lunes, 3 de septiembre de 2012

09/09/2012 - 23º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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9 de septiembre de 2012

23º domingo Tiempo ordinario (B)


La liturgia es diálogo entre Dios y su pueblo. Por medio de su palabra, Dios se dirige a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Les repite sin cesar y de múltiples maneras que ha enviado a su Hijo para salvarlos. Cuando parece estar lejos, es porque quiere instarlos a que acudan de nuevo a él y a que recuperen la relación de confianza a la que, por su parte, está siempre dispuesto Llega el tiempo —anuncia Isaías— en que, por fin, los oídos del sordo se abrirán, y la lengua del mudo será capaz de proclamar las hazañas de Dios.
Las actitudes y los gestos litúrgicos son respuestas a la palabra de Dios. Los cantos y la oración expresan la fe compartida por todos. En los tiempos de silencio, cada uno puede expresar lo que guarda en lo secreto de su corazón. Este diálogo entre Dios y su pueblo conduce a la intimidad de la comunión cuando Cristo se une a cada uno bajo los signos del pan y del vino, reuniendo en la unidad de un solo cuerpo a todos los que participan en el mismo sacramento.
La curación del sordomudo relatada por san Marcos debe entenderse en esta perspectiva litúrgica y sacramental. Tiene lugar en una región de preponderancia pagana. Esta circunstancia sugiere que Jesús ha venido a instaurar una humanidad nueva, de la que todos los hombres están llamados a ser miembros. Al mismo tiempo anuncia la misión de la Iglesia entre los pueblos. No se dice nada del origen ni la identidad del enfermo ni de quienes lo acompañan. Por tanto, cada uno puede reconocerse en ellos.
Jesús mete sus dedos en los oídos del enfermo, le toca la lengua con la saliva y, mirando al cielo, pronuncia una palabra, effetá, que pasó tal cual, en arameo, a la antigua liturgia del bautismo. La Iglesia ha visto, pues, en esta curación una especie de parábola viviente de lo que ocurre en el primer sacramento de la iniciación cristiana. Curado de su sordera y de su mutismo espiritual, el bautizado puede escuchar la palabra de Dios, proclamar su fe y alabar a Dios sin cortapisas, a voz en grito. De este modo es introducido en la comunidad de los hermanos, donde no hay diferencias entre ricos y pobres, pues todos reciben gratuitamente los inapreciables beneficios de Dios y son igualmente elevados a la dignidad de «herederos del Reino prometido a los que lo aman».

PRIMERA LECTURA

La perspectiva de la venida de Dios debe alegrar a los «justos» y animarlos a perseverar en su camino. Asimismo incita a los pecadores a convertirse. Esta es la Buena Noticia: Dios se toma el «desquite» por las ofensas que se le han hecho, aportando la salvación a todos.

Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.

Lectura del libro de Isaías 35,4-7a

Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará». Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

Palabra de Dios.

SALMO

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Salmo 145,7.8-9a.9bc-10

R
Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

La forma como se desarrollan las reuniones de un grupo, el lugar que se reconoce a unos y a otros, ponen de manifiesto concretamente el tipo de relaciones que reinan entre sus miembros, sus posibles desigualdades o, por el contrario, el respeto y la consideración de que todos son objeto. Lo mismo ocurre en la asamblea litúrgica, la imagen más visible de la Iglesia, en la que no han de tenerse en cuenta las diferencias de tipo social.

¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2,1-5

Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado». Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo». Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino, que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,23

Aleluya. Aleluya.
Señor abre nuestros oídos a tu Palabra,
suelta la traba de nuestra lengua
para que podamos alabarte. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

La manera como se desarrolla la curación del sordomudo recuerda mucho una celebración litúrgica, tanto más que la unción de los oídos y la lengua, y la palabra «effetá» que la acompaña, pasaron desde los primeros tiempos de la Iglesia al ritual del bautismo.

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Abrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra de Dios.

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