lunes, 5 de diciembre de 2011

11/12/2011 - 3º domingo de Adviento (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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11 de diciembre de 2011

3º domingo de Adviento (B)



Las iniciativas y empresas insólitas de los santos, los fundadores y los reformadores, las predicaciones novedosas, han de someterse a la prueba de un serio discernimiento. La manera como el interesado habla de sí mismo resulta a menudo decisiva.
«Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Yo vengo a preparar el camino de quien puede más que yo, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Estas palabras de una sencillez y una humildad sinceras, esta clara conciencia del carácter subordinado de su misión, hacen de Juan Bautista modelo de precursores, de predicadores y testigos del Señor, de la Iglesia misma, mensajera de la Buena Noticia. Su misión consiste en mostrar al que viene, y abrir caminos para que todos tengan la posibilidad de encontrarse personalmente con él, sin pretender nunca usurpar ni dar la impresión de ocupar su lugar. Y esa es también su grandeza.
Sólo Jesús pudo apropiarse legítimamente del oráculo de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido y me ha envuelto en un manto de triunfo». Sólo él es personalmente, y excluyendo a todos los demás, y a toda institución, la Buena Noticia, el Evangelio (Mc 1,1), el Salvador.
Hoy como ayer, acogiendo a los verdaderos profetas y a los auténticos enviados de aquel sobre quien reposa el Espíritu; dando pruebas de discernimiento, nunca de escepticismo; apartándose de todo lo que lleva las huellas del mal y la mentira, es como uno se prepara para encontrarse con el Señor y acogerlo.
El Adviento es una parábola del tiempo presente, en el que esperamos con alegría y humildad la hora de la gran cita con el que distribuye todos los bienes con infinita generosidad, y a menudo de manera imprevisible. Es el tiempo del gozo espiritual, en el que se camina con la mirada hacia adelante; el tiempo en el que nos despertamos para Dios abriéndole el corazón. Es el tiempo, en fin, de la plegaria y la oración para que venga el reino de Dios.
Te alabamos, Padre santo, porque «compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; y por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación» (Plegaria eucarística IV).

PRIMERA LECTURA

El profeta habla de un enviado de Dios sobre quien reposa el Espíritu del Señor para inaugurar una era de gracia y llevar la Buena Noticia a los pobres. Jesús proclamará en la sinagoga de Nazaret: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,16-21).

Desbordo de gozo con el Señor.

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.
Palabra de Dios.

SALMO

El magníficat recapitula y expresa la fe y la esperanza de todos los pobres para quienes el Señor viene.

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54(R.: Is 61, 10 b)

R
Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí, en pocas palabras, todo un programa para el Adviento: docilidad al Espíritu, confianza en las promesas de Dios, deseos de hacer el bien y oración a la espera del Señor.

Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
que con su presencia llenará de alegría
a los testigos de su venida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar
el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Para el cuarto evangelio, el de Juan, el Precursor es el gran testigo de Cristo. ¿Cuál es su papel? Preparar a los que aguardan al Mesías para que lo descubran presente en medio de ellos. Como «amigo del esposo», desaparece ante su presencia (Jn 3,2 9-30); como «lámpara» que alumbra en la noche, guía y alegra (Jn 5,35) a todos los que buscan a Dios.

En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué ? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta ?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Palabra de Dios.

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