lunes, 26 de junio de 2017

02-07-2017 - 13º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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13º domingo Tiempo ordinario (A)


El final del capítulo décimo del evangelio según san Mateo, titulado generalmente Discurso apostólico o Discurso de la misión, se dirige en primer lugar a los enviados del Señor, pero también afecta a todos los discípulos.
«No querer nada ni a nadie, ni siquiera al padre o a la madre, ni siquiera a los hijos más que a Cristo». Para responder a la llamada del Señor y a las exigencias de la misión, los enviados pueden verse obligados a renuncias que nadie puede asumir sin una dura lucha interior: ¿realmente Dios pide llegar hasta ese extremo?, ¿exige tales sacrificios? A menudo tendrán que enfrentarse a quienes los incitan a ser razonables. Se trata de situaciones límite. Pero a menudo la fe obliga a los discípulos a tomar decisiones heroicas y, con mayor frecuencia, los pone en situaciones que les exigen renuncias cotidianas.
Ciertamente el evangelio no enseña que los cristianos tengan que elegir siempre lo que va contra las aspiraciones y los sentimientos más arraigados en la naturaleza humana. Pero por el bautismo, que los incorpora a la Pascua de la muerte y resurrección de Cristo, la existencia cristiana está marcada por el signo indeleble de la cruz. Cada uno debe «coger su cruz». Se trata de una forma metafórica de hablar: no se trata de cargar con la cruz de Cristo como Simón de Cirene. Pero la expresión tiene también un sentido muy realista: las opciones y decisiones que exige la fe pueden llegar a Ser verdaderamente duras y mortificantes.
Viene luego la conducta que hay que tener con los enviados de Dios, los justos, los discípulos. Jesús se identifica con cada uno de ellos. Esta afirmación tiene gran trascendencia, porque no se refiere sólo a los enviados «oficiales» del Señor: «El que os recibe a vosotros me recibe a mí». En el día del juicio seremos admitidos en el Reino por lo que hayamos hecho en favor de los más pequeños, sin distinción: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,31-46).
No hemos visto a Cristo, pero creemos en él. Y tenemos la suerte y la gracia de encontrárnoslo al acoger a sus enviados y a todos aquellos con quienes él se identifica..

PRIMERA LECTURA

Breve extracto de las «florecillas» de Eliseo, cuyo nombre significa «Dios ayuda»: Dios recompensa a una sunamita que, sin esperar nada a cambio, ofrece hospitalidad a un profeta, «por ser profeta» como dice el evangelio.

Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí.

Lectura del segundo libro de los Reyes 2R 4,8-11.14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer, Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí».
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó, Dijo a su criado Guejazi: «Qué podríamos hacer por ella?». Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo». Eliseo dijo: «Llámala». La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo».

Palabra de Dios.

SALMO

Dios da fuerza y poder a los que acogen a sus enviados, y los recompensa sin medida.

Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a)

R.
Cantaré eternamente
las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad». R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R.

SEGUNDA LECTURA

Por el bautismo, símbolo del sepulcro del que Cristo fue resucitado, participación sacramental en la Pascua del Señor hemos pasado de la muerte a la vida. Andemos, pues, en la vida nueva a la que hemos resucitado.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-4.8-11

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús..

Palabra de Dios.

Aleluya IP 2,9

Aleluya. Aleluya.
El que pierde su vida por Cristo la encontrará.
El que no quiere perder su vida por Cristo
no es digno de él. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real,
una nación consagrada;
proclamad las hazañas del que os llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Aleluya.

EVANGELIO

Sacrificarlo todo, hasta la propia vida; lo que Jesús pide a sus enviados es exactamente lo que él mismo ha hecho para llevar a cabo su misión. La relación que existe entre él y sus enviados es semejante a la que lo une a él con el Padre. Todo el que les preste ayuda cuando sean perseguidos a causa de su ministerio, o cuando pasen necesidad, recibirá una recompensa idéntica a la suya. Más aún: la mínima ayuda prestada al más pequeño de los discípulos será tenida en cuenta el día del juicio.

El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro».

Palabra de Dios.



