lunes, 14 de abril de 2014

20/4/2014 - Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (A)

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20 de abril de 2014

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (A)


Después de la larga y densa liturgia de la Noche pascual, la eucaristía del día de Pascua se desarrolla en un clima de paz, serenidad y alegría interior. Es momento de meditar la Buena Noticia que ha resonado intensamente durante la noche. Es momento también de releer, a la luz del acontecimiento pascual, el conjunto de la obra llevada a cabo por Jesús de Nazaret, que, «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo», ofrece el perdón de los pecados a los que creen en él. «El testimonio de los profetas es unánime».
Ya que por el bautismo habéis pasado de la muerte a la vida, «buscad los bienes de allá arriba», dice san Pablo, «donde está Cristo sentado a la derecha de Dios». Cuando aparezca, «apareceréis, juntamente con él, en gloria» (Col 3,1-4). Por eso, «celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad» (1Co 55,8).
Por su parte, san Juan narra cómo «el primer día de la semana» María Magdalena, «Simón Pedro y el otro discípulo, a quilen tanto quería Jesús» descubren vacío el sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús. María Magdalena piensa que se han llevado el cuerpo del Señor. Simón Pedro se queda perplejo al constatar que, aunque el cuerpo no está en el sepulcro, las vendas y el sudario se han quedado allí, cuidadosamente doblados. «El otro discípulo» creyó inmediatamente.
A través de un relato lleno de contenido, san Juan propone una reflexión sobre la fe. Esta no se impone como una evidencia: nace a partir de «signos» que es necesario descifrar. Algunos captan enseguida su significación. La mayoría, en cambio, requiere más tiempo para hacer esta lectura. Para otros no se trata de «signos», sino de enigmas. En cualquier caso, la fe no es una cumbre en la que uno se instala tranquila y definitivamente al término de un itinerario más o menos rápido y laborioso. Es respuesta de toda una vida, certeza que puede pasar por periodos de vacilación y duda. Es necesario renovarla, vivificarla, profundizar en ella sin cesar, por medio de una relectura ininterrumpida y atenta de las Escrituras, con la ayuda de los otros creyentes.
Que las demoras y vacilaciones de nuestra fe no nos impidan proclamar con fuerza y humildad: «Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!».

PRIMERA LECTURA

Las obras de Jesús son hechos comprobados. Pero para ver en ellas signos reveladores de su verdadera identidad, es necesaria una luz de lo alto transmitida por la Escritura, la predicción de un apóstol, el testimonio de un creyente. No es nadie de carne y hueso quien las revela, sino el Padre que está en el cielo (cf Mt 16,17). Es entonces cuando los hechos se convierten en artículos del credo. La resurrección de Cristo, cumbre del misterio de la fe, inaugura el tiempo de la salvación ofrecido a todos los hombres. Todo el que cree en Cristo recibe ya ahora el perdón de los pecados; pronto, el Señor, vencedor de la muerte, se manifestará como «juez de vivos y muertos». Este es, en toda su amplitud, el objeto de la fe apostólica y de la celebración pascual.

Hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
- «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23(R.: 24)

R
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo Ya hecho,
ha sido un milagro patente. R

SEGUNDA LECTURA

Muertos y resucitados con Cristo: esta es la condición de los creyentes tras el bautismo. Este cambio radical, aunque invisible, debe dar una orientación y una dinámica nuevas a su vida en todos los campos, no sólo es el normal.

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Palabra de Dios.

O bien

El bautismo hace del creyente un «ser pascual», y la eucaristía lo transforma en «pan de la Pascua». «Conviértete en lo que recibes: el cuerpo de Cristo», decía san Agustín al dar la comunión.

Quitad la levadura vieja  para ser una masa nueva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6b-8

Hermanos:
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles
parte en tu victoria santa.

