lunes, 10 de enero de 2011

16/01/2011 - 2º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

16 de enero de 2011

2º domingo Tiempo ordinario (A)

Para leer la lectura y Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o "cliclea" sobre Ciclo A en el menu superior.

PRIMERA LECTURA

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación.

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6

El leccionario presenta aquí los versículos del oráculo-poema conocido como el “Tercer canto del Siervo” (Is 49, 1-6), que habla de la misión de un personaje misterioso. La tradición cristiana vio muy pronto en él un esbozo de los rasgos del Señor Jesús.

SALMO

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 (R.: 8a y 9a)

R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Siguiendo las huellas de Cristo, nos atrevemos a decir: “Aquí estamos, Señor, para hacer tu voluntad. ¡Venga a nosotros tu reino!”.

SEGUNDA LECTURA

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de¡ Señor Jesús sean con vosotros

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,1-3

Nunca es indiferente la manera como san Pablo empieza una carta. Al deseo de paz judio (shalom), el añade el de la gracia (charis). Tomada del uso griego, esta palabra evoca en el lenguaje cristiano el don por excelencia ofrecido en Jesucristo a todos sin excepción: la salvación.

Aleluya Jn 1, 14. 12b

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
A cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios.


Aleluya, Aleluya.
Cristo, Hijo de Dios,
sobre ti ha bajado el Espíritu,
Señor, Cordero de Dios,
que quitas el pecado del mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

Juan Bautista proclama que “no conocía” verdaderamente a Jesús, su primo, hasta el día en que contempló “al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él”. Dice la verdad, porque, sin el testimonio del Espíritu, nadie puede reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Asimismo, sin el testimonio de las Escrituras, ¿quién se atrevería a decir sin vacilar: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”?


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