lunes, 26 de enero de 2015

01/02/2015 - 4º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo Tiempo ordinario (B)


De los cuatro evangelios, el de san Marcos es el más corto. Formado por una serie de escenas llenas de vida, de cuadros con unos trazos muy marcados, sin la menor floritura, parece a primera vista una obra muy sencilla, a la manera de una crónica poco elaborada. Pero, en realidad, su redacción es de las más sutiles y demuestra una notable eficacia pedagógica. El lector se encuentra personalmente implicado en lo que ocurre. Acogiendo las palabras de Jesús en toda su desnudez, siendo testigo de sus obras, se ve forzado a tomar partido a favor o en contra de Jesús, a situarse personalmente en relación a él y a su mensaje.
San Marcos se conforma con evocar brevemente la predicación de Juan Bautista, el bautismo de Jesús en las aguas del Jordán, su estancia en el desierto y la llamada de los primeros discípulos. Tiene prisa por llegar a la Buena Noticia, al «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). Hace así que el lector siga, durante toda una jornada, a Jesús y los discípulos que acaba de elegir.
Es un sábado en Cafarnaún, Galilea. Jesús va a la sinagoga y se pone a enseñar. El evangelista no recoge ninguna palabra del predicador, pero subraya que habla con una autoridad sorprendente, y que, ya desde el primer díá, cura a un hombre «que tenía un espíritu inmundo». «,Qué es esto?». Es la pregunta, brevemente formulada, que plantea al lector el evangelio según san Marcos, y que pronto va a hacerse más concreta: «Para ti, ¿quién es Jesús?».
Se recuerda, entonces, la promesa de Dios a Moisés: «Suscitaré un profeta de entre tus hermanos como tú. Pondré mis palabras en su boca... A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas». Por su parte, la primera carta de san Pablo a los Corintios recuerda oportunamente que los cristianos, sea cual sea su vocación y su condición de vida, deben unirse al Señor con un corazón indiviso.
La liturgia de este domingo, al introducirnos en la lectura continua del evangelio según san Marcos, nos hace presentir que el Tiempo ordinario nos conducirá a seguir cada vez más de cerca al enviado de Dios.

PRIMERA LECTURA

El profetismo, conocido en todo el Oriente antiguo, presenta en la Biblia aspectos originales, de los que Moisés y Elías siguen siendo los modelos. Hoy como ayer siempre sigue habiendo profetas. El criterio de su autenticidad es la palabra siempre viva de Dios y su vinculación con Jesucristo.

Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir. "
El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá."»

Palabra de Dios.

SALMO

En la asamblea se exhortan unos a otros a abrir el corazón a la palabra de Dios, escuchada y meditada en comunidad.

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9

R
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo sabe que, «en el principio», Dios quiso el matrimonio: no puede denigrarlo. Lo que dice aquí se refiere únicamente al celibato elegido libremente para dedicarse a los «asuntos del Señor», según la vocación particular a la que cada uno es llamado.

La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7 32-35

Hermanos:
Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido.
Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.
Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,16

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, el Santo de Dios:
él enseña con autoridad,
y manda a los espíritus inmundos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló. Aleluya.

EVANGELIO

Después de contar la llamada de los primeros discípulos, san Marcos presenta una jornada-tipo del ministerio de Jesús. Lo autoridad que muestra en su enseñanza y frente a los «espíritus inmundos» resulta intrigante: «, Quién es este para actuar así?». La manera como el evangelista presenta el relato lleva al lector a plantearse esta misma pregunta.

Enseñaba con autoridad.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus -discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenla un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
- «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
- «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
- «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra de Dios.



