu Hijo Jesucristo: los que escuchan su palabra
brillarán en el reino. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Se sabe que un minúsculo grano de mostaza da origen a un gran arbusto, y que un poco de levadura hace fermentar la masa. Con mayor razón podemos asegurar que el reino, cuyos comienzos son modestos, se desarrollará y transformará el mundo. Por otro lado, Jesús enseña por qué Dios no hace distinción entre buenos y malos. Por una parte, la cizaña no puede impedir que germine la buena semilla. Por otra, sólo al Hijo del hombre le compete el juicio. Y espera al fin del tiempo, porque Dios da a todos el tiempo suficiente para convertirse

Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43 (lectura breve 13, 24-30)

En aquel tiempo, Jesús propuso otra- parábola a la gente:
-«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho."
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió:
"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: «Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»

[Les propuso esta otra parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola:
-«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:
-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»]

Palabra de Dios.



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lunes, 7 de julio de 2014

13/07/2014 - 15º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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15º domingo Tiempo ordinario (A)


Comienza hoy la lectura íntegra del «discurso en parábolas», que se prolongará durante tres domingos consecutivos. Como introducción a esta unidad litúrgica, será difícil encontrar nada mejor que el texto de Isaías que se propone hoy.
Las palabras humanas son a menudo vanas e inconsistentes, no siempre comprometen a quien las pronuncia y, aun cuando sean veraces, pocas veces resisten la prueba del tiempo. En fin, entre el dicho y el hecho la distancia es grande, incluso infranqueable. No ocurre lo mismo con la palabra de Dios, que revela y actúa, es verdad y eficacia. Isaías insiste en esta última característica.
Esta es también la enseñanza fundamental de la parábola de la semilla, la primera de las que recoge san Mateo, y que sitúa a la Iglesia y a los cristianos frente a su responsabilidad ante la palabra de Dios, comparada con una semilla de calidad sin igual, sembrada generosamente en la tierra.
El crecimiento y la maduración de este grano maravilloso dependen del valor del terreno que lo recibe, es decir, del modo como cada uno acoge y pone en práctica la palabra sembrada en él. Esto exige un serio trabajo previo de desbroce y una vigilancia constante para que «el Maligno» no la robe ni la ahoguen las zarzas abundantes. Porque Dios, el divino Sembrador, respeta la libertad de sus criaturas y quiere asociarlas al fruto de la siembra. Siembra la buena semilla en abundancia, porque ninguna porción de su terreno debe quedar definitivamente abandonada como no apta para la siembra y dejada de lado como baldía. A todas les da su oportunidad o, mejor dicho, su gracia. Infinitamente paciente, da tiempo al tiempo. Confiado, espera hasta el último día para que las tierras más áridas, los corazones de piedra, acaben abriéndose a la Palabra. Todos los que, de un modo u otro, trabajan por el advenimiento del Reino han de actuar del mismo modo.
Como dice san Pablo, estamos viviendo algo así como el momento de un parto doloroso para el hombre y para la creación entera. Pero se acerca el día en que se manifestará su gloria junto con la de Cristo resucitado. Esta certeza hace apreciar en su justo valor «los sufrimientos de ahora».

PRIMERA LECTURA

Para bien y para mal, la palabra humana tiene inmensas posibilidades. Pero sólo la palabra de Dios tiene, por s misma, eficacia creadora.

La lluvia hace germinar la tierra.

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios.

SALMO

Fecundidad de la tierra, abundancia de frutos: ¡poder del Creador fuerza de la Palabra!

Salmo 64, 10. 11. 12-13. 14 (R.: Lc 8, 8)

R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R.

Riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R.

SEGUNDA LECTURA

Desde su bautismo, el cristiano lleva «la marca del Espíritu», que «habita» en él y lo hará pasar de la muerte corporal a la vida eterna con Cristo (lectura del domingo pasado). Como la de todo hombre, su existencia se desenvuelve hoy en un mundo marcado por el sufrimiento; es la fase dolorosa de la Pascua del Señor Pero también para él vendrá el día de la resurrección gloriosa. Y la misma creación, que ha participado del destino doloroso del hombre, participará también de la liberación de su condición mortal.

La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:
Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que escucha la Palabra y la entiende:
Producirá el ciento por uno. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
quien lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

La insistencia en la responsabilidad de los que oyen la palabra se basa en el hecho de que la semilla que el Sembrador divino siembra en la tierra posee una fecundidad incuestionable. La parábola propone, además, otras dos lecciones. Por una parte, lejos de dejarse paralizar por la perspectiva de trabajar en vano, hay que seguir sembrando siempre, a manos llenas, la buena semilla, ya que terrenos hoy estériles podrían mañana convertirse en buena tierra. Por otra parte, no hay proporción alguna entre las pérdidas, los malos resultados imputables a la malevolencia del «Maligno» o a la aridez del terreno, y la maravillosa abundancia de frutos que produce la palabra caída en tierra bueno. Una seria advertencia para los oyentes de la predicación evangélica y, al mismo tiempo, una vigorosa llamada al valor, a la confianza y al optimismo de los sembradores de la palabra. Todos deben tener presente que se trata de los «secretos del reino de los cielos».

