sábado, 5 de noviembre de 2011

09/11/2011 - Dedicación de la Basílica de Letrán (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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9 de noviembre de 2011

Dedicación de la Basílica de Letrán (A)


El emperador Constantino 1 donó a la Iglesia la finca de los Laterani, situada en Roma, en el monte Celio, donde edificó una basílica. El 9 de noviembre del año 324 el papa Silvestre 1 la dedicó al Salvador. Cerca de allí, sobre las ruinas de unas antiguas termas se construyó un baptisterio, reedificado por Sixto III (432-440) y colocado, desde el siglo XII, bajo la advocación de Juan Bautista. Esa es la razón de que se hable de San Juan de Letrán. El palacio adyacente fue hasta 1304 residencia del obispo de Roma. Deshabitado desde entonces a causa de los conflictos que asolaban el barrio, el palacio permaneció abandonado durante mucho tiempo. Cuando los papas volvieron de Aviñón (1377), Nicolás V (1447-1455) trasladó al Vaticano los servicios generales de la Iglesia. Pero la basílica de San Juan de Letrán ha seguido siendo siempre la catedral del obispo de Roma. Esa es la razón de que se celebre el aniversario de su dedicación.
En cada diócesis, la catedral es el signo, el «sacramento» se podría decir, de la unidad en la caridad de la Iglesia local, de la que el obispo es garante y guardián, en comunión con las otras Iglesias. Por eso se celebra en cada diócesis la dedicación de la catedral en la que el obispo tiene su sede. Ahora bien, el obispo de Roma, además de la responsabilidad de su propia diócesis, tiene como ministerio el servicio de la caridad y la unidad en la Iglesia entera. Su catedral es, por tanto, un signo que trasciende los límites de la diócesis. Conmemorar su dedicación es proclamar la unidad y la comunión de todas las Iglesia en comunión con el papa, «pastor de todos los fieles», «siervo de los siervos de Dios», «que preside, con el colegio episcopal, la congregación universal de la Iglesia y garantiza sus diversidades legítimas», por emplear expresiones del concilio Vaticano II.
Pero aun los más venerables santuarios son sólo signos. El único templo verdadero es Cristo. Decir esto no es despreciar los templos edificados por la fe de los fieles, sino proclamar su auténtica dignidad, sin olvidar, no obstante, que ningún edificio, por suntuoso que sea, puede aprisionar nunca a Dios, ni limitar su acción. También la Iglesia debe dar testimonio, con su acción y su comportamiento, de que la salvación está ampliamente abierta a todos.

PRIMERA LECTURA

Una visión que expresa de manera admirable y muy sugerente la significación y, podría decirse, la «vocación» de nuestras catedrales y de la más humilde de nuestras iglesias.

Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Lectura de la profecía de Ezequiel 47,1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo.
Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo:
- Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.
Palabra de Dios.

SALMO

De Cristo brotan las aguas vivas del Espíritu que lo regeneran todo.

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9

R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA

Dichosos los que edifican templos vivos cimentados sobre Cristo y habitados
por el Espíritu. ¡Ay de los que provoquen su ruina!

Sois templo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,9c-11. 16-17

Hermanos:
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.
Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Palabra de Dios.

Aleluya 2 Cro 7,16

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo resucitado,
el Templo que Dios ha construido. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Elijo y consagro este templo
—dice el Señor—
para que esté en él mi nombre eternamente. Aleluya.

EVANGELIO

En el evangelio según san Juan, la purificación del templo está en relación directa con la resurrección de Jesús. El, el Señor resucitado y sentado para siempre junto a Dios, es el templo no construido por mano de hombre, en el cual y por el cual los creyentes celebran el culto en espíritu y verdad.

Hablaba del templo de su cuerpo.

Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
- Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
Jesús contestó:
- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra de Dios.

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