lunes, 23 de marzo de 2015

29/03/2015 - Domingo de Ramos (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Domingo de Ramos (B)


DOMINGO DE RAMOS
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

En Jerusalén, en el siglo IV, el domingo antes de Pascua se celebraba una liturgia que duraba todo el día y que inauguraba lo que se conocía como la «Semana grande». Después de la misa, que se celebraba como de costumbre, el obispo y todo el pueblo se dirigían a la iglesia situada en el monte de los Olivos (la Eleona), donde se proclamaba el evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén. Luego bajaba una procesión hasta la basílica de la Resurrección (Anastasis), donde, aunque ya era tarde, se cantaba el oficio vespertino, llamado «lucernario». A la salida de esta celebración, el archidiácono anunciaba que todos los días de la semana la asamblea se reuniría a primera hora de la tarde, «a las tres», en la iglesia principal, el Martyrium, levantada en el Gólgota.
En Roma, por el contrario, en tiempos del papa san León Magno (440-461), la Semana santa empezaba todavía de manera muy sobria, con una misa dominical durante la cual se leía el evangelio de la pasión según san Mateo. Mas tarde, a instancias de los peregrinos de Jerusalén, esta eucaristía estaría precedida por la procesión de los ramos, que, desde su introducción, tuvo en Occidente el carácter de un cortejo triunfal en honor de Cristo Rey.
Para «hacer como en Jerusalén», esta celebración mantuvo por mucho tiempo cierto el carácter de evocación histórica. Recargada con elementos de diversa procedencia a lo largo de la Edad media, y simplificada con ocasión de la renovación de la Semana santa realizada en 1955, ha adquirido desde la reforma de 1970 una gran sobriedad. Nada distrae del verdadero significado de esta procesión litúrgica. Se ha mantenido la bendición de los ramos, pero puede sustituirse por una oración que habla únicamente de aclamar «a Cristo victorioso» y en la que se pide que «permanezcamos en él dando fruto abundante de buenas obras». Sin embargo, es la lectura del evangelio la que muestra de manera más explícita el sentido y el alcance de la procesión de los ramos.
Se lee alternativamente el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén según san Mateo (ciclo A), san Marcos o san Juan (ciclo B) y san Lucas (ciclo C). Cada uno interpreta el acontecimiento desde un punto de vista particular, pero todos dicen, con palabras casi idénticas, cómo Jesús mismo se encarga de preparar las cosas. Estas precisiones, cuyos detalles evocan los oráculos proféticos, manifiestan discretamente el verdadero sentido de la «entrada gozosa» de Jesús en la ciudad de su Pascua de muerte y resurrección, y hacen pensar en la minuciosa preparación de una liturgia. Se trata evidentemente de un acontecimiento de salvación, de un «misterio», y no de un simple episodio de la vida de Jesús, por memorable que pudiera ser.
Viene luego la misa de la Pasión, así llamada por el evangelio proclamado este domingo. Durante más de quince siglos fue siempre el de san Mateo. En la actualidad se proclaman también el de san Marcos (ciclo B) y el de san Lucas (ciclo C), reservados antes para el lunes y el martes siguientes, y manteniendo la pasión según san Juan su lugar tradicional el Viernes santo.
Tal como se encuentra estructurada actualmente, la liturgia extremadamente sobria del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor constituye un notable pórtico de la Semana santa y, especialmente, del Triduo pascual, que constituye una unidad litúrgica, una única celebración, podría decirse, de la Pascua del Señor, que se desarrolla en tres días.
El acento va pasando sucesivamente de un elemento a otro, pero sin separarlos nunca. Por eso, el Viernes santo, la liturgia de la adoración solemne de la cruz tiene conmovedoras resonancias pascuales.
La celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor da el tono, por así decir. La asamblea cristiana va al encuentro del Señor, al que aclama como Rey del universo. Y lo sigue hasta el Calvario, donde, muerto en la cruz, Dios lo levanta sobre todo, «de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2,8-11).
¡Hosanna en el cielo! 

Procesión de los Ramos.