ALELUYA 1 Co 5, 7b-8a

Aleluya, aleluya.
Ha sido inmolada
nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues,
celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Aquí tenemos un testimonio concreto del descubrimiento del sepulcro vacío: la colocación de las vendas y el sudario indica que no se han llevado furtivamente el cuerpo de Jesús. La reacción de Pedro y del «otro discípulo», alertados por María Magdalena, es muy significativa. Ambos acuden precipitadamente. Como era natural, el más joven llega antes, pero no quiere entrar en el sepulcro antes que Pedro, que es quien tiene la preeminencia en el grupo de los apóstoles. No obstante, esta condición no le confiere una perspicacia especia para comprender los signos. El otro «vio y creyó» inmediatamente. ¿Se trata de una perspicacia superior del corazón? Sin duda, pero más aún de una mejor y más rápida inteligencia de las Escrituras. Porque es siempre a la luz de estas como se revela el sentido de los signos, rotundos o sutiles, y como la mirada puede abrirse a las cosas de la fe.

Él había de resucitar de entre los muertos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
-«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra de Dios.

O bien

Los peregrinos de Emaús: una página del evangelio llena de encanto, frescura y finura psicológica, muy típica de San Lucas, cuyo arte como narrador sirve admirablemente a su intención pedagógica. Recuerda el camino que los primeros discípulos tuvieron que recorrer antes de llegar a profesar con certeza: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Pero este evangelio fue escrito para cristianos que, no habiendo vivido personalmente el acontecimiento de la Pascua, se encontraban ya en la misma situación que nos encontramos nosotros hoy. Para comprender lo que ocurrió a Jesús de Nazaret, tenemos que remitirnos a las Escrituras. Estas revelan el sentido de los signos, como es el de la tumba vacía. La credibilidad del testimonio y la enseñanza de los apóstoles, la veracidad de la predicación cristiana de todos los tiempos, derivan de su coherencia con lo que dice la Biblia. La «fracción del pan» es la prenda de la presencia del Resucitado entre los suyos. Pero la liturgia no puede prolongarse. Hay que volver a ponerse en camino. Este es el itinerario de la fe pascual, con sus diversas etapas litúrgicas, que remiten a la vida, la cual, a su vez, conduce de nuevo a la celebración del misterio.

Quédate con nosotros, Señor, porque atardece.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
-«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
El les preguntó:
-«¿Qué?»
Ellos le contestaron:
-«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo:
¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? »
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
-«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
-«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
-«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra de Dios.



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domingo, 13 de abril de 2014

19/04/2014 - Sábado Santo – Vigilia Pascual (A)

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19 de abril de 2014

Sábado Santo – Vigilia Pascual (A)


SABADO SANTO

El Sábado santo es un día totalmente particular dentro del año litúrgico. Las iglesias y los altares se despojan de sus ornamentos habituales, el sagrario se queda vacío. No tiene lugar ninguna celebración a excepción de la liturgia de las horas. La comunión sólo puede administrarse como viático. Es una jornada de meditación, de desierto, de silencio.
Después de la muerte y sepultura del Señor, las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea volvieron a sus casas. En las horas que precedieron al sábado, habían preparado aromas y perfumes con la intención de ir a embalsamar su cuerpo una vez finalizado el reposo sabático, que cumplen rigurosamente (Lc 23,55-56). Los apóstoles y un pequeño grupo de discípulos, por su parte, se han encerrado en una casa «por miedo a los judíos» (Jn 20,19). Los evangelistas no dicen nada de sus pensamientos y sentimientos, pero todo parece indicar que, sobre unas y sobre otros, se había abatido un silencio de muerte.
El silencio que hoy, Sábado santo, envuelve a la comunidad de los cristianos es diferente. La liturgia del Viernes es ya celebración pascual; se hace patente en la adoración de la cruz. Antes de abandonar la Iglesia, los fieles se han dado cita para participar, al día siguiente por la noche, en otra celebración: la de la resurrección de Cristo, que se proclamará, con alegría desbordante, en la Vigilia pascual.
En el silencio del Sábado Santo, la Iglesia medita en el misterio de la Pasión de Cristo, muerto por la salvación de todos los hombres, murmurando ya en lo íntimo del corazón el canto del Aleluya que pronto resonará.

