lunes, 12 de septiembre de 2011

18/09/2011 - 25º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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18 de septiembre de 2011

25º domingo Tiempo ordinario (A)

Los dos domingos anteriores se ponía bajo el fuego de la palabra de Dios la vida interna de las comunidades cristianas. La manera de comportarse con los hermanos que pecan y el deber del perdón recíproco de las ofensas derivan del hecho de que la Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados. Pero no basta con estar íntimamente convencidos de ello, no basta con quedarse en buenos sentimientos, en hermosas declaraciones de intenciones, en impulsos de compasión interior. La fe no se conforma con las palabras: necesita traducirse también en obras en la vida de cada día, en cualquier circunstancia. La liturgia de este domingo nos exhorta precisamente a no olvidarlo.
El hombre religioso es un buscador de Dios. Su búsqueda es tanto más activa y, podríamos decir, apasionada, cuanto más se aproxima el único que puede colmar su deseo. Siempre en camino, el creyente tiende hacia él con todas sus fuerzas, sin detenerse nunca. Sabe que Dios, «que es rico en perdón», tiene piedad de los que, habiéndose extraviado, se apartan decididamente del mal camino. Esta certeza estimula el celo de los pecadores perdonados, haciéndoles reconocer lo justo que es Dios cuando acoge a los que vuelven a él. Lejos de escandalizarse por ello, dan gracias.
Por otro lado, día tras día, a todas horas, Dios contrata jornaleros para trabajar en la viña que ha plantado. Todos deben apresurarse a responder con alegría a su llamada y confiar en que él les dará su «jornal», si se puede hablar así. Al atardecer, cada uno recibirá lo suyo, infinitamente más de lo que merece, como puro don de la bondad del «propietario». Lo que se pide a todos, indistintamente, es que trabajen como siervos fieles sumisos a la voluntad del Señor, que «lleven una vida digna del Evangelio de Cristo».
El ejemplo de san Pablo es particularmente sugerente. «Partir para estar con Cristo» cuanto antes sería «con mucho lo mejor» para él. Pero piensa que todavía puede hacer aquí abajo un trabajo útil por los demás. No sabiendo cómo salir de este dilema, deja la decisión al Señor; él, por su parte, está totalmente disponible. En cualquier caso, de una cosa está seguro el Apóstol: «Cristo será glorificado abiertamente». El verdadero servidor de Dios no debe preocuparse de otra cosa: «Señor, hágase tu voluntad!»,

PRIMERA LECTURA

La paciencia de Dios no es en absoluto prueba de debilidad o desinterés. El Señor, «rico en perdón», deja a cada uno el tiempo necesario para que se convierta. Es urgente aprovechar este plazo para «buscarlo», «invocarlo», «regresar» a él, «abandonar» los caminos de la perdición. Estos cuatro verbos demuestran que no basta con «las buenas intenciones»: es necesario actuar.

Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor.
Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Bendito sea Dios, inaccesible en su grandeza infinita, cercano por su ternura sin límites!

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 (R.: l8a)

R
Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré 
y alabaré tu nombre por siempre jamás. 
Grande es el Señor, merece toda alabanza, 
es incalculable su grandeza. R

El Señor es clemente y misericordioso, 
lento a la cólera y rico en piedad; 
el Señor es bueno con todos, 
es cariñoso con todas sus criaturas. R

El Señor es justo en todos sus caminos, 
es bondadoso en todas sus acciones; 
cerca está el Señor de los que lo invocan, 
de los que lo invocan sinceramente. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo, desde su prisión, considera los dos posibles desenlaces de su proceso: la condena a muerte, que le permitiría partir para estar con Cristo, y el sobreseimiento, que le permitiría reanudar su apostolado. No sabe qué preferir. Ocurra lo que ocurra, todo será por Cristo. Los destinatarios de su carta deben compartir esta confianza. La incertidumbre sobre la suerte de su apóstol ha de estimularlos a mostrarse aún más dignos del Evangelio de Cristo.

Para mí la vida es Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:
Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya.
Jornaleros de todas las horas,
participamos de la misma herencia;
la bondad del Señor no tiene medida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Ábrenos el corazón, Señor,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

«Vuestros caminos no son mis caminos», afirma el Señor en el oráculo de Isaías leído anteriormente. Jesús lo muestra en una parábola intencionadamente impactante, para conseguir que sus oyentes rectifiquen eventualmente su idea de la justicia de Dios y se interroguen sobre su modo de afrontar y asumir el servicio al Señor Todos deben trabajar con entusiasmo en la viña, clásica imagen bíblica del Reino. Pero en ningún momento hay que olvidar dos cosas. El «jornal» es siempre un don absolutamente gratuito de la bondad de Dios; nadie puede exigirlo como algo debido. Y además, tiene un valor por encima de toda medida; no tiene sentido discutir la cantidad. Hay que aceptarlo, pues, con agradecimiento y alegrarse de que también los demás lo reciban.

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"
Le respondieron:
"Nadie nos ha contratado."
Él les dijo:
"Id también vosotros a mi viña."
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:
"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."
Él replicó a uno de ellos:
"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra de Dios.

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