lunes, 7 de marzo de 2011

13/03/2011 - 1º domingo de Cuaresma (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

13 de marzo de 2011

1º domingo de Cuaresma (A)

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PRIMERA LECTURA

Creación y, pecado de los primeros padres.

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

El autor del libro del Génesis no diserta de manera abstracta, sobre el hombre en general. Pone en escena dos personajes en quienes pueden y deben reconocerse todo hombre y toda mujer. El hombre, modelado de la tierra (“Adan” significa “El terrenal”) ha recibido del Creador el soplo de la vida, que lo ha separado de la materia original; podría decirse que es terrenal, pero no está a ras de tierra. Si olvida que Dios es la fuente de su dignidad y el garante de su futuro, no es más que un rey desnudo, incapaz de gobernarse a sí mismo, por falta de referencias fiables en su camino sembrado de trampas.

SALMO

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

El perdón de Dios hace de nosotros hombres nuevos, recreados a imagen de su Hijo, abiertos a la alegría del Espíritu.

SEGUNDA LECTURA

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19

Dios envió a su Hijo a la tierra para devolver a los hombres lo que el pecado les había arrebatado. Haciéndose terrenal, se ha convertido en el nuevo Adán de una humanidad devuelta a su dignidad primera por la gracia, a la que nada se resiste. Pero, para beneficiarse de ello, hay que acoger ese don de Dios.

EVANGELIO

Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11

Llevado al desierto por el Espíritu, el Hijo amado del Padre ha infligido al diablo una derrota de lo que, a pesar de todos los intentos, no podrá recuperarse. Tres citas de la Escritura muestran en qué consiste esta victoria y por qué es decisiva: Jesús ha vivido siempre de la palabra de Dios, su alimento cotidiano; ha rechazado todo signo de poder contrario a su misión como Mesías sufriente; ha hecho de toda su vida y de su muerte una ofrenda agradable al Padre. La Iglesia y cada uno de nosotros participamos de ésta victoria en las mismas condiciones y por los mismos medios.

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