lunes, 11 de julio de 2011

17/07/2011 - 16º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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17 de julio de 2011

16º domingo Tiempo ordinario (A)


En el credo y en la oración, el creyente reconoce y proclama sin cesar la omnipotencia de Dios, a la que nada ni nadie puede oponerse. Pero, a la vista de lo que ocurre en el mundo, es imposible no interrogarse. ¿Cómo puede Dios soportar tantos clamorosos desórdenes, tantas injusticias intolerables, tantos crímenes que quedan escandalosamente sin castigo? ¿Por qué interviene tan poco, como si no tuviera medios para castigar el mal e impedir su propagación? El grito angustiado de unos, las burlas de otros, llegan dolorosamente a los oídos del creyente (Sal 42,11).
Hay que afrontar estos interrogantes, no para pedirle cuentas a Dios, sino para tratar de comprender su comportamiento, que debe determinar el nuestro. Es lo que hace el autor del libro de la Sabiduría. La conducta de Dios no es prueba de debilidad ni de inhibición. No interviene y da muestras de paciencia porque es el Todopoderoso. No tiene necesidad de imponerse por la fuerza; deja a todos el tiempo suficiente para que cambien de conducta y se conviertan.
Jesús expone esta enseñanza por medio de tres parábolas. A pesar de las apariencias, la palabra de Dios es de una fecundidad extraordinaria: como un grano de mostaza, del que nace un gran arbusto; como un poco de levadura, que hace fermentar tres grandes medidas de harina; como la buena semilla, de la que brotan numerosas espigas de trigo.
Cuando los brotes jóvenes surgen de la tierra, se observa que están mezclados con cizaña, hierba particularmente dañina para los cereales. El amo prohíbe arrancarla, porque con ella se corre el riesgo de arrancar también los brotes de trigo, que sin duda hunden sus raíces en los mismos terrones. Es, pues, más prudente esperar hasta siega para separarlos. Así actúa también el cosechador divino, no por debilidad o indiferencia, sino por misericordia.
Que el Espíritu, el único que conoce los pensamientos de Dios y sus intenciones, «abra nuestros oídos». El es el único que puede hacemos, «oír», comprender, la enseñanza expuesta por Jesús en parábolas. Que la oración que él inspira nos haga ver con los ojos del Señor; de este modo aprenderemos a juzgar y a actuar como él, a querer lo que él quiere.

PRIMERA LECTURA

En el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Aunque no lo parezca, el recurso a la fuerza es, en el hombre, signo de debilidad y miedo inconfesados, de autoridad mal afirmada, que necesita usar la coacción. De ahí que el poder adquirido de este modo esté incesantemente amenazado y sea siempre efímero. Al contrario, Dios, que es el Todopoderoso, es capaz de actuar con moderación, y mostrarse infinitamente paciente, indulgente y misericordioso.

SALMO

Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

R.
Tú, Señor, eres bueno y clemente.

La bondad y la misericordia de Dios son proporcionales a su grandeza y poder Que nadie dude de acercarse a él.

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu intercede con gemidos inefables.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

La oración del hombre no es un impulso casual hacia Dios, el Inaccesible: es el Espíritu quien la suscita y traduce en ella las palabras poco adecuadas.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Bendito seas, Dios Padre nuestro,
por tu Hijo Jesucristo: los que escuchan su palabra
brillarán en el reino. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43

Se sabe que un minúsculo grano de mostaza da origen a un gran arbusto, y que un poco de levadura hace fermentar la masa. Con mayor razón podemos asegurar que el reino, cuyos comienzos son modestos, se desarrollará y transformará el mundo. Por otro lado, Jesús enseña por qué Dios no hace distinción entre buenos y malos. Por una parte, la cizaña no puede impedir que germine la buena semilla. Por otra, sólo al Hijo del hombre le compete el juicio. Y espera al fin del tiempo, porque Dios da a todos el tiempo suficiente para convertirse.

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