EVANGELIO

En el evangelio según san Marcos se plantea continuamente, de manera machacona, la cuestión de la identidad de Jesús, reiterada a propósito de casi todas sus palabras y milagros. Mientras que, en conjunto, los jefes del pueblo rechazan su autoridad y su condición de enviado de Dios, la muchedumbre manifiesta su entusiasmo y reconoce su grandeza. Pero Jesús, en lugar de aprovecharse de este favor popular se muestra reticente ante él. Conoce la volubilidad de las masas y, sobre todo, la ambigüedad de su adhesión, que se manifiesta de manera ruidosa en el momento de su entrada triunfal en Jerusalén. Con las aclamaciones al «que viene en nombre del Señor». se mezclan gritos con tufillo a mesianismo temporal: «Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David». Como en muchas Otras ocasiones anteriores, el evangelista recoge estas reacciones contrastantes para que cada lector se pronuncie personalmente: «Para ti que vas a celebrarla pascua del Señor, ¿ quién es ese Jesús al que aclamas?».

Bendito el que viene en nombre del Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 11,1-10

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
- «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle:
- "El Señor lo necesita y lo devolverá pronto."»
Fueron y encontraron el borrico en la calle, atado a una puerta, y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
- «¿Por qué tenéis que desatar el borrico?»
Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el borrico, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban:
- «Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Hosanna en el cielo!»

Palabra de Dios.

O bien.

EVANGELIO

. -
San Juan lo dice explícitamente: es la glorificación pascual de Jesús la que permite comprender su entrada triunfal en Jerusalén. Cuando lo aclaman cantando:
- «! Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor el que es rey de Israel!», los cristianos se acuerdan de que Jesús dice también a Pilato: «Mi reino no es de este mundo»; de que ha venido a servir y no a imponer su poder, a «ser testigo de la verdad» e invitar a «todo el que es de la verdad» a escucharlo y seguirlo libremente. Se canta «! Hosanna!» con la mirada puesta en la cruz, en el crucificado a quien el Padre ha glorificado. La procesión de los ramos es verdaderamente el cortejo triunfal del Resucitado, que nos conduce por el camino de su entrada gloriosa a la Jerusalén del cielo.

Bendito el que viene en nombre del Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12,12-16

En aquel tiempo, la multitud que había acudido a la fiesta, al oír que Jesús llegaba a Jerusalén, salió a recibirlo con ramos de palma, gritando:
- «Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el que es rey de Israel!».
Pero Jesús encontró un borriquillo y se montó en él, como estaba escrito:
- «No temas, ciudad de Sión, mira a tu rey que llega montado en un borrico».
Sus discípulos no comprendieron esto a la primera, pero, cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían hecho con él lo que estaba escrito.

Palabra de Dios.


Misa de la Pasión.

PRIMERA LECTURA

El misterioso «siervo de Dios» visto por Isaías (Is 42,1-8; 49,1-6; 50,4-9; 52,13- 53,12) se detiene unos momentos a considerar su misión y el modo como la ha llevado a cabo. A pesar de las persecuciones, ha permanecido fiel a la palabra de Dios escuchada día tras día. Porque, en medio de todo, ha mantenido una confianza total en el Padre, nada ha deteriorado la firmeza de su alma y su profunda serenidad. Por eso la tradición Cristiana de todos los tiempos (Hch 8,26-34) ha Visto en él una figura de Cristo.

No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

SALMO

En lo más profundo de su sufrimiento, el Justo sigue teniendo fuerzas para levantar los ojos a Dios, su esperanza. En la misma noche angustiosa de la fe percibe ya la respuesta a su oración, y la acción de gracias empieza a elevarse en su corazón.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R: 2a)

R
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al yerme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere». R

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R

SEGUNDA LECTURA

De rebajamiento en rebajamiento hasta la muerte ignominiosa en la cruz: ese es el itinerario pascual de Cristo, a quien Dios concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre». A través de una obediencia semejante, opuesta a la desobediencia de Adán, tendremos parte en la gloria de Jesucristo, el Señor.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Versículo antes del evangelio Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros,
se sometió incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió
el «Nombre-sobre-todo-nombre».

