lunes, 9 de enero de 2012

15/01/2012 - 2º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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15 de enero de 2012

2º domingo Tiempo ordinario (B)



Todos los años la liturgia del segundo domingo del Tiempo ordinario nos propone la lectura de una página del cuarto evangelio. La de hoy nos cuenta cómo un día Juan Bautista llamó la atención de dos de sus discípulos sobre Jesús, diciéndoles: «Este es el Cordero de Dios». Al oír esto, lo siguieron, le preguntaron dónde vivía, fueron a verlo y se quedaron con él aquel día. Uno de ellos, Andrés, se lo contó enseguida a su hermano y lo condujo a Jesús; este «se le quedó mirando» y le puso el sobrenombre de «Cefas», Pedro. Los evangelios sinópticos no hablan de este primer encuentro de Simón y Andrés con Jesús, sino únicamente de su llamada a orillas del lago de Galilea. Estos testimonios no son contradictorios. Para entenderlo basta remitirse a la experiencia común. Por ejemplo, con el matrimonio, la ordenación para un ministerio, o la profesión religiosa, la vida de una persona toma una orientación nueva. Pero la importancia de este acontecimiento no hace olvidar el encuentro fortuito, la conversación, las frases, o la mirada que un día, en cierto modo, determinaron el compromiso decisivo hecho más tarde.
La vocación, en el sentido bíblico del término, es una llamada de Dios. Se habla a menudo de una «voz» oída en lo más íntimo de uno mismo, a veces en un sueño, como el joven Samuel. Esta llamada puede llegar por otros muchos medios: el deseo de conocer mejor a Dios, la impresión de haber sido alcanzado por su mirada, etc. Sin embargo, nadie puede fiarse de sus propias certezas. Hay que recurrir al juicio, al discernimiento. Pero la última palabra la tienen los que han recibido para ello un mandato específico en la Iglesia o en la comunidad. Y el que se cree llamado, debe permanecer disponible para responder a la voluntad de Dios, cuyas implicaciones y exigencias concretas se van descubriendo y precisando progresivamente. Es siempre una historia personal, hecha de respuestas cotidianas a las llamadas incesantes y a menudo imprevistas de Dios, del Señor Jesús, del Espíritu: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
Pertenecemos a Dios, no a nosotros mismos. San Pablo se lo recuerda a los corintios, exhortándolos a comportarse como cristianos en relación con su propio cuerpo. Este no puede considerarse ni tratarse como un simple vestido, cuyas manchas son externas a quien lo lleva. Debemos dar gloria a Dios tal como somos, cuerpo y espíritu en la unidad de una sola persona.

PRIMERA LECTURA

Relato ejemplar de una vocación. La iniciativa procede de Dios, que se complace en llamar a los pequeños. Se plantea la pregunta: ¿se trata de una mero ilusión?, ¿de un sueño? A partir de este momento se impone una disponibilidad total y sosegada para responder a las llamadas del Señor.

Habla, Señor, que tu siervo te escucha.

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:

- «Aquí estoy.»

Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
- «No te he llamado; vuelve a acostarte.»
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
- «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
- «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
- «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"»
Samuel fue y se acostó en su sitio.
El Señor se presentó y le llamó como antes:
- «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
- «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.
Palabra de Dios.

SALMO

Escuchar y responder a la llamada del Señor obedecerlo con la certeza de que se inclinará hacia mí.

Salmo 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (W.: 8a y 9a)

R
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio. R

Entonces Yo digo: «Aquí estoy
- como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios;
Señor, tú lo sabes. R

SEGUNDA LECTURA

El cuerpo no es una despreciable envoltura del alma, sino «miembro de Cristo», «templo del Espíritu Santo», partícipe de la promesa de la resurrección con el Señor. Por eso hay que guardarse de la impureza, porque su mancha alcanza a todo el ser Por eso la fe es el fundamento de toda moral.

Vuestros cuerpos son miembros de Cristo  

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6. 13c-15a. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.
No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 1, 41. 17b

Aleluya. Aleluya.
Hemos encontrado al Señor:
vayamos hasta donde él vive
y quedémonos con él. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo;
la gracia y la verdad
vinieron por medio de él. Aleluya.

EVANGELIO

Encontrar al Señor en el camino, sentir su mirada que invita a seguirlo, tratar de conocerlo, ir vinculándose progresivamente a él: de un modo u otro, estas son siempre las etapas de la vocación cristiana que transforma la vida.

Vieron dónde vivía y se quedaron con él.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
- «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
- «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
- «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
- «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
- «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
- «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»
Palabra de Dios.

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