lunes, 25 de julio de 2011

31/07/2011 - 18º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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31 de julio de 2011

18º domingo Tiempo ordinario (A)
San Ignacio de Loyola


A aquellos a quienes los alimentos terrenos no logran quitarles el hambre, Dios les dice: «Venid a mí, que yo colmaré los deseos de vuestro corazón; yo os daré gratis el alimento que da la vida en plenitud, ya desde ahora y para siempre».
Jesús hace esta apremiante invitación con una fuerza y una insistencia nuevas. Los que están atormentados por la enfermedad o por sus demonios interiores, se acercan a él para encontrar de nuevo, junto a las razones para vivir, un lugar en la sociedad de la que han sido excluidos. La multitud sigue sus pasos, y va en su busca hasta el lugar tranquilo y apartado donde se había retirado. Conmovido en lo más profundo de su ser, renunciando a su necesidad de soledad, Jesús responde a sus expectativas.
Entre todas las manifestaciones de esta solicitud del Señor para con la gente desamparada, la multiplicación de los panes en el despoblado reviste una importancia particular. El primer relato que de ella nos ofrece san Mateo indica que Jesús ha pasado todo el día curando enfermos. Al atardecer, los discípulos consideran que ha llegado el momento de despedir a la multitud para que vayan a buscarse de comer. «No hace falta que vayan —les dice Jesús—, dadles vosotros de comer». Bajo esta respuesta subyacen muchas cosas, Con los cinco panes y los dos peces de que disponen, los discípulos se encuentran también ellos en una situación de indigencia que no les permite hacer nada por los demás. Jesús toma entonces las riendas de la situación. «Mandó a la gente que se recostara en la hierba». Como si de un banquete solemne, si no ritual, se tratara, pronuncia la bendición sobre las pocas provisiones que le han presentado y dice a sus discípulos que las distribuyan entre la gente, «unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños».
Nadie parece sorprenderse de esta multiplicación inesperada de los panes y los peces: ni los discípulos ni la gente. Pero san Mateo escribe para cristianos que se dirigen a Dios diciendo: «Padre nuestro, danos hoy nuestro pan de cada día», y que participan ya en la fracción del pan, donde el Señor se da personalmente como alimento. Fortalecidos por este pan bajado del cielo, estamos en condiciones de enfrentarnos a todo, seguros de que ya nada «podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús».

PRIMERA LECTURA

Venid y comed.

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Incluso en tiempo de abundancia puede haber una dramática escasez de «platos sustanciosos» que no se encuentran en ningún mercado: paz interior razones para vivir, esperanza, amor. « Venid a mí», dice el Señor, que nos ofrece una «alianza perpetua».

SALMO

Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 (R.: cf. 16)

R.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.

Ternura y misericordia, justicia y bondad del Señor: estos son los bienes que proporciona la alianza.

SEGUNDA LECTURA

Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

Después de reflexiones largas, y a veces difíciles, sobre la doctrina de la justificación, san Pablo no puede menos de prorrumpir en una exclamación sobre lo entusiasmante que es la fe en el amor de Dios manifestado en Jesucristo, ente de una esperanza que nada, absolutamente nada, puede quebrantar

Aleluya Mt 4, 4b

Aleluya. Aleluya.
Cristo ha bendecido y ha partido los panes
para la gente de todos los tiempos. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

Comieron todos hasta quedar satisfechos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

La multiplicación de los panes tiene una gran importancia en los evangelios, que recogen de ella seis relatos (Mt 14,13-21; 15,32-38; Mc 6,31-44; 8,1-10; Lc 9,10-17; Jn 6,1-3). El de san Mateo centra la atención en la autoridad de Jesús, cuyos gestos, bastante hieráticos, hacen pensar en los de la última cena, y en el posterior papel de los discípulos, encargados de distribuir en la Iglesia el alimento ofrecido por el Señor La tradición ha visto en los restos cuidadosamente recogidos en los doce cestos la promesa de Otro pan: el que se comparte en el banquete eucarístico.

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