lunes, 21 de noviembre de 2011

27/11/2011 - 1º domingo de Adviento (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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27 de noviembre de 2011

1º domingo de Adviento (B)



Después de crear el cielo y la tierra con todo lo que contienen, Dios creó «a su imagen» al hombre y a la mujer. Y les encomendó la obra de sus manos. Caminando en esta tierra hacia una comunión cada vez más profunda con él, debían un día compartir eternamente su misma vida.
El pecado no logró que el Creador cambiara este primer proyecto suyo. Prometió la salvación a la descendencia de Adán y Eva; es lo que se conoce como el «protoevangelio», anunciado por Dios mismo desde el primer momento. Para cumplir su promesa, eligió a un pueblo al que se fue revelando progresivamente como el Todopoderoso, el único capaz de volver a poner a la humanidad en el camino de la vida. No obstante, a veces parecía que Dios olvidaba sus compromisos. En realidad, lo que hacía era ocultar su rostro para que los suyos reconocieran sus errores y volvieran a él. Para exhortarlos y animarlos a ello envió a sus profetas. Estos, como Isaías, suplicaban al Señor: «Vuélvete, por amor a tus siervos!»; «Tú, Señor, eres nuestro padre»; «Somos todos obra de tu mano». Confiando en la fidelidad de Dios y seguros de que sus oraciones serían escuchadas, aclamaron anticipadamente el día de la redención: «Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia»; «Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él».
Esta confianza es aún más viva hoy, a la espera de la manifestación definitiva de nuestro Señor Jesucristo. Vivimos en el tiempo de la larga paciencia de Dios. Él sabe que nada llega a la madurez a golpe de milagros. A cada uno le deja el tiempo necesario para decidirse, con conocimiento de causa, a emprender el camino de la salvación,
Es el tiempo de la esperanza de los hombres y de la creación entera, El tiempo de la espera valiente, una virtud tal vez más difícil de practicar hoy, con la tendencia a quererlo todo enseguida, a hacer planes a corto o, en el mejor de los casos, a medio plazo. Es necesario apoyarse en Cristo, por quien hemos sido «enriquecidos en todo», y en la fe en Dios, que es fiel y «nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo».
La ausencia del Señor es temporal. Lejos de desesperarse o de dormirse, cada uno tiene que velar en el trabajo que le ha sido asignado y en la oración común.

PRIMERA LECTURA

«Por qué duermes, Señor?» (Sal 43,24); «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Sal 21,2); «,¿Por qué?, ¿por qué?»: hay días en los que uno no es capaz de decir más que eso. ¡Y no hay respuesta! Sin embargo, Dios no se olvida. «Los cielos se rasgaron» el día del bautismo de Jesús. El viene al encuentro de todos los que se vuelven a él, justos y pecadores.

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre,
tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos
y endureces nuestro corazón para que no te temamos?
Vuélvete por amor a tus siervos
y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,
derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia.
Jamás oído oyó ni ojo vio
un Dios, fuera de ti,
que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia
y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos:
aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros,
nuestra justicia era un paño manchado;
todos nos marchitábamos como follaje,
nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre
ni se esforzaba por aferrarse a ti;
pues nos ocultabas tu rostro
y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero:
somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor,
no recuerdes siempre nuestra culpa:
mira que somos tu pueblo.
Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios nos modele, nos visite, nos guíe y nos restaure, y tendremos vida.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4)

R
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder
y ven a salvarnos. R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate;
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti: danos vida,
para que invoquemos tu nombre. R

SEGUNDA LECTURA

Sin la ayuda de Dios es imposible «mantenerse firmes hasta el final», hasta el día de la venida de Cristo, sea cual sea nuestro valor, nuestra fuerza de ánimo, nuestra capacidad de aguante en las pruebas, nuestra determinación.

Aguardemos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9

Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.
En mi Acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús.
Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo Señor nuestro.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y Él es fiel!
Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
por quien hemos sido enriquecidos en todo:
en el hablar y en el saber. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie sabe cuándo volverá Cristo. Hay que permanecer alerta, conscientes del peso de eternidad de todo adviento, de cada instante que se nos concede.

Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!
Palabra de Dios.

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