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domingo, 25 de junio de 2017

29-06-2017 - San Pedro y San Pablo, apóstoles (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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San Pedro y San Pablo, apóstoles (A)


El «calendario romano» más antiguo que ha llegado hasta nosotros data del año 354. Entre las fiestas que enumera se encuentra, en el día que corresponde a nuestro 29 de junio, una celebración de san Pedro en la colina del Vaticano, y otra de san Pablo en la vía Ostiense. Esta doble celebración se difundió rápidamente por todo el Occidente, empezando por África, como testimonian varios sermones de san Agustín (354-430). A ambos santos se les dedicó un gran número de iglesias: en Italia, en España, en las Galias, y más tarde en Inglaterra (Cantorbery). Hubo pueblos y aldeas que tomaron el nombre de San Pedro, debido a que el monasterio benedictino cercano tenía a este santo por patrón. Son muy numerosos los municipios que, tanto en España como en otros países de Europa y América, se denominan «San Pedro» o «San Pablo».
La fiesta del 29 de junio, que en todas partes asociaba a los dos apóstoles, revestía una especial solemnidad en Roma. La recopilación de textos litúrgicos de los siglos V y VI conocida como el Sacramentario leoniano contiene nada menos que veintiocho formularios para la misa de este día. En esta época el papa celebraba dos veces: primero en la basílica vaticana y luego en la de la vía Ostiense; pero cada una de las celebraciones estaba dedicada a los dos santos. A lo largo del siglo VII el día 29 de junio se fue reservando a san Pedro, mientras que el 30 se celebraba a san Pablo. El Misal de Pablo VI (3 abril 1969) restableció el uso antiguo de una sola celebración. Pero incluyó un formulario para la tarde del día 28, que corresponde con el de la misa que el papa celebraba al alba del 29, junto a la tumba del Vaticano. Debido a lo reducido del espacio, podían participar en ella muy pocas personas. La gran congregación de la comunidad cristiana tenía como marco la basílica y se celebraba más avanzado el día.
La celebración común de estas dos «columnas» hace tomar conciencia de la doble dimensión de la Iglesia, una y católica, y de la necesidad de los dos ministerios complementarios que representan Pedro y Pablo. Uno preside a las comunidades en la caridad y en la unidad. El otro inspira más bien la difusión del Evangelio por todas partes y en todas las culturas.

PRIMERA LECTURA

Un relato particularmente sugerente. Era «la semana de Pascua», cuya noche evoca en la Biblia todas las noches en las que Dios ha intervenido en favor de los justos y la noche en la que aparecerá el Salvador «Librar o arrancar de las manos» es una expresión típica del vocabulario de la intervención divina: relato del éxodo (Ex 18,18), cántico de Zacarías (Lc 1,74). La Iglesia vela en oración por el apóstol en peligro. Pedro duerme tranquilamente a pesar de que la comparecencia del día siguiente corre el riesgo de ser fatal. Para los fieles, la noche de este mundo es la noche de todos los peligros, pero, a pesar de todo, deben permanecer serenos, llenos de confianza.

Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12,1 -11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando a su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.
Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre los soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Obedeció, y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme». Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».  

Palabra de Dios.

SALMO

Dios libra, salva, protege. «Libres de las manos» de sus perseguidores, los afligidos están de fiesta. Verdaderamente, «qué bueno es el Señor».

Salmo 33, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R 4c)

R
El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R

El ángel del Señor acampa
en tomo a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Encadenado en una prisión de Roma, Pablo no se hace ilusiones sobre el desenlace de su proceso. Su muerte será un acto de culto, una ofrenda, como lo ha sido su apostolado (Rm 1,9; 15,16) y como debe serlo la vida de todo cristiano (Rm 12,11). Será al mismo tiempo una «partida» al encuentro definitivo de Cristo (1 Ts 4,17), una pascua.

Ahora me aguarda la corona merecida.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 16,18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso es Simón Pedro,
porque el Padre que está en el cielo
e ha revelado al Mesías,
Jesús, el Hijo de Dios vivo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Al afirmar que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo», Simón Pedro, iluminado de lo alto, confiesa un misterio que el título de «Hijo del hombre» no hacía sino sugerir El apóstol presiente que Jesús mantiene con Dios una extraordinaria relación de intimidad, cuya medida irá constatando poco a poco la comunidad pascual. Así lo da a entender la respuesta de Jesús.

