lunes, 3 de diciembre de 2012

09/12/2012 - 2º domingo de Adviento (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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9 de diciembre de 2012

2º domingo de Adviento (C)



El evangelio según san Lucas establece un estricto paralelismo entre la venida y el ministerio de Juan Bautista y la venida y el ministerio de Jesús. El nacimiento de ambos niños es anunciado por un ángel. El primero es hijo de Isabel y Zacarías, «los dos de edad avanzada». El segundo nace de una virgen, a la que «la fuerza del Altísimo ha cubierto con su sombra». En ambos casos es el mensajero del cielo el que impone el nombre. El nacimiento es causa de gran alegría para los vecinos y familiares de Isabel- y, en Belén, para los pastores de la región. De la infancia de Juan sólo se dice que «el niño iba creciendo y su carácter se afianzaba» (Lc 1,80). El evangelio tampoco es mucho más locuaz respecto de la infancia de Jesús: «El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba» (Lc 2,40). Pero mientras que Juan se fue a vivir al desierto, Jesús se quedó con sus padres «y siguió bajo su autoridad» (Lc 2,51) hasta la edad adulta.
Después de este largo periodo de vida oculta, la entrada en escena de Juan es un anuncio de la de Jesús. «Vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto». Este «recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados» y gritando: «Preparad el camino del Señor!».
El estilo de esta presentación del Precursor y de su ministerio evoca el de la entronización solemne de un príncipe, cuidadosamente datada según la cronología de la época, tomando como referencias el año quince del reinado del emperador de Roma y los nombres de las autoridades políticas y religiosas de la zona. Juan, sin embargo, no tiene nada en común con los grandes de este mundo. Pero su llegada es más importante que la de cualquier otro, ya que es el heraldo que precede inmediatamente a la manifestación del que es más grande que él, por quien «todos verán la salvación de Dios».
El profeta Baruc anunciaba a los hijos de Jerusalén desterrados un regreso triunfal a su ciudad, convertida en «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad». A partir de ahora los hombres «de toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9) están llamados a caminar «adelante hasta el día de Cristo Jesús», para llegar a él «limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios».

PRIMERA LECTURA

¿Qué exiliado o qué deportado no sueña con un retorno triunfal a su país para vivir en paz y concordia? Es lo que Dios promete a los suyos. Él en persona se pondrá a la cabeza del glorioso éxodo de liberación. Hay que preparar estos acontecimientos con antelación.

Dios mostrará tu esplendor.

Lectura del libro de Baruc 5,1-9

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo.
Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».
Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios.
A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.
Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios.
Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel.
Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Palabra de Dios.

SALMO

Cántico del regreso a la patria, en el que se mezclan las voces de los que ya han llegado, de los que están todavía en camino y de los que aguardan aún el momento de la partida.

Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

R
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R

SEGUNDA LECTURA

Dios está al principio y al fin de todo itinerario de conversión. Y él es el que permite ir progresando, paso a paso, en rectitud, hacia del día de Cristo.

Que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1,4-6. 8-11

Hermanos:
Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría.
Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio, desde el primer día hasta hoy.
Ésta es mi convicción: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús.
Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os echo de menos, en Cristo Jesús.
Y ésta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,4.6

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, a quien Juan Bautista anunció,
los apóstoles predicaron,
y está presente entre nosotros. Aleluya

Aleluya, aleluya.
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos.
Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

«Todos verán la salvación de Dios». El oráculo de Isaías recordado por Juan Bautista va a realizarse antes y en una medida mucho mayor de lo que pudiera pensarse. Pero hacen falta precursores que preparen los caminos del Señor.

Todos verán la salvación de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.

Palabra de Dios.

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