sábado, 20 de diciembre de 2014

25/12/2014 - Natividad del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Natividad del Señor (B)


TIEMPO DE NAVIDAD Y EPIFANÍA

Desde los tiempos apostólicos, las comunidades cristianas han celebrado, en sus asambleas semanales, la Pascua de Cristo, momento culminante de su itinerario en la tierra, fuente última de la gracia, fundamento de la vida y de la esperanza cristianas. Esta celebración inicial se ha ido desarrollando progresivamente en una serie de fiestas que ponen el acento en diferentes aspectos del único misterio de la salvación.
Sus orígenes son muy diversos: urgencia de la expresión litúrgica de una verdad de la fe; desarrollo del dogma; respuesta a las instancias de la piedad popular; necesidad pastoral. A menudo las fiestas se han celebrado localmente, antes de inscribirse en el calendario de toda la Iglesia. Así es como la Natividad del Señor aparece mencionada por primera vez en Roma, en un calendario del siglo IV que fija su celebración el 25 de diciembre, para cristianizar la fiesta pagana que celebraba este día el «Sol invicto». Efectivamente, partir del solsticio de invierno parece empezar a recuperar lentamente su vigor después de seis meses de progresivo declive.
Pero hay una Luz del mundo infinitamente más resplandeciente que el sol y que nunca pierde su fuerza: Jesús, el Cristo, muerto y resucitado, eternamente vivo, vencedor invencible del pecado y de la muerte, únicas tinieblas que verdaderamente hay que temer. La Natividad del Señor ha sido, pues, desde su origen una fiesta explícitamente pascual.
En Occidente, con la paz constantiniana (313), la fiesta de Navidad sustituyó en todas partes a la celebración pagana del sol. Pronto se difundió también por las Iglesias de Oriente, que por su parte celebraban ya, con el nombre de la Epifanía, la manifestación del Señor en el momento de su bautismo. Otras fiestas, de origen más tardío, acabarán estructurando el tiempo de Navidad y Epifanía tal como hoy lo conocemos.
El conjunto no constituye una sucesión de conmemoraciones de acontecimientos del pasado cuyo aniversario estaría fijado en fechas determinadas. Toda la liturgia es «memorial» de alguna de las innumerables iniciativas de Dios que constituyen la historia de la salvación; «participación» en el misterio de la redención operada en la Pascua de Cristo, cuya gracia se comunica aquí y ahora a través de los «signos» litúrgicos; «anuncio» y «prenda» de la gloria venidera.

NATIVIDAD DEL SEÑOR

Navidad es una fiesta que, a pesar de estar más o menos secularizada, no deja a nadie totalmente indiferente. Es una ocasión en la que el corazón de niño que todos llevamos dentro late con más fuerza. Brotan en nosotros sentimientos de benevolencia hacia los demás, especialmente hacia los pequeños, los débiles, los pobres, los ancianos, los que están solos..., a quienes nos esforzamos por llevar un poco de alegría. Vivimos por unos instantes, o por unos días, en una tregua de nuestros egoísmos habituales. Uno se descubre soñando en un mundo en el que, por la movilización general de los hombres de buena voluntad, reinara por fin la paz.
¿Es un sueño? No; es el designio concreto concebido por Dios desde el principio, y cuya realización persigue infatigablemente a pesar de los rechazos e incomprensiones de los hombres, a quienes, a lo largo de los siglos, ha ido formando pacientemente en la esperanza de un Mesías, un Salvador, que habría de liberar a los hombres y al mundo de toda esclavitud y de toda violencia.
Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió en nuestra carne a su propio Hijo, nacido pobre entre los pobres, de una humilde mujer de Nazaret. Su nacimiento en un establo en los alrededores de BeIén habría pasado totalmente desapercibido si los ángeles no lo hubieran anunciado a unos pastores que guardaban sus rebaños en aquella región. «Os ha nacido un Salvador», dijeron. Y la noche resplandeció de luz, mientras el eco de un canto de alegría resonaba por las colinas: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». En este niño se instaura el «maravilloso intercambio» entre la humanidad y Dios, que «al revestirse de nuestra frágil condición no sólo confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión admirable nos hace a nosotros eternos», hijos suyos.
Para celebrar un misterio tan grande, el Misal propone cuatro misas: la misa vespertina de la vigilia, la misa de medianoche, la misa de la aurora y la misa del día.
Cada una de ellas se caracteriza por un clima litúrgico y espiritual peculiar. Juntas forman en cierto modo una sola celebración en cuatro etapas, que vale la pena recorrer una por una.


