lunes, 13 de febrero de 2012

19/02/2012 - 7º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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19 de febrero de 2012

7º domingo Tiempo ordinario (B)



Después de una mirada general al ministerio de Jesús, san Marcos nos conduce ahora tras los pasos de Jesús, el predicador de la Buena Noticia, por los caminos que recorre sin cesar, curando a los enfermos y endemoniados. La primera etapa de su periplo va de una casa de Cafarnaún, seguramente la de Pedro (quinto domingo), a otra casa de Galilea (décimo domingo). Es evidente que san Marcos se preocupa poco por dar precisiones de tiempo y de lugar. Lo esencial para él es que cada uno tenga ocasión de situarse personalmente en relación con las obras y enseñanzas de Jesús. Su recorrido está jalonado de controversias, se formulan contra él acusaciones graves, primero de forma solapada, luego cada vez más abiertamente. El lector no puede asistir como un observador neutro o indiferente. Se siente, por así decir, obligado a tomar partido, a reconocer o a rechazar la autoridad de Jesús y, finalmente, su condición de Hijo de Dios.
Mientras Jesús enseña en la casa de Cafarnaún, de pronto caen unos cascotes del techo, hecho de ramas recubiertas de tierra, y cuatro hombres bajan a un enfermo por el boquete abierto. Lejos de mostrarse sorprendido por tal atrevimiento, Jesús admira la fe de los intrusos y dice al enfermo, que no ha abierto la boca: «Tus pecados quedan perdonados». O está blasfemando, puesto que sólo Dios puede perdonar pecados, o no es un hombre como los demás, sino aquel en quien se han cumplido todas las promesas de Dios. La cuestión se plantea hoy como entonces en Cafarnaún, ante la curación de este enfermo a quien se le han perdonado los pecados.
En realidad lo que sucede aquí es el comienzo el proceso de Jesús, y el lector del evangelio es instado a elegir sin demora su propio campo, a ponerse del lado de los que se burlarán del crucificado y le pedirán que baje de la cruz, o a hacer suya la profesión de fe del centurión que proclamará en el Calvario: «Realmente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,3 1-32.39).
La venida de Jesús inaugura «algo nuevo», una realidad nueva liberada del pecado: «ya está brotando». Por medio de él, Dios congrega, «para gloria suya», a un pueblo que ha recibido en su corazón la unción y el sello de su Espíritu. En él participamos de todas las promesas de Dios.

PRIMERA LECTURA

Dios crea siempre «algo nuevo», algo nunca visto. Se trata siempre, en Cierto modo, de una creación nueva, basada en el perdón incesante de los pecados.

Por mi cuenta borraba tus crímenes.

Lectura del libro de Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Así dice el Señor:
«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?
Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.
Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas.
Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.»
Palabra de Dios.

SALMO

Conservar en vida, guardar conservar sostener sanar: son distintas formas de decir que Dios está siempre creando algo nuevo.

Salmo 40, 2-3. 4-5. 13-14 (5b)

R
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. R

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos. R

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.» R

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora, y por siempre. Amén. Amén. R

SEGUNDA LECTURA

Los subterfugios, los rodeos, las escapatorias y demás medios indirectos de eludir explicaciones, de pronunciarse claramente, son incompatibles con la fidelidad al Evangelio. Los primeros que tienen que tenerlo presente son los predicadores, portavoces como son de Cristo, que es el «sí» de Dios en persona. Todos sus discípulos, por su parte, deben hacer de su vida un «amén» diariamente renovado a la palabra de Dios y al Evangelio.

Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí».

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18-22

Hermanos:
¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no».
Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya.
Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros.
Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.
Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya. Aleluya.
El Hijo del hombre tiene potestad
para perdonar pecados
y para levantar a los enfermos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad.

EVANGELIO

La vuelta a Cafarnaún está marcada por una curación que es signo de la autoridad soberana e inaudita de Jesús. ¡Perdonar pecados! «¡Es una blasfemia intolerable!, dicen algunos; ¡se hace igual a Dios!». Un día el sumo sacerdote repetirá esta misma acusación (Mc 14,64).

El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:
- «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
- «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:
- «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados »
Entonces le dijo al paralítico:
- «Contigo hablo: Levántate, coge -tu camilla y vete a tu casa.»
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
- «Nunca hemos visto una cosa igual.»
Palabra de Dios.

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