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lunes, 19 de enero de 2015

25/01/2015 - 3º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo Tiempo ordinario (B)


El libro de Jonás es uno de los más cortos de la Biblia (48 versículos). Por otra parte, no suele recordarse de él más que la obstinada negativa de un profeta que no quiere ir a predicar a una ciudad pagana, las situaciones ridículas, y hasta grotescas, a que lo conduce su testarudez y, sobre todo, cómo fue engullido y luego expulsado por una monstruo marino. Es lamentable quedarse en esto, porque este cuento popular, de tono jovial y humor un tanto agrio, encierra una enseñanza de la mayor importancia. Dios sigue con ternura y misericordia a todos los que se extravían, adondequiera que vayan. Los exhorta a convertirse, a volver al buen camino. Cuando manifiestan su arrepentimiento, se apresura a perdonar su pecado. Este ha sido el tema central de la predicación de todos los profetas hasta Juan Bautista: «Preparad el camino al Señor».
Cuando la voz del Precursor arrestado dejó de oírse, Jesús retomó su mensaje con nueva autoridad. No se instala en ningún sitio, esperando que la gente venga a él, sino que él mismo se acerca a la gente. empezando por Galilea, región de población heterogénea que recorre proclamando: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando por la orilla del lago, se fija en Simón y en Andrés, su hermano, y «un poco más adelante», en Santiago y Juan, «hijos de Zebedeo». Eran gente sencilla que habían acogido con alegría la predicación del Bautista. Jesús no era un desconocido para ellos; se habían encontrado con él a orillas del Jordán y habían oído que Juan Bautista lo señalaba como «el Cordero de Dios» (evangelio del domingo pasado); luego habían vuelto a sus barcas y a sus redes de pesca. Cuando Jesús les dice: «Venid conmigo», ellos, enseguida, lo dejan todo para seguirlo. Y este fue el comienzo del ministerio itinerante de Jesús acompañado de sus discípulos, recorriendo sin cesar ciudades y aldeas. El evangelio según san Marcos nos invita a recorrer de nuevo este itinerario, siguiendo los pasos del pequeño grupo que va por todas partes anunciando la buena noticia.
Es necesario apresurarse en este camino de conversión. «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios», dice Jesús. «El momento es apremiante. La representación de este mundo se termina», dice, como haciendo eco, san Pablo.

PRIMERA LECTURA

Un profeta recalcitrante, paganos dispuestos a convertirse, el Señor que se apresura a concederles el perdón: no es una bonita historia, sino la realidad.

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida.

Lectura de la profecía de Jonás 3,1-5.10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás:
-.«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:
-.«¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»
Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.
Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios está dispuesto a olvidar los pecados, pero no abandona a los pecadores; les muestra el camino que conduce de nuevo a él.

Salmo 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (W.: 4a)

R
Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los secadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

SEGUNDA LECTURA

La justa percepción de la situación presente, de su sentido, de sus valores y de sus ambigüedades debe llevar a los cristianos a hacer uso de las cosas terrenas con discernimiento.

La representación de este mundo se termina.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante.
Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mc 1,15

Aleluya. Aleluya.
Se ha cumplido el plazo,
convertíos y venid a mi casa,
dice el Señor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios:
convertíos y creed en el Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

Hacerlos «pescadores de hombres» para sacarlos del dominio del mundo, librarlos de las fuerzas del mal, simbolizadas en las aguas del mar Este relato, extremadamente esquemático, esboza la misión de la Iglesia, con una discreta alusión al papel de Pedro, que es nombrado ya en primer lugar

Convertíos y creed en el Evangelio.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
- «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo:«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra de Dios.



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lunes, 12 de enero de 2015

18/01/2015 - 2º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo Tiempo ordinario (B)


