lunes, 6 de febrero de 2012

12/02/2012 - 6º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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12 de febrero de 2012

6º domingo Tiempo ordinario (B)



Después de la jornada de Cafamaún, nos encontramos a Jesús frente a un leproso. No se da ninguna indicación de lugar. La muchedumbre parece haber desaparecido de pronto. Evidentemente san Marcos no ha querido recoger más que el diálogo personal entre el predicador de la Buena Noticia y este enfermo anónimo que representa a todos los demás. En virtud de su carácter misterioso y degradante, la lepra evocaba el pecado y sus profundos estragos. Los que estaban afectados por ella debían vivir aparte, cubrirse la cara y gritar «Impuro, impuro!» para advertir de su presencia y que todos pudieran apartarse cuanto antes. Durante mucho tiempo no se conoció más que un remedio contra el peligro de contagio de esta enfermedad sin curación: la exclusión, el aislamiento riguroso de los enfermos. Por eso, los desgraciados leprosos tenían que soportar condiciones de vida inhumanas. Jesús, en cambio, deja que el leproso se acerque a él. Lleno de compasión por este hombre que le suplica de rodillas, extiende la mano, lo toca y, con una palabra, lo cura.
El severo encargo de ir inmediatamente a cumplir con las obligaciones prescritas por la Ley y de presentarse al sacerdote para que constate oficialmente la curación, puede sorprender. ¿Necesitaba aquel hombre que le recordaran la urgencia de un trámite necesario para su reinserción en la sociedad? Ciertamente no. Pero Jesús se esfuerza por lograr que sus milagros se entiendan como «signos», como «testimonios» que plantean la cuestión de su verdadera identidad: «¿Quién es este?». De manera explícita o implícita, esta pregunta está presente a lo largo de todo el evangelio según san Marcos, instando a dar una respuesta personal.
Más sorprendente aún es la orden de guardar silencio que Jesús impone al leproso. Semejantes órdenes se encuentran con frecuencia en el evangelio según san Marcos. El entusiasmo suscitado por las obras de Jesús sigue siendo ambiguo mientras no se sigan sus pasos hasta el Calvario. Paradójicamente, sólo entonces se puede decir con toda verdad: «Realmente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). La iniciación cristiana debe ser progresiva y conducir, sin quemar etapas, hasta este reconocimiento, Cristo es el modelo a seguir en todo: en la educación de la fe y en el modo de comportarse en la vida diaria, «todo para gloria de Dios».

PRIMERA LECTURA

La intervención de los sacerdotes en relación con la lepra tenía una doble finalidad: poner a los enfermos a salvo de diagnósticos erróneos o malintencionados y velar por el cumplimiento de las normas impuestas paro el bien común de la población.

El leproso tendrá su morada fuera del campamento.

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
- «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.
El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»
Palabra de Dios.

SALMO

Oración confiada al Señor: él no oculta su rostro a quienes lo invocan; está o su lado en todo momento.

Salmo 31, 1-2. 5. 11 (J.: cf. 7)

R
Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R

SEGUNDA LECTURA

La casuística considera «casos de conciencia» particulares. San Pablo, por su parte, propone un doble principio que hay que tener siempre en cuenta, en todas las situaciones que se presenten: «hacerlo todo para gloria de Dios» y guardarse de lo que pueda escandalizar a los hermanos, o ser para los demás obstáculo en el camino de la fe.

Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,31-11,1

Hermanos:
Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.
No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 7,16

Aleluya. Aleluya.
Acerquémonos confiadamente
al que quiere limpiarnos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Esta conclusión de la presentación general del ministerio de Jesús llama la atención sobre lo que la continuación del relato evangélico pondrá de manifiesto de manera cada vez más clara: la palabra de Jesús tiene una eficacia soberana; su misericordia restituye en la comunión del pueblo de Dios y per mite participar de nuevo en el culto; las curaciones dan testimonio de su identidad. Lo que él espera es una fe profunda y meditada, no un entusiasmo superficial y pasajero.

La lepra se le quitó, y quedó limpio.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
- «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
- «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
- «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Palabra de Dios.

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