lunes, 30 de abril de 2012

06/05/2012 - 5º domingo de Pascua (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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6 de mayo de 2012

5º domingo de Pascua (B)



«Yo soy» En el evangelio según san Juan estas palabras introducen una revelación solemne sobre la identidad del Hijo de Dios, que ha venido al mundo para salvar a los hombres. Resuenan también como una apremiante exhortación a creer en Jesús para llegar a ser hijos de Dios. Así pues, Jesús dice: «Yo soy» (Jn 8,58) el pan de la vida (Jn 6,35), el pan vivo (Jn 6,51), la puerta (Jn 10,9), el buen pastor (evangelio del pasado domingo), el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14,6).
Algunas de estas metáforas se encuentran ya en el Antiguo Testamento, especialmente la de la vid: numerosos textos, de géneros literarios distintos, la utilizan para hablar del pueblo elegido por Dios, rodeado de las delicadas y constantes atenciones de su amor fiel, y que a menudo se muestra desleal, no dando los frutos de justicia y santidad esperados.
Pero en el evangelio según san Juan, Jesús se llama a sí mismo «vid», la «verdadera vid», de la que su Padre es el viñador. La imagen remite a lo que ha proclamado en otro lugar (Jn 14,6): él es la vida, la vida que viene de Dios, su Padre, en quien él «permanece», fuente de toda vida desde el principio (Jn 1,4). Tiene poder para darla a todos los que creen en él. Como sarmientos vigorosos llenos de savia, los que «permanecen» unidos a él dan fruto abundante para la vida eterna. Todos los hombres sin distinción pueden injertarse, por la fe, en la cepa viva y vivificadora. Juntos forman la Iglesia que el Padre no cesa de purificar para incrementar su fecundidad hasta el infinito.
La pertenencia a esta vid se conoce por la verdad del amor fraterno, nacido del amor del Padre, manifestado en Jesús, su Hijo, difundido por el Espíritu Santo, y del que todos, cada uno según su propia vocación, estamos llamados a dar valiente testimonio.
La existencia cristiana y la vida de la Iglesia se encuentran así integradas en la dinámica de relaciones que unen al Padre, al Hijo y al Espíritu, a pesar de las pruebas, las infidelidades y los lamentables fracasos, ya que «Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo». La eucaristía es el sacramento —signo y prenda— de este admirable trueque.

PRIMERA LECTURA

Una comunidad que no cree que el encarnizado perseguidor de ayer haya podido convertirse, y no lo admite en su seno más que por la garantía de un hombre de confianza y buen juicio, amigos para los que este cambio es una traición inaceptable: nada realmente original en rodo esto. Pero lo que le ocurrió a Pablo encierra una enseñanza que conviene tener en cuenta: en la Iglesia, los carismas, las revelaciones y otras manifestaciones divinas privadas sólo son reconocidos como auténticos después de un serio examen.

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO

No existe prueba que no pueda conducir a una resurrección; no hay perseguidor que no pueda convertirse en discípulo. Así es la obra de Dios, de la que conviene no olvidarse.

Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32 (J_26a)

R
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
Aleluya.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Tercer tema de la primera carta de san Juan: el amor fraterno, «no de palabra, sino con obras», como criterio último de la pertenencia a Dios, de la comunión con él, fundada en el don del Espíritu; la fidelidad a los mandamientos y la fe en Jesús son garantía de la eficacia de la oración y la paz de la conciencia.

Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 15,4.5b

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los sarmientos
injertados en la verdadera vid;
discípulos de Jesús,
son la gloria del Padre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO

Condición para dar fruto que «permanezca» y «dé gloria al Padre» es estar firmemente unido a Jesús, la «verdadera vid». La palabra «permanecer» se repite ocho veces en estos ocho versículos, para expresar la unión entre el Padre y el Hijo, entre el Señor y los discípulos, llamados a entrar en la intimidad del Padre, del Hijo y del Espíritu.

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra de Dios.

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