lunes, 25 de junio de 2012

01/07/2012 - 13º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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1 de julio de 2012

13º domingo Tiempo ordinario (B)


La vida, que desde su mismo comienzo es objeto de los asaltos, violentos o solapados, de la muerte, puede a veces lograr victorias tan espectaculares que permite hablar de «resurrección». Pero se trata sólo de un aplazamiento. Tarde o temprano la muerte se impondrá. «Enséñanos a calcular nuestros años... Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan», dice el salmista desengañado (Sal 89,10-11). Sin embargo, el libro de la Sabiduría proclama con fuerza: «Dios no hizo la muerte... Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal». Estas rotundas afirmaciones, tan contrarias a la experiencia universal, resuenan como una invitación a considerar el problema de la muerte bajo otra luz.
Jesús curó a muchos enfermos, pero no los inmunizó definitivamente contra los brotes del mal. Devolvió a la vida a algunos muertos, pero no los sustrajo a la ley inexorable de la muerte. Por el contrario, a la mujer que se curó al tocar a escondidas el manto de Jesús, le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». Ese mismo día, cuenta san Marcos, Jesús declara al jefe de la sinagoga que acaba de enterarse de la muerte de su hija, cuya curación venía a suplicarle: «No temas; basta que tengas fe». Las curaciones y las «resurrecciones» realizadas por Jesús significan, pues, que la salvación ha llegado al mundo. La muerte sigue ejerciendo su poder en la tierra, pero no tendrá la última palabra. La palabra todopoderosa de Dios nos despertará del sueño de la muerte. Incluso ya desde ahora recibimos el germen de la vida que no tendrá fin, como lo proclama un antiguo himno bautismal: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz» (Ef 5,14). Por su propia muerte, el Señor ha vencido a la muerte.
A partir de la Pascua, desaparece la consigna del silencio. Hay que anunciar al mundo entero lo que Jesús ha hecho en presencia sólo de algunos testigos, que tenían también bastante camino que recorrer hasta comprender el misterio de la fe y llegar a la fe pascual. Guardarse egoístamente para sí los dones de la fe, de la palabra y del conocimiento de Dios sería empobrecerse gravemente.

PRIMERA LECTURA

La muerte, que «entró en el mundo por la envidia del diablo», ha empanado la imagen de Dios según la cual el hombre había sido creado. Pero la ley de Dios guardada fielmente actúa ya desde ahora como un contraveneno; de la misma muerte brotará una existencia imperecedera.

La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo.

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal.
Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entro en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella.

Palabra de Dios.

SALMO

Estamos seguros: Dios nos sacará del abismo de la muerte. ¡Bendito sea!

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R
Te ensalzare, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Para animar a los corintios a acudir en ayuda de la Iglesia de Jerusalén, san Pablo no apela a sus sentimientos. Les dice: «Acordaos de lo generoso que fue Cristo». Eso debe bastar para comprometerse a compartir toda clase de bienes. Las comunidades pusilánime y celosamente replegadas sobre sí mismas y sobre sus riquezas, tarde o temprano acaban marchitándose.

Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos:
Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.
Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar.
En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf 2Tm 1,10

Aleluya. Aleluya.
Gloría a ti, Señor:
tu palabra nos cura y nos levanta. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte
y sacó a la luz la vida,
por medio del Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

El jefe de una sinagoga viene a suplicar a Jesús que cure a su hija, que «está en las últimas»; una mujer se acerca para tocar el manto de Jesús y quedo curada de su enfermedad; la muerte de la hija no quebranto la confianza del padre; con una sola palabra, Jesús pone de nuevo en pie a la adolescente. Este relato, construido de manera particularmente hábil, lleva al lector a interrogarse por su propia fe y lo que la expresa: la oración, la actitud ante los enfermos, la celebración de la eucaristía.

Contigo hablo, niña, levántate.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43 (lectura breve: 5.21-24.35-43)

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva». Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente (que lo apretujaba).

(Se interrumpe en la lectura breve).

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando: «Quién me ha tocado el manto?». Los discípulos le contestaron: «yes cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».

(Se reanuda en la lectura breve).

 (Todavía estaba hablando, cuando) llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: « ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra de Dios.

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