miércoles, 25 de abril de 2012

29/04/2012 - 4º domingo de Pascua (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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29 de abril de 2012

4º domingo de Pascua (B)


Todo pastor experimentado conoce a sus ovejas y es capaz de distinguir las suyas de las demás. Las ovejas, por su parte, reconocen la voz de su dueño o el sonido de su silbido, y obedecen a su llamada. Un buen pastor vela diligentemente por su rebaño, lo protege de los peligros que lo amenazan, se da cuenta de las ovejas que están enfermas y las cura, y dedica cuidados especiales a las más débiles y a los corderos. Es normal, por tanto, que la imagen del buen Pastor ocupe un lugar importante en la Biblia, lo mismo que en la literatura de todos los pueblos de tradición pastoril, y que Jesús haya retomado esta imagen bíblica. Pero Jesús no dice: «Yo me comporto como un buen pastor», sino que proclama: «Yo soy el buen Pastor», aquel del que los demás no son más que fi- guras, el único que conduce a los suyos a la verdad y a la vida, con una autoridad que ningún otro posee, porque ha sido el Padre quien lo ha enviado y le ha confiado las ovejas. La alegoría del buen pastor es, junto con la de la viña, uno de los grandes textos revelados transmitidos por san Juan.
Jesús, como buen Pastor, ha llegado al extremo de dar la vida por sus ovejas. «Ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos», dice san Pedro delante del gran consejo. El reúne en un solo rebaño a los que el Padre le ha entregado; él es, con otra imagen, la piedra angular sobre la que se edifica la comunidad de los hijos de Dios, de la que todos los hombres están llamados a formar parte.
Por consiguiente, «rebaño» y «ovejas» no evocan en absoluto una masa de discípulos sin personalidad que siguen al pastor y lo obedecen balando. «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! Sabemos que, cuando el Hijo de Dios se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es», escribe san Juan.
Es lo que realiza y prefigura la asamblea litúrgica convocada y reunida por el buen Pastor, que la encabeza. El nutre con su cuerpo y con su sangre a los que han escuchado su voz; los conduce paso a paso hacia el Padre; los envía a las ovejas que todavía no son de su redil. «Anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz». «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

PRIMERA LECTURA

Lo mismo que Jesús, los apóstoles tienen que dar explicaciones por el favor que le han hecho a un enfermo. Pedro responde proclamando que el milagro es signo de la salvación que sólo el Señor resucitado puede dar.

Ningún otro puede salvar.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4,8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
-«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios ha fundado su obra en la piedra desechada por lo arquitectos. Ha resucitado a aquel a quien los hombres habían despreciado.

Salmo 117 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29

R
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
O bien:
Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Segundo tema de la primera carta de san Juan: aunque aún no se manifieste con total claridad, ya desde ahora somos hijos de Dios.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,14

Aleluya. Aleluya.
Tiene, además, otras ovejas que no son de este redil.
Ellas escucharán su voz,
y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—,
conozco a mis ovejas,
y las mías me conocen. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no sólo se compara con un buen pastor (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), sino que es «el buen Pastor». Mantiene con las ovejas una relación de conocimiento mutuo, fundada en el amor que el Padre les tiene, lo mismo que a él. Se ocupa de ellas y las defiende valientemente de todo peligro, porque son suyas. Ha entregado su vida por ellas para que haya «un solo rebaño, un solo Pastor». Ha recibido del Padre su poder y su mandato. Todo este conjunto de rasgos remite al misterio pascual, que manifiesta su pleno significado.

El buen pastor da la vida por las ovejas.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
- «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra de Dios.

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