El mundo sigue estando en Sábado santo y sueña entre su muerte y su resurrección, pero los que están encerrados en el fondo y no pueden dormir oyen cómo más abajo se abren ante Cristo las puertas del abismo.
(J.-P. LEMAIRE, L’exode et la nuée, Gallimard, París 1982, 61)

VIGILIA PASCUAL

En la tradición judía se cuentan los días de una puesta de sol a otra, y no a partir de la medianoche. Esta manera de dividir el tiempo se ha mantenido en la liturgia de la Iglesia: las solemnidades comienzan al atardecer, con las primeras vísperas, y acaban con las vísperas del día siguiente. Dado que, según el testimonio de los evangelios, la resurrección del Señor tuvo lugar al amanecer «del primer día de la semana», que hoy llamamos domingo, los cristianos, desde los comienzos, han celebrado el memorial semanal desde la noche anterior.
Desde el siglo II se impuso una celebración anual, preparada por un ayuno riguroso que duraba uno o varios días. Desde el siglo IV, la Noche pascual se ha caracterizado por la gran celebración anual de los bautismos, desarrollándose su liturgia, bajo la influencia de diversas tradiciones, hasta el siglo XIII.
En Roma, todavía en el siglo V, no hay más que una celebración pascual, la de la noche, como testimonian las homilías del papa san León (440-461). Pero en Africa. en tiempos de san Agustín (354- 430), se celebraba ya una segunda misa el domingo por la mañana. El obispo de Hipona no dejaba de predicar en ella, a pesar —decía— del cansancio de la larga vigilia nocturna. Esta costumbre se difundió posteriormente: se conservan libros litúrgicos del siglo VII que contienen textos de la misa del Domingo de Pascua.
Muy pronto, sin embargo, empezó a anticiparse la Vigilia pascual. Y cuando el concilio de Trento (1545-1563) prohibió la celebración de la misa después del mediodía, la celebración se pasó a la mañana del Sábado santo. Así fue hasta 1951, cuando volvió a su lugar original, primero «como experimento» y a juicio de los obispos, y desde 1956 de manera definitiva.
En su forma actual la Vigilia pascual consta de cuatro partes claramente diferenciadas. Empieza con un amplio lucernario, o rito de la luz: bendición del fuego nuevo en el que se enciende el cirio pascual, cuya llama pasa luego a las velas que los miembros de la asamblea llevan en la mano. Viene luego el anuncio solemne de la Pascua, saludada con un canto de aclamación.
Se celebra luego una liturgia de la palabra excepcionalmente larga. Se trata de una recapitulación de la catequesis que se ha hecho a los catecúmenos y recuerda las grandes etapas de la historia de la salvación que ha precedido y preparado el advenimiento de «la luz verdadera que alumbra a todo hombre» (Jn 1,9). Tras siete grandes textos del Antiguo Testamento, se lee un breve pasaje de la carta de san Pablo a los Romanos, a la que sigue la proclamación del evangelio de la resurrección según san Mateo (ciclo A), san Marcos (ciclo B) o san Lucas (ciclo C).
La tercera parte está constituida por la liturgia bautismal: bendición del agua, profesión de fe, bautismos y confirmaciones si es el caso, o aspersión de la asamblea con el agua lustral.
Finalmente viene la cuarta parte, la liturgia de la eucaristía, que se desarrolla como de costumbre.
Está prescrito que la Vigilia pascual no comience antes de entrada la noche. Se trata evidentemente de una exigencia de autenticidad de los ritos y símbolos, que caracterizan a esta gran liturgia y que le confieren su extraordinaria fuerza expresiva y su incomparable valor espiritual.
Que todo hombre piadoso y amante de Dios goce de esta bella y luminosa solemnidad. Que todo siervo fiel participe de la alegría de su señor. Que el que se ha esforzado en ayunar reciba ahora el salario que le corresponde. Que el que ha trabajado desde la primera hora reciba en este momento su justo salario. Si alguno ha llegado después de la hora tercia, que celebre esta fiesta con gratitud. Si alguien no ha llegado hasta la hora sexta, que no lo dude, pues no se perderá nada. Y si hay alguno que se ha retrasado hasta la hora nona, que no sienta vergüenza por su tibieza, porque el Señor es generoso y recibe al último lo mismo que al primero...
Gustad todos del banquete de la fe. Gustad todos las riquezas de la misericordia. Que nadie se queje por su pobreza, pues ha aparecido nuestro reino común. Que nadie se lamente por sus pecados, pues de la tumba ha brotado el perdón. Que nadie tema la muerte, ya que la muerte del Salvador nos ha liberado...
Cristo resucitado de entre los muertos se ha convertido en primicia de los que han muerto. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
(SAN JUAN CRisósToMo, Sermón para la vigilia de pascua. En la liturgia bizantina se lee este texto al principio de la celebración)

