domingo, 26 de junio de 2011

01/07/2011 - El Sagrado Corazón de Jesús (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

1 de julio de 2011

El Sagrado Corazón de Jesús (A)

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PRIMERA LECTURA

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió.

Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11

Los mandamientos de Dios son pruebas de amor: sin violentar nuestra libertad, nos muestran el camino de la verdad y de la vida. Guardarlos es nuestra manera de reconocer que nos ama y de manifestarle la adhesión de nuestro corazón. La religión bíblica es fundamentalmente una historia de amor entre Dios, que ama primero, y sus hijos.

SALMO

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8-10 (R : 17ab)

R.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos.

¡Qué gran ternura del corazón de Dios que perdona y cura, colmo de gracia y de ternura, proteje y da la vida!

SEGUNDA LECTURA

Dios nos amó.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-16

Las palabras de amor, las declaraciones más apasionadas, pueden resultar ilusorias. Sólo las obras, los comportamientos cotidianos, muestran la verdad del amor. Pues bien, Dios, desde siempre, ha dado múltiples pruebas de su amor infinito, hasta «enviar al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él». Por eso, creer en Dios, confesar que Jesús es la manifestación suprema de la ternura divina, «permanecer» en comunión con el Padre, participar de su Espíritu, es todo uno. La autenticidad de esta fe se verifica en el amor que, como hijos de un mismo Padre, nos tenemos unos a otros.

Aleluya Mt 11,29ab

Aleluya, Aleluya.
Señor Jesús, amigo de la gente sencilla,
tu yugo es llevadero
y tu carga ligera. Aleluya


Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
- dice el Señor -,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

Dirigiéndose a su Padre, Jesús lo bendice porque la ha enviado a revelar a la «gente sencilla» lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, Jesús los urge a buscar en él «su descanso». Verdaderamente el Señor, «manso y humilde de corazón», ha enseñado una religión de amor, que nada tiene que ver con el miedo servil y sin alegría, con el frío e implacable legalismo religioso, y con el elitismo, que reservas el acceso a lo divino a «los sabios y entendidos». Conocen a Dios los que saben lo que es el amor: un puro regalo del cielo al que el más indigente puede responder con su propio amor.

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