lunes, 1 de agosto de 2011

07/08/2011 - 19º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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7 de agosto de 2011

19º domingo Tiempo ordinario (A)

En los evangelios, el relato de la multiplicación de los panes y el de la tempestad calmada constituyen una especie de díptico. En ambas hojas Jesús aparece en primer plano. En una de ellas entrega a los discípulos el pan multiplicado para que lo distribuyan a la gente.
En la otra va hacia ellos caminando sobre las aguas, en medio de una tempestad que pone en peligro la barca a la que él les ha «apremiado» a subir para ir «a la otra orilla» del lago. La tradición ha visto en esta barca sacudida por las olas, pero salvada por el Señor del naufragio, una imagen de la Iglesia que boga, contra viento y marea, hacia la orilla a la que el Resucitado se le ha adelantado. La multitud de los que siguen al Señor hasta el despoblado recibe de su mano el pan que sacia toda hambre. Los discípulos, que se esfuerzan por acudir a la cita con el Señor, tienen la impresión de que la barca va a zozobrar. «¡Tened confianza! Las tempestades pueden sacudir la barca, pero no la hundirán», les dice el Señor.
El relato de san Mateo incluye otros elementos que amplían y precisan esta interpretación. La reacción de los discípulos y la de Pedro hacen pensar en las primeras apariciones pascuales. Cuando el Resucitado se presenta ante ellos, los discípulos también creen ver un fantasma. Entonces, corno en esta ocasión, el Señor se dirige a ellos tranquilizándolos: «¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!». Igualmente les reprocha su falta de fe y sus dudas. Finalmente, en las apariciones pascuales, lo mismo que en el lago, la escena acaba con una especie de liturgia. Los discípulos «se postran» ante el Señor y confiesan su fe: «¡Realmente eres Hijo de Dios!».
Sea cual sea su grado de vinculación al Señor, la experiencia de su presencia y de su proximidad a él, todo discípulo, del que Pedro aparece aquí como prototipo, pasa por momentos de duda y vacilación. Que en el momento en que empiece a perder pie, grite: «¡Señor, sálvame!». El Señor le tenderá la mano para que no se hunda. Que los titubeos de la fe no impidan participar en la liturgia, postrarse con los demás, con la Iglesia, para proclamar: «¡Realmente eres Hijo de Dios, el Señor!». «¡Tengo fe, pero dudo, ayúdame!» (Mc 9,24).
Y que, cuando el silencio de Dios nos desanime, escuchemos con atención: él sigue ahí, en el murmullo de una «brisa tenue».

PRIMERA LECTURA

Ponte de pie en el monte ante el Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

Dios está presente en el silencio y la soledad. Esta experiencia de Elías en el Horeb (otro nombre del monte Sinaí donde el Señor se había revelado en medio del estruendo de los elementos desencadenados) reaviva el celo del profeta. Sale de la cueva donde se había refugiado, abatido por el desánimo, y va de nuevo a continuar su misión en medio del pueblo al que Dios lo ha enviado.

SALMO

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Si escucho con atención, oiré a Dios murmurar en mi corazón: misericordia, fidelidad, justicia, paz.

SEGUNDA LECTURA

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

El evangelio es rechazado por los que debieran haber sido los primeros en acogerlo. Esta idea atormenta a san Pablo. Pero él no pierde la confianza. Un día, los innumerables dones de Dios darán su fruto.

Aleluya Cf Sal 129,5

Aleluya. Aleluya.
Cuando estamos a punto de hundirnos,
tú nos salvas, Señor,
tú, que eres el Hijo de Dios. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Espero en el Señor,
espero en su palabra. Aleluya.

EVANGELIO

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Con ocasión de la multiplicación de los panes los discípulos aprenden que pueden saciar el hambre de las masas si acuden al Señor con confianza. ¡Que las tempestades y los vientos contrarios que han de afrontar no los atemoricen ni los hagan vacilar en su fe! Alfinal de una travesía tal vez dura, arribarán, en la Iglesia, a la otra orilla, donde el Señor les había dado cita.

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