lunes, 1 de octubre de 2012

07/10/2012 - 27º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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7 de octubre de 2012

27º domingo Tiempo ordinario (B)


El hombre y la mujer se separan de sus padres para unirse entre sí porque, según dice uno de los autores del libro del Génesis, «Dios quiso que fueran compañeros iguales y complementarios, llamados a ser una sola carne».
Esta página del primero de los cinco libros del Pentateuco fue redactada después de la época de los patriarcas, en la que era corriente la práctica de la poligamia. Hubo también una época en la que el repudio de la mujer por parte del marido estaba admitido y regulado. Por eso resulta más notable que se evoque el origen de la humanidad en el marco de una pareja monogámica. Al preguntarle por la legitimidad de la disolución de la unión matrimonial y por la legislación que la regula, Jesús se guarda de entrar en discusiones de casuística: remite a lo que Dios quiso «al principio». El deber de fidelidad del hombre y la mujer deriva de la fidelidad de Dios, que nunca cuestiona la alianza sellada con los suyos una vez para siempre. «En casa», lugar de la enseñanza a los discípulos, Jesús añade que esta fidelidad concierne a los dos esposos. El marido no tiene derecho a despedir a su mujer como si tuviera sobre ella un poder discrecional. Y los mismos deberes tiene ella respecto de su marido.
Esta exigencia requiere a veces una indudable generosidad y abnegación. Sin embargo, Dios no ha dispuesto las cosas pensando en hombres y mujeres fuera de lo común. Tampoco Jesús piensa en seres humanos extraordinarios. El ha venido, no para los fuertes y los sanos, sino para los débiles, los enfermos y los pecadores. Un día los discípulos quisieron apartar de él a unos niños. Los consideraban demasiado pequeños para que ocuparan un lugar entre los oyentes que se agolpaban alrededor del Maestro. ¡Qué error! «Dejad que los niños se acerquen a mí», dice Jesús. Los pone incluso como modelos que imitar. No por la inocencia o la ingenuidad que a menudo se les atribuye, sino porque ellos lo acogen y se acercan a él con toda sencillez y confianza, sin ningún tipo de reservas mentales.
En esto los niños se parecen a él. Efectivamente, Jesús ha aceptado amoldarse sin la menor reticencia a la voluntad del Padre. Para cumplir su designio de salvación, entregándose totalmente a él, no dudó en renunciar a su propia vida. Así ha hecho de la multitud una humanidad nueva, llamada a entrar con él, el Primogénito, en la gloria de los hijos de Dios.

PRIMERA LECTURA

Dios ha creado un mundo masculino y femenino, no sólo masculino. El hombre y la mujer son compañeros llamados a dialogar en un plano de igualdad. Quebrar esta unidad, atentar contra esta complementariedad, romper este equilibrio dinámico y fecundo, introduce un grave desorden en la obra de Dios. Esta enseñanza, fruto de la larga meditación de los sabios, se transmite en forma de relato popular comprensible para todos.

Y serán los dos una sola carne.

Lectura del libro del Génesis 2,18-24

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude».
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera.
Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase.
Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo: « ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».

Palabra de Dios.

SALMO

Dichosa la familia unida en torno a una misma mesa, en la casa bendecida por la presencia de Dios.

Salmo 127,1-2.3.4-5.6

R
Que el Señor nos bendiga
todos los días de nuestra vida.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R

Que veas a los hijos de tus hijos.
¡Paz a Israel! R

SEGUNDA LECTURA

Solidario de los hombres y servidor del designio de su Padre, Cristo ha sellado con su sufrimiento la alianza que lleva a la gloria.

El santificador y los santificados proceden todos del mismo.

Lectura de la carta de san Pablo a los Hebreos 2,9-11

Hermanos: Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Palabra de Dios.

ALELUYA 1Jn 4,12

Aleluya. Aleluya.
El que acepte el Evangelio
con corazón sencillo y sincero
entrará en el reino de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Si nos amamos unos a otros,
Dios permanece en nosotros,
y su amor ha llegado en nosotros
a su plenitud. Aleluya.

EVANGELIO

A los juristas que le preguntan sobre las leyes que regulan el matrimonio, Jesús no les da una respuesta de tipo jurídico. Los invita a remitirse a la intención primera del Creador que ha hecho al hombre y a la mujer iguales en derechos y deberes recíprocos. Al dejar que los niños se acerquen a él, Jesús da testimonio de la bondad de Dios para con los débiles; a ellos les está reservado un lugar eminente en el Reino.

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: « ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?». El les replicó: « ¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio». Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. El les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra de Dios.

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