lunes, 27 de agosto de 2012

02/09/2012 - 22º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de septiembre de 2012

22º domingo Tiempo ordinario (B)


Volvemos hoy a san Marcos, el guía «oficial» de las celebraciones dominicales de este ciclo. Hacia el final del «Discurso sobre el pan de vida» Jesús dice: «El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada» (Jn 6,63). Pues bien, los textos de este domingo se refieren a la manera auténtica, la única agradable a Dios, en que el creyente ha de entender y vivir la fe expresada por la práctica y las observancias religiosas.
A diferencia de un legislador distante que se conforma con la obediencia externa a las leyes promulgadas, Dios, que está cerca de su pueblo, ha dado sus mandamientos para que quienes los guarden conduzcan su vida con sabiduría e inteligencia, y se preparen así a tomar posesión de la herencia prometida. Lejos de aplastar al hombre, la ley de Dios lo pone en pie. Sus prescripciones son indicaciones para evitar que se pierda, que se aventure por caminos sin salida o por pendientes, aparentemente fáciles, pero expuestas a avalanchas mortales. Caminar con un paso regular por el camino marcado por los mandamientos permite acercarse a Dios cada vez más, día tras día, hora tras hora. El ejemplo de esta fidelidad perseverante y alegre no siempre mueve a los demás a seguir el mismo itinerario. Pero les muestra el camino de la justicia y l verdad. Añadirle o quitarle algo a esta ley, corregirla en suma, es demostrar una necedad ofensiva ante Dios y desastrosa para uno mismo.
Los mandamientos del Señor no son artículos de un código escrito de una vez para siempre, que hay que cumplir al pie de la letra, sin ninguna responsabilidad. Es necesario entenderlos, concretarlos y eventualmente adaptarlos, teniendo en cuenta las exigencias del tiempo, el lugar y las personas. A condición, sin embargo, de no confundir la voluntad de Dios con las tradiciones humanas, aunque sean seculares, y menos aún con modos de actuar que en realidad la traicionan o ridiculizan. Es en el corazón donde deben inscribirse la ley de Dios y su Palabra, pues «es de dentro, del corazón del hombre» de donde «salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias... Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro». El criterio último y decisivo de la justa observancia de la ley de Dios es el amor eficaz para con el prójimo. Es también el que juzga acerca de la autenticidad de la participación en la eucaristía, que es el sacramento del amor.

PRIMERA LECTURA

El carácter inmutable de la ley a la que Jesús ha venido a dar plenitud, no a abolir es el fundamento de la alianza eterna. Esta perennidad no conduce al fundamentalismo, porque se trata de una ley viva, encomendada a un pueblo responsable de tal don. Establece entre Dios y los hombres una relación de amistad confiada, de la que da testimonio «a los ojos de los pueblos».

No añadáis nada a lo que os mando..., así cumpliréis los preceptos del Señor.

Lectura del libro del Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés hablo al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy.
Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”. Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?».

Palabra de Dios.

SALMO

Hay que hacerse cercano a los otros para estar cerca de Dios.

Salmo 14, 2-5

R
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R

SEGUNDA LECTURA

« Es un regalo del cielo!», se suele decir cuando sobreviene un acontecimiento feliz e inesperado. «Un don del Padre de los astros», dice la carta de Santiago, hablando de la «palabra de la verdad», portadora de salvación. Pero no basta con aceptarla, hay que llevarla a la práctica. Se trata de una gracia que hay que hacer fructificar para la vida eterna. De lo contrario, la «práctica religiosa» es vana, ineficaz, falsa (St 1,26; 2,1 0.14) y escandalosa.

Llevad a la práctica la palabra.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1,17-18.21b-22.27

Mis queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos.
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

Palabra de Dios.

ALELUYA St 1,18

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, imagen perfecta del Padre,
esplendor de su gloria,
luz que alumbra nuestra tiniebla. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Padre, por propia iniciativa,
con la palabra de la verdad, nos engendró,
para que seamos
como la primicia de sus criaturas. Aleluya.

EVANGELIO

Las tradiciones y las prácticas religiosas heredadas tienen un valor innegable en la medida en que traducen concretamente «el mandamiento de Dios», y siempre que expresen y favorezcan la adhesión profunda al Señor y a su voluntad. De lo contrario, su práctica degenera en una hipocresía que, ciertamente, no engaña a Dios. Si se convierten en un obstáculo o dificultad insuperables, deben evolucionar La religión que Jesús enseña es una religión del corazón.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?». El les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra de Dios.

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