lunes, 23 de julio de 2012

29/07/2012 - 17º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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29 de julio de 2012

17º domingo Tiempo ordinario (B)


Para procurarles un poco de descanso a la vuelta de su misión, Jesús lleva a los apóstoles «a un sitio tranquilo», «a la otra parte del lago de Tiberíades». Pero la multitud los alcanza. El descanso será para otra ocasión. Movido a compasión, Jesús va a su encuentro y dedica el resto del día a enseñarles con calma. Luego, para alimentar a todos los que se han quedado hasta el anochecer, multiplica cinco panes y dos peces. Como la brevedad del evangelio según san Marcos no permite repartirlo en treinta domingos (del 4° al 33°), se toma del cuarto evangelio el relato de la multiplicación de los panes.
Desde la más remota antigüedad, el pan evoca el mínimo necesario para la subsistencia, lo que no debe faltar a nadie. La Biblia lo considera un don del cielo. Cuando es abundante. es signo de la bendición divina. Su falta es como un castigo para que los pecadores y los impíos se vuelvan hacia el Señor. Evoca no sólo el alimento de los últimos tiempos, que colmará todas las necesidades de los hombres, sino también la palabra de Dios. La Biblia recoge también el significado corriente del pan compartido como signo de paz, amistad, alianza, comunidad de vida, comunión. Entra en el ritual del culto: los «panes presentados» al Templo, que sólo pueden comer los sacerdotes; los «panes ázimos» de la comida pascual. Hay que tener presente esta rica simbología cuando se lee el relato de la multiplicación de los panes, sobre todo el del cuarto evangelio.
Ciertos detalles llaman enseguida la atención y nos hacen presentir que se trata de un milagro que tiene un significado especial. «Estaba cerca la Pascua». Los apóstoles carecían por completo de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades vitales de la multitud. Fue necesario que un joven se desprendiera de unos cuantos «panes de cebada» que tenía consigo. Jesús los tomó en sus manos y los repartió, después de pronunciar «la acción de gracias». Todos quedaron saciados y sobraron «doce canastas», el número de las tribus de Israel, tras recogerlo todo cuidadosamente para «que nada se desperdicie». Al ver este «signo», la gente quiere «llevárselo para proclamarlo rey». Pero él se retira otra vez a la montaña: «Su reino no es de este mundo» (Jn 18,36).
El «signo» de la multiplicación de los panes nos lleva a dirigir la mirada a Dios, «Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo». Sólo él puede colmar nuestra esperanza.

PRIMERA LECTURA

Este relato se nos ofrece cargado de sentido dentro del marco de la celebración de este domingo. Ofrecer las primicias de la nueva cosecha es un acto de culto. El pan se multiplica para ser compartido. Por otra parte, su abundancia ha sugerido en la tradición el banquete de los últimos tiempos.

Comerán y sobrará.

Lectura del libro segundo de los Reyes. 4, 42-44

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: «Dáselos a la gente, que coman».
El criado replicó: «¿Qué hago yo con esto para cien personas?». Eliseo insistió: «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor:
Comerán y sobrará». Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

El creyente, dando gracias, se complace en reconocer que todos los bienes le llegan de la bondad y generosidad de Dios.

Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18

R
Abres tu mano, Señor, y sacias.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor;
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tu la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R

El señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R

SEGUNDA LECTURA

Un resumen de la historia de la salvación y de la obra de Cristo: restaurar en el universo, en el corazón de cada persona y en las relaciones entre los hombres la unidad rota por el pecado. Todo ello condensado en una fórmula fácil de memorizar sin duda de origen litúrgico, probablemente bautismal: «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, «un Señor, una fe, un bautismo».

Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios. 4, 1-6

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 7,16

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, palabra de Dios
que sacia nuestra hambre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

La multiplicación de los panes tiene en los evangelios una importancia excepcional: hay de ella cinco relatos en los sinópticos (Mt 14,13-21 y 15,32-37; Mc 6,35-44 y 8,1-10, y Le 9,10-17). San Juan, por su parte, la presenta explícitamente como un «signo», es decir un hecho que, por su consistencia, por las circunstancias y el contexto en que tiene lugar por las personas que intervienen y, sobre todo, por su actor principal, encierra realidades demasiado sublimes como para poder expresarlas en forma de proposiciones, de razonamientos encadenados. El «signo» va dirigido a todo el ser y no sólo a la razón. Todos, y especialmente los más sencillos, pueden entenderlo. Pero hace falta una mirada atenta y perspicaz, iluminada desde lo alto.

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan. 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie». Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo».
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra de Dios.

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