lunes, 31 de diciembre de 2012

06/01/2013 - La Epifanía del Señor (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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6 de enero de 2013

La Epifanía del Señor (C)



La liturgia del 25 de diciembre hace hincapié en la identidad de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo de Dios hecho carne. La de la Epifanía celebra, en el mismo misterio, la manifestación del Señor a todos los hombres.
La extensión universal del reino de Dios, el Creador del universo, el Todopoderoso, el único Dios verdadero, constituye el núcleo de la revelación bíblica más antigua, siendo objeto de una esperanza cada vez mayor, a veces con tintes de impaciencia.
Consciente de la singularidad de su elección divina, el pueblo de la Biblia fue comprendiendo progresivamente que, de algún modo, este privilegio concernía a todos los pueblos de la tierra. Llegaría un día en que todas las naciones de la tierra acudirían a Jerusalén. la ciudad faro en la que habían de congregarse, con alegría, todos los hijos dispersos. Entonces se rendiría un homenaje unánime al Señor del universo, cuyo esplendor iluminaría la ciudad, y todos cantarían: «Se dirá de Sión: “Uno por uno, todos han nacido en ella”» (Sal 86,5).
La tradición cristiana ha recogido y asumido esa tradición y esa esperanza. La Jerusalén hacia la que marchan los hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, por quienes el Todopoderoso ha enviado a su Hijo, no es una ciudad de esta tierra: bajará del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios (Ap 21,10-1 1).
Unos magos venidos de Oriente para adorar al Señor recién nacido marcharían a la cabeza de esa muchedumbre inmensa. Tras haber encontrado al Salvador después de un largo viaje, se volvieron por otro camino, guiados ya, no por una estrella, sino por el reflejo de la Luz nacida de la luz, que había brillado ante sus ojos y que ahora iluminaba el mundo entero.
La celebración de la eucaristía y de todo sacramento es una epifanía, una manifestación del Señor, presente bajo unos signos humildes. Cuando la asamblea se dispersa, recibe también la invitación a volver por otro camino, el de la conversión: «Podéis ir en paz».

PRIMERA LECTURA

Marcada aún por el particularismo religioso, esta visión, unida a la del Apocalipsis, adquiere todo su sentido profético: la Jerusalén que esperamos bajará del cielo; en ella se reunirán para siempre, en alabanza unánime al Señor, los que ya desde ahora caminan hacia ella, guiados por la estrella de Cristo.

La gloria del Señor amanece sobre ti.

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.
Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Que llegue el día de la congregación de todos los pueblos en torno a Cristo, rey de justicia y de paz, salvador de los pobres!

Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)

R
Se postrarán ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan. R

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R

SEGUNDA LECTURA

La Epifanía del Señor, fundamento y exigencia del anuncio del Evangelio a todos los pueblos, para los que está abierto el acceso al Reino sin más condición que la fe en Cristo.

Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 2,2

Aleluya, Aleluya.
Estrella radiante de la mañana,
Jesucristo, luz de los pueblos,
Gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Hemos visto salir su estrella
y venimos a adorar al Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Ya en tiempos de san Mateo algunos se perdían en discusiones estériles. Con la palabra de Dios en la boca, mostraban a los demás el camino que tenían que seguir sin emprenderlo ellos, por miedo a perder lo que consideraban privilegios personales. Mientras tanto los paganos abrazaban la fe con alegría, dispuestos a acoger, sin reticencias, su inesperada novedad. También hoy las personas que menos se esperaba caminan denodadamente en busca del Señor. Cuando lo encuentran, llenas de alegría, no dudan en dejar atrás sus caminos habituales, guiados por la luz que los ilumina ahora en su interior.

Venimos de Oriente a adorar al Rey.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Palabra de Dios.

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