lunes, 29 de agosto de 2011

04/09/2011 - 23º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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4 de septiembre de 2011

23º domingo Tiempo ordinario (A)

Desde que el pecado se introdujo en el mundo, Dios intenta reunir un pueblo santo. Multiplica las iniciativas para incitar a los hombres a que lo busquen y lo encuentren, reanudando los vínculos de una amistad siempre ofrecida. Su ley indica el camino del encuentro.
En su gran misericordia, Dios viene en ayuda de todos los hombres: «por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación» (Plegaria eucarística IV). Pone como «atalayas» a estos enviados, encargados de poner en guardia a los que se adentran por caminos que conducen a la muerte y de urgir a los extraviados para que vuelvan al camino recto. ¡Difícil misión! Es cierto que cada cual es responsable de sus decisiones y sólo puede achacarse a sí mismo las consecuencias que se deriven de ellas. Pero si el profeta no advierte al «malvado» del peligro mortal que corre, Dios pedirá cuentas a este «atalaya» negligente o pusilánime. Ezequiel no encuentra palabras suficientemente duras para condenar a los profetas que «siguen su propio espíritu y no ven nada» (Ez 13,3), y que extravían al pueblo. Más tarde también Jesús denunciará, con igual vigor, a los «guías ciegos» (Mt 15,14).
Sin embargo, no hay que descargar sobre los profetas reconocidos o sobre los dirigentes oficiales toda la responsabilidad personal de los miembros de la comunidad. Todos han de trabajar para que los descarriados vuelvan al buen camino. Con tacto y humildad, remitiéndose a las reglas recogidas por san Mateo en lo que suele llamarse el «discurso eclesiástico» o «comunitario», por ser una especie de antología de los principios que deben regir la vida cotidiana de las comunidades cristianas. Este domingo se lee el pasaje que se refiere al modo de comportarse con los hermanos que notoriamente han cometido un pecado.
«Amar es cumplir la ley entera». Se trata de un deber que nunca se cumple del todo. Por eso no se puede abandonar a su suerte a los pecadores. La Iglesia llega a veces a la excomunión, cuando todos los demás medios han sido inútiles. La oración de la comunidad no sólo debe seguir arropando a los hermanos que se han visto afectados por esta medida extrema, sino que ha de hacerse aún más intensa. Que la misericordia de Dios, que se pide al comienzo de cada celebración eucarística, los haga volver al buen camino.

PRIMERA LECTURA

Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

El profeta es una atalaya (Ez 3,17) que debe transmitir fielmente y sin cansarse las advertencias de Dios, que exhorta a su pueblo a la conversión, so pena de ser castigado por no haber puesto en guardia al que estaba en peligro de muerte.

SALMO

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»


¿Cómo no escuchar con alegría la palabra de Dios que nos llama a la conversión?

SEGUNDA LECTURA

Amar es cumplir la ley entera.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

El legalismo religioso no tiene en cuenta que todos los mandamientos están orientados al amor criterio último de todo comportamiento conforme a la voluntad de Dios.

Aleluya. 2 Cor. 5, 19

Aleluya. Aleluya.
Estamos reunidos en el nombre del Señor
El está en medio de nosotros:
que abra nuestros corazones a su palabra
de amor y perdón. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

No se puede abandonar a su suerte a los hermanos que viven en pecado. La caridad exige que nos esforcemos en procurar que se enmienden; es lo que se llama el deber de «la corrección fraterna», que requiere tacto y humildad, pues no se trata de juzgar ni condenar a culpables. La misma exclusión de la comunidad está inspirada en la caridad, ya que va acompañada por la oración insistente de la comunidad al Señor Sólo Él puede convertir los corazones. Que Él atraiga de nuevo a sí a los que se han extraviado.

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