domingo, 29 de enero de 2012

02/02/2012 - La Presentación del Señor (B)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.

2 de febrero de 2012

La Presentación del Señor (B)



La fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, al igual que otras fiestas que recuerdan algún misterio de la vida de Cristo, localizado en un santuario determinado, tuvo su origen en Jerusalén, donde existen testimonios que remontan esta costumbre al siglo IV, que se ceñía rigurosamente a lo que dice el evangelio. Cuando esta fiesta se extendió por Siria en el siglo VI, se le dio en Constantinopla el nombre de «Encuentro» (Hypapantè, en griego). Al pasar a Occidente en la segunda mitad del siglo VI, se celebrará, como sigue siendo todavía hoy, cuarenta días después de la Natividad del Señor, o sea, el 2 de febrero. Más tarde, hacia el año 750, en las Galias tomó el nombre de «Purificación de la Virgen María», nombre que conservó hasta 1969. En Roma, donde la misa tenía lugar al alba, el papa Sergio 1(687-701) hizo que a la misa le precediera una procesión en la que todos llevaban un cirio; de ahí el nombre popular de «la Candelaria». Con su denominación actual de «Presentación del Señor en el templo», recobró su orientación inicial de celebración vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.
Desde su nacimiento, Jesús es el mensajero de la Buena Noticia, de la salvación anunciada en repetidas ocasiones por los profetas, enviados a preparar los corazones para su venida. El, el Hijo de Dios, quiso ser totalmente solidario con los hombres, sometiéndose como ellos a la ley y a todas las limitaciones de la vida humana. Pasó por las diversas etapas del crecimiento humano, bajo la autoridad de sus padres, educado por ellos en la sabiduría y la gracia de Dios que lo acompañaban. Conoció en su propia carne las pruebas de la condición humana, incluida la muerte. Dios verdadero y hombre verdadero, es el sumo sacerdote que libera a los hombres del pecado y se compadece de sus sufrimientos, cuya dureza experimentó.
Él, que es la luz del mundo, no se impone a nadie. Cada cual tiene personalmente la posibilidad y la responsabilidad de acogerlo o de rechazarlo. «Marchemos en paz al encuentro del Señor», proclama la liturgia. «Congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria».

PRIMERA LECTURA

A una comunidad cansada de esperar el “día del Señor”, anunciado en múltiples ocasiones por los profetas, pero que no acaba de llegar, Malaquías, el último de lista de los profetas escritores, le anuncia dos venidas: la de un mensajero como él, encargado de preparar al pueblo de Dios para el encuentro con su Señor, y la venida del Señor mismo “a su Templo”. Estas dos venidas terminaros por confundirse. Al entrar en el templo. Cristo inaugura el tiempo de la purificación decisiva del sacerdocio y del pueblo entero, el del culto en espíritu y verdad.


Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Lectura de la profecía de Malaquías 3,1-4

Así dice el Señor: "Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos."
Palabra de Dios.

SALMO

Que la Iglesia abra de par en par sus puertas para recibir al que viene.


Salmo 23, 7. 8. 9- 10 (R.: 10bc)

R
El Señor, Dios de los ejércitos,
es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.

SEGUNDA LECTURA

Los sacerdotes no pueden ser más que intermediarios entre Dios y los hombres y entre los hombres y Dios, “pontífices”, “constructores de puentes”. Por el contrario, en Jesucristo, Dios y el hombre están indisolublemente unidos en una misma persona, sin intermediarios de ningún tipo. Él es el único sacerdote perfecto, el Mediador personal entre Dios y los hombres, el Salvador de todos.

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 2,32

Aleluya. Aleluya.
Éste es el Hijo que trae la salvación y el consuelo.
Por él quedará clara
la actitud de muchos corazones. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús es presentado en el templo, por sus padres, de acuerdo con las prescripciones de la Ley (Ex 13, 1-2. 15). Pero en realidad, es el último mensajero de Dios que viene a su Templo, como reconoce proféticamente el anciano Simeón, representante de todos “los hombres justos y piadosos que aguardan el consuelo de Israel”. En el Espíritu Santo, discierne que este niño, aparentemente igual que todos los demás, es aquel a quien anunciaros los profetas, bandera discutida, pero también primogénito de una multitud de rescatados, “luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel”. María, modelo de los creyentes, va a sufrir más que nadie, en lo profundo de su ser, en su corazón, viendo que muchos rechazarán esta luz. Al canto de alabanza y a la alegría de Simeón se une una mujer, también ella anciana, que se convierte en la primera mensajera de la buena noticia de la venida del Salvador, como otras mujeres lo serán de la resurrección. Así, lo que a primera vista parecía simple relato de un episodio de la infancia de Cristo, se revela como una emotiva introducción al misterio de la salvación realizada en Jesús. “Dios salva”, al evangelio según san Lucas y al libro de los Hechos de los apóstoles.

Mis ojos han visto a tu Salvador.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." [Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]
Palabra de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.