lunes, 4 de abril de 2011

10/04/2011 - 5º domingo de Cuaresma (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

10 de abril de 2011

5º domingo de Cuaresma (A)

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PRIMERA LECTURA

Os infundiré mi espíritu, y, viviréis.

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Para la tradición bíblica, el desierto de Babilonia (597-538 antes de Cristo) fue, para todo el pueblo, como la muerte de la que no se regresa. A través de la voz de su profeta, el Señor Dios dirige palabras de esperanza a los deportados sin esperanza. Os habéis olvidado de quién soy yo, de mi fidelidad y de mi poder. ¿Estáis muertos? Yo haré que mi pueblo vuelva a la vida, lo devolveré a la tierra de sus padres.

SALMO

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8(R.: 7)

R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Gritar a Dios es esperar. Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua.

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11

El don del Espíritu cambia radicalmente la condición de los creyentes. Estos no escapan a la muerte corporal, pero, por la justificación obtenida, no permanecerán prisioneros de la muerte. Para ellos será, con Cristo y como para él, Pascua de resurrección, entrada en la vida.

EVANGELIO

Yo soy, la resurrección y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45

El evangelio de la resurrección de Lázaro invita a unirse a toda esa serie de personas que intervienen en el relato, a seguir a las dos hermanas en sus idas y venidas, y luego, junto a la tumba, donde yace el muerto desde hace cuatro días. Los equívocos y malentendidos que salpican los diálogos nos mueven a interrogarnos sobre el modo como cada uno entendemos personalmente las palabras y gestos de Jesús. Este muestra una serenidad impresionante en medio de la agitación general, pero también una profunda humanidad, que le arranca lágrimas ante la muerte de su amigo. Después de este momento de intensa emoción, adopta una actitud sobriamente hierática, que revela su extraordinaria autoridad. Muchos de los que habían acudido a acompañar a las hermanas del difunto, creyeron en Jesús. ¿Y nosotros?

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