EVANGELIO

«, Quién es Jesús, este hombre que enseña con una autoridad sin igual, que tiene poder para hacer milagros tan portentosos y manda hasta a los espíritus malos, a los que impone silencio con una palabra?». Esta cuestión recorre todo el evangelio según san Marcos. Ahora bien, como muestra en reiteradas ocasiones el evangelista, el mismo Jesús prohíbe formalmente responder a ella de manera apresurada. No quiere que la gente, llevada por un entusiasmo sin discernimiento, se forme una idea falsa de su persona y de su misión. El evangelio según san Marcos evoca así el itinerario pedagógico de una iniciación bautismal que no quiere quemar etapas antes de tiempo. Sólo alfinal del recorrido se le pide al catecúmeno una respuesta personal y meditada: «Ahora, dinos quién es Jesucristo para ti». Pues ese momento de compromiso decisivo es el de la Pasión del Señor.
Entonces el velo se rasga. Todo lo que pudiera resultar ilusorio desaparece. El que ha seguido a Jesús hasta allí se encuentra ante el crucificado, abandonado por todos los que hasta ayer mismo lo rodeaban y aclamaban, y hasta por sus discípulos, con excepción de algunas mujeres «que miraban desde lejos»; aparentemente, abandonado incluso por Dios. Pero «el centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: “Realmente este hombre era el Hijo de Dios!”». Es ahí y en ese preciso momento cuando, paradójicamente, se revela la verdadera identidad de Jesús y se verifica la autenticidad de la fe cristiana.
El evangelio de la Pasión según san Marcos nos deja ante la tumba de Jesús con María Magdalena y María la madre de José. Para el cristiano, como para Jesús, la aurora de la resurrección se encuentra más allá del silencio y de la noche de la pasión: hay que esperar con fe y confianza, a que amanezca el día.

Para la lectura dialogada: + Jesús; C Cronista; D Discípulos y amigos; M = Muchedumbre; O Otros personajes.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

+ Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14, 1-15, 47

Conspiración para arrestar y matar a Jesús.

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
O. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».

Una mujer derrama perfume sobre Jesús.

C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:
O. «LA qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres».
C. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:
+ «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho esta».

La traición de Judas Iscariote.

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

La Cena del Señor.

C. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
D. «Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
C. El envió a dos discípulos, diciéndoles:
+ «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena». C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
C. Al atardecer fue él con los Doce. Estando a la mesa comiendo, dijo Jesús:
+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
D. «,Seré yo?».
C. Respondió:
+ «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; ¡más le valdría no haber nacido!».
C. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
+ «Tomad, esto es mi cuerpo».
C. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
+ «Esta es mi sangre. sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Jesús anuncia la negación de Pedro.

C. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+ «Todos vais a caer, como está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas”. Pero, cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
D. «Aunque todos caigan, yo no».
C. Jesús le contestó:
+ «Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres».
C. Pero él insistía:
D. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y los demás decían lo mismo.

Jesús ora en Getsemaní.

C. Fueron a un huerto, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos:
+ «Sentaos aquí mientras voy a orar».
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia. y les dijo:
+ «Me muero de tristeza; quedaos aquí velando».
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+ «Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».
C. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+ «Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Jesús es arrestado.

C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
D. «Al que yo bese, ese es; prendedlo y conducidlo bien sujeto».
C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
D. «Maestro!».
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+ «Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».
C. Y todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto sólo en una sábana, y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

Jesús ante la Junta Suprema.

C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose en pie, daban testimonio contra él, diciendo:
O. «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres”».
C. Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
O. «No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?».
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
O. «Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?».
C. Jesús contestó:
+ «Sí, lo soy. Y veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo».
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
O. «j,Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decís?».
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
M. «Haz de profeta».
C. Y los criados le daban bofetadas.

Pedro niega conocer a Jesús.

