lunes, 18 de julio de 2011

24/07/2011 - 17º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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24 de julio de 2011

17º domingo Tiempo ordinario (A)


El nombre de Salomón evoca el recuerdo de un hombre dotado de sabiduría proverbial. Un día, como está escrito en primer libro de los Reyes, Dios le dijo: «Pídeme lo que quieras». A esta propuesta Salomón contesta sin dudar: «Concédeme discernir el mal del bien». Sabiendo que este discernimiento pertenece sólo a Dios, a quien nadie puede arrebatárselo, el rey pide humildemente la gracia de participar de él. Es escuchado. Y así estará en condiciones de asumir la misión que Dios le ha confiado en medio de su pueblo.
Jesús, descendiente lejano de Salomón (Mt 1,1.6), proclama la Buena Noticia de la venida inminente del reino de los cielos (Mt 4,17). Revela, con el lenguaje sencillo y familiar de las parábolas, el misterio de su crecimiento lento y laborioso, hasta el día de su plena manifestación al final de los tiempos. Es como un tesoro de gran valor, todavía escondido. Para adquirirlo, hay que renunciar con alegría a todos los demás bienes, vender todo lo que se tiene. Los humildes, la gente sencilla, los que entienden las cosas del corazón, que es a quienes Jesús se dirige, son capaces de entenderlo. Con su sabiduría, que procede de Dios y de la que el mismo Jesús se sorprende (Mt 11,25), no dudan en sacar las consecuencias prácticas de esta enseñanza del Maestro, que es verdaderamente «más que Salomón» (Mt 12,42).
No se muestran escandalizados por la paciencia de Dios, que no tiene prisa en separar el trigo de la cizaña, los buenos de los malos. Comprenden que Dios actúa así por misericordia, por dejar a todos tiempo suficiente para que se conviertan. Esperan con el Señor que muchos, maravillados de tanta magnanimidad, acaben abriéndose al amor del Padre, el único que puede justificarnos y nos llama a compartir un día la gloria de su Hijo.
El «discurso en parábolas», que leemos en el evangelio según san Mateo a partir del decimoquinto domingo, posee una riqueza inagotable. Los «escribas que entienden del reino de los cielos» pueden sacar de él incesantemente, en la oración y en la meditación, nuevas enseñanzas adaptadas a las diversas circunstancias, a menudo inéditas, de su vida. Pueden contar, además, con la sabiduría de Dios, que sabrá hacer que «a los que lo aman todo les sirva para el bien».

PRIMERA LECTURA

Pediste discernimiento.

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

A los que se lo piden, Dios les concede, junto a «un corazón sabio e inteligente», el espíritu de discernimiento necesario para llevar a cabo su propia vocación. Estos dones, más que cualquier otro, permiten participar de la sabiduría divina que gobierna el universo y orienta hacia el Reino.

SALMO

Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a)

R.
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Conocer y acoger con gratitud la palabra de Dios, bien por excelencia, y conformarse a ella con amor: en eso consiste la sabiduría suprema, la prenda de la felicidad.

SEGUNDA LECTURA

Nos predestinó a ser imagen de su Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Una cosa es cierta. Cuando respondemos al amor de Dios, se nos da todo: la adopción filial en su Hijo, la justificación, las arras de la gloria.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Bendito seas, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tú das el tesoro del reino
a los que lo venden todo para comprarlo. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Vende todo lo que tiene y compra el campo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

El tiempo presente ofrece la posibilidad de adquirir el tesoro inestimable del reino de los cielos. El momento de «separar a los malos de los buenos», comparados en Otro lugar a la cizaño y el trigo, llegará «al final del tiempo».

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