PREGÓN PASCUAL

El texto de este canto se remonta por lo menos al siglo IV Se le denomina también con la primera palabra del texto latino: «Exsultet».

Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
[Por eso, queridos hermanos, que asistís a la admirable claridad de esta luz santa, invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al número de sus diáconos, infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio].

El Señor esté con vosotros. R. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias a Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado. son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?
¡ Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡ Qué incomparable ternura y caridad! ¡ Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Esta es la noche de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo». Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Liturgia de la Palabra.

«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,2]); «Comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura» (Lc 24,27). A lo largo de la Noche pascual, más que en cualquier Otra circunstancia, la liturgia cristiana relee las antiguas Escrituras partiendo de su cumplimiento en Jesucristo resucitado de entre los muertos. El leccionario propone siete lecturas del Antiguo Testamento antes de la epístola y el evangelio. De ellas deben leerse por lo menos tres, que, en caso de necesidad, pueden reducirse a dos. pero sin Omitir nunca el relato del paso del mar Rojo (tercera lectura: Ex 14,15—15, la).

PRIMERA LECTURA

La cuestión del origen del mundo y de todas las cosas, del hombre y de los seres vivos, se les planteó de manera acuciante a los sabios de Israel, al encontrarse frente a las tradiciones y mitos de los pueblos paganos. La experiencia del Dios que se había revelado en la historia les hizo comprender que no había más que un Dios, que lo había creado todo: el universo y los hombres. Uno no se cansa nunca de leer estas páginas de la Biblia, que transmiten una enseñanza muy profunda en un lenguaje poético lleno de imágenes, accesible a todos. Al oírlas, los cristianos piensan en lo que dice el autor del cuarto evangelio: «En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió» (Jn 1,1-5). Cristo, primogénito de toda criatura, es, como decían los Padres de la Iglesia, la imagen de Dios según la cual fueron creados el hombre y la mujer. Por el baño del bautismo es restaurada esta imagen en los que creen en su nombre. El universo mismo, que Dios creó bello y bueno, se encuentra reorientado: se le promete que será transformado en una creación nueva que se inaugurará con el retorno de Cristo.

Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Lectura del libro del Génesis 1,1-2,2

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.
La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: "Que exista la luz." Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz "Día"; a la tiniebla, "Noche". Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: "Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas." E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda "Cielo". Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: "Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes." Y así fue. Y llamó Dios a los continentes "Tierra", y a la masa de las aguas la llamó "Mar". Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: "Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra." Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: "Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra." Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios: "Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo." Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: "Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra." Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies." Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra." Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra."
Y dijo Dios: "Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento." Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

Palabra de Dios.

SALMO

El Espíritu de Dios se cernía sobre la primera creación. Es el mismo Espíritu que ha levantado de entre los muertos a Cristo, el hombre nuevo. Que renueve hoy la faz de la tierra.

Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c

R
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R

O bien:

Por su palabra, Dios creó al principio el cielo y la tierra. La Palabra hecha carne es el primogénito de un mundo nuevo. ¡Dichoso el pueblo elegido para mantener viva esta esperanza!

