lunes, 8 de octubre de 2012

14/10/2012 - 28º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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14 de octubre de 2012

28º domingo Tiempo ordinario (B)


El evangelio de este domingo nos presenta de nuevo la enseñanza de Jesús, de camino hacia Jerusalén. Allí conduce a sus discípulos, después de anunciarles por segunda vez su próxima Pasión. Este marco pone de relieve el verdadero sentido y el alcance de las exigencias, muchas veces radicales, del evangelio que san Marcos nos propone. Que no tienen nada de arbitrarias, ni se confunden con lo que puede tener de arduo el cumplimiento de una ley.
Jesús ha proclamado solemnemente que no ha venido a abolir las prescripciones antiguas, sino a darles plenitud (Mt 5,7), es decir, a situarlas en la dirección de la auténtica voluntad de Dios. Desde su infancia y juventud, él las ha cumplido en esta perspectiva, de acuerdo con su espíritu, mostrándonos así el ejemplo de una justa fidelidad a la ley. Pero él es mucho más que un nuevo Moisés restaurador de la pureza de la legislación recibida de los antepasados, mucho más que un modelo perfecto al que hay que imitar lo más fielmente posible. El es personalmente el Salvador, la Salvación. Esa es la razón de que haya que seguirlo, liberándose para ello de todo lo que ata a las cosas caducas, en particular a los bienes materiales, aunque hayan sido adquiridos legítimamente, con el fin de «tener un tesoro en el cielo».
Esto es una locura para los hombres que creen útiles y necesarias para la felicidad las riquezas que garantizan una vida cada día más confortable y aseguran el futuro: una lista de bienes que se prolonga indefinidamente, sobre todo en una sociedad de consumo cada vez más ambiciosa. Y sin embargo se trata de la sabiduría suprema, porque hace ver y valorar todas las cosas como las ve y valora el mismo Dios. Las Escrituras nos la han revelado. Pero el criterio último e indiscutible del justo discernimiento es Jesús, el Hijo de Dios, su Verbo, su «Palabra viva». El «juzga los deseos e intenciones del corazón»; es a él a quien tendremos que «rendir cuentas». Nada debe preferirse a él. Sobre todo para quienes poseen grandes riquezas, esto supone dolorosas renuncias. Pero hay que saber aceptarlas con alegría para entrar en la gloria adquirida por Jesús al precio de un desprendimiento y una entrega total.
La eucaristía es prenda de la vida eterna, infinitamente más preciosa que todo lo demás. Bajo los signos del sacramento, se recibe al autor mismo de la salvación.

PRIMERA LECTURA

La sabiduría humana tiene su valor Pero hay otra sabiduría infinitamente más valiosa: la que viene de Dios. Cuando se comprende su valor inestimable, hay que pedirla insistentemente en la oración.

En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza.

Lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.
La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

Palabra de Dios.

SALMO

Las riquezas pasan. Sólo el amor de Dios permanece. Que él mismo nos ayude a comprenderlo.

Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17

R
Sácianos de tu misericordia, Señor,
y toda nuestra vida será alegría.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo,
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

«La palabra de Dios» designa aquí a Cristo, Palabra hecha carne que da a conocer la voluntad del Padre. No es posible hacer trampas con esta «Palabra viva», que con frecuencia escuece, pero siempre es saludable.

La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón.

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón.
No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5,3

Aleluya. Aleluya.
Hay que dejarlo todo y soportarlo todo,
para heredar con Cristo la vida eterna. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Para «seguir» a Jesús, que significa «hacerse discípulo suyo», no es suficiente cumplir los mandamientos: hay que preferirlo a él por encima de todo, porque él es el Salvador Esta adhesión exclusiva a su persona, que se impone a todos, resulta especialmente difícil para los que poseen grandes riquezas. Pero nadie puede salvarse por sus propias fuerzas.

Vende lo que tienes y sígueme.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: « ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño». Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!». Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura, vida eterna».

Palabra de Dios.

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