lunes, 20 de junio de 2011

26/06/2011 - El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

26 de junio de 2011

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (A)

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PRIMERA LECTURA

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Los autores bíblicos han meditado con frecuencia y detenimiento los acontecimientos del éxodo. El pueblo vivió una experiencia capital: en el desierto, «un sequedal sin una gota de agua», la palabra de Dios es tan necesaria como el agua que sale de la roca y el maná, ese pan maravilloso regalo del Señor.

SALMO

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

R.
Glorifica al Señor, Jerusalén.

Pan para el camino, palabra para el corazón, paz para todo el pueblo: regalos del cielo de los que la iglesia hace memoria.

SEGUNDA LECTURA

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

La comunión en el cuerpo y la sangre de Cristo creo entre los creyentes una unión vital superior a la comunidad de fe y esperanza, de la que es signo eficaz.

Aleluya Jn 6, 51

Aleluya. Aleluya.
El pan que nos das es tu carne para la vida del mundo.
El que come de este pan
vivirá, con alegría, para siempre. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

El maná, el pan bajado del cielo, se dio a nuestros padres para que atravesaran el desierto. Después de la multiplicación de los panes, Jesús declara solemnemente que él es el pan vivo bajado del cielo para dar al mundo la vida eterna; que él en persona es el alimento indispensable para llegar a la resurrección del último día. Para entender el sentido de estas palabras, hay que recordar la comida que el Señor compartió con sus discípulos la víspera de su muerte. Al ofrecerles el pan y el cáliz, dijo: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, este es el cáliz de mi sangre». Bajo los signos eficaces del sacramento que llamamos eucaristía es como se puede comer su carne y beber su sangre, comulgar íntimamente en la vida de Cristo resucitado.

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