sábado, 19 de junio de 2010

27/06/2010 - 13º domingo del Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo


27 de junio de 2010

13º domingo del Tiempo ordinario (C)

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PRIMERA LECTURA

Eliseo se levantó y marchó tras Elías

Lectura del primer libro de los Reyes 19,16b. 19-21

Como tantos otros, desde Moisés hasta los apóstoles, pasando por David y Amós, Eliseo recibe la llamada mientras está entregado a sus tareas cotidianas. Su respuesta es inmediata y radical. Lo deja todo. Con sus bueyes inmolados en sacrificio prepara un banquete a su gente, a aquellos a los que va a abandonar para suceder a Elias.

SALMO

Salmo 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10

R.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Dios es el único lote de nuestra heredad, la fuente del verdadero gozo y de la alegría desbordante y perpetua.

SEGUNDA LECTURA

Vuestra vocación es la libertad

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,31b_5,1. 13-18

Los que se someten a “los deseos de la carne” caminan hacia la esclavitud y la mutua destrucción; en cambio, quienes “andan según el Espíritu” son verdaderamente libres cuando se hacen esclavos de los otros por amor.

EVANGELIO

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-62

Las exigencias de Jesús a sus discípulos deben entenderse en la doble perspectiva de la Pasión, a la que lo lleva el camino hacia Jerusalén, y de la misión de la que da testimonio el libro de los Hechos de los apóstoles. Para “seguir” a Jesús hay que dejarlo todo inmediatamente, sin demoras, sin “mirar hacia atrás”. Si los misioneros no son recibidos en un lugar, deben ir a otra parte, como hizo san Pablo yendo a los paganos. Todos los cristianos somos itinerantes en esta tierra.

G. Vélez Vázquez, en su libro “Fiesta y Evangelio” dice:


Es imposible arar mirando atrás, hacia el surco que abre la reja sobre la tierra oscura. Es preciso atisbar siempre adelante, hacia el yugo que doblega la paciencia de los bueyes, hacia el terreno virgen, hacia el horizonte. Para poder arar es necesario mantener al frente la mirada y la esperanza, creer firmemente en la generosidad de la tierra y en la bondad de la semilla. Hay que vivir soñando con la alegría de la cosecha… En cambio, muchos cristianos nos pasamos la vida mirando hacia atrás, suspirando por lo que dejamos… Nos cuesta entender que la vida cristiana no es renuncia, sino intercambio de valores. No es abandono de la propia identidad. Es crecimiento en otra dimensión. No es abandonar nuestras ambiciones, es hacer de ellas escalera para alcanzar la plenitud. Mirar hacia atrás es cobardía, desconfianza, pequeñez. Mirar siempre adelante, confiados en el poder del Señor y en su ternura paternal es “valer para el reino de Dios”.

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