lunes, 31 de octubre de 2011

06/11/2011 - 32º domingo Tiempo ordinario (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.

6 de noviembre de 2011

32º domingo Tiempo ordinario (A)


Durante la última cena pascual Jesús dejó a sus discípulos el signo del pan y del vino como prenda de participación en el banquete que habría de compartir con ellos en el reino de su Padre (Mt 26,29). Así pues, toda eucaristía se celebra esperando la venida de Jesucristo, nuestro Salvador, su regreso en la gloria, que la asamblea eucarística no se cansa de invocar: «Ven, Señor Jesús». El misterio de esta venida, hacia la cual tiende toda la historia de la salvación como su cumplimiento, constituye de manera especial el tema central de la liturgia de los domingos trigésimo segundo y trigésimo tercero del tiempo ordinario del ciclo A.
Esta insistencia resulta especialmente actual. Efectivamente, hoy se habla mucho de los riesgos de destrucción de nuestro planeta. Por el contrario, la perspectiva de la vuelta del Señor parece preocupar mucho menos a los cristianos, incluso practicantes. Sucede como con la muerte, de la que nadie sabe ni el día ni la hora: «Ya nos prepararemos cuando llegue el momento!».
una insensatez!», enseña la parábola de las diez doncellas que debían acompañar al esposo en el cortejo de su boda. Puesto que ignoramos cuándo llegará el esposo, hay que estar preparados para recibirlo cuando llegue. Cuando se oiga la voz que anuncia su llegada, será demasiado tarde para ir a comprar lo necesario para salir a su encuentro, y nadie podrá proporcionárnoslo. Lejos de engendrar ansiedad y nerviosismo, o, por el contrario, desánimo y somnolencia, la espera, sea cual sea su duración, debe estimular nuestra vigilancia y nuestra previsión. El creyente tiene que ser como la amada del Cantar de los cantares, pendiente en todo momento para advertir, al menor signo, la llegada de su amado.
Cada celebración de la eucaristía anticipa sacramentalmente ese gran cortejo hacia la sala del banquete. Por lo demás, el Señor está ya presente: se le recibe al tomar el pan y el cáliz, sacramento de vida eterna y del reino nuevo. Los que nos han precedido en la muerte también se preparan. Con nosotros y como nosotros, aguardan esperando la señal que dará la voz del arcángel: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!». Entonces se abrirá la puerta de la sala del festín y entraremos todos juntos para celebrar con alegría las bodas del Cordero.

PRIMERA LECTURA

La Sabiduría posee el secreto de un arte de vivir humanamente plenificante y agradable a Dios. Para exhortar a los lectores a que la busquen, el autor la personifica: es como una joven encantadora, de inalterable belleza. Ella misma guía los pasos de los que la buscan. Se hace la encontradiza, llama a su puerta, vierte a sentarse en el umbral de su casa.

Encuentran la sabiduría los que la buscan.

Lectura del libro de la Sabiduría 6,12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo del ansia de Dios, que consiste en buscarlo sin descanso, tener hambre y sed de él, quedarse horas hablándole, acordarse de él día y noche.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8

R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloría!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo ha resucitado y los hombres de todas las épocas también resucitarán; él volverá en la gloria y todos estaremos con él junto al Padre. Tratar de imaginar este acontecimiento último de la salvación, o la manera como unos y otros participarán de él, es absolutamente inútil. Hay que atenerse a las certezas de la fe, fundamento de nuestra esperanza. Esperemos, sin angustia, la venida del Señor a quien invocamos en la liturgia: «Ven, Señor Jesús».

A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Esto es lo que os decimos como palabra del Señor:
Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos.
Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.
Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios.

Aleluya Mt 24, 42a. 44

Aleluya. Aleluya.
¡Que llega el Esposo!
Dirijamos a él nuestra mirada,
prestemos atención a su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos pensáis
viene el Hijo del hombre. Aleluya,

EVANGELIO

Retraso inaudito del esposo el día de su boda, damas de honor que se niegan a socorrer a sus compañeras, la puerta de la sala del banquete cerrada por quien se ha hecho esperar más de lo normal: no se trata de una sorprendente «historia real», sino de una parábola sobre la venida del Señor. Hay que prepararse todos los días para acogerlo. Mañana será demasiado tarde.

