domingo, 27 de junio de 2010

04/07/2010 - 14º domingo del Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo


4 de julio de 2010

14º domingo del Tiempo ordinario (C)

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Lectura 1

Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz

Lectura del libro de Isaías 66,10-14c

La alegría que el Señor ha dado “ya” a los que ha congregado anuncia un gozo “todavía” mayor.
La ciudad de Jerusalén, madre de "ubres abundantes" para todos sus hijos en tiempos del Primer Isaías, había perdido todo su esplendor cultural y religioso a principios del s. VI a.C. La ciudad fue arrasada y sus habitantes fueron desterrados a Babilonia (538 a.C.) El Segundo Isaías pintó de color rosa la vuelta del destierro, pero la realidad fue mucho más dura: la ciudad devastada, las tierras enajenadas, odio y envidias entre sus habitantes.
El Tercer Isaías proclama ante los escépticos y desilusionados israelitas un mensaje de consuelo y de esperanza. La tierra de Judá que tenía a sus hijos en el destierro han vuelto.
El inesperado y gozoso acontecimiento provoca la sorpresa de todos: El escepticismo aflora entre los que han vuelto de Babilonia y viven la dura realidad de la ciudad en ruinas, corroída por la envidia. Y el poeta sale al paso de todas estas objeciones. El actuar de Dios en el pasado hace surgir la esperanza en el presente: espera esperanzadora.
Y el poeta se siente tan seguro de esta realidad esperanzadora que invita ya al pueblo al gozo y a la alegría.
Jerusalén madre de ubres abundantes, será capaz de saciar todos los deseos, hasta ahora insatisfechos, de los que volvieron del destierro.

Salmo

Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

R. Aclama al Señor, tierra entera.

La Paz recibida de Dios suscita siempre una alegría nueva, que se quisiera compartir con todo el mundo.

Lectura 2

Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 6,14-18

Al final de la carta a los Gálatas, san Pablo vuelve sobre lo que ha sido su leitmotiv: el cristianismo debe gloriarse únicamente en la cruz de Cristo, porque ella es para todos la única fuente de la salvación.
Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Evangelio

Descansará sobre ellos vuestra paz

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,1-12. 17-20

A los doce discípulos que reúne en un primer momento en torno a sí, y a los que san Lucas llama “los doce apóstoles”. Jesús asocia otros, enviados también ellos en misión. No deben detenerse por el mal recibimiento que puedan tener; han de actuar como el Señor. A los que los escuchen les aportarán los bienes más preciosos: la paz de Dios y la liberación de las fuerzas del mal, de las que son signo y promesas las curaciones de los poseídos y de los enfermos.
Solamente Lucas narra esta misión.de los setenta Puede afirmarse que es una creación suya y puede tener la intención de dirigirse a mayores comunidades cristianas para indicarles que la evangelización es una obra a la que deben contribuir todos los discípulos de Jesús. Son setenta, como los pueblos que componen la humanidad (según Gn 10).
Paz no debe entenderse aquí como opuesto a "guerra" sino como salôm (integridad totalidad). Se refiere a la ilimitada generosidad de Dios que se manifiesta en su actuación salvadora. Esta paz es el signo de la presencia y plenitud de Dios en los creyentes. Y es un bien que no puede desvanecerse; si no encuentra la debida receptividad, retornará a su origen.
Los misioneros han de compartir techo y mesa con aquellos que los acogen, curando a los enfermos que haya, liberando a la gente de todo aquello que los atormente.
Nada de venganzas ni de compromisos, nada de amenazas ni de juicios de Dios (como pedían algunos el domingo pasado) "Sacudirse el polvo de los pies" significa romper las relaciones, pero sin guardar odio. Hay mucho campo para correr. El sentido de fracaso es extraño a los enviados.
Algunos sienten la llamada a tierras lejanas. Otros, sin embargo, sentimos que cada barrio o cada pueblo es un país de misión. Hay lugares y entornos (familiar, vecinal, grupal, etc.) donde hay que ir para evangelizar.
Y a veces no hace falta ir, sino saber estar, ofreciendo una alternativa de vida nueva, de nuevo valores, de "nueva criatura"

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