lunes, 22 de agosto de 2011

28/08/2011 - 22º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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28 de agosto de 2011

22º domingo Tiempo ordinario (A)


El profeta, como portavoz de Dios, transmite sus oráculos, sus juicios sobre la conducta de los hombres y sus llamadas a la conversión. Su visión de las cosas hace percibir su significado y su alcance. Presiente el futuro que Dios tiene proyectado, y lo prepara. Por eso se encuentra a menudo en la obligación de oponerse al orden establecido, cuyos fallos y deficiencias señala sin ambages. Se podría tolerar que dijera: «¡Lo que hacéis está mal!». Pero es que cuestiona continuamente la situación: «¡No penséis que podéis seguir así, que no hay nada mejor que hacer!». Unos no soportan que denuncie públicamente su mal comportamiento, y menos aún sus intenciones ocultas, más o menos perversas. Otros querrían que los dejara en paz, que se conformara, como todo el mundo, con su buena voluntad. El profeta molesta, pero él mismo se encuentra en una situación desgarradora, por encima de sus fuerzas, como testimonia Jeremías de forma patética. No imaginaba que su misión sería tan dolorosa. La tentación de eludirla es grande. Pero resulta imposible sustraerse a la «seducción» de Dios, al fuego animador del Espíritu.
Jesús, como profeta, también fue objeto de burlas y malévolas hostilidades. Se pusieron en duda su rectitud de intención y la autenticidad de su misión. Llegaron a acusarlo de ser un agente de Satanás (Mt 9,34) y lo mataron. Como Jeremías, pidió que, si era posible, se apartara de él el cáliz de sus sufrimientos (Mt 26,38), y en la cruz brotó de sus labios el grito del justo al borde de la desesperación: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; Sal 21,2). Sin embargo, nada pudo lograr que se desviara de su misión, porque estaba indefectiblemente unido a la voluntad de Dios, su Padre (Mc 14,36), y tomó decididamente el camino hacia Jerusalén, sabiendo lo que allí le esperaba. Por eso, cuando Pedro, de buena fe pero comportándose como verdadero tentador, quiso disuadirlo, Jesús rechazó enérgicamente al apóstol, que no comprendía que lo que estaba en juego era nada menos que la salvación del mundo. Por consiguiente, también para los discípulos perder la vida es el único modo de salvarla.
Los discípulos celebran verdadera y auténticamente la eucaristía, memorial de la Pascua de Cristo, muerto y resucitado, en la medida en que hacen de su persona y de toda su existencia un «sacrificio santo» agradable a Dios.

PRIMERA LECTURA

La palabra del Señor se volvió oprobio para mí.

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Nombrado portavoz de Dios sin que él se lo buscara, deseando verse libre de un ministerio que lo expone sin cesar a hostilidades y persecuciones, y, a pesar de todo, fiel a los difíciles compromisos de su misión: así fue el profeta Jeremías, que, por su obediencia a la voluntad divina, es una figura conmovedora de Cristo, el Siervo de Dios que «se sometió incluso a la muerte» (Flp 2,6-13).

SALMO

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)

R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Dios se manifiesta a quien lo busca. Sale al encuentro de quien clama a él, lo reconforta e. incluso en la prueba, pone la alegría en el fondo de su corazón. R.

SEGUNDA LECTURA

Presentad vuestros cuerpos como hostia viva.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Si se da algún tipo de disonancia entre el culto y las formas concretas de comportamiento en la vida ordinaria, la práctica religiosa tenderá al formalismo Y la moral degenerará en moralismo. Dios no puede aceptar esto, que, además, escandaliza a la gente.

Aleluya. Cf. Ef 1, 17-18

Aleluya. Aleluya.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá;
Pero el que la pierda por Cristo
la encontrará. Aleluya.


Aleluya, aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. Aleluya.

EVANGELIO

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

Pedro, «roca» sobre la que Jesús ha edificado su Iglesia, se hace «piedra de tropiezo» en su camino. Incluso para la fe más decidida, la cruz de Cristo y la renuncia que se exige a sus discípulos siguen siendo difíciles de admitir Pero ¿Cómo participar de la gloria del Padre, sino siguiendo a Jesús por el camino de la Pascua de muerte y resurrección?

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