Misa vespertina de la vigilia.

No es frecuente que se celebre la misa prevista para la tarde del 24 de diciembre. Los textos que el Misal propone para esta ocasión pueden servir como apoyo para la meditación y la oración personal o en grupo; puede integrarse también, al menos en parte, en la vigilia de Navidad.

PRIMERA LECTURA

El profeta Isaías anuncia una nueva iniciativa divina. ¡Se acabó el tiempo de las infidelidades seguidas de reconciliaciones efímeras! La Alianza será como un matrimonio maravilloso, cuya indisolubilidad estará garantizada por un recíproco amor eterno. El día en que el Hijo del hombre se hizo carne de nuestra carne se pudo constatar que no se trataba simplemente de un modo de hablar de una imagen. En él, verdadero Dios y verdadero hombre, la naturaleza divina se ha desposado con la naturaleza humana.

La alegría que encuentra el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

Lectura del libro de Isaías 62,1-5

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Palabra de Dios.

SALMO

La promesa que antiguamente se había hecho a David se ha cumplido plena, ente en Jesús, lejano descendiente suyo, cuyo reino se ha establecido «eternamente».

Salmo 88, 4-5. 16-17. 27 y 29

R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora».
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

SEGUNDA LECTURA

Jesús, descendiente de David, es el Salvador a quien Juan Bautista ha preparado el camino y del que ha dado testimonio: se trata de un magnífico y Vigoroso resumen de la historia de la salvación, que conviene tener bien presente al celebrar el nacimiento de aquel cuyo nombre significa «Dios salva».

Pablo da testimonio de que Cristo es hijo de David.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13,16-17. 22-25

Al llegar a Antioquía de Pisidia, Pablo se puso en pie en la sinagoga y, haciendo seña de que se callaran, dijo:
- Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto, y con brazo poderoso los sacó de allí.
Y después suscitó a David por rey, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos».
De su descendencia, según lo prometido, sacó Dios un Salvador para Israel: Jesús.
Juan, antes de que él llegara, predicó a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía:
- Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí uno a quien no merezco desatarle las sandalias.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
María va a dar al mundo al Mesías.
Cristo, Dios-con-nosotros, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mañana quedará borrada la maldad de la tierra,
y será nuestro rey
el Salvador del mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Jesucristo tiene sus «orígenes» lejanos en la historia, tan humana, de la promesa hecha a Abrahán, el «padre de los creyentes»: este es el sentido de su «genealogía», género literario del que se nos escapan muchas sutilezas. En cuanto a su «origen» inmediato, es al mismo tiempo divino, porque María ha quedado encinto «por obra del Espíritu Santo», y humano, porque se integra en la descendencia de David, a la que pertenece José.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,1-25

[Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matan a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce, desde David hasta la deportación a Babilonia catorce y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías catorce.]
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
La madre de Jesús estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa «Dios-con-nosotros»).
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, y se llevó a casa a su mujer.
Y sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Jesús.

Palabra de Dios.


Misa de medianoche.

PRIMERA LECTURA

Alegría en medio de las densas tinieblas de un pueblo deportado; nacimiento de un niño con títulos ilustres; promesa de un futuro de paz sin límites y de justicia y derecho para todos. ¡Maravilla realizada por «el celo del Señor de los ejércitos»!

Un hijo se nos ha dado.

Lectura del libro del profeta Isaías 9,1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
«Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz».
Para dilatar el principado
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios.

SALMO

La tierra exulta de la alegría del cielo; ¡que cante y salte de alegría toda la creación!

