lunes, 25 de mayo de 2015

31/05/2015 - La Santísima Trinidad (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Santísima Trinidad (B)


Todo viene del Padre, por Jesucristo, su Hijo hecho hombre, gracias a la acción del Espíritu Santo y a su presencia en nuestros corazones. Todo vuelve de nuevo al Padre por su Hijo, en el Espíritu. Este es el doble movimiento, descendente y ascendente, del misterio de la salvación. Cada sacramento, administrado «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», así como toda oración dirigida al Padre por el Hijo en el Espíritu, es una profesión de fe en el Dios único en tres personas. Es el misterio que celebra solemnemente la fiesta de este domingo.
Un pasaje del libro del Deuteronomio muestra, en primer lugar, el modo como Israel va descubriendo progresivamente quién es Dios, a partir de la experiencia de su acción y de sus iniciativas de salvación, y no al término de ninguna especulación filosófica o teológica. Al poner las palabras en labios de Moisés, el autor de esta página usa un procedimiento literario que subraya la importancia capital de los acontecimientos del éxodo. Esta evocación es de gran actualidad en varios sentidos. El recuerdo de estos tiempos sigue siendo, aún hoy, fundamento de la fe y la esperanza de los creyentes, porque lo que llamamos el Antiguo Testamento pertenece a nuestra historia. Esta página de la Escritura recuerda algo que nunca hay que olvidar: que Dios se muestra, no se demuestra. Se pueden percibir signos de su presencia y de su acción en el mundo y en la historia. Lejos de justificar la duda, su aparente ausencia debe hacer surgir la fe y la esperanza.
En el momento de dejar la tierra para volver al Padre, Jesús, poseído por el Espíritu, prometió solemnemente a los suyos que estaría con ellos «todos los días, hasta el fin del mundo». A los apóstoles, postrados ante él en gesto de adoración, les mandó anunciar la Buena Noticia de la salvación a todos los pueblos, engendrarlos a la vida divina por el bautismo. «Enseñadles —les dijo— a guardar todo lo que os he mandado, a progresar, día tras día, por el camino del bien, a hacer la voluntad de Dios, a ser dóciles al Espíritu Santo».
El Espíritu Santo que han recibido los bautizados da testimonio de que verdaderamente son hijos del Padre. Y les hace capaces de dirigirse a Dios con toda confianza, diciendo: «Abba, Padre».

PRIMERA LECTURA

Esta página del Deuteronomio, atribuida a Moisés, recoge la experiencia secular del pueblo de la Biblia. Este ha ido adquiriendo progresivamente una conciencia más viva de la presencia del Señor en medio de él, en su historia singular Sus iniciativas revelan su «mano fuerte» y su «brazo poderoso», al servicio de un designio de salvación cuyo cumplimiento nada ni nadie podrán impedir El no es un dios entre Otros, sino el único Dios.

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor5 vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios.

SALMO

Leal, justo y misericordioso: así es Dios desde siempre y para siempre.

Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 (R. 12b)

R
Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos,
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió. R

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu, la más misteriosa de las personas divinas, se revela por su acción invisible en el mundo y en el corazón de los hombres. Hace de nosotros hijos de Dios. Por él clamamos a Dios llamándolo Padre nuestro. El nos introduce en la comunión de la Santísima Trinidad.

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Ap 1,8

Aleluya. Aleluya.
Haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO

La misión universal de los apóstoles, el don del bautismo «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y la promesa de la presencia del Resucitado «todos los días, hasta el fin del mundo» dan a este relato evangélico un claro significado eclesial.

Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.




