lunes, 15 de agosto de 2011

21/08/2011 - 21º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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21 de agosto de 2011

21º domingo Tiempo ordinario (A)


La destitución de un oscuro mayordomo del palacio de Ezequías, rey de Judá en el siglo VIII antes de Cristo, se habría olvidado, sin duda, sin el oráculo de Isaías. Dios espera de los ministros propuestos para el gobierno de su pueblo que ejerzan su autoridad según sus instrucciones. Aparta a los que no actúan de acuerdo con su voluntad. Pero no renuncia a su plan de salvación ni se arrepiente de sus promesas. La destitución del gobernador Sobná es, incluso, ocasión para el anuncio de una nueva iniciativa divina que será decisiva. Como siempre, esta profecía se recuerda en la liturgia para mostrar cómo ese acontecimiento se sitúa dentro de la continuidad de la historia de la salvación. En concreto, especialmente durante el tiempo ordinario, la primera lectura y el evangelio constituyen como dos hojas de un díptico. La venida de Jesús da plenitud, más allá de toda esperanza, a las promesas hechas en otro tiempo a David (Sal 109). Dios ha suscitado en medio de su pueblo un siervo perfecta- mente fiel a su voluntad, «como un clavo en sitio firme».
Cuando aparece «Jesucristo, hijo de David» (Mt 1,1), muchos, viendo sus obras, presienten que él es el enviado prometido en otro tiempo por Dios; pero se preguntan por su verdadera identidad: ¿Juan Bautista?, ¿Elías?, ¿Jeremías?, ¿uno de los profetas? Jesús pide a sus discípulos que se pronuncien: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro, en nombre de todos, declara sin vacilar: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Tal profesión de fe no puede venir sino de una revelación del Padre: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!». Sabiendo que debe volver a su Padre, Jesús lo nombra entonces intendente suyo para guiar a la Iglesia, a la que «el poder del infierno» no derrotará. Le da «las llaves del reino de los cielos». Pedro las usa por primera vez para abrir las puertas a los paganos. Comprendiendo que «Dios no hace distinciones» entre los hombres, anuncia el Evangelio en casa de Cornelio. El Espíritu interviene entonces para confirmar su iniciativa, y Pedro manda bautizar a estos creyentes inesperados (Hch 10). Más tarde, por impulso suyo, los paganos conversos quedarán exentos de ciertas obligaciones de la Ley (Hch 15,5-25).
Dios confía en seres débiles para llevar a cabo sus insondables decisiones. «A él la gloria por los siglos», por medio de su Hijo, piedra angular de la Iglesia.

PRIMERA LECTURA

Colgaré de su hombro la llave del palacio de David.

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Para guiar a su pueblo, Dios recurre a «intendentes»: las llaves son el signo de la autoridad que delega en ellos. A Cristo le corresponden por ser Hijo (Ap 3,7), como canta una antífona del tiempo de Adviento (20 de diciembre): «Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel». Y se las ha confiado a Pedro.

SALMO

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc (R.: 8bc)

R.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.


Que Dios no detenga la obra de sus manos. Los humildes, de los que él es la fuerza, le darán gracias.

SEGUNDA LECTURA

Él es el origen, guía y meta de] universo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¿ Qué decir ante la sabiduría y la ciencia insondables de Dios sino palabras de adoración y alabanza?

Aleluya. Mt 16, 18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el apóstol Pedro,
que reconoció en Jesús al Hijo de Dios vivo,
y recibió del Señor las llaves del reino. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

Antes de investirlo para ser sólido fundamento de la Iglesia, el Señor le pide a Pedro que confiese públicamente su fe (es lo que se sigue haciendo antes de administrar un sacramento). Como la de «la gente sencilla», la fe del apóstol suscita la admiración y la acción de gracias de Jesús (Mt 11,25-26). En cuanto al «poder de las llaves», se le otorga a Simón para el servicio de la Iglesia, salvaguardada por el mismo Señor del «poder del infierno».

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