sábado, 27 de octubre de 2012

01/11/2012 - Todos los Santos (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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1 de noviembre de 2012

Todos los Santos (B)


La veneración de los santos y santas ocupa un lugar muy importante en las liturgias actuales. Su culto se desarrolló en todos los ritos desde finales del siglo IV y comienzos del V, momento en el que empezaron a recordarse en la plegaria eucarística. Se trataba en primer lugar de los mártires de la Iglesia local, y luego también de otros especialmente célebres. Después de la época de las persecuciones, se les unieron otros no mártires y ascetas. Se tienen noticias de la celebración de una fiesta de todos los santos en ciertas Iglesias de Oriente, especialmente en Antioquía y Éfeso, de donde pasó a Roma. Celebrada originariamente el primer domingo después de Pentecostés, se trasladó luego al 1 de noviembre, al fijar Gregorio Magno (590-604) en esa semana las témporas de primavera. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV (608-6 15) transformó el Panteón de Roma en una iglesia dedicada a María y a todos los santos. Por último, el papa Gregorio IV (827-844) hizo que el emperador de Occidente, Luis el Piadoso (814-840), firmara un decreto por el que se fijaba definitivamente la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. Celebración local en Roma y en algunas Iglesias primero, se convirtió luego rápidamente en una solemnidad común a toda la Europa latina.
Se trataba de reunir en una misma celebración al conjunto de los santos, de los que ningún catálogo o «martirologio» llegaba a ofrecer la lista completa. Pero se incluían también los santos desconocidos, anónimos: una muchedumbre inmensa, según el Apocalipsis de san Juan, «de toda nación, raza, pueblo y lengua». Su número crece sin cesar en este tiempo en el que, de manera invisible, se va construyendo el Reino. Sólo los distingue «el ángel que sube del oriente» para marcar con el sello la frente de los siervos de Dios. Habrá que esperar al día de la manifestación del Hijo de Dios para que se reconozcan los que eran, ya en esta tierra, hijos de Dios. Una cosa es segura: estarán entre ellos todos aquellos a quienes Jesús declaró «dichosos», no por la penosa situación de su existencia en la tierra, sino porque Dios está con ellos. Los pobres en el espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, correrán la misma suerte que Jesús. Aunque sólo él vivió plenamente el ideal de las bienaventuranzas.

PRIMERA LECTURA

La primera visión desvela la cara oculta de la etapa terrena de la salvación; la segunda, la realización celeste del plan de Dios. El tiempo presente es tiempo de prórroga; el juicio se aplazo para más tarde. 144.000 (12 veces 12 multiplicado por 1.000) es un número de plenitud: no se quedará fuera ninguno de los que pertenecen a Dios. La visión de la gran liturgia del cielo revela que los elegidos serán una muchedumbre inmensa y que vendrán de todas partes. Aunque las dos escenas se desarrollan en planos distintos, el terreno y el celeste, se pasa continuamente de uno a otro: lo que ocurre aquí abajo tiene repercusión en el cielo.

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua.

Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4.9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."

Palabra de Dios

SALMO

Aquí está la muchedumbre inmensa de los que han encontrado a Dios.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R 32, 6a)

R
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R

SEGUNDA LECTURA

Sólo la fe permite reconocer en el hombre Jesús al Hijo de Dios, así como la condición de hijos de Dios propia de los discípulos. La vuelta de Cristo hará manifiesta su identidad profunda y, al mismo tiempo, lo que son «ahora» los cristianos. Esta certeza y esta esperanza dan a los discípulos la fuerza necesaria para actuar confiadamente y caminar hacia lo que aún no se ha manifestado con claridad, a pesar de la hostilidad y las contradicciones del mundo.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios

ALELUYA Mt 11, 28

Aleluya. Aleluya.
Estemos alegres y contentos,
porque nuestra recompensa será grande
en el cielo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré – dice el Señor -. Aleluya.

EVANGELIO

«Dichosos», «están del lado bueno, bien situados», «deben alegrarse ya de antemano todos los que tienen la certeza de recibir una gran recompensa en el cielo». Esto es lo que proclaman las bienaventuranzas, que en modo alguno hacen apología de la pobreza impuesta, de las persecuciones, la calumnia o los insultos sufridos por causa de Cristo.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
“Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
“Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Palabra de Dios.

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