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lunes, 18 de mayo de 2015

24/05/2015 - Domingo de Pentecostés (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Domingo de Pentecostés (B)


Pentecostés, lo mismo que la Epifanía al final de las celebraciones de la manifestación del Hijo de Dios en nuestra carne, clausura la cincuentena durante la cual la Iglesia celebra anualmente la Pascua de Cristo. La encarnación del Hijo de Dios y su resurrección, etapas decisivas de la historia de la salvación que culminará con el retorno del Señor al final de los tiempos, están en estrecha relación.
Anunciado por las antiguas Escrituras, prometido por el Señor en diversas ocasiones, y más explícitamente cuando llegó «la hora de pasar de este mundo al Padre», el envío del Espíritu imprime, en cierto modo, su sello a toda la obra redentora del Hijo de Dios, que «nació de santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos».
La fiesta de Pentecostés celebra el misterio de Dios, que ha rescatado al mundo por medio de su Hijo, y el misterio de la Iglesia, cuerpo de Cristo. Por eso el evangelio de las dos misas está tomado de los últimos encuentros de Jesús con sus discípulos. En el momento de dejar visiblemente la tierra, Jesús habla a los suyos de su nueva situación en el mundo tras su partida. El no los abandona. Va a enviarles al Espíritu, el Defensor, para guiarlos por el camino que conduce a la resurrección junto a él y junto al Padre.
El Espíritu que recibieron los apóstoles se da también a todos los creyentes. San Pablo insiste en su acción en cada uno y en la Iglesia en su conjunto: estructura y unifica el ser del cristiano; da a la comunidad unidad y cohesión gracias a los diferentes carismas, concedidos abundantemente para el bien de todos y el desarrollo armónico del cuerpo entero. Al mismo tiempo, el Apóstol recuerda insistentemente a los creyentes las exigencias de este don maravilloso.
Pentecostés no es, entonces, un acontecimiento del pasado, por decisivo que sea. Celebra a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que se manifiesta día tras día en la tierra y que se revelará a plena luz cuando vuelva el Hijo del hombre. Pentecostés es algo cotidiano para los que, en nombre del Señor, piden al Padre que les dé el Espíritu prometido por el Hijo.

Misa del día.

El Espíritu, anunciado por Jesús al llegar «la hora de pasar de este mundo al Padre», recibido por los apóstoles «al llegar el día de Pentecostés», anima y guía la vida de los cristianos y de la Iglesia. Hace del corazón de cada uno morada del Padre y del Hijo. Promesa y prenda de participación en la resurrección de Cristo, abre a todos los hombres las puertas de la misericordia divina y reúne a los creyentes en una comunidad de pecadores perdonados que pueden llamar a Dios «Padre». Impulsa a la Iglesia a salir de los muros del miedo, para ir, con valentía, a anunciar al mundo entero la paz y la alegría de Dios. Le recuerda constantemente las enseñanzas del Señor; abre el corazón y el espíritu al sentido inagotable de las Escrituras inspiradas, cuya luz permite orientarse en las situaciones más dispares, y hasta inéditas. Fuente inagotable de juventud, el Espíritu renueva incesantemente la vida de los creyentes, de la Iglesia y del mundo. Difunde profusamente sus múltiples carismas para bien y beneficio del cuerpo entero, que crece al ritmo de los «días ordinarios» de la existencia humana.
En la cruz de Cristo han muerto el pecado y el mal. Pero la lucha entre la luz y las tinieblas continúa en la tierra y en el corazón de cada uno de nosotros, donde los «deseos de la carne» y «los deseos del espíritu» no han acabado de enfrentarse. La lucha es sin cuartel, pero combatimos como hombres libres y bien armados, porque el Defensor nos protege de la seducción de los deseos que conducen a la muerte.
La Iglesia, cuerpo de Cristo, respondiendo a su misión, se construye de ese modo en la unidad e, impulsada por el Espíritu, puede anunciar el Evangelio a toda la tierra por la fuerza de su predicación y de su testimonio.
Tal es la amplitud del misterio celebrado en la solemnidad de Pentecostés. Prometido por Dios desde mucho antes, el fuego del Espíritu, que consumió y transformó repentinamente el corazón de los apóstoles, no deja de difundirse, de manera generalmente discreta, a veces espectacular, entre los fieles, a los que convierte en testigos del Evangelio, y en el mundo, para que todos los hombres, sin distinción, puedan participar de la salvación. Pero su acción se percibe a posteriori. Nadie puede presumir anticipadamente de estar animado por el Espíritu.

