lunes, 9 de agosto de 2010

15/08/2010 - La Asunción de la Virgen María (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

15 de agosto de 2010

La Asunción de la Virgen María (C)

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PRIMERA LECTURA

Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal

Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a; 12,1. 3-6a. 10ab

Dos imágines se superponen en esta visión. Por una parte, la de la mujer que da a luz, con miedo y con dolor; a un niño amenazado por el poder extraordinario de un terrible dragón. Se refiere a la Iglesia, cuyos hijos han de temer siempre los asaltos del Enemigo, que busca su perdición. Por otra parte, la de la mujer madre del pastor que preserva a los suyos de todo peligro. Se refiere entonces a María, sobre quien el mal no hizo mella alguna y que trajo al mundo al Salvador. Pero las dos visiones misteriosas se funden y difuminan para dejar paso a la gloria de Dios y de su Cristo, hacia quien se eleva una vibrante acción de gracias.

SALMO

Salmo 44, 10bc. 11-12ab. 16

R.
De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir
.

Poema para la entrada de María en el palacio de su Señor.

SEGUNDA LECTURA

Primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Cada uno en el lugar que le corresponda, todos resucitarán, porque Cristo, cabeza de la humanidad nueva, y resucitado de entre los muertos, abrió el camino de la vida que no se acaba. Lo que hoy es objeto de fe y esperanza aparecerá un día a plena luz.

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-56

No hay nada de anecdótico en el relato del encuentro de María con su prima, de quienes, no obstante, se dice que permanecieron juntas “unos tres meses”. Tampoco el evangelista hace ningún comentario. Basta el saludo que Isabel dirige a la Madre de Dios y el cántico que se eleva del corazón de la humilde esclava del Señor. Todas las generaciones felicitan a María, la proclaman bendita entre las mujeres, y nunca se cansan de dirigirse a ella pidiéndole que permanezca cerca de ellos y que interceda ante su Hijo por los pecadores, acordándose de su misericordia. La Iglesia puede entonar también su “magnificat”, dando gracias por las “obras grandes” que el Espíritu Santo no cesa de realizar a favor de los creyentes.


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