lunes, 5 de julio de 2010

11/07/2010 - 15º domingo del Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

11 de julio de 2010

15º domingo del Tiempo ordinario (C)

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PRIMERA LECTURA

El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo

Lectura del libro del Deuteronomio 30,10-14

La ley divina es un código de alianza, de relaciones fundadas en el amor y la fidelidad recíprocos. La obediencia a los mandamientos es así expresión de la adhesión sincera y profunda al Dios que se hace próximo: sólo puede ser interior; procede el corazón, que es donde está grabada la ley de Dios.

El pecado más grave en que puede incurrir el cristiano es cerrarse a la palabra divina. En tiempos pasados, la Iglesia oficial, en nombre de Dios, prohibió la lectura de la Biblia a los fieles porque de su lectura -afirmaba- se seguía más mal que bien. Entre la gente empezó a circular este aserto: la Biblia distingue al protestante, la Eucaristía, al católico. El Concilio Vaticano 11 puso coto a este burdo error al afirmar con rotundidad -recogiendo la auténtica tradición- que el 'pan de vida' se distribuye no sólo por la Eucaristía sino también por la Palabra. Los tiempos han cambiado, pero recelos contra la Biblia continúan existiendo aún en muchas esferas del poder, dando mayor importancia a los discursos pontificios, que conocen a la perfección, y olvidándose, lamentablemente, de predicar la Biblia.
Pecado muy grave del cristiano es no corresponder al gran amor que Dios nos ha dispensado a lo largo de la historia. Muchas veces captamos y meditamos los signos de los nuevos tiempos, pero no queremos convertirnos al Señor; tenemos miedo a sus exigencias y preferimos seguir adorando a los nuevos baales del poder, del bienestar... Sacrificarnos nuestra vida en el ara de realidades y causas sin importancia y renunciamos a corresponder con amor a nuestro gran Liberador. Hace muy pocos días, José Jiménez Lozano, uno de los grandes escritores del momento y de fina sensibilidad religiosa, incidía en esta idea en un artículo periodístico: '... esta nuestra civilización es la más "teística" y religiosa que han visto los siglos, no sólo porque está aún en el estadio de los sacrificios humanos, cruentos e incruentos, en honor de cualquier ideología o de la Némesis económica, sino porque tenemos un panteón inacabable de dioses y de diosas, y de hombres asimilados a su gloria, a los que reverenciamos y ofrecemos, además, la admiración de los adentros; es decir, a cualquier cosa y a cualquiera que nos señalen los augures de la industria cultural y todos los demás. Y entonces, si nuestra admiración "la fina punta del alma' rendimos, ¿qué nos queda entre las manos y para nosotros mismos allá dentro?...'.

SALMO

Salmo 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

Dios viene a nosotros por su palabra, se nos da en sus mandatos. Poner en práctica su palabra es actuar según la verdad y la sabiduría, como hombres libres.

SEGUNDA LECTURA

Todo fue creado por él y para él

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,15-20

Un himno que canta el doble primado de Cristo, en la obra de la redención y en la de la creación. En él y por él nos llega la misericordia de Dios.

Colosenses es, probablemente, obra de un discípulo de Pablo que recoge temas centrales de toda la predicación paulina. En este pasaje aborda nada menos que el misterio y significado de Cristo. Es la formulación más completa en todo el Nuevo Testamento de este tema.
Encontramos aquí una traducción paulina del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios en la expresión "a imagen y semejanza de Cristo", el cual lo es también del Padre. Para saber cómo es la imagen de Dios que somos nosotros hay que mirar a Cristo.
El tema de la reconciliación es, en síntesis, el restablecimiento de la amistad perdida entre los seres humanos y Dios.

EVANGELIO

¿Quién es mi prójimo?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37

Una parábola que parece recordar y confirmar, por medio de un hermoso ejemplo, algo que ya sabemos: que debemos considerar como prójimo a todo hombre, sobre todo si pasa necesidad. Pero Jesús invierte la manera habitual de hablar y de comportarse: “Hazte prójimo de todo el que cuenta contigo”.

¿Quién es mi prójimo? ¿Quién se portó como prójimo? Dos maneras distintas de concebir y de enfocar el término prójimo. Prójimo es el otro, exterior a él; en el de Jesús, prójimo soy yo en la medida que me relaciono con el otro. Preguntarse por el prójimo es preguntarse por un concepto; en el de Jesús, preguntarse por el prójimo es preguntarse por una relación que hay que ir creando con el otro. De esta manera, el complicado y delicado mundo de las relaciones humanas experimenta una revolución. Prójimo no es ya solamente el otro; prójimo soy yo en la medida que salgo de mí mismo, acojo al otro y lo hago partícipe de lo que soy y tengo. La consecuencia es más que evidente para un cristiano: no preguntemos por el prójimo; preguntémonos, más bien, si estamos dispuestos a hacernos prójimos.

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