C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
D. «También tú andabas con Jesús, el Nazareno».
C. El lo negó, diciendo:
D. «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir».
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
O. «Este es uno de ellos».
C. Y él volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:
O. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo»,
C Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
D. «No conozco a ese hombre que decís».
C. Y enseguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

(Comienza la lectura breve)

Jesús ante Pilato.

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
O. «,Eres tú el rey de los judíos?».
C. El respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
O. «,No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Jesús es sentenciado a muerte.

C. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
O. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
O. «Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
M. «¡Crucifícalo!».
C Pilato les dijo:
O. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
M. «i Crucifícalo!».
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
M. «Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

Crucifixión de Jesús.

C. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
M.«Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
O. «A otros ha salvado, y a sí mismo rio se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.

Muerte de Jesús.

C. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktani».
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
M. «Mira, está llamando a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
O. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: O. «Realmente este hombre era Hijo de Dios».

(Fin de la lectura breve).

C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

Jesús es sepultado.

C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban dónde lo ponían.

Jaunak esana.



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lunes, 16 de marzo de 2015

22/03/2015 - 5º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º Domingo de Cuaresma (B)


Una nueva Alianza no cuestionada continuamente por las fluctuaciones de la voluntad humana y las repetidas infidelidades de un pueblo inconstante; la ley escrita en los corazones y el reconocimiento del Señor concedido de una vez para siempre; el perdón definitivo del pecado: ni Jeremías, que fue el primero en recibir esta revelación, ni ningún otro profeta después de él podían imaginar cómo llegaría a realizarse una promesa así. Nosotros sabemos hoy que ha sido gracias a Jesucristo, el Hijo de Dios.
En su persona, Dios y el hombre se han unido indisolublemente, de manera total y para siempre. Como él dijo: «Yo y el Padre somos uno». Y en virtud de esta intimidad, Jesús, la Palabra hecha carne, tenía un conocimiento perfecto de Dios. Venido a este mundo para hacer la voluntad del que lo había enviado, se adhirió durante toda su vida al querer de su Padre: plenamente y con decisión, con palabras y obras, hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Todo esto lo ha hecho por nosotros. Él, el Hijo único que está en el seno del Padre, nos da a conocer a Dios, a quien nadie a visto jamás. Todos nosotros tenemos parte en su plenitud y hemos recibido gracia tras gracia (cf Jn 1,16-18). El es el jefe, «la cabeza» del pueblo de la Alianza nueva y eterna, sellada con su sangre derramada por todos nosotros, para el perdón de los pecados. Como grano de trigo caído en tierra, se ha convertido en árbol de vida cargado de frutos para nuestro alimento. La cruz en la que ha sido elevado se yergue ante nosotros, y no deja de oírse el eco de la voz venida del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».
Cuando Jesús dice: «Ahora va a ser juzgado el mundo», está diciendo dos cosas. Satanás, jefe de los que hacen el mal y se oponen a Dios, va a ser definitivamente «echado fuera». Por lo demás, la «hora» de Jesús, la hora de su muerte y glorificación, marca una línea divisoria. Todos han de ponerse de un lado o de otro: del lado de los que lo reconocen o del de los que se resisten a dejarse atraer por él, que, desde la cruz en la que ha sido elevado, mantiene siempre abiertos sus brazos.
El camino por el que nos conduce es ciertamente un camino de obediencia costosa. Pero con él desemboca, en la mañana radiante de la Pascua eterna.

PRIMERA LECTURA

Una Alianza nueva». Esta expresión, familiar para los cristianos, no aparece más que una sola vez en lo que llamamos el Antiguo Testamento: en el oráculo del profeta Jeremías que hoy se proclama. Se trata de una novedad absolutamente radical, y no ya de un restablecimiento de los vínculos rotos por el pecado; se trata del anuncio de una nueva etapa totalmente decisiva que inaugurará «los últimos tiempos». No se puede dejar de pensar aquí en la venida del Espíritu Santo.

Haré una alianza nueva, y no recordaré sus pecados.