PRIMERA LECTURA

De la multitud desorganizada que huía de Egipto, la Ley promulgada en el Sinaí logró hacer un pueblo dotado de una constitución. Gracias al Espíritu enviado el día de la fiesta que conmemoraba ese acontecimiento fundante, los hombres del mundo entero pueden beneficiarse de la elección divina y de las maravillas realizadas por Dios. Mós aún, desde entonces cada uno puede oír la Buena Noticia en su propio idioma. Pentecostés restaura la unidad Tota POT Babel.

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:
-« ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Palabra de Dios.

SALMO

Oración y acción de gracias por el don del Espíritu, que es sabiduría, aliento de vida y fuerza renovadora.

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R.: cf. 30)

R
Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R

Les retiras el aliento,
y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

La efusión universal del Espíritu reúne en la unidad a todos los que confiesan que Jesús es el Señor resucitado. Esta unidad es la de un cuerpo vivo con diferentes miembros, cuyo buen funcionamiento garantiza la cohesión y la armonía entre todos ellos.

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.

O bien:

Según el vocabulario de san Pablo, la «carne» designa los «deseos malos, negativos» que hay que combatir para no verse arrastrado al pecado, en oposición al «espíritu», que conduce a las buenas obras, a la santidad. «Hay entre ellos un antagonismo». Superar las emboscadas y tentaciones que acechan al hombre en el camino de la vida equivale a morir cada día un poco más a los deseos de la «carne» pecadora, crucificada con Cristo, para marchar con él, tras el Espíritu.

El fruto del Espíritu.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 16-25

Hermanos:
Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley.
Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios.
En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

ALELUYA

Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

EVANGELIO

San Juan evoca aquí sin situarlas en ninguna perspectiva, las diversas fases del misterio pascual de Cristo, cuyo cumplimiento es el envío del Espíritu. «El día primero de la semana» es «el día del Señor», el domingo, en el que la asamblea cristiana se reúne para la celebración semanal de la Pascua. Estamos ante una de las numerosas páginas del cuarto evangelio con connotaciones litúrgicas, discretas pero claras. El Espíritu, al difundirse, permite a todos tener acceso a la salvación alcanzada por medio de la Pascua de Cristo, obtener «el perdón de los pecados».

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Recibid el Espíritu Santo.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Palabra de Dios.

O bien:

Al celebrar la eucaristía del día de Pentecostés, la Iglesia hace «memoria» de la misión del Espíritu Santo, revelada por Jesús precisamente cuando llegó «la hora de pasar de este mundo al Padre». Testigo de Cristo glorificado junto al Padre, el «Defensor» concede a los discípulos la posibilidad de comprender cada vez mejor las enseñanzas del Señor transmitidas por los apóstoles y guardadas fielmente en la Iglesia.

El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26-27; 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de mayo de 2015

17/05/2015 - 7º domingo de Pascua - LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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7º domingo de Pascua - LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR (B)


La Ascensión del Señor se celebra el jueves de la VI semana de pascua, en algunas diócesis es transferido al Domingo VII de Pascua.