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «,Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos le contestaron: «Unos que Juan,Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Palabra de Dios



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lunes, 19 de junio de 2017

25-06-2017 - 12º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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12º domingo Tiempo ordinario (A)


Desde siempre, anunciar con fidelidad la palabra de Dios ha sido una misión peligrosa. En efecto, el profeta debe oponerse, en nombre del Señor, a un mundo que se construye sobre valores ajenos a la ley de Dios o en contradicción con ella. Se encuentra, por tanto, expuesto a la contradicción y a la hostilidad, a menudo violenta, de muchísima gente. Pertenece al orden mismo de las cosas: el mensajero de Dios no debe extrañarse. Su misión, sin embargo, se hace especialmente dolorosa cuando, dirigiéndose a su propia comunidad, encuentra entre los suyos esa misma oposición. A fuerza de verse tratado como profeta de calamidades y perturbador, de ver a sus amigos acechar sus traspiés y sus imprudencias, llega a dudar de sí, de su misión y de Dios mismo. Sólo hay una salida a esta confusión: ponerse totalmente en manos del Señor, que es quien lo ha colocado en esa insoportable situación.
Como todos los profetas, Jesús también estuvo expuesto a la contradicción de su pueblo, y a menudo incluso a la incomprensión de sus discípulos más próximos. Se le llegó a tratar hasta como emisario de Satanás (Mt 12,24). Experimentó cómo crecía en torno a él el odio que lo conduciría a la muerte. Cuando en Getsemaní, en el momento de afrontarla, tuvo la tentación de echarse atrás, se abandonó totalmente en manos de su Padre. Gracias a su fidelidad como enviado de Dios y a su total obediencia, la multitud de los hombres ha sido colmada, sobre toda medida, con el don de la vida eterna.
Los discípulos, a quienes él ha confiado su evangelio para que lo anuncien y den testimonio de él, están, también ellos, expuestos a las contradicciones. ¿Se podría seguir hablando del evangelio si no resultara molesto? Pero los cristianos tienen a menudo la impresión de estar librando una batalla perdida de antemano. Como un pequeño rebaño en medio del inmenso mundo que los rodea, considerados muchas veces como soñadores o aguafiestas, despreciados, ridiculizados, marginados, sometidos a todo tipo de presiones, cuando no de persecuciones violentas o larvadas, los discípulos corren el riesgo de ceder al miedo o dejarse invadir por la duda. «Animo, no tengáis miedo —les dice Jesús—. El Padre está con vosotros, y yo estoy a su lado: ¡ no quedaréis defraudados!». Esta certeza debe reavivar continuamente su confianza y apartarlos de toda arrogancia y presunción: ¡ su capacidad no les viene de sí mismos!

PRIMERA LECTURA

Inmerso por un tiempo en la duda y el desánimo, Jeremías, en un nuevo despertar de la fe y la esperanza, pone su causa en manos del que lo ha cargado con el peso de su misión. Está tan seguro de ver que Dios restablecerá su derecho, que su breve oración acaba en alabanza y acción de gracias.

Libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Lectura del libro de Jeremías 20,10-13

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: “Pavor en torno; delatadio, vamos a delatarlo”, Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos ‘ nos vengaremos de él”.
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos»..

Palabra de Dios.

SALMO

Oración de un portavoz de Dios. Insultado, cubierto de vergüenza, humillado, sigue confiando en aquel en quien ha depositado su fe.

Salmo 68, 8-10. 14 y 17 33-35 (R 14)

R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo no sólo repara una situación catastrófica, consecuencia del pecado que se ha multiplicado en el mundo. Instaura una situación muy superior; sin comparación, dando origen, por su obediencia, a una humanidad nueva.

No hay, proporción entre el delito y el don.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,12-15

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley.
A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 15,26b.27a

Aleluya. Aleluya.
Si os ponéis de su parte ante los hombres,
Cristo se pondrá de vuestra parte
ante su Padre del cielo. Aleluya..

Aleluya, aleluya.
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí
—dice el Señor—;
y también vosotros daréis testimonio. Aleluya.

EVANGELIO

El evangelio es contestación de los valores contrarios a la ley de Dios. Expone fatalmente a contradicciones y hasta persecuciones a. los discípulos que lo anuncian y lo viven. Esto no debe impedirles pregonarlo sin temor; «desde la azotea». Su Padre del cielo vela por ellos ya ahora, y en el día del juicio el Señor se pondrá de su parte.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Palabra de Dios.