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas:
"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."
Pero las sensatas contestaron:
"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
"Señor, señor, ábrenos."
Pero él respondió:
"Os lo aseguro: no os conozco.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra de Dios.

viernes, 28 de octubre de 2011

Conmemoración de todos los Fieles Difuntos (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.

2 de noviembre de 2011

Conmemoración de todos los Fieles Difuntos (A)


Recordar a los familiares y amigos desaparecidos, a las personas cuya vida, obras e influencia nos han marcado, llegando incluso a darles culto, es la cosa más difundida y natural del mundo. Monumentos funerarios y conmemorativos, y hoy fotografías colocadas en lugares destacados de las casas, dan abundante testimonio de ello. Pero para los cristianos, el recuerdo de los muertos va acompañado de la oración de intercesión por «todos los difuntos, cuya fe sólo Dios conoce». Así es como, desde la segunda mitad del siglo II, se encuentran testimonios de oración litúrgica por los difuntos en el norte de Africa. A partir del siglo IV los testimonios son abundantes. Sin embargo, no será hasta bastante más tarde, por iniciativa de san Odilón, abad de Cluny (994-1049), cuando se instaure y fije el día 2 de noviembre la Conmemoración de todos los fieles difuntos. El santo abad ordenó que se celebrara en todos los monasterios de la orden, lo que tuvo lugar por primera vez el 2 de noviembre del año 998. Desde allí se difundió muy rápidamente por toda la Iglesia latina.
Silos creyentes tienen hacia los difuntos los mismos sentimientos que cualquier otra persona, también se ven igualmente asaltados por los mismos interrogantes, múltiples y angustiosos, a propósito de la muerte. Efectivamente, la fe no deja insensible ante la perspectiva del final de toda vida terrena. Para ellos, como para todos los demás, es algo incomprensible. Aunque uno pueda asumir su propia muerte, puesto que es inevitable, no deja de resultar escandalosa cuando se trata de seres que acaban de nacer a la vida, de niños, hombres y mujeres que parecen tener un largo futuro por delante, en quienes se habían puesto grandes esperanzas, víctimas inocentes de estúpidos accidentes o de una violencia gratuita. «¿,Por qué, Señor?», dicen entonces los creyentes con un grito de fe, en el que se mezclan las lágrimas y la indignación. «Padre, ¿por qué me has abandonado?», gemía Jesús en la cruz. El cielo permanece mudo. Pero «Cristo ha resucitado de entre los muertos; y, con él, también nosotros resucitaremos». Sólo esta certeza puede darnos la fuerza necesaria para decir en medio de la noche más profunda: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

PRIMERA LECTURA

Esta primera lectura es del Libro de las Lamentaciones y nos presenta, precisamente, el lamento de quien espera ya, en silencio la salvación del Señor, aunque no hurta explicar su desánimo. Es un texto duro, sin duda.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3,17-26

Me han arrancado la paz
y ni me acuerdo de la dicha;
me digo: se me acabaron las fuerzas
y mi esperanza en el Señor.
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,
en la hiel que me envenena;
no hago más que pensar en ello
y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria
y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina
y no se acaba su compasión;
antes bien se renuevan cada mañana.
¡Qué grande es tu fidelidad!
«El Señor es mi lote», me digo,
y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan
y lo buscan;
es bueno esperar en silencio
la salvación del Señor.
Palabra de Dios.

SALMO

Gritar a Dios es esperar. Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua de Cristo.

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8

R
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor:
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón
y así infundes respeto. R

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R

SEGUNDA LECTURA

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre “ha muerto al pecado” en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y “vive para Dios” desde el día en que el Señor, primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina, se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día.

Andemos en una vida.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-9

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
[Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.]
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a.26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mi no morirá jamás.

EVANGELIO

Las preguntas algo ingenuas de Tomás, en la que muchos pueden reconocerse, son ocasión para aclarar unos cuantos puntos fundamentales. Jesús en persona es el camino, y la verdad y la vida. Conocerlo a él es conocer al Padre, que es uno con él. Creer lleva a hacer las mismas obras que acreditan al Hijo. Verdaderamente la fe no tiene nada que ver  con los sueños que llevan a evadirse de la realidad. Está orientada decididamente hacia el presente y compromete la responsabilidad de los creyentes en el mundo y en la Iglesia “ya desde ahora”.

