lunes, 25 de abril de 2011

01/05/2011 - 2º Domingo de Pascua (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

1 de mayo de 2011

2º Domingo de Pascua (A)

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PRIMERA LECTURA

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47

La palabra anunciada por los apóstoles, la vida fraterna, la oración y la eucaristía, llamada también « fracción del pan», construyen la Iglesia, asamblea de los discípulos de Cristo resucitado, que da testimonio de la presencia del Señor en medio de los suyos. Esto es lo que quiso ser la comunidad primitiva y el ideal al que debe tender toda comunidad cristiana.

SALMO

Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24(R.: 1)

R.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.


Cristo, «derribado» por los hombres, «ayudado» por Dios, salvado por su Padre, es hoy para nosotros la puerta de la salvación.

SEGUNDA LECTURA

Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

«¡Bendito!». Desde la oración judía a la carta a los Efesios (1,3-4), pasando por el Benedictus (Lc 1,38) y la segunda carta a los Corintios (1,3-7), la alabanza y la acción de gracias, que jalonan toda la Biblia, están en el corazón mismo de la vida y de la liturgia de los cristianos. Culminan en la eucaristía, celebrada incluso cuando la adversidad y el dolor nos entristecen. Y es que nada debería ahogar nunca la fe y la esperanza de los fieles. Cristo ha resucitado; por él, Dios nos ha hecho renacer; con él entraremos en posesión de la herencia que tenemos reservada en el cielo. Allí enjugará las lágrimas de nuestros ojos, porque seremos para siempre semejantes a él, y cantaremos eternamente sus alabanzas (Plegaria eucarística III).

Aleluya Jn 20, 29

Aleluya, aleluya.
Jesús se puso en medio de ellos y les dijo:
Paz a vosotros. Aleluya.
No seáis incrédulos, sino creyentes.
Yo soy vuestro Señor y vuestro Dios. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído
-dice el Señor-.
Dichosos los que crean sin haber visto. Aleluya.

EVANGELIO

A los ocho días, llegó Jesús.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Dos apariciones del Resucitado que tiene lugar en domingo, como la visión del libro del Apocalipsis. El Viviente que se presenta en medio de los suyos es el mismo que ha sido crucificado y sepultado. Los Apóstoles constatan esta identidad, que pertenece al núcleo de la fe en la resurrección del Señor. La fe de la Iglesia se apoya en su testimonio unánime, reforzado por la experiencia singular de Tomás, situado en cierto modo entre dos generaciones de creyentes. Siendo solidario de los primeros testigos de la resurrección, tiene que hacer suyo el testimonio de los otros. Su comportamiento no lo convierte en prototipo de los que esperan a ver para creer. Como no cesa de repetir san Juan, lo que nos recuerda es que la fe está más allá de los testimonios que la acreditan. Implica y exige un reconocimiento personal de aquel a quien se dice: «¡Señor mío y Dios mío!». La respuesta del Señor: «No seas incrédulo, sino creyente», exhortación apremiante más que reproche, va dirigida desde entonces a cada uno de nosotros. «Dichosos los que crean sin haber visto»; estas son las últimas palabras que el evangelio dirige a todos los que creen que Jesús es el «Mesías, el Hijo de Dios» y, creyendo, reciben de él el perdón de los pecados y la efusión del Espíritu, con la misión de llevar al mundo la Buena Noticia de su resurrección.

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