lunes, 28 de mayo de 2012

03/06/2012 - La Santísima Trinidad (B)

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3 de junio de 2012

La Santísima Trinidad (B)


Todo viene del Padre, por Jesucristo, su Hijo hecho hombre, gracias a la acción del Espíritu Santo y a su presencia en nuestros corazones. Todo vuelve de nuevo al Padre por su Hijo, en el Espíritu. Este es el doble movimiento, descendente y ascendente, del misterio de la salvación. Cada sacramento, administrado «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», así como toda oración dirigida al Padre por el Hijo en el Espíritu, es una profesión de fe en el Dios único en tres personas. Es el misterio que celebra solemnemente la fiesta de este domingo.
Un pasaje del libro del Deuteronomio muestra, en primer lugar, el modo como Israel va descubriendo progresivamente quién es Dios, a partir de la experiencia de su acción y de sus iniciativas de salvación, y no al término de ninguna especulación filosófica o teológica. Al poner las palabras en labios de Moisés, el autor de esta página usa un procedimiento literario que subraya la importancia capital de los acontecimientos del éxodo. Esta evocación es de gran actualidad en varios sentidos. El recuerdo de estos tiempos sigue siendo, aún hoy, fundamento de la fe y la esperanza de los creyentes, porque lo que llamamos el Antiguo Testamento pertenece a nuestra historia. Esta página de la Escritura recuerda algo que nunca hay que olvidar: que Dios se muestra, no se demuestra. Se pueden percibir signos de su presencia y de su acción en el mundo y en la historia. Lejos de justificar la duda, su aparente ausencia debe hacer surgir la fe y la esperanza.
En el momento de dejar la tierra para volver al Padre, Jesús, poseído por el Espíritu, prometió solemnemente a los suyos que estaría con ellos «todos los días, hasta el fin del mundo». A los apóstoles, postrados ante él en gesto de adoración, les mandó anunciar la Buena Noticia de la salvación a todos los pueblos, engendrarlos a la vida divina por el bautismo. «Enseñadles —les dijo— a guardar todo lo que os he mandado, a progresar, día tras día, por el camino del bien, a hacer la voluntad de Dios, a ser dóciles al Espíritu Santo».
El Espíritu Santo que han recibido los bautizados da testimonio de que verdaderamente son hijos del Padre. Y les hace capaces de dirigirse a Dios con toda confianza, diciendo: «Abba, Padre».

PRIMERA LECTURA

Esta página del Deuteronomio, atribuida a Moisés, recoge la experiencia secular del pueblo de la Biblia. Este ha ido adquiriendo progresivamente una conciencia más viva de la presencia del Señor en medio de él, en su historia singular Sus iniciativas revelan su «mano fuerte» y su «brazo poderoso», al servicio de un designio de salvación cuyo cumplimiento nada ni nadie podrán impedir El no es un dios entre Otros, sino el único Dios.

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor5 vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios.

SALMO

Leal, justo y misericordioso: así es Dios desde siempre y para siempre.

Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 1 2b)

R
Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos,
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió. R

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu, la más misteriosa de las personas divinas, se revela por su acción invisible en el mundo y en el corazón de los hombres. Hace de nosotros hijos de Dios. Por él clamamos a Dios llamándolo Padre nuestro. El nos introduce en la comunión de la Santísima Trinidad.

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Ap 1,8

Aleluya. Aleluya.
Haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO

La misión universal de los apóstoles, el don del bautismo «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y la promesa de la presencia del Resucitado «todos los días, hasta el fin del mundo» dan a este relato evangélico un claro significado eclesial.

Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.

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