martes, 28 de febrero de 2012

04/03/2012 - 2º Domingo de Cuaresma (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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4 de marzo de 2012

2º Domingo de Cuaresma (B)



La vida cristiana es un largo camino de fe, recorrido habitualmente con paso lento, más o menos regular, a veces titubeante. Para vencer la duda que puede insinuarse o introducirse y el cansancio que se hace sentir, para seguir avanzando a pesar de todo, a lo largo de este itinerario necesitamos a menudo que los demás nos animen y empujen. Es igualmente necesario pararse regularmente para recordar la meta, para reactivar las motivaciones profundas.
Jesús conduce a los apóstoles teniendo en cuenta estos ritmos en la marcha hacia la plenitud de la fe a la que los llama. A veces parece dudar si revelarles claramente su misterio, su Pascua de muerte y resurrección, a la que quiere asociarlos. Y cuando lo hace, con frecuencia, según san Marcos, les aconseja que no hagan partícipes a los demás prematuramente de estas revelaciones. No obstante, se impone anunciar el Evangelio sin miedo y sin edulcorar sus exigencias. Nada ni nadie puede darnos miedo, porque Dios está con nosotros: nos ha elegido para justificamos por su Hijo, muerto, resucitado y sentado a su derecha, donde intercede por nosotros.
Sin embargo, esta revelación no deja de ser la piedra de tropiezo de la fe. Con gusto cerraríamos los ojos ante el lado oscuro del misterio pascual; pero entonces lo vaciaríamos de todo su sentido y contenido. El resplandor de la transfiguración tiene que ser en este mundo necesariamente efímero. El momento de instalarse en la «montaña alta» no ha llegado todavía, ni para los cristianos ni para la Iglesia. Estamos en el tiempo de la fe y de la esperanza sin aura. Pero, pase lo que pase, aunque todo parezca cuestionarse, nos que- da al menos una certeza, sobre la que podemos apoyarnos firmemente: Dios es fiel; nunca falta a sus promesas. ¡Pensemos en Abrahán, nuestro padre en la fe, cargando sobre los hombros de su hijo Isaac la leña para el sacrificio!
Esto es, entre otras cosas, lo que recuerda la Cuaresma, que es una especie de itinerario-modelo de la existencia cristiana. Pero que no se limita a proclamar lo que saben los cristianos y a exhortar a vivir según la fe profesada. Propone además recorrer un itinerario simbólico, «sacramental», es decir, realizado a través de «signos» eficaces de la salvación de la que son portadores.

PRIMERA LECTURA

Tenemos aquí una especie de prueba por el absurdo que pone de manifiesto la obediencia sin reservas de Abrahán y su confianza total en Dios. A los ojos de los hombres la fe, especialmente sise lleva a tal grado de heroísmo, no parece más que una locura. Y sin embargo es la sabiduría suprema, porque se funda en la verdad, en la solidez y en la fidelidad de Dios, en su conocimiento de las personas y de las cosas, en su dominio absoluto del pasado, del presente y del futuro. Dios no quiere la muerte de nadie, los sacrificios humanos le repugnan y los prohíbe formalmente. No ha aceptado nunca más que una sola oblación: la de su Hijo, que ha entregado libremente su vida por la salvación de todos los hombres, y que por ellos ha resucitado también de entre los muertos.

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Lectura del libro del Génesis 22,1-2. 9-13.15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:  - «¡Abrahán!»
Él respondió:
- «Aquí me tienes.»
Dios le dijo:
- «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
 «¡Abrahán! Abrahán!»
Él contestó:- «Aquí me tienes.»
El ángel le ordenó:
- «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo tu único hijo.»
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -- «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios, Padre y Señor de los vivos, no quiere la muerte de nadie: es una certeza que funda la esperanza en medio de la prueba y la orienta ya hacia la acción de gracias.

Salmo 115. 10 y 15. 16-17. 18-19 (R.: Sal 114, 9)

R
Caminaré en presencia del Señor
en el país, de la vida.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. R

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R

SEGUNDA LECTURA

Dios, que no quiso que Abrahán le sacrificara a su hijo único como testimonio de su fe, entregó en cambio a su propio Hijo, cuya muerte y resurrección podían justificarnos.

Dios no perdonó a su propio Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-34

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf Mt 17,5

Entregado por todos los hombres,
elevado a la derecha del Padre,
Cristo está con nosotros.

En el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO

Sufrimiento, muerte, resurrección, entrada en la gloria: íntimamente ligadas una con Otra, estas cuatro etapas del único misterio pascual de Cristo han de mantenerse siempre juntas, como hace siempre la liturgia. Cuando nos acercamos a la celebración de la Pascua, pone ante nuestros ojos el icono de la transfiguración del Señor que nos plantea algunos interrogantes: ¿sabéis lo que significa resucitar de entre los muertos?, ¿creéis que Jesús, desfigurado en el momento de su pasión, ha sido elevado ahora a la gloria de Dios?, ¿estáis dispuestos a escucharlo, aceptando día tras día el testimonio de Moisés, de Elías, de todos los profetas, de los apóstoles? Y finalmente, ¿es esto lo que confesáis cuando participáis en la eucaristía?

Éste es mi Hijo amado.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:  - «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
- «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra de Dios.

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