lunes, 26 de noviembre de 2012

02/12/2012 - 1º domingo de Adviento (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de diciembre de 2012

1º domingo de Adviento (C)



Antigua y nueva alianza, antes y después de Jesucristo: para los cristianos, dos grandes periodos, dos eras de una única historia de la salvación que, a través de dichas y desdichas, se despliega, sin solución de continuidad, desde que el pecado hizo su entrada en el mundo. Esta es la experiencia que testimonia la Biblia: hasta donde llega la memoria de los hombres, Dios, en sus múltiples intervenciones, ha mostrado siempre su voluntad de llevar a la humanidad por caminos de justicia, de reconducirla a ellos siempre que se ha desviado, con el fin de ir elevándola poco a poco hasta él.
Al ritmo de sucesivas revelaciones fue naciendo una esperanza cada vez más viva en un mesías, en un salvador, cuyos rasgos se irían precisando progresivamente, y que habría de ser «un vástago», «un renuevo» de la casa de David. La promesa fue reiterada por el profeta Jeremías en el siglo VI antes de nuestra era, en una época en la que había quedado interrumpida la dinastía de David, en la que se había concentrado la esperanza en el mesías-salvador.
Vino Jesús, «hijo de David, hijo de Abrahán» (Mt 1,1), «hijo de Adán, hijo de Dios» (Lc 3,38). Al principio, sus discípulos vieron en él al libertador de Israel de aquí abajo (Lc 24,21). Pero, advertidos contra interpretaciones erróneas de las Escrituras, acabaron reconociéndolo como el que había de venir a establecer un reino de justicia, que no es de este mundo. Ninguna ciudad de aquí abajo se llamará nunca «Señor-nuestra-justicia». La que esperamos será instaurada «cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos» para que nos presentemos «santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre».
Habrá signos anunciadores de este retorno del Hijo del hombre «con gran poder y majestad». El universo se transformará. Pero ¡que los creyentes no se espanten! Al contrario: que se levanten y alcen la cabeza sabiendo que se acerca el día de su liberación, y que se preparen a él velando en oración.
Este es el misterio del Adviento. El Señor ha venido, viene y vendrá «acompañado de todos sus santos», a los que se unirán todos los que sean irreprensibles ante Dios. Así lo esperamos. Que él haga de nosotros un solo cuerpo por el Espíritu Santo, «que continúa su tarea en el mundo y lleva a cabo la obra de la santificación».

PRIMERA LECTURA

La alianza entre Dios y su pueblo infiel pasa por numerosas crisis, pero nunca se llega a una ruptura definitiva, porque Dios es fiel. Cuando todo parece estar en peligro, el profeta anuncia un mesías que ha venido, que viene y que vendrá a instaurar la era de la justicia esperada.

Suscitaré a David un vástago legítimo.

Lectura del libro de Jeremías 33,14-16

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitará a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor-nuestra- justicia”».

Palabra de Dios.

SALMO

La misericordia y la lealtad, la rectitud y la bondad, son anhelos de todo hombre. ¿Quién sino Dios podrá enseñar sus caminos?

Salmo 24

R
A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, ensáñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza. R

SEGUNDA LECTURA

La perspectiva de la venida del Señor estimula el deseo y la voluntad de seguir con fervor creciente, el camino de la santidad que viene de Dios por Cristo.

Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3,12-4,2

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.
En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, que viene en una nube:
se acerca nuestra liberación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Las evocaciones de la última manifestación del Hijo del hombre no pretenden en absoluto describir anticipadamente este acontecimiento sin precedentes. Es inútil tratar de imaginarlo. A nosotros nos toca esperar sin miedo, estar despiertos y pedir fuerza para escapar de todo lo que está por venir.

Se acerca vuestra liberación.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,25-28.34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra de Dios.

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