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domingo, 18 de junio de 2017

24-06-2017 - LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)


Cuando en el siglo IV se empezó a celebrar la Natividad del Señor, se pasó de manera natural a conmemorar también la del Precursor. En Occidente la fecha del 24 de junio se impuso inmediatamente. Marcaba el solsticio de verano, como el 25 de diciembre el de invierno. En efecto, Juan era la «lámpara» cuya luz debía menguar al aparecer la Luz (Jn 5,35; 3,30). Este papel lo convierte en alguien que es «más que profeta» (Mt 11,9). Los otros, en términos más o menos velados, habían anunciado al Salvador. El lo vio con sus propios ojos. Lo bautizó, y encaminó hacia el Cordero de Dios a quienes habrían de ser sus primeros discípulos (Jn 1,35-42). Es imposible anunciar el Evangelio sin hablar de Juan, el precursor. En las Iglesias orientales, encima de «la puerta regia» del iconostasio, se puede ver un icono de Cristo en la gloria, con María a su derecha y Juan a su izquierda. Es una prueba de la veneración que le tienen todas las tradiciones litúrgicas. Por otra parte, junto con el Señor y la Virgen María, Juan es el único de quien se celebra la natividad (el 24 de junio), además del martirio (el 29 de agosto).
Su elección recuerda la de Jeremías, su vida la de los «nazireos», esos hombres que se consagraban a Dios temporalmente o para toda la vida (Hch 18,18). Su misión se define en los mismos términos que la de Elías (Ml 3,23-24; Si 48,10). Vino a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,17). El nacimiento de Juan fue una Buena Noticia que suscitó, en torno a él y a sus padres, las primeras manifestaciones de la alegría mesiánica. Lo mismo que con respecto a Jesús, ante él se plantea la pregunta: ¿qué va a ser? Se verá cuando a orillas del Jordán se muestre como intrépido predicador de la salvación que Dios quiere llevar «hasta el confín de la tierra» (Is 49,6). Por su persona y su misión, Juan, el precursor, permanece siempre inseparablemente unido a Jesús y a la Buena Noticia dirigida a todos los hombres que ama el Señor. La iconografía, el número de niños a los que se impone el nombre de Juan Bautista y las iglesias dedicadas al Precursor dan abundante testimonio de la piedad cristiana, que ha comprendido el lugar especialísimo de Juan Bautista en la venida de la salvación en Jesucristo. El es también modelo de los predicadores y de todos los creyentes, que deben desaparecer ante aquel a quien anuncian para «preparar sus caminos».

PRIMERA LECTURA

«Yo soy la voz que grita en el desierto»; «él tiene que crecer y yo tengo que menguar», decía Juan Bautista. Hubiera podido hacer suyas las palabras puestas en boca del misterioso «siervo de Dios» descrito por Isaías. En cualquier caso, este texto profético ilumina para nosotros la personalidad y la misión del Precursor, ante el cual, al nacer, la gente se preguntaba: «”¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él».

Te hago luz de las naciones.

Lectura del libro de Isaías 49,1-6

Escuchadme, islas;
atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre,
y el Señor me llamó;
en las entrañas maternas,
y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida,
me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo,
de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba:
«En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas,
en realidad mi derecho lo llevaba el Señor,
mi salario lo tenía mi Dios».
Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo,
para que le trajese a Jacob,
para que le reuniese a Israel
-tanto me honró el Señor,
y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo
y restablezcas las tribus de Jacob
y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.

SALMO

El Dios fiel es la fuerza de los testigos de su luz.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 (R : 14 ab)

R
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

La misión de Juan Bautista y el testimonio que dio del Señor son inseparables de la predicación del Evangelio. Su llamada a la conversión sigue siendo actual, tanto más cuanto que Jesús la reiteró en los mismos términos.

Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13,22-26

En aquellos días, dijo Pablo:
- Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias».
Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,76

Aleluya. Aleluya.
Recibamos con alegría el mensaje de Juan:
Dios nos da su gracia,
y su promesa de salvación
se ha cumplido en nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO

En la cultura bíblica, lo mismo que en otras, todavía hoy, la imposición del nombre, reservada al padre, es expresión de su autoridad sobre el hijo. Zacarías renuncia a este derecho. El nombre de este hijo que Dios le ha dado, escogiéndolo desde su nacimiento, será Juan. Como Jesús, Juan paso por una etapa de vida oculta, durante la cual se preparó, bajo la única mirada de Dios, para su misión pública a orillas del Jordán. Es en la soledad donde maduran las vocaciones.

