lunes, 28 de noviembre de 2011

04/12/2011 - 2º domingo de Adviento (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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4 de diciembre de 2011

2º domingo de Adviento (B)



«Mirad al heraldo de la Buena Noticia que precede al Señor que viene», gritaron a menudo los profetas. Mirad: finalmente, llega el Precursor. No lleva las insignias brillantes propias de un embajador. va vestido con la librea austera de los profetas, porque es en el desierto donde aparece. Su nombre es Juan.
Como algunos de sus antecesores, va repitiendo con voz fuerte: «Preparad el camino del Señor; allanad sus senderos». Su predicación atrae a un gran número de gente, pues proclama la manifestación inminente del que «puede más» que él: «Yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias». Se han acabado ya todos los ritos de purificación. El bautismo de penitencia que administraba el Precursor en las aguas del Jordán exigía una verdadera conversión del comportamiento y del corazón. Otro habría de venir que bautizaría con Espíritu Santo.
Aquel a quien el Bautista anunciaba sin nombrarlo y sin conocerlo todavía es Jesús. El mismo, al comienzo de su ministerio, retorna con una autoridad nueva el mensaje del Precursor: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio, en la Buena Noticia» (Mc 1,15).
De regreso a la derecha del Padre, Jesús sigue siempre presente en medio de nosotros. Cada día, de múltiples maneras, y en particular por medio de los «signos» eficaces de la liturgia y de los sacramentos, nos hace partícipes de «los frutos de su victoria» pascual. Pero no por eso dejamos de estar todavía en tiempo de Adviento: «Confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia». La necesidad de convertirnos es más apremiante que nunca, para que Cristo, el día de su venida, nos «encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables». Pero es necesario que sigamos escuchando la llamada a la conversión y el anuncio de la venida del Señor.
La Iglesia y el mundo necesitan siempre profetas-precursores semejantes a Juan Bautista. Conscientes de su misión, pero con una humildad ejemplar, no hacen ni dicen nada que pueda atraer hacia sí las miradas que intentan dirigir hacia aquel ante quien ellos mismos pretenden desaparecer. Allí donde se oye su voz, sin agresividad ni arrogancia, se abre el camino del Señor.

PRIMERA LECTURA

Dios nunca abandona a los suyos cuando se alejan por la infidelidad. Los purifica y, como en los tiempos del éxodo, viene a ponerse él mismo a la cabeza de su pueblo reunido. Ese día no puede estar lejano. Con la fuerza que nos da esta certeza, preparemos con alegría el camino del Señor.

Preparadle un camino al Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías 40,1-5. 9-11

Consolad, consolad a mi pueblo,
dice vuestro Dios;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle: que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.
Una voz grita en el desierto:
preparadle un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que los montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres juntos
-ha hablado la boca del Señor-.
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión;
alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad: el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres».
Palabra de Dios.

SALMO

Dios abandona su silencio; desciende para instaurar la justicia y la paz, para hacer brotar la fidelidad en una tierra árida y estéril. ¡Es una cita maravillosa, a la que no podemos faltar!

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (8)

R
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra. R

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo. R

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R

SEGUNDA LECTURA

El tiempo, que todo lo desgasto, amenaza con ir erosionando también la confianza en Dios. El ha prometido volver: ¿se le ha olvidado, o es que viene con retraso? Ni lo uno ni lo otro. Espera pacientemente para que al final todos puedan llegar: los que avanzan lentamente por el camino y los que aún no se han decidido a ponerse en ruta.

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3,8-14

Queridos hermanos:
No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos.
Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.
El día del Señor llegará como un ladrón.
Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá.
Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!
Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos consumidos por el fuego y se derretirán los elementos.
Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.
Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,4.6

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
Buena Noticia de salvación,
que viene por el poder del Espíritu. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos.
Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

En el desierto, lugar tradicional de la revelación divina, Juan proclamo la próxima venida del que bautizará con Espíritu Santo. Se trata ciertamente del «comienzo del Evangelio». Jesús es «la Buena Noticia de la salvación».