Lectura del profeta Jeremías 31,31-34

Mirad que llegan días -oráculo del Señor-
en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá
una alianza nueva.
No como la que hice con vuestros padres,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto:
ellos, aunque yo era su Señor,
quebrantaron mi alianza -oráculo del Señor-.
Sino que así será la alianza que haré con ellos,
después de aquellos días -oráculo del Señor-:
Meteré mi ley en su pecho,
la escribiré en sus corazones;
yo seré su Dios
y ellos serán mi pueblo.
Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo,
el otro a su hermano, diciendo:
reconoce al Señor.
Porque todos me conocerán,
desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-,
cuando perdone sus crímenes
y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios.

SALMO

Las palabras se suceden atropelladamente evocando lo que esperamos de Dios: que borre la culpa, lave el delito y limpie el pecado; que sostenga y afiance; que nos renueve con su Espíritu y nos devuelva la alegría de la salvación.

Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15

R
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R

SEGUNDA LECTURA

Jesús «se ha entregado voluntariamente a su pasión». Pero no como un héroe impasible, sino como el Hijo que ha tenido que aprender a decirle a su Padre: «/Hágase tu voluntad!».

Aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido en autor de salvación eterna.

Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado.
Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 12,26

Hijo de Dios,
grano de trigo caído en tierra,
tu muerte nos salva de la muerte.

El que quiera servirme,
que me siga —dice el Señor—,
y donde esté yo,
allí también estará mi servidor.

EVANGELIO

La «hora» de Jesús indica en el cuarto evangelio la Pascua del Señor, cumbre y clave de interpretación de toda su misión salvífica. Para esta hora ha venido: una hora temida, hora de agonía y, sin embargo, profundamente deseada por ser la hora del sacrificio perfecto de su obediencia al Padre, la hora de su glorificación, la hora en la que los mismos paganos reconocerán en él al Hijo de Dios. Mirar con fe al que ha sido traspasado es el camino de la salvación.

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:
- Señor, quisiéramos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó:
- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.
Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.
Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo:
- Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
- Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra de Dios.


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lunes, 9 de marzo de 2015

15/03/2015 - 4º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º Domingo de Cuaresma (B)


Según una opinión ampliamente difundida, la Cuaresma, tiempo de penitencia, es un periodo triste, taciturno y hasta deprimente, que los cristianos, replegados en sí mismos, en su pecado y su miseria, están llamados a vivir con un intenso sentimiento de culpabilidad. En realidad se trata de un tiempo de penitencia voluntaria y de conversión que desahogan el corazón, liberan lo mejor que hay dentro de cada uno y reorientan hacia Dios y hacía los demás. Esto es lo que recuerdan los textos de la Escritura proclamados este domingo.
Dios mantiene con los suyos relaciones de amor. Su ley les marca el camino de la libertad y de la vida. Si, a pesar de las reiteradas advertencias, se apartan de ella, vuelven a caer en la esclavitud de la que habían sido liberados. ¿Se trata de un castigo severo pero justo por el pecado? Sin duda. Pero si Dios decide poner en marcha este proceso, no es en modo alguno por espíritu de venganza, sino porque espera que esta dolorosa experiencia mueva a los pecadores al arrepentimiento y a la conversión. A menudo, incluso, la situación de indigencia se convierte en ocasión para un retorno vivificante a las fuentes puras de la Escritura, para el descubrimiento de una oración y una liturgia purificadas.
El largo destierro de Babilonia, adonde fue deportado en el siglo VI antes de Cristo el pueblo de Israel, es ejemplar desde este punto de vista. El «castigo» merecido por las repetidas infidelidades de los responsables y los jefes del pueblo fue ocasión para una vuelta radical a los orígenes. Se vuelven a leer las Escrituras antiguas, se desarrolla una intensa actividad espiritual y teológica. Es en estos años cuando nace el culto de las sinagogas. Por eso el autor del libro de las Crónicas no duda en hablar de un periodo en el que el país «descansará» hasta ser capaz de producir los frutos que Dios espera. En este sentido, Nabucodonosor y Ciro actúan como instrumentos de Dios, uno para infligir el castigo, otro para devolver a los deportados a su tierra.
En el destierro en que vivimos, y en el que estamos llamados a convertirnos, ahí está el Salvador, el Hijo de Dios, levantado en la cruz y resucitado, manifestación de la riqueza infinita de la gracia y la misericordia divinas. Caminemos a su luz dándole gracias.