Los cuatro evangelios atestiguan que Jesús, muerto en la cruz y sepultado, se mostró después vivo a los apóstoles y a algunos discípulos, varias veces y en diversas circunstancias. Los testimonios que ellos transmiten son tanto más dignos de fe cuanto que estas apariciones no convencen inmediatamente a sus destinatarios. Por el contrario, dudan durante mucho tiempo de la realidad de estas manifestaciones intermitentes, que cesan luego, a partir de un determinado momento. San Lucas es el que habla con más detalle de lo que conocemos como la Ascensión del Señor, es decir, su «elevación al cielo», donde ha desaparecido de la vista de los hombres y desde donde un día volverá. La menciona muy brevemente al final de su evangelio (Lc 24,50-52) y más detenidamente al comienzo de su segunda obra: el libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 1,1-1 1). Es mucho más que el relato detallado de un acontecimiento: se trata de una síntesis de la predicación apostólica y de una explicitación de la fe profesada por los cristianos desde los orígenes.
La Ascensión del Señor alegra el corazón de los discípulos porque celebra la exaltación de Cristo resucitado a la derecha del Padre. Pero además, como dice el mismo Jesús a los apóstoles la noche de la última cena (Jn 16,7), es un beneficio para los creyentes. Inaugura una nueva era en la historia de la salvación: la era del don del Espíritu, derramado abundantemente sobre los creyentes, y de la predicación, en el mundo entero, de la Buena Noticia de la salvación, obtenida por la muerte y resurrección del Hijo de Dios hecho hombre.
La celebración de la Ascensión nos invita a volver los ojos hacia el mundo en que vivimos. En él es donde se construye, paciente y humildemente, en el amor, el cuerpo cuya cabeza es Cristo. Porque el Señor no ha abandonado a los suyos. Al contrario, está tanto más presente en medio de ellos cuanto que ya no está sometido a las estrecheces de la condición humana, que limitaba su acción en el tiempo y en el espacio. Seguros de esta nueva presencia, los discípulos no tienen nada que temer en el mundo al que el Resucitado los envía: «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo».

PRIMERA LECTURA

Colocando al comienzo del libro de los Hechos de los apóstoles, lo mismo que al final de su evangelio, una noticia sobre la Ascensión del Señor, san Lucas quiere dejar claro que la misión de la Iglesia es continuación de la de Jesús. La tradición ha sostenido, sobre todo, que en el momento de su partida el Señor instituyó a los apóstoles como testigos de su resurrección y predicadores de la Buena Noticia en el mundo entero. San Lucas no deja de recordarlo. En el libro de los Hechos sitúa la promesa del Espíritu y el mandato de la misión en el marco de una última comida del Resucitado con sus apóstoles antes de desaparecer de su vista, lo que recuerda la aparición a los dos discípulos de Emaús y da a esta comida de despedida un discreto tono eucarístico.

Lo vieron levantarse.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
- «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:- «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Palabra de Dios.

SALMO

Por Cristo, sentado a la derecha del Padre, viene al mundo el reino de Dios.

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9(R.: 6)

R
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad. R

Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R

SEGUNDA LECTURA

Dios ha desplegado en Cristo un poder del que ya podemos beneficiarnos. Las palabras se acumulan en la pluma de san Pablo cuando trata de decir lo que representan para Cristo su resurrección y su glorificación a la derecha de Dios, y los innumerables e inconmensurables beneficios que de ellas se derivan para nosotros.  La oración del Apóstol se convierte entonces en acción de gracias,  en «eucaristía», dirigida al «Dios de nuestro Señor Jesucristo», el Padre que «todo lo puso bajo los pies» de su Hijo y «lo dio a la Iglesia, que es su cuerpo, como cabeza, sobre todo».

Lo sentó a su derecha en el cielo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios.

O bien:

Se trata de una especie de testamento espiritual que el Apóstol, «prisionero por el Señor», dirige a los efesios. Cristo, que «había bajado a lo profundo de la tierra», «subió» al cielo, donde está ahora a la derecha de Dios. Cargó sobre sí el universo entero para hacer de él una nueva creación. Y distribuye a cada uno la abundancia de los dones del Espíritu. Que los discípulos del Señor fieles a la gracia que han recibido, vivan en la unidad del cuerpo del que Cristo es la cabeza, y cada uno, según su vocación, trabaje activamente en su construcción.