Salió el sembrador a sembrar.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23 (lectura breve 13, 1-9)

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
El que tenga oídos que oiga.»

[Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
-« ¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
-«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.
Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril.  Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.]

Palabra de Dios.



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lunes, 30 de junio de 2014

06/07/2014 - 14º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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6 de julio de 2014

14º domingo Tiempo ordinario (A)


«Correré por el camino de tus mandatos» (Sal 118,32). Esta exclamación es el grito de un hombre que conoce por experiencia la alegría de la fidelidad constante a la ley de Dios. El corazón se siente dilatado. Se respira a pleno pulmón el aire puro de la verdadera libertad en los senderos empinados, estrechos, a veces escarpados, por los que conduce la palabra del Señor. Para avanzar, hay que estar en continua alerta. Pero, al final de la subida, el maravilloso panorama que se descubre hace que se olviden los esfuerzos realizados. Quien empuja por estos caminos abruptos es un Rey «justo, victorioso y modesto», que invita a todos los pueblos a entrar en su reino, donde reina eternamente la paz.
Cuando apareció Jesús, los sabios y entendidos se entregaron a discusiones interminables, a criticar sus enseñanzas sin comprender que en él se cumplían las Escrituras. Los pequeños y sencillos, en cambio, reconocieron en él, como por instinto, a aquel a quien anunciaban los profetas. Hablaba con autoridad de los secretos y de la voluntad de Dios. Decía: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». La Buena Noticia que predicaba no abolía la antigua ley, sino que la renovaba liberándola de las interpretaciones con que la habían recargado inútilmente. Los pequeños, los sencillos y los débiles, pueden cargar con su yugo, porque es el amor el que tiene la primera y la última palabra.
Al verlos agolparse en torno a él, Jesús no puede contener la acción de gracias que brota de su corazón. Su alabanza da testimonio de su intimidad con «el Señor de cielo y tierra», al que se dirige llamándolo familiarmente «Padre». Esta oración filial revela indirectamente que en él reside en plenitud el Espíritu prometido a todos.
Es «el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos» el que libera a todos del influjo de las tendencias negativas, de la «carne», como dice san Pablo. Y el que da fuerza para luchar contra sus asechanzas y conduce a la vida eterna a los que, dejándose guiar por él, «dan muerte» en ellos «a las obras del cuerpo».
¡Dichoso el que acoge con alegría esta revelación y la guarda en lo íntimo de su corazón! Que dé gracias al Padre y proclame eternamente su alabanza.

PRIMERA LECTURA

Que todos se gocen sin reservas ante la venida del Rey Mesías: él trae la paz a todos los pueblos; en su cortejo triunfal no hay ni un solo instrumento de guerra; va montado, no en un caballo majestuoso, sino en una montura pacífica.

Mira a tu rey que viene a ti modesto.

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor:
«Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

Palabra de Dios.

SALMO

Alabanza a Dios, que reina con ternura y bondad, fiel en su servicio a los humildes.

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. l3cd-14 (R.: cf. 1)

R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R.

SEGUNDA LECTURA

En el vocabulario de san Pablo, la «carne» no significa el cuerpo como opuesto al alma, sino todo lo que arrastra al hombre al pecado y conduce a la muerte. El cristiano tiene un cuerpo mortal como todos los demás. Pero, desde el momento del bautismo, el Espíritu habita en él. Por eso está en condiciones de resistir victoriosamente a las arremetidas de la «carne». Si no se deja dominar de nuevo por los desórdenes del pecado, será invadido progresivamente por la plenitud de la vida de Cristo resucitado.

Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Nadie conoce al Padre sino el Hijo.
Él es quien nos lo da a conocer. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Durante su predicación Jesús conoció fracasos y enfrentamientos y chocó con la incomprensión de muchos. Pero había también «gente sencilla», esos a quienes él declara «dichosos». Su acogida compensa con creces el rechazo de los otros. En su acción de gracias, Jesús atribuye a Dios, su «Padre», la capacidad de comprensión que demuestran los sencillos. Ellos saben, sin duda, que el Evangelio no puede vivirse sin renuncias y sacrificios costosos, las renuncias y sacrificios del amor, que, sin embargo, no pueden considerarse «yugo» pesado, ni «carga» agobiante, porque el amor libera.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra de Dios.



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