PRIMERA LECTURA

El incendio del templo por las tropas de Nabucodonosor, la destrucción de Jerusalén y la deportación subsiguiente (587a. C. )fueron para el pueblo elegido una humillación y una desgracia terribles. El autor anónimo del libro de las Crónicas medita sobre las causas y el sentido de estos trágicos acontecimientos. Dios puso fin a los mismos inspirando a Ciro la liberación de los deportados. La lectura de hoy se detiene aquí. Pero se sabe por otros textos que el destierro dio frutos inesperados: intensa actividad espiritual, teológica y literaria; asambleas en las que la escucha de la Palabra, el ofrecimiento de los corazones quebrantados y el cumplimiento de la ley sustituían a los sacrificios del templo; relectura y profundización de las tradiciones antiguas, de los textos fundacionales, de los profetas anteriores. Así avanza la historia de la salvación, en la que todo es gracia.

La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.

Lectura del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.
Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta jeremías:
«Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:
«Así habla Ciro, rey de Persia:  "El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra.
Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá.
Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!"»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios nos libre de olvidarnos de su presencia cuando nos alejamos de él.

Salmo 136, 1-2. 3. 4. 5. 6 (J.: 6a)

R
Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre mis alegrías. R

SEGUNDA LECTURA

A través de dichas y desdichas, la historia de la salvación va manifestando que Dios es rico en misericordia. El colmo de su amor ha consistido en enviar a su Hijo para salvar a los que estábamos muertos por los pecados. Ojalá sepamos reconocer al menos la gratuidad del don recibido y nos dediquemos, con confianza renovada, a las buenas obras que él nos asigné.

Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios.

VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

Dios mandó a su Hijo
para que el mundo se salve por él.
El que cree en la luz no será juzgado.

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO

Todos los que en Otro tiempo, durante el éxodo, se volvían hacia la serpiente de bronce erigida por Moisés quedaban curados del veneno mortal de las serpientes. Cristo elevado en la cruz es la salvación para todos los que levantan la mirada hacia él en la fe.

Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Palabra de Dios.



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lunes, 2 de marzo de 2015

08/03/2015 - 3º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º Domingo de Cuaresma (B)


La entrega de la ley en el Sinaí inaugura una etapa capital de la historia bíblica. De hombres, mujeres y niños salidos del país de su esclavitud, Dios hace un pueblo dotado de una constitución que asegura su libertad y lo protege contra cualquier forma de arbitrariedad, opresión y explotación. A los que están privados de todos los derechos, los transforma en un «pueblo de derecho», con el que el Señor, el único Dios, sella una alianza que se compromete solemnemente a no romper jamás. Suceda lo que suceda, velará personalmente para que todos respeten esa constitución de la que él es garante y guardián supremo. Nada que ver, pues, con los decretos de un déspota desconfiado, impuestos bajo la amenaza de severos castigos. Los que se aparten de Dios y de su ley no podrán responsabilizar a nadie más que a ellos mismos de las consecuencias de sus actos: la anarquía en la que nada está seguro, o el servilismo al que conduce fatalmente la pérdida de referencias que permiten encontrar el propio lugar respetando a los demás y el bien común.
Durante el éxodo, Dios estaba en medio de los suyos. La tienda del encuentro era signo y, en cierto modo, lugar de su presencia. Más tarde, el templo de piedra reemplazó a este santuario, montado y desmontado en cada etapa del desierto. Y se desarrolló toda una espiritualidad impulsada por los profetas. que predicaban el respeto a la casa de Dios y la pureza y sinceridad del culto que en ella se celebraba. Por otro lado, la destrucción y la reconstrucción del templo estuvieron siempre vinculadas a la dispersión y reagrupación del pueblo. El exilio mostró que Dios seguía estando en medio de los suyos incluso en tierra extranjera, aunque no hubiera santuario. Esta experiencia dio lugar a un nuevo desarrollo y enriquecimiento de la espiritualidad y de la «teología» del templo. Surge la esperanza de un templo perfecto, inaugurado por el Mesías. El gesto vigoroso e insólito de Jesús expulsando a los mercaderes del templo se sitúa en este contexto. Es también, y sobre todo, un signo. La Pascua de los judíos y la Pascua de Jesús encierra el mismo misterio: la destrucción de un santuario y la edificación de otro, no hecho por manos humanas: Jesús, el Hijo de Dios, muerto y resucitado al tercer día. Necedad para unos, escándalo para otros, es la manifestación suprema de la sabiduría de Dios, el cumplimiento de sus promesas, el fundamento inquebrantable de toda esperanza.