A la medida de Cristo en su plenitud.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-13

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres». El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 28,19.20

Aleluya. Aleluya.
El Señor coopera con nosotros
confirmando su victoria
con las señales que la acompañan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Id y haced discípulos de todos los pueblos
—dice el Señor—;
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Estos últimos versículos del evangelio según san Marcos son un resumen de los datos de la tradición. De la Ascensión se dice sólo lo que contiene el Símbolo de los apóstoles: «Jesús subió al cielo y se Sentó a la derecha de Dios». La partida del Señor marca el comienzo de la misión universal confiada a los apóstoles por el que ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra.

Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra de Dios.



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lunes, 4 de mayo de 2015

10/05/2015 - 6º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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6º domingo de Pascua (B)


Amar y ser amado: es el deseo más profundo, la necesidad más vital del hombre y la mujer desde su más tierna infancia, y en todas las épocas de su vida. Pero ¿qué es el amor? Muchas respuestas, o más bien intentos de respuesta, se han dado a esta cuestión, sin llegar a satisfacer por completo. El amor, como la vida, escapa a todo intento de definición que pretenda expresar plenamente su naturaleza propia, irreductible a cualquier otra. La palabra, por otra parte, es de las más envilecidas; la búsqueda de amor puede llevar incluso por caminos que conducen a la depravación, y hasta el crimen. Sin embargo, san Juan escribe en su evangelio que Jesús, cuando «había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre», dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros». Y el apóstol al que Jesús tanto quería escribe también en su primera carta: «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor». «Amar» es, pues, en el núcleo mismo del «testamento» del Señor, la palabra que en cierto modo recapitula toda su enseñanza. Pero hay que entender el sentido que adquiere esta palabra, tomada del lenguaje corriente, al pasar al vocabulario cristiano.
«Dios es amor» (lJn 4,8). «Amar», por tanto, significa tener los mismos sentimientos de Dios, actuar gratuitamente, comportarse «como» Jesús con los suyos y, por decirlo todo, entrar en la comunión que une desde toda la eternidad y para siempre al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esta es la razón de que ese amor, divino en su origen, revelado en lo que el Señor ha hecho, especialmente por su muerte, dé fruto y un fruto que «dure».
Esta es la buena noticia que la Iglesia y los cristianos debemos anunciar al mundo entero, no sólo de palabra, sino también, y sobre todo, con obras. Pues, por su amor infinito, «Dios no hace distinciones» entre los hombres. Acoge con igual benevolencia «al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea», es decir, acoge a todo el que está animado por un amor semejante al suyo. Todos tienen acceso al mismo bautismo, y están llamados a recibir el Espíritu que el Señor resucitado ha enviado desde el Padre, a compartir el pan de la vida y el cáliz de la salvación en la eucaristía, sacramento del amor de Dios y del amor fraterno universal.

PRIMERA LECTURA

San Lucas es autor de una obra en dos partes: el tercer evangelio y el libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 1,1-14). La primera parte la escribe para que el lector «conozca la solidez de las enseñanzas recibidas» (Lc 1,3-4). La segunda, más allá de la mero crónica de la Iglesia apostólica, pretende mostrar cómo la buena noticia ha sido anunciada, primero en Jerusalén, y luego, por impulso del Espíritu Santo y a través de diversas circunstancias, en el mundo entero. Esta ampliación de la misión se inicia con lo ocurrido en Cesarea, en casa de Cornelio, centurión romano. La manifestación inesperada del Espíritu Santo hace comprender a Pedro que «Dios no hace distinciones», y que también los paganos están llamados a recibir el bautismo y el don del Espíritu.

El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo:  -«Levántate, que soy un hombre como tú.»
Pedro tomó la palabra y dijo:  - «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.»
Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.
Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.
Pedro añadió:
- «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?»
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios.

SALMO

Canto nuevo de las naciones paganas, llamadas también a experimentar en su vida las maravillas del evangelio.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 (R. 2b)

R
El Señor revela a las naciones su salvación.
O bien:
Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R

SEGUNDA LECTURA

En virtud de su origen divino, el amor fraterno del que aquí se trata es el criterio último del conocimiento íntimo de Dios.