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13

R.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.

SEGUNDA LECTURA

Revelación de un Dios que muestra su gracia, que ofrece la salvación a todos, que conduce nuestras vidas hacia la felicidad verdadera. La Natividad del Señor reorienta el curso de la historia y el sentido de nuestras vidas. La celebración de esta manifestación divina hace que volvamos la mirada hacia un futuro de felicidad sin límites.

Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-14

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.
Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Señor que eres la gloria del Padre,
paz de los hombres que él ama,
y alegría del mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Os traigo una buena noticia, una gran alegría:
nos ha nacido un Salvador:
el Mesías, el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Juan, el Precursor nace en casa de sus padres, rodeado de sus vecinos. Jesús ve la luz en un establo, estando María y José de viaje por la orden de inscribirse en un censo. Es uno de esos contratiempos que les suceden a los pobres, y de los que habitualmente nadie se entera. Por el «ángel del Señor» algunas personas de poca monta se enteran de que este humilde nacimiento es el de un Salvador. Se sabía que Dios se manifiesta en la debilidad. Pero ¡que su propio Hijo sea un bebé «acostado en un pesebre»...!

Hoy os ha nacido un Salvador.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,1-14

En aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.
Éste fue el primer censo que se hizo siendo Quirinio gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
- No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
- Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

Palabra de Dios.


Misa de la aurora.

PRIMERA LECTURA

En el niño acostado en el pesebre, despojado de todo, incapaz de hablar el pueblo de los creyentes reconoce al Salvador prometido, al Verbo, a la Palabra por la que Dios nos habla en nuestro tiempo.

Mira a tu Salvador que llega.

Lectura del libro del profeta Isaías 62,11-12

El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: "Decid a la hija de Sión: Mira a tu Salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede; los llamarán "Pueblo santo", "Redimidos del Señor" y a ti te llamarán "Buscada", "Ciudad no abandonada".

Palabra de Dios.

SALMO

Luz en la noche, semilla en el seno de la tierra, aurora de esperanza.

Salmo 96,1.8 11.12

R.
Hoy brillará una luz sobre nosotros,
porque nos ha nacido el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R.

SEGUNDA LECTURA

Nacer a una vida nueva en el Espíritu, recibir en esperanza la herencia de los hijos, ¡qué maravilloso regalo de Navidad nos hace Dios!

Según su propia misericordia nos ha salvado.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 3,4-7

Cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de vida eterna.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Jesús, Ternura del Padre,
Hijo de Dios acostado en un pesebre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz
a los hombres que ama el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Alegría desbordante de los pastores, silencio de María; algazara y sentimientos de gratitud de los pobres maravillados, murmullo de «magníficat», cantos al unísono en la liturgia, meditación y contemplación en lo secreto del oratorio interior. Ojalá aprendiéramos a unir a los pies del pesebre, todas estas aproximaciones al misterio.

Los pastores encontraron a María y a José, y al niño.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,15-20

Cuando los ángeles los dejaron y subieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor." Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Palabra de Dios.


Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Se trata de un oráculo en forma de poema, con un lirismo sobrecogedor. Cuando se tiene ante los ojos a un recién nacido acostado en un pesebre, se puede medir la humildad de un Dios cuya fuerza se manifiesta en la debilidad.

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Lectura del libro de Isaías 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae la Buena Nueva,
que pregona la victoria,
que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!
Escucha: tus vigías gritan,
cantan a coro,
porque ven cara a cara al Señor,
que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,
que el Señor consuela a su pueblo,
rescata a Jerusalén;
el Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y verán los confines de la tierra
la victoria de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Victoria de la vida sobre la muerte. Amor más fuerte que el odio. Navidad, primera etapa del itinerario pascual de Cristo.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

R.
El Señor da a conocer su victoria.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

Al contrario de los ídolos mudos, Dios habla. Durante mucho tiempo estuvo recurriendo a intermediarios. «Ahora, en esta etapa final», ha enviado a su propia Palabra, «impronta de su ser», de su designio, de su voluntad.