Todos los años la liturgia del segundo domingo del Tiempo ordinario nos propone la lectura de una página del cuarto evangelio. La de hoy nos cuenta cómo un día Juan Bautista llamó la atención de dos de sus discípulos sobre Jesús, diciéndoles: «Este es el Cordero de Dios». Al oír esto, lo siguieron, le preguntaron dónde vivía, fueron a verlo y se quedaron con él aquel día. Uno de ellos, Andrés, se lo contó enseguida a su hermano y lo condujo a Jesús; este «se le quedó mirando» y le puso el sobrenombre de «Cefas», Pedro. Los evangelios sinópticos no hablan de este primer encuentro de Simón y Andrés con Jesús, sino únicamente de su llamada a orillas del lago de Galilea. Estos testimonios no son contradictorios. Para entenderlo basta remitirse a la experiencia común. Por ejemplo, con el matrimonio, la ordenación para un ministerio, o la profesión religiosa, la vida de una persona toma una orientación nueva. Pero la importancia de este acontecimiento no hace olvidar el encuentro fortuito, la conversación, las frases, o la mirada que un día, en cierto modo, determinaron el compromiso decisivo hecho más tarde.
La vocación, en el sentido bíblico del término, es una llamada de Dios. Se habla a menudo de una «voz» oída en lo más íntimo de uno mismo, a veces en un sueño, como el joven Samuel. Esta llamada puede llegar por otros muchos medios: el deseo de conocer mejor a Dios, la impresión de haber sido alcanzado por su mirada, etc. Sin embargo, nadie puede fiarse de sus propias certezas. Hay que recurrir al juicio, al discernimiento. Pero la última palabra la tienen los que han recibido para ello un mandato específico en la Iglesia o en la comunidad. Y el que se cree llamado, debe permanecer disponible para responder a la voluntad de Dios, cuyas implicaciones y exigencias concretas se van descubriendo y precisando progresivamente. Es siempre una historia personal, hecha de respuestas cotidianas a las llamadas incesantes y a menudo imprevistas de Dios, del Señor Jesús, del Espíritu: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
Pertenecemos a Dios, no a nosotros mismos. San Pablo se lo recuerda a los corintios, exhortándolos a comportarse como cristianos en relación con su propio cuerpo. Este no puede considerarse ni tratarse como un simple vestido, cuyas manchas son externas a quien lo lleva. Debemos dar gloria a Dios tal como somos, cuerpo y espíritu en la unidad de una sola persona.

PRIMERA LECTURA

Relato ejemplar de una vocación. La iniciativa procede de Dios, que se complace en llamar a los pequeños. Se plantea la pregunta: ¿se trata de una mero ilusión?, ¿de un sueño? A partir de este momento se impone una disponibilidad total y sosegada para responder a las llamadas del Señor.

Habla, Señor, que tu siervo te escucha.

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
- «Aquí estoy.»
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
- «No te he llamado; vuelve a acostarte.»
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
- «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
- «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"»
Samuel fue y se acostó en su sitio.
El Señor se presentó y le llamó como antes:
- «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
- «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

Palabra de Dios.

SALMO

Escuchar y responder a la llamada del Señor obedecerlo con la certeza de que se inclinará hacia mí.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (W.: 8a y 9a)

R
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio. R

Entonces Yo digo: «Aquí estoy
- como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios;
Señor, tú lo sabes. R

SEGUNDA LECTURA

El cuerpo no es una despreciable envoltura del alma, sino «miembro de Cristo», «templo del Espíritu Santo», partícipe de la promesa de la resurrección con el Señor. Por eso hay que guardarse de la impureza, porque su mancha alcanza a todo el ser Por eso la fe es el fundamento de toda moral.

Vuestros cuerpos son miembros de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6. 13c-15a. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.
No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 1, 41. 17b

Aleluya. Aleluya.
Hemos encontrado al Señor:
vayamos hasta donde él vive
y quedémonos con él. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo;
la gracia y la verdad
vinieron por medio de él. Aleluya.

EVANGELIO

Encontrar al Señor en el camino, sentir su mirada que invita a seguirlo, tratar de conocerlo, ir vinculándose progresivamente a él: de un modo u otro, estas son siempre las etapas de la vocación cristiana que transforma la vida.

Vieron dónde vivía y se quedaron con él.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
- «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
- «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
- «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
- «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
- «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
- «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra de Dios.



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lunes, 5 de enero de 2015

11/01/2015 - El Bautismo del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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El Bautismo del Señor (B)