Dios es amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos:
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
El Señor ya no nos llama siervos,
porque somos sus amigos.
Lo que ha oído a su Padre
nos lo ha dado a conocer. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

El evangelio de hoy, continuación del que leíamos el domingo pasado, explicita y desarrolla las enseñanzas de la alegoría de la vid: las relaciones de amor que la unión con Cristo establece entre los discípulos, y su fundamento en la intimidad del Hijo con el Padre; la nueva condición de los que el Señor elige para que sean sus amigos; la eficacia de la oración fraterna en nombre de Jesús.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y' permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis el Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra de Dios.



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lunes, 27 de abril de 2015

03/05/2015 - 5º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo de Pascua (B)


«Yo soy» En el evangelio según san Juan estas palabras introducen una revelación solemne sobre la identidad del Hijo de Dios, que ha venido al mundo para salvar a los hombres. Resuenan también como una apremiante exhortación a creer en Jesús para llegar a ser hijos de Dios. Así pues, Jesús dice: «Yo soy» (Jn 8,58) el pan de la vida (Jn 6,35), el pan vivo (Jn 6,51), la puerta (Jn 10,9), el buen pastor (evangelio del pasado domingo), el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14,6).
Algunas de estas metáforas se encuentran ya en el Antiguo Testamento, especialmente la de la vid: numerosos textos, de géneros literarios distintos, la utilizan para hablar del pueblo elegido por Dios, rodeado de las delicadas y constantes atenciones de su amor fiel, y que a menudo se muestra desleal, no dando los frutos de justicia y santidad esperados.
Pero en el evangelio según san Juan, Jesús se llama a sí mismo «vid», la «verdadera vid», de la que su Padre es el viñador. La imagen remite a lo que ha proclamado en otro lugar (Jn 14,6): él es la vida, la vida que viene de Dios, su Padre, en quien él «permanece», fuente de toda vida desde el principio (Jn 1,4). Tiene poder para darla a todos los que creen en él. Como sarmientos vigorosos llenos de savia, los que «permanecen» unidos a él dan fruto abundante para la vida eterna. Todos los hombres sin distinción pueden injertarse, por la fe, en la cepa viva y vivificadora. Juntos forman la Iglesia que el Padre no cesa de purificar para incrementar su fecundidad hasta el infinito.
La pertenencia a esta vid se conoce por la verdad del amor fraterno, nacido del amor del Padre, manifestado en Jesús, su Hijo, difundido por el Espíritu Santo, y del que todos, cada uno según su propia vocación, estamos llamados a dar valiente testimonio.
La existencia cristiana y la vida de la Iglesia se encuentran así integradas en la dinámica de relaciones que unen al Padre, al Hijo y al Espíritu, a pesar de las pruebas, las infidelidades y los lamentables fracasos, ya que «Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo». La eucaristía es el sacramento —signo y prenda— de este admirable trueque.

PRIMERA LECTURA

Una comunidad que no cree que el encarnizado perseguidor de ayer haya podido convertirse, y no lo admite en su seno más que por la garantía de un hombre de confianza y buen juicio, amigos para los que este cambio es una traición inaceptable: nada realmente original en rodo esto. Pero lo que le ocurrió a Pablo encierra una enseñanza que conviene tener en cuenta: en la Iglesia, los carismas, las revelaciones y otras manifestaciones divinas privadas sólo son reconocidos como auténticos después de un serio examen.

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO

No existe prueba que no pueda conducir a una resurrección; no hay perseguidor que no pueda convertirse en discípulo. Así es la obra de Dios, de la que conviene no olvidarse.

Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32 (J_26a)

R
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
Aleluya.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Tercer tema de la primera carta de san Juan: el amor fraterno, «no de palabra, sino con obras», como criterio último de la pertenencia a Dios, de la comunión con él, fundada en el don del Espíritu; la fidelidad a los mandamientos y la fe en Jesús son garantía de la eficacia de la oración y la paz de la conciencia.

Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 15,4.5b

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los sarmientos
injertados en la verdadera vid;
discípulos de Jesús,
son la gloria del Padre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO

Condición para dar fruto que «permanezca» y «dé gloria al Padre» es estar firmemente unido a Jesús, la «verdadera vid». La palabra «permanecer» se repite ocho veces en estos ocho versículos, para expresar la unión entre el Padre y el Hijo, entre el Señor y los discípulos, llamados a entrar en la intimidad del Padre, del Hijo y del Espíritu.

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 20 de abril de 2015

26/04/2015 - 4º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Pascua (B)


Todo pastor experimentado conoce a sus ovejas y es capaz de distinguir las suyas de las demás. Las ovejas, por su parte, reconocen la voz de su dueño o el sonido de su silbido, y obedecen a su llamada. Un buen pastor vela diligentemente por su rebaño, lo protege de los peligros que lo amenazan, se da cuenta de las ovejas que están enfermas y las cura, y dedica cuidados especiales a las más débiles y a los corderos. Es normal, por tanto, que la imagen del buen Pastor ocupe un lugar importante en la Biblia, lo mismo que en la literatura de todos los pueblos de tradición pastoril, y que Jesús haya retomado esta imagen bíblica. Pero Jesús no dice: «Yo me comporto como un buen pastor», sino que proclama: «Yo soy el buen Pastor», aquel del que los demás no son más que fi- guras, el único que conduce a los suyos a la verdad y a la vida, con una autoridad que ningún otro posee, porque ha sido el Padre quien lo ha enviado y le ha confiado las ovejas. La alegoría del buen pastor es, junto con la de la viña, uno de los grandes textos revelados transmitidos por san Juan.
Jesús, como buen Pastor, ha llegado al extremo de dar la vida por sus ovejas. «Ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos», dice san Pedro delante del gran consejo. El reúne en un solo rebaño a los que el Padre le ha entregado; él es, con otra imagen, la piedra angular sobre la que se edifica la comunidad de los hijos de Dios, de la que todos los hombres están llamados a formar parte.
Por consiguiente, «rebaño» y «ovejas» no evocan en absoluto una masa de discípulos sin personalidad que siguen al pastor y lo obedecen balando. «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! Sabemos que, cuando el Hijo de Dios se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es», escribe san Juan.
Es lo que realiza y prefigura la asamblea litúrgica convocada y reunida por el buen Pastor, que la encabeza. El nutre con su cuerpo y con su sangre a los que han escuchado su voz; los conduce paso a paso hacia el Padre; los envía a las ovejas que todavía no son de su redil. «Anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz». «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

PRIMERA LECTURA

Lo mismo que Jesús, los apóstoles tienen que dar explicaciones por el favor que le han hecho a un enfermo. Pedro responde proclamando que el milagro es signo de la salvación que sólo el Señor resucitado puede dar.

Ningún otro puede salvar.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4,8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
-«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios ha fundado su obra en la piedra desechada por lo arquitectos. Ha resucitado a aquel a quien los hombres habían despreciado.

Salmo 117 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29

R
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
O bien:
Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Segundo tema de la primera carta de san Juan: aunque aún no se manifieste con total claridad, ya desde ahora somos hijos de Dios.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,14

Aleluya. Aleluya.
Tiene, además, otras ovejas que no son de este redil.
Ellas escucharán su voz,
y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—,
conozco a mis ovejas,
y las mías me conocen. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no sólo se compara con un buen pastor (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), sino que es «el buen Pastor». Mantiene con las ovejas una relación de conocimiento mutuo, fundada en el amor que el Padre les tiene, lo mismo que a él. Se ocupa de ellas y las defiende valientemente de todo peligro, porque son suyas. Ha entregado su vida por ellas para que haya «un solo rebaño, un solo Pastor». Ha recibido del Padre su poder y su mandato. Todo este conjunto de rasgos remite al misterio pascual, que manifiesta su pleno significado.

El buen pastor da la vida por las ovejas.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
- «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra de Dios.



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