Preparad el camino al Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías:
- Yo envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto:
«Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos».
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Palabra de Dios.

lunes, 21 de noviembre de 2011

27/11/2011 - 1º domingo de Adviento (A)

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27 de noviembre de 2011

1º domingo de Adviento (B)



Después de crear el cielo y la tierra con todo lo que contienen, Dios creó «a su imagen» al hombre y a la mujer. Y les encomendó la obra de sus manos. Caminando en esta tierra hacia una comunión cada vez más profunda con él, debían un día compartir eternamente su misma vida.
El pecado no logró que el Creador cambiara este primer proyecto suyo. Prometió la salvación a la descendencia de Adán y Eva; es lo que se conoce como el «protoevangelio», anunciado por Dios mismo desde el primer momento. Para cumplir su promesa, eligió a un pueblo al que se fue revelando progresivamente como el Todopoderoso, el único capaz de volver a poner a la humanidad en el camino de la vida. No obstante, a veces parecía que Dios olvidaba sus compromisos. En realidad, lo que hacía era ocultar su rostro para que los suyos reconocieran sus errores y volvieran a él. Para exhortarlos y animarlos a ello envió a sus profetas. Estos, como Isaías, suplicaban al Señor: «Vuélvete, por amor a tus siervos!»; «Tú, Señor, eres nuestro padre»; «Somos todos obra de tu mano». Confiando en la fidelidad de Dios y seguros de que sus oraciones serían escuchadas, aclamaron anticipadamente el día de la redención: «Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia»; «Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él».
Esta confianza es aún más viva hoy, a la espera de la manifestación definitiva de nuestro Señor Jesucristo. Vivimos en el tiempo de la larga paciencia de Dios. Él sabe que nada llega a la madurez a golpe de milagros. A cada uno le deja el tiempo necesario para decidirse, con conocimiento de causa, a emprender el camino de la salvación,
Es el tiempo de la esperanza de los hombres y de la creación entera, El tiempo de la espera valiente, una virtud tal vez más difícil de practicar hoy, con la tendencia a quererlo todo enseguida, a hacer planes a corto o, en el mejor de los casos, a medio plazo. Es necesario apoyarse en Cristo, por quien hemos sido «enriquecidos en todo», y en la fe en Dios, que es fiel y «nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo».
La ausencia del Señor es temporal. Lejos de desesperarse o de dormirse, cada uno tiene que velar en el trabajo que le ha sido asignado y en la oración común.

PRIMERA LECTURA

«Por qué duermes, Señor?» (Sal 43,24); «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Sal 21,2); «,¿Por qué?, ¿por qué?»: hay días en los que uno no es capaz de decir más que eso. ¡Y no hay respuesta! Sin embargo, Dios no se olvida. «Los cielos se rasgaron» el día del bautismo de Jesús. El viene al encuentro de todos los que se vuelven a él, justos y pecadores.

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre,
tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos
y endureces nuestro corazón para que no te temamos?
Vuélvete por amor a tus siervos
y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,
derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia.
Jamás oído oyó ni ojo vio
un Dios, fuera de ti,
que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia
y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos:
aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros,
nuestra justicia era un paño manchado;
todos nos marchitábamos como follaje,
nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre
ni se esforzaba por aferrarse a ti;
pues nos ocultabas tu rostro
y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero:
somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor,
no recuerdes siempre nuestra culpa:
mira que somos tu pueblo.
Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios nos modele, nos visite, nos guíe y nos restaure, y tendremos vida.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4)

R
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder
y ven a salvarnos. R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate;
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti: danos vida,
para que invoquemos tu nombre. R

SEGUNDA LECTURA

Sin la ayuda de Dios es imposible «mantenerse firmes hasta el final», hasta el día de la venida de Cristo, sea cual sea nuestro valor, nuestra fuerza de ánimo, nuestra capacidad de aguante en las pruebas, nuestra determinación.

Aguardemos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9

Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.
En mi Acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús.
Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo Señor nuestro.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y Él es fiel!
Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
por quien hemos sido enriquecidos en todo:
en el hablar y en el saber. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie sabe cuándo volverá Cristo. Hay que permanecer alerta, conscientes del peso de eternidad de todo adviento, de cada instante que se nos concede.

Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!
Palabra de Dios.

lunes, 14 de noviembre de 2011

20-11-2011 - 34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)

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20 de noviembre de 2011

34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)


Para entender correctamente este título de Cristo hay que remitirse a la tradición bíblica de Dios rey-pastor. Dios vela con un cuidado especial por los pequeños y los débiles, «sus ovejas», abrumados por las asperezas de la vida, víctimas inocentes e indefensas de la opresión en todas sus formas. El es su legítimo defensor. Jesús no dejó nunca de proclamarlo con palabras y obras. Los pobres acogieron con entusiasmo la predicación de este hombre que no era como los demás, que se ponía de su parte, solidarizándose con las condiciones de su existencia, cuya injusticia denunciaba. Por el contrario, los ricos, los que estaban acomodados en el orden establecido, con sus injusticias, y no dudaban, incluso, en sacar provecho personal de la situación, vieron en él actitudes subversivas intolerables. En realidad, Jesús, el enviado del Padre, vino a restaurar el orden destruido por el pecado, a hacer triunfar el bien sobre el mal, la vida sobre la muerte. El es el Rey del universo querido por Dios.
Su realeza es la ternura y la misericordia infinita de Dios. A menudo oscurecida y escarnecida en este mundo, puesta en duda ante tanta dureza y odio como tienen que padecer los débiles, se revelará a plena luz a los ojos de todos cuando Cristo vuelva. Aquel a quien los garantes del desorden establecido creyeron vencer clavándolo en el patíbulo de los malhechores aparecerá un día en la gloria. Asociará a ella a todos los que, aun sin saberlo, hayan obrado como él. Proclamará entonces ante las naciones congregadas en su presencia que su lucha, a menudo oscura y aparentemente inútil, no ha sido yana. Cristo, que «resucitó de entre los muertos: el primero de todos», vencedor de las fuerzas del mal y de la muerte, los introducirá en el «reino preparado para ellos desde la creación del mundo». Incluso los que han luchado a su lado sin conocerlo serán recibidos como «benditos de su Padre».
La celebración de Cristo, Rey del universo, nos invita a tomarnos en serio las realidades y las luchas terrenas. Trabajar por una mayor justicia en este mundo adelanta la venida del Reino, cuyos fundamentos ha puesto el Señor para gloria del Padre. La solidaridad con los que tienen hambre y sed, los extranjeros, los desprovistos de todo, es el criterio cierto de la solidaridad con Cristo, Rey del universo.

PRIMERA LECTURA

La ternura infinita de Dios es la otra cara de su autoridad soberana, de su omnipotencia. Como buen pastor, tiene en cuenta las necesidades y la personalidad de cada uno. Y presta una atención muy especial a los más débiles. Pero no hay que olvidar que el Dios pastor es también el Juez que separará a los buenos de los malos.

A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-
Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.
Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»
Palabra de Dios.

SALMO

Si Dios está conmigo, nada he de temer. Él «me guía por el sendero justo», me libra de todo mal y de la muerte.

Salmo 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1)

R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA

Una grandiosa visión de la realeza de Cristo y de la salvación que ha llevado a cabo. En el origen de todo está la iniciativa del Padre; como el mismo Cristo, la creación entera debe reconocerlo. Por pertenecer a la estirpe de Adán, todos nosotros somos mortales. Pero la muerte, que no pudo someter a Cristo, ha sido vencida por el nuevo Adán, que ha recibido del Padre poder para transmitir la vida.

Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo.
Y así Dios lo será todo para todos.
Palabra de Dios.

Aleluya Mc 11, 9b-10a

Aleluya. Aleluya.
Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega,
el de nuestro padre David. Aleluya.

EVANGELIO

Cristo, Rey del universo, se identifica con los más indefensos. Su regreso supondrá su manifestación a «todas las naciones reunidas ante él». E introducirá en su Reino a los que, aun sin saberlo, hayan luchado en el mismo combate que él. El itinerario de este año litúrgico, recorrido bajo la guía de san Mateo, acaba así con el recuerdo de lo que el evangelista no ha dejado de inculcarnos en ningún momento: seremos juzgados por nuestras obras, por nuestro amor manifestado y concretado en obras, y no por las simples palabras, aunque sean ardientes declaraciones de fe.

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo,' dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:  "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
Palabra de Dios.