martes, 16 de febrero de 2010

domingo, I semana de cuaresma - C

Primer domingo de Cuaresma - ciclo C
24 de febrero de 2010

Lectura 1

Profesión de fe del pueblo escogido

A partir de la ofrenda de las primicias, común a la mayoría de las religiones, el Deuteronomio hace una profesión de fe explícita en Dios liberador de su pueblo, por el que no cesa de velar. El memorial del éxodo, acontecimento fundante, se sitúa a partir de entonces en el corazón mismo del culto bíblico. Del mismo modo, hoy el memorial de la Pascua de Cristo es fuente y cumbre de la liturgia cristiana.

Primera lectura De 26,4-10

Lectura del libro del Deuteronomio

Dijo Moisés al pueblo:
- El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado».
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.


Salmo

Dios es nuestro refugio, nuestro alcázar, nuestro protector, y nos escucha y acompaña en la prueba.

Sal 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15

R. Está conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti».

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos.

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré.

Lectura 2

Profesión de fe del que cree en Jesucristo

Lo que anunciaba un texto del Deuteronomio (30, 11-14) encuentran inesperadamente su cumplimiento pleno en Jesús, Palabra de Dios que ha venido a este mundo, que ha resucitado entre los muertos y esta cerca de todo el que cree en él. Por la fe en Cristo nos salvamos.

Segunda lectura Rm 10,8-13

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Hermanos:
La Escritura dice:
- La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.
Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
- Nadie que cree en él quedará defraudado.
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.
Pues todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.


Evangelio

El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado

El templo ocupa en el evangelio según san Lucas un lugar especial. Siendo todavía niño, Jesús es presentado en él al Señor (Lc 2, 22), y en él proclama sus últimas enseñanzas (Lc 19, 45-21. 38). No es extraño, pues, que san Lucas sitúe las tres tentaciones de Jesús primero "en el desierto", después en "lo alto" y, finalmente, en Jerusalén, en "el alero del templo". La "otra ocasión· fijada para el último asalto del diablo es la de la pasión. Entonces, de veras, "completadas las tentaciones", el diablo, vencido, se aleja de Jesús para siempre: "Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22, 42); "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23, 46; Sal 31, 6).

Evangelio Lc 4,1-13

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
- Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó:
- Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

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