Dios nos ha hablado por el Hijo.

Lectura de la carta a los Hebreos 1,1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas.
Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?
Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Luz de Dios que brilla en la tiniebla,
Palabra eterna del Padre en el silencio,
gloria a ti, Señor Jesús. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nos ha amanecido un día sagrado;
venid, naciones, adorad al Señor,
porque hoy una gran luz
ha bajado a la tierra. Aleluya.

EVANGELIO

La primera página del evangelio según san Juan tiene el estilo, a la vez sobrio y solemne, de un gran himno litúrgico. Hace pensar en la obertura de una «Sinfonía del nuevo mundo», que enunciara los temas que luego se habrán de desarrollar en múltiples variaciones con sutiles contrapuntos. La realidad, el realismo de la encarnación del Hijo de Dios, constituye el centro de esta vigorosa introducción de todo el cuarto evangelio, La Palabra hecha carne es la revelación del Padre, de su amor Recibirlo, creer en él, es tener vida eterna.

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
[Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.]
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino,
y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
[Juan da testimonio de él y grita diciendo:
- Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia, porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

Palabra de Dios.




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lunes, 15 de diciembre de 2014

21/12/2014 - 4º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Adviento (B)


En este cuarto domingo de Adviento, la Iglesia, las comunidades cristianas y cada uno de los cristianos en particular son invitados a reavivar, en el recogimiento, la contemplación y la acción de gracias, la conciencia de «lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo» (Ef 3.18) del misterio del nacimiento del Señor. Un «misterio» que el Dios eterno había «mantenido en secreto durante siglos eternos», un proyecto que abrigaba en su corazón. Nadie hubiera podido nunca averiguarlo, ni siquiera sospecharlo, a pesar de las promesas reiteradas sin cesar por los profetas, que mantenían viva en los hombres la esperanza de la salvación.
Se recordaba especialmente el oráculo que el profeta había dirigido a David, y cuya tradición forjó una imagen prestigiosa del mesías esperado. Al rey que, movido por su piedad, quería construirle un templo, el Señor le prometió una casa y un reino que «durarán por siempre». De manera inmediata se trataba de la seguridad de largos años de prosperidad y de paz para el pueblo. Pero la solemnidad de este anuncio de una intervención personal de Dios hacía presentir una iniciativa divina de un orden totalmente distinto, que concernía a la salvación. Pero ese seguía siendo el «secreto» de Dios.
Finalmente lo reveló cuando se cumplió el tiempo que sabiamente había fijado. A la luz de la venida del Señor se desvela la plenitud de sentido y el alcance de este oráculo y de todos los demás. Al mismo tiempo estos ayudan a comprender que «para Dios nada hay imposible», que su gracia supera infinitamente todas nuestras esperanzas, y que su omnipotencia se manifiesta en la fidelidad.
No es a un rey a quien Dios elige para realizar su maravilloso designio oculto desde todos los siglos, sino a una humilde joven, una virgen de la desconocida aldea de Nazaret. Y le envía, no un profeta, sino su ángel, para transmitirle el mensaje más extraordinario: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre». Y María se limita a contestar: «Aquí está la esclava del Señor».
El mayor de los misterios se realiza con la mayor sencillez. «A Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos!».

PRIMERA LECTURA

David quería construir una casa de piedra que fuera morada de la presencia del Señor. Pero Dios tenía otro proyecto, muy superior, para la «casa» del rey: le «dará una dinastía» y su trono «permanecerá por siempre». Esta promesa de in hijo de David fuera de lo común, dócil a Dios, que será «para él padre», reaviva y mantiene la esperanza de un mesías salvador. Los ángeles anunciarán la Buena Noticia de su nacimiento a los pastores de Belén.

El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
- «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey:
«Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
«Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?
Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.
Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Palabra de Dios.

SALMO

Al repetir las palabras de la promesa hecha a David, la Iglesia proclama safe en Jesús, Hijo del eterno Padre. 

Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (cf. 2a)

R
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije:
«Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades."» R

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R

SEGUNDA LECTURA

En pocas líneas se hace un esbozo sugestivo del designio de la salvación, «mantenido en secreto durante siglos eternos», «revelado» de manera progresiva por los profetas, y «manifestado ahora» y «dado a conocer por decreto del Dios eterno para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe».

El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16,25-27

Hermanos:
Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,38

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, Hijo del Altísimo,
concebido por obra del Espíritu Santo,
nacido de la Virgen María. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra. Aleluya.

EVANGELIO

El relato de la experiencia inefable vivida por María, la «llena de gracia», expresa la fe de la Iglesia desde los tiempos apostólicos. La redacción está entretejida de reminiscencias bíblicas, mostrando cómo el nacimiento de Jesús da cumplimiento a los escritos de los profetas.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra de Dios  



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lunes, 8 de diciembre de 2014

14/12/2014 - 3º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
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3º domingo de Adviento (B)


Las iniciativas y empresas insólitas de los santos, los fundadores y los reformadores, las predicaciones novedosas, han de someterse a la prueba de un serio discernimiento. La manera como el interesado habla de sí mismo resulta a menudo decisiva.
«Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Yo vengo a preparar el camino de quien puede más que yo, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Estas palabras de una sencillez y una humildad sinceras, esta clara conciencia del carácter subordinado de su misión, hacen de Juan Bautista modelo de precursores, de predicadores y testigos del Señor, de la Iglesia misma, mensajera de la Buena Noticia. Su misión consiste en mostrar al que viene, y abrir caminos para que todos tengan la posibilidad de encontrarse personalmente con él, sin pretender nunca usurpar ni dar la impresión de ocupar su lugar. Y esa es también su grandeza.
Sólo Jesús pudo apropiarse legítimamente del oráculo de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido y me ha envuelto en un manto de triunfo». Sólo él es personalmente, y excluyendo a todos los demás, y a toda institución, la Buena Noticia, el Evangelio (Mc 1,1), el Salvador.
Hoy como ayer, acogiendo a los verdaderos profetas y a los auténticos enviados de aquel sobre quien reposa el Espíritu; dando pruebas de discernimiento, nunca de escepticismo; apartándose de todo lo que lleva las huellas del mal y la mentira, es como uno se prepara para encontrarse con el Señor y acogerlo.
El Adviento es una parábola del tiempo presente, en el que esperamos con alegría y humildad la hora de la gran cita con el que distribuye todos los bienes con infinita generosidad, y a menudo de manera imprevisible. Es el tiempo del gozo espiritual, en el que se camina con la mirada hacia adelante; el tiempo en el que nos despertamos para Dios abriéndole el corazón. Es el tiempo, en fin, de la plegaria y la oración para que venga el reino de Dios.
Te alabamos, Padre santo, porque «compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; y por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación» (Plegaria eucarística IV).

PRIMERA LECTURA

El profeta habla de un enviado de Dios sobre quien reposa el Espíritu del Señor para inaugurar una era de gracia y llevar la Buena Noticia a los pobres. Jesús proclamará en la sinagoga de Nazaret: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,16-21).

Desbordo de gozo con el Señor.

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios.

SALMO

El magníficat recapitula y expresa la fe y la esperanza de todos los pobres para quienes el Señor viene.

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54(R.: Is 61, 10 b)

R
Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí, en pocas palabras, todo un programa para el Adviento: docilidad al Espíritu, confianza en las promesas de Dios, deseos de hacer el bien y oración a la espera del Señor.

Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
que con su presencia llenará de alegría
a los testigos de su venida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar
el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Para el cuarto evangelio, el de Juan, el Precursor es el gran testigo de Cristo. ¿Cuál es su papel? Preparar a los que aguardan al Mesías para que lo descubran presente en medio de ellos. Como «amigo del esposo», desaparece ante su presencia (Jn 3,2 9-30); como «lámpara» que alumbra en la noche, guía y alegra (Jn 5,35) a todos los que buscan a Dios.

En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué ? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta ?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra de Dios.



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