A finales del siglo VIII se instauró en algunos lugares una octava de Navidad; ese día se leía el evangelio del bautismo. En el siglo XVIII se celebraba en Francia una fiesta del Bautismo del Señor. Por otro lado, la Epifanía de las Iglesias orientales celebra, no la adoración de los magos, sino la teofanía que tuvo lugar a orillas del Jordán, en el momento de ser bautizado. En el Calendario romano la celebración del Bautismo del Señor no se introdujo hasta 1960, fijándose su fecha actual en 1969. El Leccionario preveía entonces un evangelio propio para cada ciclo litúrgico, aunque manteniendo siempre las mismas primeras lecturas. En su segunda edición (1981) cada ciclo se ha dotado de textos bíblicos propios.
A pesar de su diversidad, e incluso de sus vacilaciones, el conjunto de las tradiciones litúrgicas han mantenido la gran importancia del acontecimiento que tuvo lugar a orillas del Jordán, adonde acudió Jesús para que Juan lo bautizara. Esta convergencia no tiene nada de sorprendente a la vista de lo que dicen los evangelios. San Mateo recoge el bautismo de Jesús en un relato detallado. San Marcos y san Lucas se conforman con mencionarlo. San Juan, por último, lo evoca con ocasión de la llamada de los primeros discípulos. Pero todos, cada uno a su modo, afirman que en este momento Jesús es testigo de una manifestación divina que lo designa como «Hijo amado» enviado del Padre. Esta teofanía es el «comienzo del Evangelio», porque es entonces cuando Jesús es investido solemnemente en su misión por el Padre y el Espíritu Santo, y se le confiere lo que podríamos llamar su «ordenación mesiánica». El es el que los profetas, especialmente Isaías, anunciaban como el siervo a quien Dios ha hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones, el «soberano de naciones», el «pastor que apacienta el rebaño» y reúne a las ovejas dispersas. Quien cree en él se convierte en «hijo de Dios», porque en él «ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres». En consecuencia, no se puede separar el bautismo de Jesús del bautismo que reciben sus discípulos.

PRIMERA LECTURA

Este «primer canto del siervo» presenta a un enviado de Dios excepcional. Manso y humilde de corazón, infinitamente misericordioso con todos, con una fuerza de ánimo invencible, luz de las naciones y alianza de Dios con su pueblo, Mesías pacífico, «implantará el derecho en la tierra». Este oráculo hace que la mirada de los cristianos se vuelva hacia Cristo, el ungido del Señor, el Hijo amado del Padre.

Mirad a mi siervo, a quien prefiero.

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:  «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.    Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Palabra de Dios.

O bien

Palabra de Dios soberanamente eficaz, cuyas obras manifiestan los pensamientos, la misericordia infinita. Por medio de Jesús, su Hijo amado, su Palabra, Dios ha hecho germinar la salvación en la tierra.

Acudid por agua; escuchadme, y viviréis.

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te honra.
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo».

Palabra de Dios.

SALMO

A orillas del Jordán, Dios manifestó en Jesús, su siervo, el poder de su amor, reveló la gloria de su verdad, desplegó la fuerza de su Espíritu.

Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. y 9b-10 (R.: 11b)

R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. R.

O bien.

Acción de gracias de Jesús al salir de las aguas del Jordán. Es también el himno de fe y esperanza de quienes se han sumergido en las aguas vivificadoras del bautismo.

Salmo Is 12,2-3.4bcd.5-6

R.
Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra:
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Que grande es en medio de ti
el Santo de Israel». R.

SEGUNDA LECTURA

Principales etapas del ministerio mesiánico de Jesús, evocadas en densa síntesis con ocasión del primer anuncio del «Señor de todos» a un pagano, al que Pedro administra el bautismo.

Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Palabra de Dios.

O bien.

Fe en Jesús, el Cristo; bautismo con agua y Espíritu; fidelidad a los mandamientos: para todo hombre, la seguridad de participar en la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por el Hijo de Dios, que ha derramado su sangre por nuestra salvación..

El espíritu, el agua y la sangre.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 1-9

Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Este es el testimonio de Dios, un testimonio acerca de su Hijo.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mc 9, 7

Aleluya, aleluya.
Tú, el que puede más que Juan,
viniste con agua y con sangre.
Hijo de Dios, manifestado en el Espíritu,
Salvador del mundo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Juan al ver a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo». Aleluya.

EVANGELIO

Solo el Señor da el Espíritu: él lo recibió en plenitud cuando el cielo «se rasgó» y se oyó la voz del Padre. El inauguró en el desierto los caminos de la salvación.

Tú eres mi Hijo amado, el predilecto.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 7-11

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizará el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».

