lunes, 17 de septiembre de 2012

23/09/2012 - 25º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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23 de septiembre de 2012

25º domingo Tiempo ordinario (B)


Hoy y el próximo domingo se lee casi íntegramente lo que en el evangelio según san Marcos (9,33-50) correspondes más brevemente, al «Discurso eclesiástico» del evangelio según san Mateo (18,1-35). Son enseñanzas sobre cómo deben comportarse los discípulos unos con otros en la comunidad cristiana. El fundamento de esta conducta es la fe en Cristo, Mesías crucificado y resucitado, que ha abierto el único camino de salvación, por el que hay que ir para alcanzar, con él, la vida junto al Padre.
Este mensaje contradice radicalmente la mentalidad humana. Traducirlo a la conducta concreta de la vida va contra las leyes y costumbres del mundo. Incluso los que creen en Cristo tienen dificultades para admitir que tuviera que rebajarse tanto y, sobre todo, que su conducta personal deba inspirarse en principios tan opuestos a los valores que rigen la sociedad en que se mueven. Si se amoldan a la paradójica sabiduría del evangelio, los tachan de locos o aguafiestas, y hasta perturbadores del orden establecido, que cuestionan con su forma de actuar. Entonces se intenta por todos los medios hacerlos callar, desacreditándolos, a veces suprimiéndolos, y hoy, con mayor frecuencia, marginándolos y neutralizándolos. En ocasiones se llega, incluso, a ponerlos en contradicción con Dios, como si él fuera el garante de esas estructuras denunciadas por los fieles discípulos de Cristo. No hay que extrañarse. La fe que actúa tiene siempre valor profético, y todo profeta sufre hostilidad, a menudo violenta, siempre seriamente ignominiosa.
Sin embargo, la experiencia debería mostrar que la supuesta locura evangélica es la suprema sabiduría. La codicia, la intolerancia, la envidia, el sometimiento a los instintos humanos de posesión y dominio, siempre han engendrado guerras y conflictos, encubiertos o declarados, no sólo en el mundo, sino también en las comunidades cristianas y en la misma Iglesia.
Los frutos de la paz y la justicia maduran lentamente, pero con firmeza, cuando cada cual, en vez de intentar dominar a los otros, se hace humilde «servidor de todos». Las comunidades cristianas, la Iglesia, «sierva y pobre», deben ofrecer al mundo una imagen de la ciudad desde lo alto.

PRIMERA LECTURA

Los que hacen el mal no soportan los reproches y, sobre todo, el comportamiento del justo. Si los malos tratos no bastan para reducirlo al silencio o para hacerlo cambiar de conducta, llegan incluso a acabar con él, retando a Dios a tomar partido contra ellos.

Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Lectura del libro de la Sabiduría 2,12.17-20

Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo:
se opone a nuestras acciones,
nos echa en cara nuestros pecados,
nos reprende nuestra educación errada;
veamos si sus palabras son verdaderas,
comprobando el desenlace de su vida.
Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará
y lo librará del poder de sus enemigos;
lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura,
para comprobar su moderación
y apreciar su paciencia;
lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues dice que hay quien se ocupa de él».

Palabra de Dios.

SALMO

Un vivo retrato de nuestro Dios, que escucha las súplicas y auxilia, hace justicia y salva. El es bueno.

Salmo 53,3-4.5.6.8 (R: 6b)

R
El Señor sostiene mi vida.

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R

SEGUNDA LECTURA

Como la fe, «la sabiduría que viene de arriba» se traduce en obras. El derecho, la paz, la tolerancia, la justicia, la misericordia, son sus frutos. Se opone a la codicia, fuente de todos los males. La oración que ella inspira es escuchada, porque pide los verdaderos bienes.

Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3,16-4,3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Ts 2,14

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, nuestro Señor y Maestro,
que se ha hecho servidor de todos. Aleluya.

Aleluya, aleluya,
Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra la gloria
de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

EVANGELIO

El primer anuncio de la Pasión impresionó profundamente a los discípulos (evangelio del domingo pasado). El segundo los desconcierta, porque comprenden que seguir a Jesús significa hacerse, como él, servidores de todos.

El Hijo del hombre va a ser entregado... El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra de Dios.

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