lunes, 2 de mayo de 2011

08/05/2011 - 3º Domingo de Pascua (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

8 de mayo de 2011

3º Domingo de Pascua (A)

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PRIMERA LECTURA

No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

La resurrección del Señor es, desde el día de Pentecostés, el objeto central de la predicación apostólica. Ella es la que permite comprender el sentido de lo que Jesús de Nazaret hizo durante su ministerio, reconocer la acción de Dios en su enseñanza, así como en los signos y prodigios que la acompañaban. Ella da cumplimiento a las Escrituras y a las promesas divinas. Exaltado a la gloria de Dios, Jesús resucitado nos hace partícipes del Espíritu que él ha recibido en plenitud. Lo que Pedro anuncia aquí es el núcleo del Credo de los cristianos desde los tiempos apostólicos.

SALMO

Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11(R.: lla)

R.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

Beber la copa de Cristo, compartir sus sufrimientos caminando con él por el sendero de la resurrección, de la vida, de la felicidad.

SEGUNDA LECTURA

Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

La resurrección de Cristo, objeto y fundamento de la fe y la esperanza de los cristianos, debe inspirar y guiar toda su conducta «al final de los tiempos». Es lo que proclamamos cuando recitamos el Credo y celebramos con gozo l eucaristía dominical.

Aleluya Cf. Lc 24, 32

Aleluya. Aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón
mientras nos hablas. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón
mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO

Lo reconocieron al partir el pan

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Los peregrinos de Emaús: una página del evangelio llena de encanto, frescura y finura psicológica, muy típica de San Lucas, cuyo arte como narrador sirve admirablemente a su intención pedagógica. Recuerda el camino que los primeros discípulos tuvieron que recorrer antes de llegar a profesar con certeza: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Pero este evangelio fue escrito para cristianos que, no habiendo vivido personalmente el acontecimiento de la Pascua, se encontraban ya en la misma situación que nos encontramos nosotros hoy. Para comprender lo que ocurrió a Jesús de Nazaret, tenemos que remitirnos a las Escrituras. Estas revelan el sentido de los signos, como es el de la tumba vacía. La credibilidad del testimonio y la enseñanza de los apóstoles, la veracidad de la predicación cristiana de todos los tiempos, derivan de su coherencia con lo que dice la Biblia. La «fracción del pan» es la prenda de la presencia del Resucitado entre los suyos. Pero la liturgia no puede prolongarse. Hay que volver a ponerse en camino. Este es el itinerario de la fe pascual, con sus diversas etapas litúrgicas, que remiten a la vida, la cual, a su vez, conduce de nuevo a la celebración del misterio.

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