Palabra de Dios



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domingo, 4 de enero de 2015

06/01/2015 - La Epifanía del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Epifanía del Señor (B)


La liturgia del 25 de diciembre hace hincapié en la identidad de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo de Dios hecho carne. La de la Epifanía celebra, en el mismo misterio, la manifestación del Señor a todos los hombres.
La extensión universal del reino de Dios, el Creador del universo, el Todopoderoso, el único Dios verdadero, constituye el núcleo de la revelación bíblica más antigua, siendo objeto de una esperanza cada vez mayor, a veces con tintes de impaciencia.
Consciente de la singularidad de su elección divina, el pueblo de la Biblia fue comprendiendo progresivamente que, de algún modo, este privilegio concernía a todos los pueblos de la tierra. Llegaría un día en que todas las naciones de la tierra acudirían a Jerusalén. la ciudad faro en la que habían de congregarse, con alegría, todos los hijos dispersos. Entonces se rendiría un homenaje unánime al Señor del universo, cuyo esplendor iluminaría la ciudad, y todos cantarían: «Se dirá de Sión: “Uno por uno, todos han nacido en ella”» (Sal 86,5).
La tradición cristiana ha recogido y asumido esa tradición y esa esperanza. La Jerusalén hacia la que marchan los hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, por quienes el Todopoderoso ha enviado a su Hijo, no es una ciudad de esta tierra: bajará del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios (Ap 21,10-1 1).
Unos magos venidos de Oriente para adorar al Señor recién nacido marcharían a la cabeza de esa muchedumbre inmensa. Tras haber encontrado al Salvador después de un largo viaje, se volvieron por otro camino, guiados ya, no por una estrella, sino por el reflejo de la Luz nacida de la luz, que había brillado ante sus ojos y que ahora iluminaba el mundo entero.
La celebración de la eucaristía y de todo sacramento es una epifanía, una manifestación del Señor, presente bajo unos signos humildes. Cuando la asamblea se dispersa, recibe también la invitación a volver por otro camino, el de la conversión: «Podéis ir en paz».

PRIMERA LECTURA

Marcada aún por el particularismo religioso, esta visión, unida a la del Apocalipsis, adquiere todo su sentido profético: la Jerusalén que esperamos bajará del cielo; en ella se reunirán para siempre, en alabanza unánime al Señor, los que ya desde ahora caminan hacia ella, guiados por la estrella de Cristo.

La gloria del Señor amanece sobre ti.

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.
Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Que llegue el día de la congregación de todos los pueblos en torno a Cristo, rey de justicia y de paz, salvador de los pobres!

Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)

R
Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan. R

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R

SEGUNDA LECTURA

La Epifanía del Señor, fundamento y exigencia del anuncio del Evangelio a todos los pueblos, para los que está abierto el acceso al Reino sin más condición que la fe en Cristo.

Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 2,2

Aleluya, Aleluya.
Estrella radiante de la mañana,
Jesucristo, luz de los pueblos,
Gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Hemos visto salir su estrella
y venimos a adorar al Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Ya en tiempos de san Mateo algunos se perdían en discusiones estériles. Con la palabra de Dios en la boca, mostraban a los demás el camino que tenían que seguir sin emprenderlo ellos, por miedo a perder lo que consideraban privilegios personales. Mientras tanto los paganos abrazaban la fe con alegría, dispuestos a acoger, sin reticencias, su inesperada novedad. También hoy las personas que menos se esperaba caminan denodadamente en busca del Señor. Cuando lo encuentran, llenas de alegría, no dudan en dejar atrás sus caminos habituales, guiados por la luz que los ilumina ahora en su interior.

Venimos de Oriente a adorar al Rey.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Palabra de Dios.


