lunes, 1 de agosto de 2011

14/08/2011 - 20º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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14 de agosto de 2011

20º domingo Tiempo ordinario (A)

Los profetas habían anunciado que Dios acogería a los extranjeros que subieran a su monte santo para adorarlo. Su casa sería «casa de oración para todos los pueblos». Un día fue su Hijo quien vino al mundo. Jesús sembró a manos llenas la buena semilla de la Palabra. Curó a todos los enfermos que le presentaban, incluso al hijo de un funcionario real. Llamó al publicano Mateo, comió con los pecadores y multiplicó los panes para la multitud. Pero no salió de los estrechos límites de su país. No obstante, en algunas ocasiones estuvo en los límites del mundo pagano.
En una ocasión una mujer acudió de estas regiones para suplicarle que curara a su hija. «Hay que hacerle caso para que deje de gritar», decían los discípulos. «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», fue la respuesta de Jesús. Como si no hubiera oído, la cananea «se postra» y dice: «Señor, socórreme». Es la actitud y la manera de orar que, según san Mateo, conviene a los discípulos. Sin embargo, Jesús empieza declarando que no puede atender una petición procedente de una pagana, y lo hace en términos bastante despectivos. Pero, sin duda, el tono de su voz suavizaba su dureza. En cualquier caso, esta respuesta de Jesús hace pensar en la que dio a su madre cuando, en las bodas de Caná, le pedía que interviniera porque el vino empezaba a faltar: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). En este caso es el tiempo de la misión entre los paganos lo que todavía no ha llegado. Adelantarlo sería como quitarles a los hijos el pan antes de que se hubieran saciado. Es algo que la cananea entiende. Ella no reclama ningún privilegio. Al igual que María, se pone en manos del Señor. Que Jesús le dé sólo las migajas que caen de la mesa de los amos. Y, como María, obtiene lo que pide.
Ahora ya no hay fronteras. El evangelio se predica en todas partes. Todos tienen libre acceso a la mesa de los hijos. Es una gracia, y no un derecho que pueda reclamarse o conservarse como privilegio. Pero no basta saberlo, o proclamarlo con palabras o en la oración universal de los fieles. Hay que traducir esta certeza en los comportamientos de la vida diaria y en la celebración litúrgica. La acogida del extranjero, el lugar que se le otorga en las relaciones ordinarias y en las asambleas litúrgicas, ponen a prueba la autenticidad de una fe, de un espíritu y de un corazón verdaderamente católicos.

PRIMERA LECTURA

A los extranjeros los traeré a mi monte santo.

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Dios acogerá en su «casa» a todos los que acepten su alianza y sus leyes. Este ecumenismo, querido por Dios, es fruto de una comunidad fuertemente arraigada en su fe y que vive decididamente en conformidad con la voluntad del Señor.

SALMO

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)

R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.


Una oración de dimensiones universales: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero, que lo bendigan y acepten la salvación. R.

SEGUNDA LECTURA

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11 13-15. 29-32

Como obsesionado por el rechazo y la oposición de «los de su raza» al evangelio, san Pablo quiere que los paganos, de los que él es el apóstol, compartan su esperanza. Nadie sabe cuándo ni cómo acogerán las promesas los primeros destinatarios de ellas. Pero hay que tener por cierto que «los dones y la llamada de Dios son irrevocables», y que la misericordia divina sigue ofreciéndose, y seguirá ofreciéndose siempre, a todos.

Aleluya Mt 4, 23

Aleluya. Aleluya
Cristo ha venido a curar y a salvar
a todos los que acuden a él gritando,
Dichoso quien pone en él su fe. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

«Tiro y Sidón» es una expresión con la que se designa a las naciones paganos. La misión de Jesús no abarca estos territorios. Pero no puede dejar de escuchar la plegaria insistente hecha con una fe ejemplar por una mujer venida de estos territorios. La cananea del evangelio aparece como un prototipo de los creyentes que vendrán del paganismo. Como auténtica discípula, se postra ante de Jesús y le suplica diciendo: «Señor, socórreme», «Kyrie, eleison».

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