Salmo 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22

R
La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

Por más que sepamos que todo acaba bien, este relato bíblico no deja de resultar chocante, sobre todo hoy. ¿ Quién es este Dios que le pide a un padre que ofrezca a su hijo en sacrificio? ¿Qué pensar de este padre que va sin dudarlo a inmolar a su hijo? Sin embargo, tanto en la tradición judía como en la cristiana, como demuestran entre otras cosas los frescos de las catacumbas, el sacrificio de Isaac ocupa un lugar muy importante. El Dios que revela la Biblia no quiere sacrificios humanos: son la obediencia y la confianza absolutas en él las que le rinden homenaje. Precisamente por haber dado prueba de ellas hasta tal extremo, es por lo que Abrahán se ha convertido en padre de una multitud innumerable de creyentes de todas las épocas. Fue a su propio Hijo, a su Unigénito, a quien el Padre entregó para salvar al mundo. No le ahorró la muerte a este Cordero sin mancha que cargó con el pecado del mundo (Jn 1,36; 3,16). Pero al tercer día lo liberó de las ataduras de la muerte para que, con él y por él, nosotros tengamos vida.

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: "¡Abrahán!" Él respondió: "Aquí me tienes." Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré." Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros." Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre: "Padre." Él respondió: "Aquí estoy, hijo mío." El muchacho dijo: "Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abrahán contestó: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío." Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: "¡Abrahán, Abrahán!" Él contestó: "Aquí me tienes." El ángel le ordenó: "No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo." Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio "El Señor ve", por lo que se dice aún hoy "El monte del Señor ve". El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: "Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido."

Palabra de Dios.

SALMO

La oración de Abrahán: «El Señor está a mi derecha, no vacilaré»; la de Isaac: «Señor, mi suerte está en tu mano»; la de Cristo. «No me entregarás a la muerte»; la del cristiano: «Me enseñarás el sendero de la vida».

Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)

R
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R

TERCERA LECTURA

¡Noche memorable donde las haya aquella en que Dios pasó y liberó a su pueblo de la esclavitud! De generación en generación, los autores bíblicos meditaron y recordaron este acontecimiento para reavivar la fe y la fidelidad del pueblo congregado por el Señor, que dijo: «Vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos..., seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19,5-6). Los cristianos a su vez han releído este gesto divino a la luz de la Pascua de Cristo, en la que se participa por medio del paso de las aguas del bautismo: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Antes erais “no pueblo “, ahora sois “Pueblo de Dios “; antes erais “no compadecidos”, ahora sois “compadecidos”» (IP 2,9-10).

Los israelitas en medio del mar a pie enjuto.

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: "¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros."
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas.
La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas.
Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: "Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto."
Dijo el Señor a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes." Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:

Palabra de Dios.

SALMO

Como un «valiente guerrero», Dios, desde el principio, combate con las potencias del mal. Cristo las ha vencido y ahora conduce a su pueblo hacia la tierra prometida.

Salmo Éxodo 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1a)

R
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R

El Señor es un guerrero,
su nombre es "Yahvé".
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R

Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R

CUARTA LECTURA

La Alianza es una historia de amor que ha pasado por tiempos de crisis como consecuencia de las repetidas infidelidades del pueblo al que Dios se había unido. Las cosas llegan a tal punto que el Señor a veces «esconde su rostro», pero sin renegar de su compromiso ni romper con aquellos a quienes ha elegido. «En los días de Noé» juró solemnemente que nunca volvería a dejarse arrastrar por su cólera, que nada podría romper su «alianza de paz». La ternura de Dios es, pues, inalterable. Donde el pecado se multiplica, sobreabunda la gracia (Rm 5,20). El «Dios de toda la tierra» no se conforma con despejar el terreno de ruinas y escombros: pone, sobre piedras firmes, los cimientos de una nueva Jerusalén cuyos hijos «tendrán gran paz». Cristo resucitado es la piedra angular; el bautismo, la puerta de entrada.

Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14

El que te hizo te tomará por esposa; su nombre es Señor de los ejércitos. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada -dice tu Dios-.
Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero -dice el Señor, tu redentor-.
Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia, ni mi alianza de paz vacilará -dice el Señor, que te quiere-.
¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos. Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer; y lejos del terror, que no se te acercará.

Palabra de Dios.

SALMO

El amor indefectible de Dios saca del abismo a los pecadores que se vuelven a él, los hace revivir. Nace un nuevo día.

Salmo 29, 1-3. 4-5. 10-12. (R. 1a)

R
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R

QUINTA LECTURA

Entre decir y hacer suele haber para nosotros un trecho enorme. Pasar de lo uno a lo Otro exige, sobre todo cuando se trata de cosas importantes, mucha decisión, valor y esfuerzo, no siempre coronado por el éxito; con frecuencia es necesario intentarlo Varias veces. Con Dios no ocurre lo mismo. Su palabra, expresión perfecta de su voluntad, nunca cae en el vacío: «Nunca vuelve a él vacía, sino que hace su voluntad y cumple su encargo». Todo se ha cumplido en Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, que ha sellado con su sangre la alianza nueva y eterna.

Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua.

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Así dice el Señor: "Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones; Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te honra.
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que de semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo."

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de alegría y de acción de gracias de los bautizados a los que Dios, cumpliendo su promesa, ha conducido a las fuentes vivas de la salvación.

Salmo Isaías: 12, 2-3. 4. 5-6 (R. 3)

R
Sacaréis aguas con gozo.
de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel." R

SEXTA LECTURA

La Ley es la expresión de la sabiduría de Dios. Da a conocer lo que le agrada, el camino que conduce a la vida, a la paz, a la felicidad sin fin. ¡Dichoso el pueblo que sabe dónde reside la sabiduría y sigue sus preceptos. En Jesús, Palabra de Dios hecha carne, la sabiduría divina se ha revelado a todos los hombres (1Co 1,24). El es el camino, la verdad y la vida. Los que lo conocen conocen también a su Padre. Cuando el Señor resucitado vuelva, tomará consigo a los que lo han acogido, para llevarlos a donde él está (cf Jn 14,1-7).

Caminad a la claridad del resplandor del Señor.

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, mandatos de vida; presta oído para aprender prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que estés contaminado entre los muertos, y te cuenten con los habitantes del abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia; así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz. ¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, la llama, y le obedece temblando; a los astros que velan gozosos en sus puestos de guardia, los llama, y responden: Presentes", y brillan gozosos para su Creador. Él es nuestro Dios, y no hay otro frente a él; investigó el camino de la inteligencia y se lo enseñó a su hijo, Jacob, a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán. Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!

Palabra de Dios.

SALMO

Palabra de Dios, camino, verdad y vida, sabiduría más deseable que todos los bienes de la tierra, gozo de los corazones puros.

Salmo 18, 7. 8. 9. 10 (R. Jn 6,68)

R
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R

SEPTIMA LECTURA

Purificación con un agua que lava todas las manchas del pecado, sustitución del corazón de piedra por un corazón de carne, don del Espíritu que mantiene en la senda de los mandamientos, congregación de un pueblo fiel: tal es la obra que Dios pretende llevar a cabo en favor de su pueblo disperso en medio de las naciones. Actúa así por el honor de su nombre, pues de lo contrario podría dudarse de su poder y su bondad divinos. Aquellos a los que libera reciben al mismo tiempo el encargo de una misión: testimoniar con su vida la santidad de su Dios. Este mensaje nos concierne directamente a nosotros, que hemos sido lavados de nuestras faltas por las aguas del bautismo y marcados con el sello del Espíritu, y que recibimos como alimento el cuerpo y la sangre de Cristo. Decir «Padre nuestro, santificado sea tu nombre» es renovar nuestro compromiso de anunciar al mundo la santidad de Dios, no sólo con palabras sino también con obras.

Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo.