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sábado, 3 de enero de 2015

04/01/2015 - 2º domingo de Navidad (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Navidad (B)


Nacimiento en Belén, anunciado por los ángeles a los pastores de aquella región y por una estrella a los magos de Oriente; circuncisión al octavo día y presentación en el templo; peregrinación a Jerusalén a la edad de doce años; años en Nazaret, en casa de José, el carpintero, y de su esposa: es todo lo que la tradición apostólica ha conservado de los «comienzos» de Jesús, el Cristo. Esta quedó recogida sobriamente y de manera fragmentaria en lo que se conoce como los «evangelios de la infancia», escritos por san Mateo y san Lucas varias décadas después de la pascua.
Son verdaderamente «evangelios», anuncios del misterio de la encarnación del Hijo de Dios, y no simples relatos encaminados a satisfacer la curiosidad o a edificar, y menos aún «cuentos de Navidad» como los que se cuentan a los niños. Interpretados a la luz de las Escrituras, estos hechos aparecen, a los ojos de la fe, como acontecimientos salvíficos especialmente significativos. Antes de manifestarse públicamente, Jesús, el Salvador, vivió durante muchos años en el silencio y la privacidad de un niño, o de un joven, semejante en todo a los demás, humildemente fiel a la ley de su pueblo y a la condición de los vecinos de su ciudad de Galilea. ¡ Y, sin embargo, era «Dios-con-nosotros»!
Dios había dado ya a los suyos numerosas pruebas de cercanía. Se había podido hablar de la Sabiduría como la personificación más pura y sugestiva de su presencia. Pero nadie hubiera podido imaginar que un día el Hijo de Dios en persona había de encarnarse en el vientre de una mujer para habitar entre nosotros. Es el misterio insondable que celebra la liturgia. Por Cristo, con él y en él somos hijos de Dios «para alabanza de su gloria».
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, «para que comprendamos cuál es la esperanza» que nos da la venida de su Hijo a nuestro mundo, «cuál la riqueza de gloria» de la herencia que estamos llamados a compartir con él.

PRIMERA LECTURA

Se trata de un texto cumbre dentro del libro del Sirácida, o Eclesiástico. La Sabiduría, con mayúscula, habla como una persona. Se presenta gloriándose de ser la encarnación de la Ley, cuyos beneficios proclama con insistencia el salmo 118. Accesible a todos, porque ha fijado su morada entre los hombres, la Sabiduría les aporta vida y felicidad.

La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido.

Lectura del libro del Eclesiástico Si 24, 1-2. 8-12

La sabiduría se alaba a sí misma,
se gloria en medio de su pueblo.
Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.
En medio de su pueblo será ensalzada,
y admirada en la congregación plena de los santos;
recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos
y será bendita entre los benditos.
El Creador del universo me ordenó,
el Creador estableció mi morada:
«Habita en Jacob,
sea Israel tu heredad».
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y no cesaré jamás.
En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto
y en Sión me estableció;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad,
y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios.

SALMO

Jesús es Sabiduría del Altísimo, Paz del cielo en la tierra, Pan de vida eterna.

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20

R.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras se agolpan en la pluma de san Pablo para expresar los infinitos e inimaginables beneficios de los que es prenda el misterio de Navidad: participación en la vida que el Hijo comparte con su Padre; promesa de ser asociados a la gloria del Señor; comunión de los fieles en la fe, la esperanza y la oración.

Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.  

Palabra de Dios.

ALELUYA 1 Tm 3,16

Aleluya, aleluya.
Jesús, hijo de María, bendito tu nombre.
Cristo, Salvador del mundo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos.
Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo. Aleluya.

EVANGELIO

En esta página con la que se inicia el cuarto evangelio, san Juan expresa, con una fuerza y un realismo incomparables, la paradoja del misterio de la encarnación y el alcance indescriptible de la fe. Dios, el totalmente otro, el incognoscible por naturaleza, se ha manifestado en su Hijo, la Palabra hecha carne. Todos han podido verlo, todos han podido oírlo hablar del Padre con palabras humanas, e incluso tocarlo con sus propias manos. Los que lo «reciben», los que «creen en su nombre», participan de «su plenitud»; «no han nacido de sangre, ni de amor carnal»: «;han nacido de Dios!». Por eso «les da poder para ser hijos de Dios». Pero no todos lo reciben. Y es que entre nosotros ha aceptado los riesgos de la fe.

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre, enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino,
y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Éste es de quien dije:
"El que viene detrás de mí,
pasa delante de mí,
porque existía antes que yo"».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la Ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
el Hijo único,
que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.

Palabra de Dios.



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