lunes, 15 de febrero de 2010

La Natividad del Señor - C

La Natividad del Señor - 25 de diciembre

Lectura 1

Se trata de un oráculo en forma de poema, con un lirismo sobrecogedor. Cuando se tiene ante los ojos a un recién nacido acostao en un pesebre, se puede medir la humildad de un Dios cuya fuerza se manifiesta en la debilidad.

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios

Primera lectura Is 52, 7-10

Lectura del libro de Isaías

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "Tu Dios es rey!" Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
Palabra de Dios.

Salmo

Victoria de la vida sobre la muerte. Amor más fuerte que el odio. Navidad, primera etapa del itinerario pascual de Cristo.

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R.: 3c)

R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.
Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.


Lectura 2

Al contrario de los ídolos mudos, Dios habla. Durante mucho tiempo estuvo recurriendo a intermediarios. "Ahora, en esta etapa final", ha enviado a su propia Palabra, "impronta de su ser", de su designio, de su voluntad.

Dios nos ha hablado por el Hijo

Segunda lectura Hb 1, 1-6

Lectura de la carta a los Hebreos

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo?" Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."
Palabra de Dios.

Evangelio

La primera página del evangelio según san Juan tiene el estilo, a la vez sobrio y solemne, de un gran himno litúrgico. Hace pensar en la obertura de una "Sinfonía del nuevo mundo", que enunciará los temas que luego se habrán de desarrollar en múltiples variaciones con sutiles contrapuntos. La realidad, el realismo de la encarnación del Hijo de Dios, constituye el centro de esta vigorosa introducción de todo el cuarto evangelio. La Palabra hecha carne es la revelación del Padre, de su amor. Recibirlo, creer en él, es tener vida eterna.

Evangelio Jn 1, 1- 18

Lectura del santo evangelio según san Juan

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:"Éste es de quien dije:'El que viene detrás de mí pasa delante de mi, porque existía antes que yo.'"
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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