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- ¡No! Se va a llamar Juan.
Le replicaron:
- Ninguno de tus parientes se llama así.
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- ¿Qué va a ser este niño?
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra de Dios.



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23-06-2017 - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)


¿Quién es Dios? Desde siempre se ha planteado esta pregunta el espfritu del hombre. Las respuestas de los «amigos de la sabiduria» los «filosofos» son vanadas a menudo muy profundas pero, a fin de cuentas, bastante decepcionantes. Lo que ocurre es que se quedan en el nivel de la abstracción, ya que, generalmente, se mueven en torno a la idea que el espíritu humano puede hacerse de Dios, o de los dioses. Los que creen en un Dios personal le dan multitud de nombres, proclamando al mismo tiempo que está por encima de todo nombre, que no es nada de lo que de él se pueda decir. Los hombres de todas las religiones, sobre todo los místicos, presienten que la mejor manera de expresar el misterio de Dios consiste en identificarlo con el amor perfecto, infinito.
Así es como la Biblia habla de Dios, de un Dios que el hombre no habría llegado a conocer si él mismo no se hubiera revelado. Esta revelación se ha llevado a cabo de una manera muy concreta; no hay en las Escrituras ningún tratado ni discurso sobre Dios. Más bien dan testimonio del modo como él se ha manifestado y como los hombres han llegado a pnocerlo: a través de sus obras e iniciativas. Todas ellas manifíestan un amor infinito a sus criaturas, y en particular al pueblo que eligió para revelarse. El don de la Ley y los acontecimientos del éxodo marcaron de manera decisiva la historia de la revelación, cuyo recuerdo ha transmitido la Biblia. Los salmistas no cesan de meditar asombrados las innumerables e incesantes manifestaciones de Dios, prorrumpiendo en alabanzas y proclamando: «Es eterna su misericordia!» (Sal 117).
Jesús, el propio Hijo del Padre, imagen del Dios invisible, ha mostrado que no se trataba de una simple forma de decir lo inefable. El tenía un corazón de carne, con el que amó simultáneamente a Dios y a los hombres, a los que había venido a salvar. Les mostró que amándose unos a otros, todos, hasta los más pobres, entraban en comunión con el amor infinito de Dios y participaban de su Espíritu. Los pequeños y los humildes fueron los primeros en comprenderlo. Con Jesús, «manso y humilde de corazón», cantan su acción de gracias: «Te damos gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por todo lo que por tu bondad nos has querido revelar!».

PRIMERA LECTURA

Los mandamientos de Dios son pruebas de amor: sin violentar nuestra libertad, nos muestran el camino de la verdad y de la vida. Guardarlos es nuestra manera de reconocer que nos ama y de manifestarle la adhesión de nuestro corazón. La religión bíblica es fundamentalmente una historia de amor entre Dios, que ama primero, y sus hijos.

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió.

Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy".

Palabra de Dios

SALMO

¡Qué gran ternura del corazón de Dios que perdona y cura, colmo de gracia y de ternura, protege y da la vida!

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8.10 (R : 17ab)

R.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras de amor, las declaraciones más apasionadas, pueden resultar ilusorias. Sólo las obras, los comportamientos cotidianos, muestran la verdad del amor. Pues bien, Dios, desde siempre, ha dado múltiples pruebas de su amor infinito, hasta «enviar al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él». Por eso, creer en Dios, confesar que Jesús es la manifestación suprema de la ternura divina, «permanecer» en comunión con el Padre, participar de su Espíritu, es todo uno. La autenticidad de esta fe se verifica en el amor que, como hijos de un mismo Padre, nos tenemos unos a otros.

Dios nos amó.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Aleluya Mt 11,29ab

Aleluya, Aleluya.
Señor Jesús, amigo de la gente sencilla,
tu yugo es llevadero
y tu carga ligera. Aleluya

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
- dice el Señor -,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Dirigiéndose a su Padre, Jesús lo bendice porque la ha enviado a revelar a la «gente sencilla» lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, Jesús los urge a buscar en él «su descanso». Verdaderamente el Señor, «manso y humilde de corazón», ha enseñado una religión de amor, que nada tiene que ver con el miedo servil y sin alegría, con el frío e implacable legalismo religioso, y con el elitismo, que reservas el acceso a lo divino a «los sabios y entendidos». Conocen a Dios los que saben lo que es el amor: un puro regalo del cielo al que el más indigente puede responder con su propio amor.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Palabra de Dios



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