PRIMERA LECTURA

El decálogo —vocablo griego que significa «las diez palabras»— aparece en la Biblia en dos formas ligeramente diferentes (Ex 20,1-17; Dt 5,5-2 1). La que hoy se lee es la primera de estas do versiones. Aunque se suele hablar de «mandamientos», se trata más bien de los artículos de un pacto. Su fundamento es el reconocimiento del Señor como el único Dios. Viene luego el compromiso a guardar el sábado, presentado aquí como una manera de hacer partícipes a los hombres y a los animales del descanso de Dios después de la creación; y a continuación, una serie de normas de conducta para respetar al prójimo y sus bienes. No es extraño que esta especie de ley fundamental del pueblo de Dios no haya sido abolida por Jesús: lo que hace la nueva Alianza es llevar a su plenitud el primer pacto.

La Ley se dio por medio de Moisés.

Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen.
Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Fíjate en el sábado para santificarlo.
Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades.
Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos.
Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.  No cometerás adulterio.  No robarás.  No darás testimonio falso contra tu prójimo.  No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variaciones sobre el tema de la ley del Señor como fuente de vida y felicidad, de sabiduría y rectitud de juicio, de justicia y de pureza, más preciosa y deleitable que todas las cosas.

Salmo 18, 8. 9. 10. 11 (l.: Jn 6, 68)

R
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R

SEGUNDA LECTURA

La cruz, testimonio de la locura del amor de Dios por todos los hombres sin distinción, es una vigorosa contestación de las ideas recibidas acerca del poder y la sabiduría.

Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25

Hermanos:
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

Aclamad a Cristo, el Señor
fuerza y manifestación del Padre,
Templo vivo de la presencia de Dios.

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO

Los profetas manifestaron siempre un gran celo por la santidad del templo y la pureza del culto. Por insólita que fuera, la violencia con la que Jesús se enfrenta a los que no respetan la santidad del santuario no tiene nada de extraño en sí misma. Pero después de la Pascua los discípulos comprenden el significado pleno y el alcance exacto de este gesto: se trataba de un anuncio del nuevo Templo inaugurado con su resurrección.

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»  pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra de Dios.



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lunes, 23 de febrero de 2015

01/03/2015 - 2º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º Domingo de Cuaresma (B)


