lunes, 24 de octubre de 2011

30/10/2011 - 31º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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30 de octubre de 2011

31º domingo Tiempo ordinario (A)



La búsqueda de honores acecha a todo el que se encuentra investido de autoridad, de poder. Con frecuencia se provocan situaciones marcadamente ridículas, de las que ni siquiera se dan cuenta los mismos que ofrecen el espectáculo. Haciendo el juego a su increíble inconsciencia, algunos, burlándose, multiplican ante ellos los más exagerados gestos de deferencia. Otros se aprovechan de este gusto inmoderado por las manifestaciones públicas de consideración, por simple adulación servil o para sacar partido: «Todo adulador vive a expensas de quien lo escucha». A veces, en fin, se exigen señales exteriores de deferencia y títulos honoríficos para hacer sentir a los otros su situación de subordinación, de inferioridad, cuando no para sentirse uno mismo en posesión de la autoridad. Nada de esto debe ocurrir dentro del pueblo de Dios.
Los sacerdotes —recuerda con rasgos vigorosos la profecía de Malaquías— tienen la misión de procurar que todos respeten la gloria del «Señor de los ejércitos», «el Gran Rey», y den gloria a su nombre, ante todo por su testimonio de fidelidad a la alianza. Faltando a esta obligación, se convierten en ocasión de tropiezo para muchos. Entonces Dios no acepta su culto. El pueblo, por su parte, incurre en condena similar cuando, olvidando que Dios es el Padre de todos, profana su nombre con sus disputas e injusticias.
Jesús tuvo también palabras muy duras con ciertos escribas y fariseos, que buscaban honores pero olvidaban sus deberes, que cargaban a los otros «fardos pesados e insoportables», pero ellos «no estaban dispuestos a mover un dedo para empujar». San Mateo recuerda estas invectivas del Señor para poner en guardia a los dirigentes de las comunidades cristianas. A los fieles, escandalizados por tales comportamientos, les recuerda lo que decía el Señor: «Haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen»; «No los aduléis dándoles títulos que sólo a Dios corresponden. Ayudadlos a comportarse como servidores, que es la actitud que realmente debéis tener todos unos con otros».
No es en los hombres en quienes se apoya la fe, sino en la palabra de Dios, dice san Pablo, que sigue siendo el modelo perfecto de apóstol, de predicador del Evangelio, de discípulo que consagra su vida al servicio de todos. En la Iglesia todos somos responsables unos de otros.

PRIMERA LECTURA

Una especie de doble ultimátum lanzado por un profeta de la segunda mitad del siglo V antes de Cristo. Dios ya no puede soportar por más tiempo el modo como algunos sacerdotes celebran el culto y enseñan la Ley, ni la conducta y las disputas e injusticias del pueblo: son profanaciones de la alianza.

Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley.

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14-2, 2b. 8-10

«Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones -dice el Señor de los ejércitos. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes.
Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre -dice el Señor de los ejércitos-, os enviaré mi maldición.
Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví -dice el Señor de los ejércitos-.
Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos, y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley.
¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor?
¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?»
Palabra de Dios.

SALMO

Un pobre se pone ante Dios: mirada sin arrogancia, alma silenciosa, corazón de niño.

Salmo 130, 1. 2. 3

R
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Humildad, desinterés, cariño y entrega a toda prueba. El modo como San Pablo ejerce el ministerio debe servir de modelo a todos los que anuncian el Evangelio. Un comportamiento así manifiesta que la fe y la conversión son obra de la palabra de Dios, y no del predicador.

Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2 7b-9. 13

Hermanos:
Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos.
Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.
Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.
Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.
Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 23, 9b. 10b

Aleluya. Aleluya.
Cristo, siendo Dios, se rebajó hasta la cruz.
Levantado por su Padre,
Atrae hacia él a todos los hombres. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo,
y uno solo es vuestro consejero, Cristo. Aleluya.

EVANGELIO

Los evangelios han recogido lo que Jesús dijo sobre el comportamiento de ciertos dirigentes religiosos de su tiempo, y la actitud que el pueblo ha de tomar frente ellos y su antitestimonio, porque encierra una enseñanza para la Iglesia y los cristianos. Esta intención, especialmente clara en san Mateo, se desprende del sentido general de las Sentencias que concluyen el pasaje de hoy.

No hacen lo que dicen.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: -«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra de Dios.

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