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Palabra de Dios.

jueves, 27 de octubre de 2011

Todos los Santos (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.

1 de noviembre de 2011

Todos los Santos (A)


La veneración de los santos y santas ocupa un lugar muy importante en las liturgias actuales. Su culto se desarrolló en todos los ritos desde finales del siglo IV y comienzos del V, momento en el que empezaron a recordarse en la plegaria eucarística. Se trataba en primer lugar de los mártires de la Iglesia local, y luego también de otros especialmente célebres. Después de la época de las persecuciones, se les unieron otros no mártires y ascetas. Se tienen noticias de la celebración de una fiesta de todos los santos en ciertas Iglesias de Oriente, especialmente en Antioquía y Éfeso, de donde pasó a Roma. Celebrada originariamente el primer domingo después de Pentecostés, se trasladó luego al 1 de noviembre, al fijar Gregorio Magno (590-604) en esa semana las témporas de primavera. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV (608-6 15) transformó el Panteón de Roma en una iglesia dedicada a María y a todos los santos. Por último, el papa Gregorio IV (827-844) hizo que el emperador de Occidente, Luis el Piadoso (814-840), firmara un decreto por el que se fijaba definitivamente la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. Celebración local en Roma y en algunas Iglesias primero, se convirtió luego rápidamente en una solemnidad común a toda la Europa latina.
Se trataba de reunir en una misma celebración al conjunto de los santos, de los que ningún catálogo o «martirologio» llegaba a ofrecer la lista completa. Pero se incluían también los santos desconocidos, anónimos: una muchedumbre inmensa, según el Apocalipsis de san Juan, «de toda nación, raza, pueblo y lengua». Su número crece sin cesar en este tiempo en el que, de manera invisible, se va construyendo el Reino. Sólo los distingue «el ángel que sube del oriente» para marcar con el sello la frente de los siervos de Dios. Habrá que esperar al día de la manifestación del Hijo de Dios para que se reconozcan los que eran, ya en esta tierra, hijos de Dios. Una cosa es segura: estarán entre ellos todos aquellos a quienes Jesús declaró «dichosos», no por la penosa situación de su existencia en la tierra, sino porque Dios está con ellos. Los pobres en el espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, correrán la misma suerte que Jesús. Aunque sólo él vivió plenamente el ideal de las bienaventuranzas.

PRIMERA LECTURA

La primera visión desvela la cara oculta de la etapa terrena de la salvación; la segunda, la realización celeste del plan de Dios. El tiempo presente es tiempo de prórroga; el juicio se aplazo para más tarde. 144.000 (12 veces 12 multiplicado por 1.000) es un número de plenitud: no se quedará fuera ninguno de los que pertenecen a Dios. La visión de la gran liturgia del cielo revela que los elegidos serán una muchedumbre inmensa y que vendrán de todas partes. Aunque las dos escenas se desarrollan en planos distintos, el terreno y el celeste, se pasa continuamente de uno a otro: lo que ocurre aquí abajo tiene repercusión en el cielo.

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua.

Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4.9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."
Palabra de Dios

SALMO

Aquí está la muchedumbre inmensa de los que han encontrado a Dios.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R 32, 6a)

R
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R

SEGUNDA LECTURA

Sólo la fe permite reconocer en el hombre Jesús al Hijo de Dios, así como la condición de hijos de Dios propia de los discípulos. La vuelta de Cristo hará manifiesta su identidad profunda y, al mismo tiempo, lo que son «ahora» los cristianos. Esta certeza y esta esperanza dan a los discípulos la fuerza necesaria para actuar confiadamente y caminar hacia lo que aún no se ha manifestado con claridad, a pesar de la hostilidad y las contradicciones del mundo.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.
Palabra de Dios

ALELUYA Mt 11, 28

Aleluya. Aleluya.
Estemos alegres y contentos,
porque nuestra recompensa será grande
en el cielo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré – dice el Señor -. Aleluya.

EVANGELIO

«Dichosos», «están del lado bueno, bien situados», «deben alegrarse ya de antemano todos los que tienen la certeza de recibir una gran recompensa en el cielo». Esto es lo que proclaman las bienaventuranzas, que en modo alguno hacen apología de la pobreza impuesta, de las persecuciones, la calumnia o los insultos sufridos por causa de Cristo.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
“Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
“Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."
Palabra de Dios.