La vida cristiana es un largo camino de fe, recorrido habitualmente con paso lento, más o menos regular, a veces titubeante. Para vencer la duda que puede insinuarse o introducirse y el cansancio que se hace sentir, para seguir avanzando a pesar de todo, a lo largo de este itinerario necesitamos a menudo que los demás nos animen y empujen. Es igualmente necesario pararse regularmente para recordar la meta, para reactivar las motivaciones profundas.
Jesús conduce a los apóstoles teniendo en cuenta estos ritmos en la marcha hacia la plenitud de la fe a la que los llama. A veces parece dudar si revelarles claramente su misterio, su Pascua de muerte y resurrección, a la que quiere asociarlos. Y cuando lo hace, con frecuencia, según san Marcos, les aconseja que no hagan partícipes a los demás prematuramente de estas revelaciones. No obstante, se impone anunciar el Evangelio sin miedo y sin edulcorar sus exigencias. Nada ni nadie puede darnos miedo, porque Dios está con nosotros: nos ha elegido para justificamos por su Hijo, muerto, resucitado y sentado a su derecha, donde intercede por nosotros.
Sin embargo, esta revelación no deja de ser la piedra de tropiezo de la fe. Con gusto cerraríamos los ojos ante el lado oscuro del misterio pascual; pero entonces lo vaciaríamos de todo su sentido y contenido. El resplandor de la transfiguración tiene que ser en este mundo necesariamente efímero. El momento de instalarse en la «montaña alta» no ha llegado todavía, ni para los cristianos ni para la Iglesia. Estamos en el tiempo de la fe y de la esperanza sin aura. Pero, pase lo que pase, aunque todo parezca cuestionarse, nos que- da al menos una certeza, sobre la que podemos apoyarnos firmemente: Dios es fiel; nunca falta a sus promesas. ¡Pensemos en Abrahán, nuestro padre en la fe, cargando sobre los hombros de su hijo Isaac la leña para el sacrificio!
Esto es, entre otras cosas, lo que recuerda la Cuaresma, que es una especie de itinerario-modelo de la existencia cristiana. Pero que no se limita a proclamar lo que saben los cristianos y a exhortar a vivir según la fe profesada. Propone además recorrer un itinerario simbólico, «sacramental», es decir, realizado a través de «signos» eficaces de la salvación de la que son portadores.

PRIMERA LECTURA

Tenemos aquí una especie de prueba por el absurdo que pone de manifiesto la obediencia sin reservas de Abrahán y su confianza total en Dios. A los ojos de los hombres la fe, especialmente sise lleva a tal grado de heroísmo, no parece más que una locura. Y sin embargo es la sabiduría suprema, porque se funda en la verdad, en la solidez y en la fidelidad de Dios, en su conocimiento de las personas y de las cosas, en su dominio absoluto del pasado, del presente y del futuro. Dios no quiere la muerte de nadie, los sacrificios humanos le repugnan y los prohíbe formalmente. No ha aceptado nunca más que una sola oblación: la de su Hijo, que ha entregado libremente su vida por la salvación de todos los hombres, y que por ellos ha resucitado también de entre los muertos.

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Lectura del libro del Génesis 22,1-2. 9-13.15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:  - «¡Abrahán!»
Él respondió:
- «Aquí me tienes.»
Dios le dijo:
- «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
 «¡Abrahán! Abrahán!»
Él contestó:- «Aquí me tienes.»
El ángel le ordenó:
- «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo tu único hijo.»
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -- «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios, Padre y Señor de los vivos, no quiere la muerte de nadie: es una certeza que funda la esperanza en medio de la prueba y la orienta ya hacia la acción de gracias.

Salmo 115. 10 y 15. 16-17. 18-19 (R.: Sal 114, 9)

R
Caminaré en presencia del Señor
en el país, de la vida.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. R

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R

SEGUNDA LECTURA

Dios, que no quiso que Abrahán le sacrificara a su hijo único como testimonio de su fe, entregó en cambio a su propio Hijo, cuya muerte y resurrección podían justificarnos.

Dios no perdonó a su propio Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-34

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf Mt 17,5

Entregado por todos los hombres,
elevado a la derecha del Padre,
Cristo está con nosotros.

En el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO

Sufrimiento, muerte, resurrección, entrada en la gloria: íntimamente ligadas una con Otra, estas cuatro etapas del único misterio pascual de Cristo han de mantenerse siempre juntas, como hace siempre la liturgia. Cuando nos acercamos a la celebración de la Pascua, pone ante nuestros ojos el icono de la transfiguración del Señor que nos plantea algunos interrogantes: ¿sabéis lo que significa resucitar de entre los muertos?, ¿creéis que Jesús, desfigurado en el momento de su pasión, ha sido elevado ahora a la gloria de Dios?, ¿estáis dispuestos a escucharlo, aceptando día tras día el testimonio de Moisés, de Elías, de todos los profetas, de los apóstoles? Y finalmente, ¿es esto lo que confesáis cuando participáis en la eucaristía?

Éste es mi Hijo amado.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:  - «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
- «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra de Dios.



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