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28

Me vino esta palabra del Señor: "Hijo de Adán, cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones; como sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías. Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su proceder, según sus acciones los sentencié.
Cuando llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos: "Éstos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido." Sentí lástima de mi santo nombre, profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: "No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor -oráculo del Señor-, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios."

Palabra de Dios.

SALMO

Buscar a Dios, acoger a Cristo como luz y como verdad, dejarse guiar por él hasta el Padre, participar de su santidad, experimentar la alegría perfecta: esta es la vocación de los que han sido regenerados por el bautismo.

Salmo 41, 2. 4 b-c y 42, 3. 4 (R. 41, 1)

R
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios? R

Cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de jubilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R

Envía tu luz y tu verdad;
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R

O bien:

Que Dios conceda el Espíritu Santo a aquellos a los que llama a una santidad semejante a la suya.

Salmo 50, 10-11. 12-13. 16-17 (R. 50,10a)

R
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R

epístola

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre «ha muerto al pecado» en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y «vive para Dios» desde el día en que el Señor; primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, sacramento pascual, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día. De este modo, toda la existencia cristiana está bajo el signo de la muerte y la resurrección, unidas de forma bien concreta en la Pascua de Cristo.

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO

«‘Aleluya” significa “alabad al Señor”. ¡Dichoso “aleluya” el del cielo! El de aquí es el “aleluya” del camino; el de allí el de la patria» (SAN AGUSTÍN, Sermón 256).

Salmo 117, 1-2. 16-17. 22-23

R
Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

EVANGELIO

En los relatos de la resurrección según san Lucas hay unidad de acción, de tiempo y lugar: todo transcurre en el mismo día, en Jerusalén o en sus alrededores. El acontecimiento lo vive, por así decir, toda la comunidad congregada, en la que cada uno comparte inmediatamente con los otros su propia experiencia y su fe. El grupo de la> mujeres que habían visto morir a Jesús en la cruz, y habían asistido a su entierro, acuden al sepulcro «el primer día de la semana, de madrugada», con la intención de embalsamar el cuerpo que el viernes tuvieron que conformarse con envolver en una mortaja. Al llegar, ven que la piedra que cubría la entrada está corrida, pero el crucfi cada no está donde lo habían puesto. « Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado». Para aceptar este mensaje, que tiene la concisión de una profesión de fe pascual, hay que recordar lo que Jesús dijo «estando todavía en Galilea». Los apóstoles, que en su predicación apelan al testimonio de las Escrituras, no han hecho aún esta tarea. Pedro, que va corriendo al sepulcro y se lo encuentra tal como las mujeres lo habían descrito, vuelve perplejo. Pero pronto verá al Resucitado en persona (Lc 24,34). Se convertirá entonces en el predicador intrépido de la Buena Noticia (Hch 5,29) y, como le había prometido el Señor confirmará en la fe a sus hermanos (Lc 22,32).

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 1-12

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:
- ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: «El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar».
Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás. María Magdalena, Juana y María, la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron.
Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.

Palabra de Dios.

O bien:

Con la resurrección del Señor nace el alba del primer día de una nueva semana, que inaugura la última etapa de la historia del mundo y de la salvación. El temblor de tierra y el espanto de los que no creen, representados aquí por los soldados, recuerdan las manifestaciones del fin de los tiempos. Las dos mujeres que han acudido a visitar la tumba han constatado, como cualquiera hubiera podido constatar; que el cuerpo del crucificado no estaba allí. Para que vieran en ello un signo, fue necesaria una revelación de lo alto, y el recuerdo de lo que Jesús había dicho. Entonces, cuando el resucitado sale a su encuentro, ellas se postran en un gesto de adoración litúrgica. La resurrección del Señor es, efectivamente, un acontecimiento que sólo puede conocerse por la fe, la Buena Noticia que los apóstoles, convocados en Galilea, esa encrucijada de naciones, deberán anunciar a todos los pueblos.

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.
Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Palabra de Dios.




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