lunes, 22 de octubre de 2012

28/10/2012 - 30º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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28 de octubre de 2012

30º domingo Tiempo ordinario (B)


En tres ocasiones Jesús anuncia a los que lo acompañan desde el comienzo de su ministerio que su ruta lo conduce a Jerusalén, donde debe sufrir, morir y resucitar. Para Pedro, este desenlace trágico es inadmisible. Santiago y Juan, «los hijos de Zebedeo», parece que no habían retenido más que la idea de la gloria, que, pensaban ellos, hacía presagiar la instauración inmediata y visible del reino de aquel al que seguían; en él querían ocupar puestos de honor a cualquier precio (evangelio del domingo pasado). Y hoy nos encontramos a la salida de Jericó, última etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. Allí tiene lugar una curación particularmente simbólica:
la de Bartimeo, un mendigo ciego sentado a la vera del camino. El enfermo grita a Jesús llamándolo «hijo de David». Al ser invitado a acercarse, con toda confianza, «soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús» para suplicarle la curación. «Curado» por su fe «al momento» sigue a Jesús por el camino.
Este vivaz relato está cargado de significados para los cristianos a los que se dirige el evangelista-catequista san Marcos. Jesús puede y quiere curar la ceguera de los que le gritan con fe y no dudan en acercarse a él. Esta primera «iluminación» tiene lugar en el momento del bautismo. Es una etapa personalmente precedida de una preparación más o menos larga, cuando el «sacramento de la fe» se recibe en edad adulta o escolar. En el caso de los niños pequeños, son otros los que los introducen en el camino que ha de llevarlos a participar cada vez más conscientemente en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección.
Sería lamentable volver a sentarse al borde del camino después de este primer encuentro, o abandonar a su propia suerte a los niños bautizados inmediatamente después de su nacimiento. Los sacramentos que jalonan la vida cristiana, la eucaristía celebrada regularmente, se nos dan para ir avanzando sin tropiezos en el camino que conduce a Jerusalén, o para ponerse nuevamente en pie cuando uno ha caído. Porque el Señor invita a los que lo siguen a un éxodo maravilloso, a un éxodo al que todos los pueblos pueden asociarse. Se puede confiar en él. «Escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados». Por eso puede hacer que los pecadores se levanten de nuevo y lo sigan por el camino.

PRIMERA LECTURA

Dios es feliz e invita a toda la tierra a participar de su alegría; la prueba ha dado su fruto, puede perdonar a su pueblo arrepentido. Como suele ocurrir este cambio de situación se evoca como un nuevo y maravilloso éxodo. Hasta los impedidos caminarán a buen paso, y aquellos a los que una impureza legal mantenía apartados también estarán allí El final del cisma entre las tribus del Norte y las del Sur anuncia la congregación de todos los pueblos en la unidad.

Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos.

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Así dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob,
regocijaos por el mejor de los pueblos;
proclamad, alabad y decid:
El Señor ha salvado a su pueblo,
al resto de Israel.
Mirad que yo os traeré del país del norte,
os congregaré de los confines de la tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos,
preñadas y paridas: una gran multitud retorna.
Se marcharon llorando,
los guiaré entre consuelos;
los llevaré a torrentes de agua,
por un camino llano en que no tropezarán.
Seré un padre para Israel,
Efraín será mi primogénito».

Palabra de Dios.

SALMO

Risas y gritos de alegría, cantos de fiesta en honor del Señor que hace maravillas en favor de los suyos.

Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

R
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R

SEGUNDA LECTURA

Cristo es el único mediador perfecto entre el cielo y la tierra, porque en su persona Dios y el hombre están unidos íntimamente y para siempre. El no se ha arrogado su sacerdocio, que no es de institución humana; a él le pertenece por su misterioso origen divino. Se dice «según el rito de Melquisedec», porque este sacerdote del Altísimo (cf Gn 14,18-20) no pertenece a ninguna estirpe sacerdotal conocida (Hb 7,3).

Tú eres, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo:
«Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy»,
o, como dice otro pasaje de la Escritura:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec».

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Tm 1,10

Aleluya. Aleluya.
Animo, levantémonos, que nos llama.
Sigamos a Cristo
por el camino de la salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte
y sacó a la luz la vida,
por medio del Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

Un milagro de incuestionable alcance simbólico. Tiene lugar a la salida de Jericó, última etapa antes de llegar a Jerusalén, adonde Jesús conduce a sus discípulos. Nada ni nadie consigue impedir a aquel hombre que grite a Jesús. El pide que lo llamen. Al contrario de lo que sucede en la curación del ciego de Betsaida, realizada como en secreto (Mc 8,22-26), la de Bartimeo tiene lugar en medio de la gente. Jesús no manda al enfermo recién curado que regrese a su pueblo, sino que lo acepta entre sus acompañantes. Ha llegado el momento de apresurarse a ir a Jerusalén, llevando consigo a todos los que quieran «ver». Se puede descubrir aquí una alusión al bautismo, llamado en otro tiempo «Sacramento de la iluminación»,

Maestro, haz que pueda ver.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 46b-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Animo, levántate, que te llama».
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: « ¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra de Dios.

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