lunes, 28 de febrero de 2011

06/03/2011 - 9º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

6 de marzo de 2011

9º domingo Tiempo ordinario (A)

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PRIMERA LECTURA

Mirad: Os pongo delante bendición y maldición

Lectura del libro del Deuteronomio 11, 18. 26-28. 32

«¡Hoy!». El don de la Ley, la revelación de Dios, la bendición divina que acompaña la obediencia a los mandamientos: son todas gracias divinas y una tarea diaria. La salvación se realiza continuamente en el mundo: las celebraciones litúrgicas actualizan sin cesar sus misterios e invitan a prolongarlos en la vida de todos los días.

SALMO

Salmo 30, 2-3a. 3bc-4. 17 y 25(R.: 3b)

R.
Sé la roca de mi refugio, Señor.

Oración a Dios, que bendice a los que se unen a él; es para ellos luz y guía, fuerza y valor.

SEGUNDA LECTURA

El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 3, 21-25a. 28

En la base de la predicación de san Pablo subyace una convicción profunda: el hombre no puede salvarse por sí mismo. Los justos son pecadores perdonados. Creer es, ante todo, poner la confianza en Cristo, salvador de todos por su sangre derramada en la cruz.

Aleluya Jn 15, 5

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que edifica su casa sobre la roca de la Palabra.
Caerá la lluvia, se saldrán los ríos
y él permanecerá firme para siempre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos -
dice el Señor-;
el que permanece en mí y yo en él,
ése da fruto abundante. Aleluya.


EVANGELIO

La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27

La conclusión del «sermón de la montaña» insiste en una doble necesidad: la fe ha de ponerse en práctica, y la práctica ha de ser expresión de la fe. En consecuencia, son igualmente vanas las profesiones de fe que no se traducen en obras y las obras, por muy espectaculares que sean, que no proceden más que de una apariencia de fe. Ambas derivan de la hipocresía: «No hacen lo que dicen» (Mt 23,3): «Todo lo que hacen es para que los vea la gente» (Mt 23,4). Sólo los que cumplen la voluntad de Dios arraigada en su corazón resistirán en el momento de la gran prueba del final de los tiempos. El evangelio según san Mateo no cesa de inculcar «estas palabras» del Señor.

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